sábado, septiembre 10, 2005

Querer es poder


No sé desde qué momento empiezan los niños a desear cosas. Supongo que desde que son capaces de distinguirlas con alguno de los cincos sentidos. La voluntad de poder tener lo que se quiere es tan fuerte en ellos que no hay barrera interior que no sean capaces de saltarse. El término de "locos bajitos" se queda un poco corto para estos psicópatas infantiles que todos hemos sido.

Cuando una criatura tiene una motivación muy fuerte para alcanzar un objetivo y el camino para conseguirlo es largo y tortuoso suele buscar un atajo, siguiendo la ley de la naturaleza del mínimo esfuerzo, sin reparar si es ético o no. Algunos le cogen gusto y continúan con esta actitud infantil toda la vida, otros nos hacemos mayores y mejoramos con el tiempo.

Siendo niña no me libré de los torrentes del deseo, aparqué en la cuneta de la vida mi naturaleza desinteresada y me dejé llevar por el interés. La causa de seguir tan proceloso camino la motivó mi pretensión de aprender a patinar y a montar en bicicleta. Mi anhelo era tan grande como la dificultad de conseguirlo y por tanto le daba vueltas y vueltas para ver cómo me las maravillaría yo(1). En unas condiciones propicias, mi padre me habría llevado al Parque del Buen Retiro y me habría enseñado a desenvolverme sobre ruedas, pero murió en un accidente de tráfico cuando era muy pequeña. Mi madre sentía pánico por cualquier actividad que entrañara el más mínimo riesgo y me tenía prohibido usar los patines o bicicletas de mis amigas.

Mi única posibilidad era aprender en el internado donde no había vecinas que le fueran con el cuento, pero carecía de recursos económicos para alquilar patines o bicicletas. No me daban directamente dinero a mí sino a mi hermana mayor para que me lo administrara ya que mi madre dudada que le diera un buen uso(1). El pedir a mi hermana que me alquilase los patines o la bici era algo impensable y lo deseché en primera instancia. Con mi insolvencia económica empecé a analizar cuales eran mis activos con los que poder negociar y pensando, pensando encontré el atajo.

Del alquiler se ocupaba una compañera de mi clase, a la que las monjas habían delegado la gestión. Ella tenía por decreto-monja la clave de acceso a mis rodantes objetos de deseo, que para mí entonces era todo lo que se podía desear en esta vida. Sin embargo, ella también tenía una secreta aspiración: aprobar las matemáticas, cosa que a mí no me preocupaba en absoluto porque sacaba muy buenas notas casi sin estudiar. Ambas envidábamos lo que no teníamos y el acuerdo tenía que caer por su propio peso. Le ofrecí el derecho preferente a pasarle los resultados en los exámenes de matemáticas a cambio de un alquiler ilimitado de patines y bicicletas. Dentro de este plan estratégico había que contar con el silencio de mi hermana, por lo que extendí el acuerdo de gratis total a mi flatela y de esta manera compré su silencio.

Cuando me recuerdo haciendo estos negocios tan turbios no me reconozco, pero en el pecado siempre va la penitencia. Cuando ejecuté la primera fase del plan que me proporcionó los recursos rodantes, empezó la fase de autoaprendizaje. Comencé por los patines y pude comprobar la buena calidad de mis huesos y la facilidad de regeneración de mi piel. Todo eran caídas y raspones pero con lo que me había costado llegar hasta allí no podía tirar la toalla. Cuando conseguí desplazarme con soltura con los patines pasé a la bicicleta y no hubo árbol del patio con el que no chocara. Hoy día nadie imaginaría el precio que pagué por algo tan sencillo como patinar y dar pedales.

Ahora he perdido mucha fuerza en mis deseos y ya no voy a lo mío pagando cualquier precio, pero cuando me veo rodeada de adultos que van a lo suyo, me entran ganas de despertar a la niña psicópata que hay en mí.


(1) Como decía Lola Flores en una canción
( 2) El buen uso es que lo gastara solo en mí, cosa que me resultaba bastante difícil

Sección-Reflexiones

¡¡Ni me menees!!

miércoles, septiembre 07, 2005

Terror en el supermercado


Siendo como somos familia numerosa que goza de un excelente apetito y con una actitud permanente de vivir para comer, el rito del avituallamiento es más sagrado que la misa de una.
La compra se efectúa una vez a la semana, generalmente los sábados, porque la nevera tiene su capacidad y no entra más de lo que somos capaces de consumir en una semana. La compra es una señal más de lo efímero de la vida. Lo que es una hermosura de víveres que rebosan por todos los estantes del frigorífico, pasados los siete días es la Nada más absoluta, tan bien descrita en "La historia interminable".

Cuando en casa percibo la amenaza de la Nada, como Atreyu, parto hacia el supermercado a luchar contra ella. En el principio de los tiempos, cuando mis hijos eran pequeños compraba en una gran superficie, llevaba la lista de la compra en la cabeza y sabía trazar de antemano el camino crítico para llenar el carrito. Tanta planificación se veía empañada cuando mi hijo mediano se perdía y tenía que dejar el carrito en consigna e irme a buscarlo como a la oveja descarriada del Evangelio. Los siete trabajos de Hércules no son nada comparados con la compra en un hipermercado con tres niños pequeños, sobre todo si uno de ellos posee la capacidad de pasar a la cuarta dimensión en décimas de segundo.

La prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza son virtudes imprescindibles para los Padres de la Patria. Pero las madres de andar por casa necesitan también de las virtudes teologales para desenvolverse en el Hiper. Si no se tiene la prudencia de tener a mano cierta moneda ¿cómo se hará con un carrito?.Si es incapaz de aplicar justicia(1) al momento para decidir qué niño tiene derecho a sentarse en el asiento del carrito ¿quién aguantará los llantos y reproches de la prole?. Haciendo honor al nombre "grandes superficies", sin fortaleza, ¿quién salvará las enormes distancias hasta alcanzar la entrada del hiper?. Ante la avalancha de ofertas, sin templanza, ¿quién se contendrá para no llenar el carrito con cosas innecesarias?.

A pesar de estar adornada de las virtudes más elevadas, el ama de casa debe cultivar además las virtudes de la diligencia y la paciencia. Después del trabajo que ha costado llenar el carrito, tiene que vaciarlo ante la cajera para que se lo cobre, volver a introducir los productos en bolsas, guardarlas en al carrito, cruzar el desierto hasta llegar al coche, volver a vaciar el carrito, guardar las bolsas en el maletero, llegar a casa, volver a sacar los bolsas, subirlas y guardar la compra. Así, semana tras semana, como Penélope, comprando y volviendo a comprar.

En esta dura rueda sin fin del aprovisionamiento, caí en la tentación y me dejé llevar por la pereza. Al lado de casa hay un supermercado que si compras por un valor superior a 60 euros te suben la compra a casa. Puedes ir andando, la superficie que se recorre es la décima parte, no tienes que calcular el camino critico del recorrido y hasta te puedes permitir pasar dos veces por el mismo sitio. Cuando llegas a la caja se acaban los esfuerzos, sacas las cosas del carro y se recuperan mágicamente en la encimera de la cocina, como el transportador de materia de la nave espacial Enterprise de la serie Startrek. El truco del almendruco consiste en que son más caros que las grandes superficies(2) y con ese margen comercial pueden hacer la distribución al domicilio. Con el argumento de que el tiempo es oro me deje llevar.

Pero he sufrido el castigo de mi pereza: el súper se ha llenado de carteles de Teresa Campos y su hija Terelu que están haciendo una campaña de publicidad para esa cadena. Al verlas, a la madre y a la hija juntas, mirándome con esa cara de brujas, he sentido un vuelco en el estómago y se me han quitado las ganas de comprar. Un sentimiento de pánico me vino a la mente al recordar la canción de Alaska:

Terror en el supermercado
Horror en el ultramarino

Tendré que volver al hiper por razones de salud mental. Adiós a la transportación de materia. Habrá que esperar que avance un poco la física cuántica, que según Brain ya le falta poco.


(1) Me río yo de los juicios rápidos
(2) En este mundo cruel nadie regala nada

Sección-Sapos y culebras

¡¡Ni me menees!!

sábado, septiembre 03, 2005

La ladilla

En el mundo laboral, fiel reflejo de la naturaleza, también existe la ladilla(1) . Esta variedad de parásito se acopla en las partes más íntimas de su superior inmediato, acompañándolo allí donde éste fuera. Como todo parásito, carece de autonomía para su subsistencia y precisa alimentarse del ser en el que se aloja. De él obtendrá las prebendas, los sobres y el trato de favor. No todas las ladillas tienen las mismas motivaciones para ejercer su función. En un extremo tenemos a las que llegan por el camino de la incompetencia y en el otro a las que lo alcanzan por la vía de la ambición.

El incompetente, una vez que descubre que no es capaz de hacer nada a derechas y su fama empieza a trascender, no tiene más remedio que buscar refugio y protección permanente, instalándose como ladilla en su jefe, permaneciéndole fiel mientras que el cargo dure. Esta ladilla no es contagiosa, salvo que se vea en la necesidad de buscar otro refugio. Su valor añadido es escaso, las misiones que se le encomiendan son las mínimas dada su naturaleza multiplicadora de problemas como los panes y los peces del evangelio. Sin embrago, tendrá una capacidad casi infinita de reír los chistes al jefe, si éste tuviera sentido del humor, o tenerle al tanto de todos los cotilleos de la empresa.

El ambicioso, no puede esperar a recoger los frutos de su trabajo cuando estos estén maduros. Su impaciencia hace que atroche por un camino más corto, a pesar de poseer autonomía en el ecosistema laboral para subsistir. Es pues un parásito motivado más por interés que por la necesidad, pero al final, víctima de la ambición, este interés se trocará en necesidad. Esta ladilla, dotada de inteligencia, además de reír los chistes de su jefe es capaz de entretenerlo con los suyos. También puede desarrollar un trabajo con bastante solvencia a la vez que trae y lleva los chismes que sean menester. Pero lo bueno no dura siempre, esta ladilla lleva escrita en la frente la traición: abandonará a su jefe en cuanto encuentre otro mejor. Es por tanto una variedad de ladilla contagiosa porque aprovechará las relaciones más íntimas de su inmediato superior para dar el salto.

Los jefes están encantados con sus ladillas porque, al contrario que en la Naturaleza, en el ecosistema laboral es un síntoma de distinción social. No se conoce el caso de que sientan ninguna molestia, ni que hayan intentado eliminarlas, simplemente porque no los consideran parásitos, sino sus más estrechos colaboradores. El motivo de esta ceguera se llama vanidad, que actúa como unas gafas que filtran los intereses más interesados a la vez que refuerzan la autoestima y el ego de los jefes.

Cuando los que mandan pierden su condición de poder quedan libres de ladillas, sintiendo un gran vacío más que un descanso. En esos momentos de soledad, la reflexión hace que la vanidad se desvanezca y que empiecen a vislumbrar que esa fauna laboral que los rodeaba constantemente no eran más que parásitos de su cargo. Lo más terrible es su ego hendido por el rayo de la verdad, que les muestra tal como son: unos sosos que no tienen amigos.

Aunque se tiene tendencia a despreciar a las ladillas, no hay que olvidar que realizan una función social: aportan autoestima y compañía a los jefes, mientras estos lo son, lo que se traduce en bienestar para el resto de los colaboradores.


(1) En entornos anglosajones se les llama Yes man o de una manera más gráfica: brown nose.

Sección-Fauna Humana

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jueves, septiembre 01, 2005

El reset

Según la Biblia, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. La labor de Dios la continuaron las mujeres, que siglo tras siglo, de forma inconsciente, son capaces de gestar en su vientre la vida humana. No hay nada tan sencillo y tan bonito como alojar una vida para traerla a este mundo que si bien no es perfecto, tiene algunas cosas por las que merece la pena vivir.

Cuando el hombre(1) empezó a jugar a ser Dios, creó los ordenadores, también llamados computadores. La limitación de recursos impidió a los hombres seguir los pasos de Dios y se circunscribieron a simular un cerebro humano(2). Por tanto, un ordenador es fundamentalmente un compuesto de memoria y capacidad de proceso que intenta emular el comportamiento de esa masa gris que escondemos bajo el peinado.

Para muchas personas el ordenador ha pasado a ser el compañero de fatigas, tanto en el trabajo como en casa. Se le habla, a veces con cariño otras de malos modos, se comparte mucho tiempo con él y no se concibe la vida sin su ayuda. Pocos conocen cómo funciona un ordenador por dentro y cuales son sus principios fundamentales. Lo que se ve por fuera son unas ventanas con vida propia, cada una ejecutando un programa, un teclado y un ratón con el que mangoneamos al ordenador que casi siempre nos obedece. Digo "casi siempre", porque a veces se colapsa y empieza a funcionar despacio, despacio, hasta casi pararse.

Los programas no son perfectos, van robando poco a poco pedacitos de memoria del ordenador disminuyendo su capacidad de proceso efectivo(3) hasta límites que la paciencia no puede soportar. En ese momento es cuando se decide cortar por lo sano y hacer un "reset", cuyo significado como bien indica el glosario de Terminología Informática Tugurium, es la función hardware o software que lleva al ordenador a situarse en un estado inicial, restaurando todas las variables y dispositivos con sus valores iniciales. En esto, los ordenadores emulan perfectamente al cerebro humano, que también se colapsa, aunque por otros motivos.

El cerebro humano no tiene programas que mermen sus recursos, a cambio alberga otras entidades, no sabemos dónde, como el miedo, la ansiedad, la ambición, la vanidad..., que disminuyen considerablemente la capacidad de análisis y hace que no razonemos con claridad. Lamentablemente, a Dios se le olvidó poner un botón de "reset" en nuestro cerebro y es muy difícil volver a una situación inicial en caso de síncope. No obstante, subyace algo parecido a un ¡BASTA YA!, que nos permite salir del colapso cerebral ante situaciones límite. Lo malo es lo mucho que se sufre hasta que se llega a ese punto, pudiendo haber "reseteado" cuando empieza la distorsión.

Los hombres crearon un mecanismo para que los ordenadores no se puedan colapsar llamado "wacth-dog", que se puede traducir como "perro guardián" y que en algunos casos se le llama familiarmente "perro". Este mecanismo consiste en que el ordenador debe acceder a una posición de memoria con una frecuencia determinada y si no lo hace se le supone demencia computacional y se le aplica automáticamente un "reset" para que vuelva a su ser. Esto, que en principio parece sencillo, da lugar a eternas discusiones entre los diseñadores de ordenadores sobre el circuito de reset ya que siempre se plantea quién resetea al reset, en línea con la duda existencial de qué fue primero, la gallina o el huevo.

Dios tampoco puso el mecanismo de "wacth-dog" en nuestro cerebro, como consecuencia han surgido profesiones como la Psiquiatría o la Sicología que intentan aplicar paños calientes a las mentes colapsadas, pero que desconocen cómo suministrar un "reset" en toda regla. Por eso, para no llegar a situaciones límite, es preciso utilizar mecanismos de "wacth-dog" preventivos. En vez de acceder a una posición de memoria con una frecuencia determinada, se deben realizar, cada uno con una cadencia determinada, algunas preguntas como:

¿Me siento bien con lo que hago?, si se responde negativamente, se debe pasar a las siguientes preguntas: ¿por qué lo hago?, ¿para qué lo hago?, ¿qué pierdo si no lo hago?. Si en ese punto se percibe un cierto alivio al comprobar que se está en un callejón, pero que tiene salida, es el momento del "reset", de volver a empezar de nuevo, sin miedo.


(1) Hablo del hombre en el sentido genérico, pero fue una mujer Lady Ada Byron, hija del ilustre poeta Lord Byron, quien inventó el concepto de programa de ordenador. Si el lector tiene interés, puede encontrar más información sobre ella en http://www.cs.yale.edu/homes/tap/Files/ada-bio.html
(2) De hecho, uno de los nombres que reciben los ordenadores es "cerebro electrónico"
(3) Aplicando el refrán "al perro flaco todo se le vuelven pulgas", cuanto menos memoria tenga el ordenador, más programas se ejecutarán para suplir esta carencia dando como resultado que el ordenador va cada vez más lento

Sección-Reflexiones

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lunes, agosto 29, 2005

Teznología

En el bar del costalero, en un rincón del ángulo oscuro, sentada en una mesa y rodeada de bolsas de plástico del mercadillo, me tomaba una cerveza y una tapa de huevas aliñás para aliviar la espera de mi marido. Estaba pletórica porque por ocho euros había comprado tres camisetas, un pareo y cuatro pantaloncillos.

De repente me pareció oír la palabra Nero. Me extrañó que alguien hablase de programas en este bar, donde sólo existen dos temas de conversación: las procesiones de Semana Santa y el fútbol. El que así hablaba era un hombre de mediana edad, cliente habitual del bar, con una tripa cervecera ganada a pulso al grifo de la Cruz Campo y un toque de modernidad con su larga melena recogida en una coleta. Destacaban sus ojos azules y la gracia que tenía para expresarse en un andaluz ceceante. No era carne de oficina, sino más bien un profesional del ramo de la electricidad o la fontanería.

Empecé a afinar la oreja a ver qué pillaba y sincronicé la escucha en el punto que hablaba de las versiones: "es que mi ordenador es muy chico y no le puedo poner una verzión del Nero mayor que la 2.0 porque no me funciona. Pero con esta verzión yo me grabo todas las películas y la muzica que quiero". En este punto conmutó y empezó a hablar de cine y a poner verde al último remake de la película de La guerra de los mundos: "Ezo no es una película ni es ná, todo el rato el Ton Cruise corriendo de un lado para otro, nada que ver con la anterior verzión película".

En este momento llegó mi marido, le puse en antecedentes y se unió a la escucha de la conversación. El cinéfilo de las copias privadas digitales continuó contando su lucha contra los elementos tecnológicos:"A mi cuando instalo un programa me pregunta algo en inglés le digo que no, porque zi le dices que zi, te empieza a preguntar más cozas y te metes en un berenjenal del que no zabes zalir". En este momento intercambié una mirada de complicidad con mi marido que decía "que razón tiene". Después de los recelos informáticos, continuó por el camino de la admiración hacia la tecnología: "Pues a veces te dice que nezecitas actualizar algo, en eze cazo digo que zi, te zale la barra que ze mueve y cuando llega al final ze apaga y ze enziende zolo y todo funciona". Estábamos maravillados de sus descripción cuando continuó diciendo: "A veces cuando pones el windows para múzica y ze te olvida cerrarlo antes de apagar, luego cuando lo enciendes dos o tres días después, todavía ze acuerda y te regaña por no haberlo cerrado".

Pasé un rato muy divertido escuchando la naturalidad con que expresaba sus relaciones con el ordenador y lo acertado de sus deducciones. Pero lo que me dio de pensar es la diferencia de lenguajes entre los expertos y estos aficionados a cualquier cosa que necesitan utilizar el ordenador sin formación previa. Desde luego los espesos manuales de operación no están pensados para ellos, pero la naturaleza es sabia y desarrollan un instinto básico para saber bandearse entre los mundos digitales. Y es que no hay nada como la motivación y la necesidad para espabilarse.


Sección-Expedientes-X

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viernes, agosto 26, 2005

El Caballero


Había ido al cine con mi benjamina a ver la película Rencor, como llevaba en cartel bastante tiempo sólo la ponían en el Cine Princesa, sito en La Plaza de los Cubos de Madrid. Al finalizar el film me dispuse a sacar el coche del aparcamiento y en el instante en que fui a pagar el parking, afloró nítido el recuerdo de un episodio que tenía almacenado en una profunda capa de mi cerebro, a pesar que no habían transcurrido ni cuatro años desde los hechos.

Fue una de esas semanas en la que empiezas el lunes con una reunión y ya no te quedan fuerzas para el resto de los días. El meeting era a primera hora, en unas oficinas situadas en La Plaza de los Cubos, por lo que deje mi coche en el parking de la plaza. La reunión se prolongó hasta la hora de comer, nos salvó el hambre imperiosa, no las conclusiones, que no recuerdo si quedaron claras. Me dirigí a saldar mi cuenta con el parking, donde una persona humana me dijo: son 1600 pts(1). Cuando eché mano del monedero vi que lo tenía con telarañas, no había ni monedas ni billetes, situación nada extraña para mí. En ese momento me salió la señorita que llevo dentro y con mucha naturalidad le entregué la tarjeta de la Caja Madrid , tarjeta que me devolvieron con sumo desprecio desde el otro lado de la ventanilla, diciendo

- Sñita, aquí no vale esto
- ¿No admiten tarjetas?, -dije con estupor
- Pues no. ¡ váyase a un cajero! (2)

Estaba ya concienciándome en buscar un cajero, cuando un señor maduro que estaba detrás de mí en la cola de paganos me dijo:

- Señorita, si quiere le pago el aparcamiento para que no tenga que molestarse en ir al cajero
- Muchas gracias, pero ¡cómo me va a pagar el aparcamiento que son 1600 pts!

Cual no fue mi sorpresa cuando el caballero insistía en ahorrarme el viaje al cajero, o lo que es lo mismo, en abonarme el parking. En ese momento mi cerebro sufrió una dicotomía -un lado pensaba en que cómo iba a permitir que me pagaran el aparcamiento y el otro en lo lejos que estaba el cajero y en el hambre que tenía- ¿qué parte ganó? , la hambrienta. No daba crédito cuando el caballero abonaba mi abultada cuenta del aparcamiento y sólo acertaba a decir: Gracias, muchas gracias.

Todos pensarán en que algo pretendería ese caballero o que soy la musa que inspiro el pasodoble: pisa morena, pisa con garbo, que un relicario me voy a haber con el trocito de mi capote que haya pisado tan lindo pié o que soy la hermana gemela de Esther Cañadas. Nada mas lejos de esto, ni soy espectacular, ni el caballero le movía ninguna intención malsana ya que iba acompañado de una pareja y una vez que le di las gracias cada uno se fue por su camino.

Aunque al principio me quedó la sensación de ser una caradura gorrona, conforme pasó el tiempo empece a acariciar la idea de lo generosa que había sido dándole la oportunidad a este caballero andante de desfacer el entuerto. Si además supiera el caballero que soy huérfana, su corazón no le cabría en el pecho de orgullo al emular a D. Quijote con todas las condiciones de entorno.

(1) En esa época había pesetas y los cajeros eran de carne y hueso
(2) El tono muy equivalente al ¡ váyase Sr. González! , casi me manda a la M.

Sección-Expedientes-X

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martes, agosto 23, 2005

Desde las riscas: mi primer verano

Después de un viaje a Cuenca el sin par Don Luis de Góngora escribió unas coplillas sobre las mujeres que encontró en aquellos parajes y que sin duda le agradaron:

Serranas de Cuenca iban al pinar
Unas por piñones
Y otras por bailar

En aquellos tiempos, tan poco propicios a la libertad, Góngora evocaba un ambiente bucólico a modo de la pastoril Arcadia(1) donde las serranas conquenses gozaban de cierto libre albedrío para elegir entre la diversión o el trabajo bajo las sombras de los pinos. Como descendiente que soy de aquellas serranas, cuyos pies besan los ríos por besar de ellas las plantas(2), también me gusta ir al pinar. Tengo asociado físicamente el sentimiento de libertad al ensanchamiento de los pulmones que produce el aire fresco que transporta aromas de pino, tomillo y romero. Una vez allí, entre los rumores de las agujas de los pinos, me sale la serrana recolectora que llevo dentro y me aplico a la recolección de piñones, piñas o lo que haya, dejando de lado lo del baile que se me da tan mal como lo del canto(3).

Soy de la generación que durante las meriendas comía pan con chocolate mientras miraba en la tele a los Chiripitiflauticos. Los personajes Locomotoro, Valentina y el Capitán Tan no estaban por la cosa didáctica sino más bien por un surrealismo casposo. No tuve ocasión de aprender en Barrio Sésamo eso de "dentro-fuera", "arriba-abajo" ni lo de "libre-oprimida", así que lo tuve que asimilar sobre la marcha. Me llevaron a Madrid muy pequeña y no volví a Cuenca hasta que cumplí seis años y me enviaron con mis abuelos a pasar el verano. Allí descubrí lo que es estar siempre "fuera", "arriba"y "libre".

Mi abuelo trabajaba de sol a sol y mi abuela descansaba todo el día, así que enseguida intuí que si permanecía todo el día "fuera" de casa nadie me echaría en falta. Acostumbrada como estaba a una sobreprotección materna, encontrarme dueña de mi tiempo y de mis actos era toda una novedad y al principio no sabía muy bien qué hacer, pero a lo bueno se adapta una rápidamente. Me levantaba por las mañanas y me ponía la ropa que me apetecía(4), por supuesto totalmente inadecuada a los ojos de un adulto, me daban el desayuno y me echaba a la calle, bueno, según la orografía del pueblo, sería más apropiado decir "me echaba al monte".

Mi lugar favorito para los juegos era las riscas, la parte más alta del pueblo que esta asentado en la ladera norte de una montaña(5). Desde "arriba" podía ver todo el pueblo, la carretera que serpenteaba entre las montañas que nos rodeaban y los sembrados de trigo que mecía el viento. Una vez que superé cierto rechazo por ser "forastera" me hice con mi grupo de amigas y mi grupo de enemigos para los juegos de paz y guerra. Entre los juegos de guerra el más frecuente era el de lucha a pedrada limpia, generalmente entre bandos de niños y niñas. Al principio los niños decían "a por la madrileña" y todas las piedras iban dirigidas a mí, pero en vez de amedrentarme empecé a emular a Agustina de Aragón y conseguí al menos que me temiesen después de que demostré que tenía cierta puntería(6). Entre guerra y guerra de piedras jugaba a las cocinitas con mis amigas con unos cacharritos de los que se venden por los suelos en los mercados y que a las niñas del pueblo les fascinaban.

Una de las tareas más importantes del día era buscar en qué casa comer. El pueblo estaba repleto de parientes a los que visitaba y sin ningún reparo les preguntaba qué tenían para comer. Aprovechaba estas visitas para comer las magdalenas o los mantecados que me ofrecían. Una vez que había realizado el estudio sobre la oferta gastronómica de la familia(7), elegía la casa con la comida más prometedora.

Cuando caía el sol, volvía a casa con el vestido y los zapatos llenos de churretes, pero nadie me regañaba. Esperaba con ansia la llegada de mi abuelo que siempre que podía me traía cangrejos de río para la cena(8). Antes de dormir, delante del fuego del hogar, me contaba historias de espíritus(9) y de la guerra, pero lo que más le gustaban eran los juegos de ingenio. Cada noche me ponía en un papel una ristra de cuarenta cifras para que la leyese. Me encantaba desgranar los miles de billones de billón pensando que algún día podrían ser pesetas que tendría que contar.

No se podía vivir más libre con seis años, tomando mis propias decisiones, asumiendo sus consecuencias, desarrollando mi lado pacífico y desahogando el violento. Asilvestrada, delgadísima, "renegría" y con un acento conquense hasta la médula me encontró mi madre cuando vino a buscarme. Me contemplaba como si no me reconociese, con una mirada entre el asombro y la reprobación. Cuando me marchaba a Madrid no hubo ninguna montaña de la que no me despidiese en cada vuelta de la carretera mientras miraba con nostalgia las riscas que guardaban tantas horas de guerra y paz. Tan sólo la esperanza de volver al año siguiente impedía que las lágrimas afloraran a mis ojos como un manantial.


(1) Para conocer más sobre la pastoril Arcadia, qué menos que visitar la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_pastoril
(2) Góngora dixit
(3) Vean mi breve aventura musical aquí
(4) Casi como Pipi Calzaslargas
(5) Al contrario que en el imperio español, donde nunca se ponía el sol, en sus calles nunca entraba, cosa totalmente ilógica porque hace un frío de muerte. Seguro que el pueblo estaba escondido estratégicamente desde los tiempos de la reconquista
(6) Nada de tirar la piedra y esconder la mano, sino todo lo contrario
(7) Desde niña mostré actitudes de investigadora
(8) Mi abuelo tan recto y moral, le superaba el amor de abuelo y burlaba a la Guardia Civil para pescar cangregos para su nieta
(9) Allí empezaron mis pesadillas

Sección-Reflexiones

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sábado, agosto 20, 2005

La Laguna Estigia

Aunque los expedientes-X recogen el anecdotario de los muchos y extraños sucesos que me acontecen en esta tortuosa andadura que es mi vida, hago una excepción para relatar una experiencia de mi hijo que a fin de cuentas desde que me la contó es como si fuera mía.

Se encontraba mi vástago en esa edad en que a los muchachos les salen los primeros pelillos del bigote y la voz empieza a ponerse grave, pero no siempre, liberando de vez en cuando algún gallo. En plena metamorfosis, con un lamentable estado de la cubierta exterior de su alma, él y sus compañeros del instituto derrochaban todas sus energías ejercitando ese deporte tan insulso llamado fútbol, dejando en segundo lugar el estudio de las ciencias y como nota de color, poco acorde con su rudeza, el estudio de la cultura clásica, asignatura catalogada como maría que les despertaba poco entusiasmo. Los profesores, con nulas esperanzas de estimular en ellos el amor por la cultura clásica, resolvían la asignatura mediante un trabajo en grupos de 3-4 estudiantes para no agobiarlos. Cada uno de los grupos elegía un tema mitológico, lo desarrollaba y llegado el momento un portavoz lo leía a toda la clase en presencia de la profesora.

Un grupo eligió como tema La Laguna Estigia. Se reunieron en casa de uno de ellos y sacando información de aquí y de allá lograron rellenar unos cuantos folios. Como es lógico, había muchas referencias al paso de La Laguna Estigia, siendo este paso el tránsito entre la vida y la muerte. Los difuntos eran llevados a la orilla de La Laguna Estigia, donde aguardaban la llegada de la barca de Caronte, que los transportaba al mundo de los muertos. Era necesario pagar el pasaje al barquero, por ello existía la costumbre de colocar en la boca de los muertos una moneda. Curiosamente era el propio difunto quien remaba, nunca Caronte (1). El paso de La Laguna Estigia los trasladaba definitivamente al otro lado de la orilla, al mundo de los muertos, cuya entrada estaba custodiada por Cancerbero, el siniestro perro de tres cabezas.



El portavoz del grupo, en un ataque de realismo mágico, empezó la lectura del trabajo sustituyendo la palabra paso por pato, sintiéndose cómodo con esta acepción ya que es la cosa más natural que haya un pato en una laguna, máxime cuando al otro lado hay un perro. Estaba el portavoz tan ensimismado con las aventuras del pato de La Laguna Estigia, que no oía los murmullos ni las risas ahogadas de toda la clase. La profesora, en un alarde de sentido del humor, dejó que continuase la exposición de tan surrealista relato que cada vez carecía más de sentido. Los compañeros del grupo, en vez de solidarizarse con su portavoz, empezaron a renegar de él por medio de gestos a la profesora, viendo que sus posibilidades de aprobar la asignatura disminuían cada vez que el pato de La Laguna Estigia hacía acto de presencia en el relato.

El grupo de los patosos estaba formado por los empollones de la clase, lo que les libró del cero patatero - o en este caso patotero- pero se pusieron en evidencia ante el resto de la clase, que tuvo tema de guasa con lo del pato para todo el curso. De esta forma aprendieron en sus propias carnes la esencia del mito: comenzaron pagando el pato como preludio al inevitable pago a Caronte que a todos nos aguarda.

(1) Igual que en las gasolineras y en los hipermercados, que lo haces todo tú y además pagas

Sección-Expedientes-X

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viernes, agosto 19, 2005

Las gallinas marismeñas


La gallina es un ave de corral, que cuando no está sometida a un régimen de producción exhaustivo vive muy ricamente en un estado de semilibertad asumida.

Tal es el caso del gallinero que instalaron mis amigos Merche y Juan en su casa de La Punta del Moral(1), en un arriate del patio.

La comunidad de gallináceos estaba formada por cuatro gallinas y un gallo. Al despuntar el alba, el gallo despertaba a toda la familia. Una vez que les había arruinado el sueño, como era muy ligero y podía volar saltaba la tapia del patio y se marchaba a otro gallinero con más abundancia de gallinas. Las gallinas que eran de menos altos vuelos, ponían su huevo, si ese día les tocaba poner, y esperaban a que les abrieran la puerta para pasar el día fuera, entre la retama de la marisma.


Al caer el sol las gallinas retornaban a su gallinero, esperando que la puerta estuviera abierta ya que no tenían el don de volar. Por la noche, les ponían para cenar los restos de la comida de la familia, que devoraban con ansia antes de disponerse a un sueño reparador.

Un día en que la marea era muy grande, la familia se fue a pescar longuerones(2) cerca del Caño Franco. Por medio de una técnica muy salada que consiste en buscar la guarida del longuerón, que tiene la misma forma que el número 8, se deposita un poquito de sal en el orificio, lo que hace que salga de su escondrijo. Hay que atraparlo con rapidez y decisión al molusco antes de que intente esconderse de nuevo. Con paciencia y habilidad se llevaron para casa un cubo lleno de longuerones, que no fueron capaces de comerse, por lo que se lo pusieron de cena a las gallinas.

El longuerón, cuando se le quita el caparazón, tiene el aspecto de un gusano(3), por lo que las gallinas tomándolos por tales, los recibieron con gran alborozo ya que generalmente su dieta consistía en las cáscaras de los melones y las sandías. Dieron buena cuenta de ellos y se dieron un festín, pero su duro estómago no fue capaz de asimilar la ingesta masiva de marisco y se empacharon.

Merche observó a las gallinas en una actitud extraña, como vacilantes y a punto del desmayo, se acercó a tocarlas y estaban ardiendo. Mujer de recursos, metió a las gallinas en un barreño con agua fría y les tapó la cresta con paños húmedos para bajarles la fiebre. Una de las gallinas no sobrevivió pero las otras superaron el atracón y supongo que aborrecerían los gusanos desde aquel día. El gallo se libró porque vino cenado del otro gallinero, aunque al final también tuvo un destino trágico en una pelea con otro gallo.

A pesar de esta mala experiencia de las gallinas con "los frutos del mar", la ingesta moderada de pescado puede producir nuevos productos alimenticios. Sin ir más lejos en el gallinero colindante con la pescadería, las gallinas comen boquerones, que como todos sabemos son buenos para el colesterol. ¿se imaginan los huevos de las gallinas marismeñas bajos en colesterol?

(1) Barrio marinero de Isla Canela (Ayamonte-Huelva)
(2) Molusco lamelibranquio comestible, de conchas casi rectangulares, muy alargadas. muy parecido a las navajas
(3) Los longuerones son utilizados como cebos vivos por los pescadores.

Sección-Expedientes-X

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sábado, agosto 13, 2005

Por sus frutos los conoceréis

En la casa del soltero, lugar de descanso estival, tenemos un arriate. Fue iniciativa de mi marido desde su diseño hasta su cultivo y en lo único en lo que he participado es en acompañarlo a los viveros a buscar las plantas y en traer una maceta de mi madre en la que había brotado un arbolito que no se sabía de cual de los distintos huesos que enterró en ella.

En principio plantó en un extremo un naranjo y una adelfa, en el medio plantas aromáticas: jazmín, tomillo y romero y en el otro extremo una palmera. Eso era lo planificado pero como bien decía John Lennon, ?La vida es eso que se te pasa mientras estás planeando otras cosas? y el arriate se ha ido configurando con plantas que han salido al paso a nuestras vidas.

Las plantas aromáticas no se aclimataron y se secaron dejando una calva en el arriate. El primer hueco se rellenó con un trozo de chumbera que cogió mi hermana camino de la playa. Más tarde se plantó un desconocido arbolito que nació en una maceta de mi madre, que resulto al final ser un níspero. Se aclimató muy bien, tanto, que rápidamente se convirtió en árbol y desde hace tres años nos da sus frutos por primavera. Después de un viaje a las Islas Canarias quedamos fascinados con el drago(1) y al ir a comprar un esqueje nos lo regalaron al saber que su destino era la península y por tanto con escasa posibilidad de desarrollo. Los dragos se criaron en Madrid donde llegaron con tan solo una hoja y más tarde fueron transplantados al arriate. Finalmente se plantó uña de gato para evitar que crecieran los hierbajos.

El año pasado estuvo en la casa del soltero un amigo muy manitas y nos montó un riego automático. Transcurrido un año nos hemos encontrado la selva del Amazonas.

La uña de gato ocupaba casi la mitad del patio y los árboles habían dado un estirón nunca visto, incluso la palmera, que le cuesta mucho crecer. Pero lo más asombroso es que el naranjo por fin dio sus primeros frutos que han resultado ser limones. En ese momento vimos que el del vivero nos dio limonero por naranjo y hemos estado engañados más de diez años(2).

Este hecho tan intrascendente me ha dado que pensar en lo de "por sus frutos los conoceréis". El medio para que algo o alguien de frutos es proporcionarle recursos, en el caso del arriate fue el agua, en otros casos puede ser educación, dinero, relaciones, poder, etc. Cuando se ven sus frutos se los conoce mejor, se hace manifiesto lo que dan y cuanto son capaces de dar. Pero en el mundo Matrix que vivimos, tan virtual, donde imperan las apariencias sobre el fondo, se desvirtúa deliberadamente el fruto para engatusarnos con mentiras.

De esta manera tanto en la política como en la empresa o en la Universidad viven tan ricamente especimenes que generan vistosos frutos de papel, de humo, de aire y siguen simulando durante lustros ser riquísimos árboles frutales y acaparando todos los recursos.

Como detractora que soy del mundo Matrix no me agradan los frutos virtuales. En un mundo en el que da lo mismo que sus frutos sean limones o naranjas, que hagamos con ellos daiquiris o agua de Valencia creo que no merece la pena vivir, si se puede llamar vivir a soñar despierto las mentiras de otros.



(1) El drago de Canarias (dracaena draco) es un mítico árbol envuelto en una aureola de misterio. Dice la leyenda que los dragones, al morir, se convertían en dragos. Este fósil viviente es uno de los símbolos de las Islas Canarias y, quizá, el mayor tesoro de la flora española. (fuente http://www.terra.es/personal6/dirkdigler/drago.htm). Es curiosa su aparición en el cuadro ?El jardín de las delicias? de El Bosco. En la parte izquierda del tríptico, que corresponde al paraíso, en la zona inferior izquierda hay pintado un drago. El Bosco era poco dado a lo viajes, ni llegó a ir a Amberes que estaba a tiro de piedra de su ciudad natal y no se sabe cómo conoció la existencia de este árbol
( 2) Es evidente que no somos unos expertos botánicos, pero un amigo nuestro más entendido en estas materias también lo tenía por naranjo.



Sección-Reflexiones

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jueves, agosto 11, 2005

Plata laboral


El 1 de agosto de 1980 me levanté a las seis de la mañana, tomé un autobús hacia el corazón financiero de Madrid y atravesé a las 6:55 el vestíbulo del edificio Iberia Mart I. Vestía falda y unos tacones de media altura que resbalaban por el rugoso suelo de pizarra de la entrada. Caminaba entre emocionada y nerviosa con la ilusión de los veintipocos años al iniciar un camino profesional. Desconocía entonces que era mi primer día de esclavitud como asalariada.

Terminé la carrera de Informática en plena transición política de la dictadura a la democracia. No se encontraba trabajo fácilmente debido a una profunda crisis económica. Un día descubrí un anuncio en prensa que pedía informáticos o telecos para trabajar con microprocesadores. En el año 1980 empezaba a extenderse su uso en varias aplicaciones tanto industriales como de comunicaciones. Fueron los microprocesadores los que me salvaron de un aburrido destino programando los host de IBM a golpe de transacciones COBOL-CICS y de una prometedora carrera en la informática de gestión. Pero el fascinante mundo de los microprocesadores escondía una pequeña sorpresa como los huevos Kinder: se consideraba como parte del salario la motivación del trabajo por lo que el sueldo solía ser lo mínimo que exigía la ley. Así, con un salario minimalista, me incorporé a un trabajo con inmensas posibilidades para aprender en una empresa de Telecomunicaciones e Informática.

Al llegar a la empresa que me había contratado me encontré con tres chicos en las mismas circunstancias que yo. Uno de ellos vestía de riguroso traje con corbata y los otros dos llevaban una indumentaria más informal, sobre todo uno de ellos que calzaba sandalias y portaba zurrón en bandolera(1). Tres de nosotros estábamos destinados en Madrid por dedicarnos al Software y el del atuendo más desenfadado, después del curso de formación, se trasladaría a la fábrica de Málaga para desarrollar Hardware.

Nos recibió el jefe de proyecto en mangas de camisa. Aparentaba cincuenta años pero más tarde supimos que tenía treinta y tantos(2). Tenía una apariencia afable y tímida, que escondía cierta propensión a ir a lo suyo como demostraría más adelante cuando el proyecto llegó a su fin. De esa manera me encontré formando parte de un proyecto que desarrollaba un sistema operativo en tiempo real para un conmutador de paquetes de datos.

Durante la mañana fuimos conociendo a nuestros nuevos compañeros del proyecto, que una vez que nos saludaron nos ignoraron por completo. El resto del equipo vestía también informalmente y nuestro colega trajeado empezó a percibir que estaba fuera de contexto. Al día siguiente insistió en la formalidad del traje pero al tercer día desistió(3), realizando ciertas concesiones como abandonar el uso de la corbata y la chaqueta aunque mantenía la elegancia en los pantalones, camisas, polos de marca y calzado(4), que le diferenciaba del resto del equipo.

El plan de formación consistía en estudiarse un tocho de documentación a modo de autoaprendizaje y un curso de una hora al día que nos daba el jefe de Software sobre el sistema operativo. Los colegas más antiguos estaban muy ocupados en sus tareas y no tenían tiempo para nosotros. Los nuevos sufrimos nuestra primera crisis de: No soy capaz, no sabré hacer este trabajo, me despedirán antes del periodo de prueba, etc. Una vez que toqué fondo de la crisis, en vez de seguir escarbando en la profunda sima de la depresión me puse a escarbar en la papelera donde dejaban los listados obsoletos de los programas que realizaban los veteranos(5). Con sorpresa descubrí el listado de la librería de rutinas generales, una auténtica joya de algoritmos ingeniosos. De esta manera remonté la crisis y seguí en el proyecto hasta el año 1984 en el que cambié de ciudad por razones familiares y por tanto de trabajo.

Solo guardo buenos recuerdos de aquel proyecto(6) y la amistad de los que nos estrenamos en el mundo laboral de los asalariados el mismo día. Nos reunimos de vez en cuando con otros colegas del equipo y no paramos de decir tonterías y reírnos durante todo el rato como si el tiempo no hubiera pasado por nosotros. Pero haciendo cuentas, el 1 de agosto de 2005 fueron nuestras bodas de plata laborales y desde aquí les mando un beso muy fuerte a mis amigos que el destino puso en mi camino hace veinticinco años.


(1) La ventaja de los trabajos de innovación es que se admite cierta libertad en la vestimenta, seguramente porque se trabaja en mazmorras y no te enseñan a los clientes y en parte también por el salario que ni da para Zara
(2) La reacción de todos fue como la de Santo Tomás: si no vemos su carné de identidad no nos lo creeremos
( 3) Desistió o resucitó al mundo real de los descamisados innovadores
(4) Sebago, of course
(5) En esa época no existían las redes de área local para los equipos de desarrollo. Eran estaciones de trabajo independientes. ¡¡¡La única manera de hackear era en la papelera!!!!. Cada uno guardaba sus programas en disquetes flexibles de 5 pulgadas y hasta un año después no dispusimos de una red de area local que compartía un disco comun de ¡¡¡¡¡ 1 Mega!!!!!
(6) Lo malos, que los hubo, los he olvidado

Sección-Reflexiones

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lunes, agosto 08, 2005

La ratonera

La vuelta de vacaciones de verano es el mejor momento para medir nuestra satisfacción en el trabajo. Por ese motivo nunca se hacen encuestas de clima laboral en septiembre, ya que los resultados podrían ser poco virtuales (1). Es en ese momento cuando se puede comparar nítidamente nuestra vida en libertad con las cadenas del trabajo, dándonos con bastante exactitud la distancia que media entre ellas. La rutina diaria será el bálsamo de Fierabrás(2) que suavizará esta distancia, más por olvido de los tiempos vacacionales que por mejora de la situación laboral, ya que de todos es sabido -y yo lo corroboro con mi experiencia- que de una situación mala se suele pasar a otra peor y que siempre hay un punto más bajo (3).

Cuando era una inocente criatura, estudiaba en el internado y no sabía lo que me esperaba en la vida, escuché reiteradamente por boca de una monja que daba clases de taquigrafía la siguiente frase premonitoria que repetía constantemente a modo de dictado:

D I O S - N O S - H A - I M P U E S T O - E L - T R A B A J O -
C O M O - U N - D E B E R - I N E L U D I B L E

Esta frase se me quedó grabada en la mente sin que supiera muy bien su alcance, pero con esta programación desde la infancia he sido una víctima propiciatoria de la adicción al trabajo, que en mi caso se ha saldado 22 años laborales, sin que hasta el día de hoy haya podido vislumbrar el fin de la maldición.

A los que la diosa fortuna nos arrebató el don de vivir del cuento, que somos mayoría, nos encontramos en una ratonera, que se llama trabajo, a la que hemos accedido inocentemente en busca del anhelado queso y en la que hemos quedado atrapados entre sus efluvios, sin encontrar la salida. Una vez al año nos permiten salir de ella para que recuperemos fuerzas, pero cada vez se hace más difícil volver a entrar, ni siquiera el olor del queso nos atrae para traspasar la trampilla, pero el instinto de supervivencia nos empuja a ello.

Las salidas de la ratonera manteniendo el poder adquisitivo son escasas y de dudoso éxito: los juegos de azar, un novio que te retire, descubrir que eres una rica heredera en vez de una pringadilla, encontrar la piedra filosofal, hackear una cuenta corriente secreta, aprobar una oposición en la Administración (4) o dedicarte a la política. Todas estas opciones las descarto salvo los juegos de azar, en los que deposito mi esperanza cada semana apostando en la primitiva y en el azarfond, que es un fondo basado en las apuestas, bastante más rentable que cualquier fondo de inversión.

Pero más trágico que el retorno periódico a la ratonera es que después de volver reiteradamente durante lustros a ella, los que gestionan el queso se lo han fundido a modo de pantagruélica fondue, no dejando ni sus efluvios. Es entonces cuando te dejan en libertad sin queso.

(1) Es realmente interesante la riqueza del castellano, ya que hasta a palabras tan duras como mentira se le puede aplicar el eufemismo de virtual, que casi suena a virtud.
(2) Se trata de un brebaje milagroso -seguramente no tanto como dice don Quijote-, procedente del bálsamo con que fue embalsamado Jesucristo y capaz de sanar las heridas de quien lo bebía, su origen se debe la traducción de una adaptación en prosa del viejo cantar de gesta carolingio Fierabrás (c. 1170)
(3) Lo de siempre hay un punto más bajo es transcripción literal de una frase que hace años dijo una persona muy sabia (JPA) y aunque en su momento me pareció muy ceniza, la realidad le ha dado sin duda la razón.
(4) Aquí se pierde algo de poder adquisitivo, pero el precio/hora mejora sensiblemente.

Sección-Reflexiones

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sábado, julio 16, 2005

Cerrado por vacaciones hasta el 8 de agosto


Estaré por aquí

Volveré con fuerzas renovadas

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Confusión de sexos

Todos sabemos por La Biblia que la confusión de lenguas fue en Babel, pero la que aquí escribe descubrió lo que es la confusión de sexos por experiencia real en Simancas. Esta villa, situada a diez kilómetros de Valladolid, en el punto donde se encuentran los ríos Duero y Pisuerga, este último atravesado por un magnífico puente romano(1) y en cuyas orillas se alza un majestuoso castillo(2) del siglo XV, sede del Archivo General del Reino desde Carlos I. Allí se guardan todo tipo de legajos atados con balduque y es un lugar de culto donde los investigadores, entre ellos mi amiga Mayte, escudriñan su contenido para sacar a la luz trozos de historia. Gracias a Mayte conozco una peculiar leyenda que explica el origen del nombre de la localidad y que se escenifica todos los años el seis de agosto a las puertas del castillo. En ella se relata como a Simancas le correspondía la cuota de siete de las cien doncellas del vergonzoso tributo de los cristianos a Abderraman II. Las mujeres de esta villa, con más valor que sus hombres, se cortaron una mano para así provocar el rechazo del rey moro. Parece ser que el rey musulmán al verlas exclamó: "Si mancas me las dais, mancas no las quiero".

Pero no fue en el Castillo de Simancas donde descubrí la confusión de sexos, desgraciadamente no está abierto al público profano, solo se permite la entrada a los privilegiados que tienen un carnet de investigador. Nos tuvimos que conformar con visitar los bares y sitios de copas donde la entrada es libre y la salida también, siempre y cuando hayas abonado la consumición. El lugar donde tuvo lugar la revelación fue en el Café del Artés, una solariega casona convertida en un café/lugar de copas. La decoración era muy original, una mezcla de museo de escultura y de pintura al servicio de las copas. Todos los elementos decorativos y funcionales le hacían un guiño al arte. Por ejemplo, los veladores tenían forma de paleta de pintor y se sustentaban por pinceles o por lapiceros que asomaban por el hueco de la paleta. La barra del local tenía un diseño muy elaborado compuesto de madera que se fundía con el hierro en un abrazo. Alguna de las paredes estaba decorada en forma de mural y por todos los lados había esculturas de hierro forjado.

Estábamos acodados en la barra, mirando en derredor, cuando descubrimos que en el mural que teníamos enfrente estaban camufladas las puertas que daban acceso a los servicios. Observamos reacciones extrañas de la gente que abría la puerta y la cerraba de golpe con una exclamación ente el ¡ay! y el ¡anda!.

Afinamos más la vista y observamos la señalización del género del servicio que estaba en el tirador de las puertas. Una puerta tenía unas "braguitas" y otra un "slip". Al momento iniciamos una discusión sobre cual era el aseo de caballeros y el de señoras. Mi lógica informática, dedujo aquello de "cada oveja con su pareja" y determiné que las "braguitas" eran la señalización que indicaba sexo femenino y el "slip" del masculino. Cual no fue mi sorpresa cuando mi marido, de lógica de ingeniero de Caminos , dedujo lo contrario, basándose en el razonamiento que un hombre prefiere tocar unas "braguitas" y a las mujeres les ocurre lo mismo con el "slip".

Pasamos a la prueba empírica contrastando el resultado de los que se equivocaban y vimos que el que colocó los tiradores o los puso al tun-tun o bajo las instrucciones del arquitecto, hombre del gremio del ladrillo como mi marido.

Aún me cuesta reconocer que me fallara la lógica y sigo pensando que estos del ladrillo no sé si tienen la lógica inversa o perversa.

(1) Precioso puente que tenemos fotografiado por todos los costados (pasión por los puentes romanos que tiene mi marido). En este entorno parece que el tiempo se ha detenido y que de un momento a otro lo va atravesar a caballo Carlos I galopando tras una pieza de caza.
(2) El castillo actual fue construido en el siglo XV por el Almirante de Castilla Don Fadrique Enríquez, en un lugar estratégico a orillas del río Pisuerga, donde se situó desde los tiempos de la invasión musulmana un antiguo castillo que fue sucesivamente de árabes y cristianos. Más tarde fue cedido a la corona. Carlos I, Felipe II y sucesivos monarcas decidieron ubicar en el castillo el Archivo General del Reino, uso que todavía tiene actualmente. Con tal motivo se hicieron importantes reformas durante los siglos XVI y XVII bajo la dirección de los arquitectos Juan de Herrera y Francisco de Mora. También fue usado como prisión del Estado. (fuente http://www.castillosnet.org/valladolid/VA-CAS-001.shtml)


Sección-Expedientes-X


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martes, julio 12, 2005

Terelu entre bambalinas

De la misma manera que en la deliciosa obra de teatro La venganza de don Mendo todas las damas quedaban subyugadas bajo el encanto del protagonista de forma inexplicable, lo mismo ocurre con Terelu Campos que despierta pasiones sin que pueda encontrase una razón lógica (aunque algunos hombres le encuentren dos poderosas razones, si no lógicas sí bastante poderosas).

Al igual que Platero, Terelu "es pequeña, tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los
espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro" .

A la dureza de su mirada le acompaña una voz desagradable y unos modales chabacanos. Pertenece a ese tipo de mujeres, que como bien dice la Página de arpías "es de las que quieren un marido, pero no saben el de quién". Con este cúmulo de "virtudes" no debería causar admiración, pero tal vez su incapacidad para discernir entre un vestido y una combinación de lencería fina puedan dar una pista, al menos para sus admiradores masculinos (además de las dos poderosas razones ya mencionadas).

Hace tiempo, en una nota titulada "con T de tonta" plasmé mis desagradables impresiones acerca de su programa de televisión "con T de tarde". Ha querido el Destino que una garganta profunda me cuente lo que ocurría entre bambalinas para que lo revele a su público que tanto la quiere.

El programa, del tipo Magazine, se emitía en directo todas las tardes de lunes a viernes con asistencia de público, femenino en gran parte. En la entrada del estudio de grabación se agolpan las señoras con la esperanza de conseguir una primera fila. Cuando se abrían las puertas, una estampida similar al recorrido de la calle de la Estafeta en los sanfermines de Pamplona, levanta el polvo del suelo, dejando en el camino a las víctimas caídas en la lucha por las mejores plazas.

La primera actividad de los empleados de la cadena de TV era recoger a las señoras del suelo, entre los manojos de cables, comprobando que no estaban lesionadas ni electrocutadas. Mientras realizan esta labor tan humanitaria, entraba Terelu en el estudio sin dar siquiera las buenas tardes, haciendo gala a su descripción de Platera.

Terelu, fumadora compulsiva, disponía de una secretaria particular cuyo principal cometido era sostener el cenicero de su jefa. En los intermedios del programa, mientras daban paso a la publicidad, escapaba como una posesa a fumarse un cigarrillo y la secretaria solícita acudía con el receptáculo para las cenizas. Era una versión moderna del oficio de palanganero.

Unos de sus colaboradores, llamado Arturo Tejerina, utilizaba los cortes publicitarios para calmar su sed, con una media de uno o dos vasos por pausa de un líquido que no era incoloro, ni inodoro, ni insípido. No sé si tendrá alguna relación la ingesta del fluido con su hilaridad in crescendo conforme transcurría el programa. Ignoro si esta insaciable sed venía de antiguo o la adquirió en tan encantador plató.

Terelu iba vestida en la hora del té con un traje que podríamos decir que parecía de noche, pero de cuando una se va a dormir. Vestida así, de forma estrafalaria y trovando las historias de la prensa del corazón como Don Mendo, sólo nos queda decir, como le decían a él: Terelu ¿qué les das?

(1) Palabras robadas a Juan Ramón Jiménez de su poética prosa de Platero y yo.

Sección-Sapos y culebras

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domingo, julio 10, 2005

Los pecados capitales


La infancia es una etapa de la vida que transcurre muy lentamente y que nos acompaña como una sombra toda nuestra existencia y nos va modelando, en la medida que nuestros genes lo permiten. Por muy malvados que sean nuestros padres y preceptores, siempre intentarán guiarnos por el camino de la virtud, nos mostrarán la importancia de las Virtudes Cardinales y Teologales, así como vencer los siete Pecados Capitales.

Con el tiempo he ido olvidando estas enseñanzas, seguramente porque no me han sido de utilidad. Para escribir este relato tuve que recurrir a Google y teclear: virtudes cardinales, eligiendo la opción voy a tener suerte. El sabio buscador me llevó a una página web de SCTJM (1), donde se explican con todo detalle los conceptos de virtud, e incluso se dan algunos detalles de los pecados (no entraban en detalle sobre la lujuria, por falta de experiencia o por pudor).

En mis enseñanzas pasadas, se hacía hincapié en los pecados capitales o en las virtudes que los combaten, según su facilidad de explicación, pero creándote un sentimiento de culpa permanente en el que la autoestima tendía peligrosamente hacia cero. En este ambiente de valle de lágrimas lleno de pecadores, la soberbia era considerada como una lepra del alma. Yo me enteré a los seis años que era portadora de ella al recibir un guantazo en la cara acompañado de: "esta niña es muy soberbia". No sabía muy bien lo que era, pero comprendí que la tenía y que no estaba muy bien vista, pero al desconocer en qué consistía, me resultaba muy difícil corregirme, por lo que seguí cosechando bofetones y coscorrones hasta que un día me explicaron que la humildad es la virtud que combate la soberbia. La avaricia, cuando no se tiene nada es difícil de comprender. En este caso se explicaba mejor la virtud que la vence, la generosidad, que consistía en ilustraciones de un niño mas bien pijo que en una actitud soberbia daba una moneda a un niño andrajoso en una actitud humilde. Esta segunda enseñanza no tenía desperdicio: no se podía ser pobre y soberbio, de esta forma descubrí que existe la injusticia y que no es pecado Capital. En la lujuria no se entraba en detalles, se recurría a la virtud de la castidad que es una virtud pasiva, cuanto menos haces de algo que no se sabe muy bien qué es, eres mas virtuoso. El problema es que si no te explican muy bien lo que es ese algo puedes caer en la pereza, que es otro pecado capital al que vence la diligencia, entendiendo por tal una actitud activa hacia el esfuerzo y no a un transporte del Lejano Oeste de los Estados Unidos. La ira no hacía falta que nos la explicaran, se aprendía mediante la práctica, porque se ejercía de forma cotidiana en forma de bofetón. Esto era consecuencia de que la paciencia tiene un límite y que se sobrepasaba antes del Ángelus. La gula era imposible de explicar: ¿cómo era posible considerar un placer la comida que nos daban? De la misma manera era difícil concebir la templanza como virtud, ya que no tenía ningún mérito dejar de comer y además estaba duramente castigado. La envidia, el pecado más extendido, se fomentaba con la competitividad. Continuamente se ensalzaba a los más listos, más buenos, más píos... para envidia de los demás. Como los ensalzados solían ser los más pelotas y chivatos era difícil ejercer la virtud de la caridad, siendo el pelotón un atajo de envidiosos.

La experiencia me ha enseñado que mientras no molestes ni perjudiques al prójimo, lo que hagas está bien y si además le ayudas es para nota. No hay cosa peor que ir a lo tuyo avasallando, aunque seas muy diligente, casto y comas como un pajarito.

(1) Centro Católico de Evangelización SCTJM de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Sección-Ave María Purísima

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viernes, julio 08, 2005

El golfista

Siempre se ha dicho que hay dos clases de viudas, las que adquieren esta condición por defunción del marido y las que lo son teniendo el marido en vida. En este segundo grupo se encuentran las mujeres que tienen un marido golfo(1) que no les presta la atención que se merecen, pero como los tiempos cambian, esta viudedad tan viva ha dado lugar a nuevas variantes. Una de ellas es la viuda de marido golfista(2) que aunque produce los mismos efectos de abandono tiene algunos matices que se detallan más adelante.

El marido golfo se cuida muy mucho de contarle a su mujer los logros en sus conquistas, sin embargo, el marido golfista aprovechará el poco rato que estén juntos para relatarle lo bien que lo ha hecho en cada uno de los 18 hoyos, que si me he hecho 5 pares(3); que si en el tres me hice un birdie(4); que si en el 6 casi me hice un eagle(5); que si me he encontrado en el campo 3 bolas(6). El golfista derrocha tanto entusiasmo por este deporte que no puede evitar impregnar el ambiente familiar con su greenmanía. Esto provoca que algunas mujeres prefieran tener un marido golfo a uno golfista ya que al menos no tienen que soportar el relato de tan plúmbeas hazañas.

Al marido golfo, la Big Bertha le sugiere una escultural rubia de bote con enormes senos, pero al golfista con la libido más aplacada sólo le sugiere una madera(7) que le gustaría tener en su bolsa de palos y que posiblemente su viuda en vida le regale por su cumpleaños(8).

Ilustrado por Sonia

Tanto el golfo como el golfista tienen la necesidad de viajar, pero por motivos diferentes. En el primer caso viajará con compañía femenina y buscará el abrigo de discretos hoteles donde sus escarceos amorosos queden a resguardo de miradas curiosas. Sin embargo, el golfista viaja de torneo en torneo, acompañado tan sólo de su bolsa de palos en la que lo único femenino es la Big Bertha; no busca pasar desapercibido, sino al contrario, anhela ganar el torneo y recoger el trofeo ante la mirada envidiosa de los otros participantes.

El golfista, si alguna vez tuvo la condición de golfo, tiene que elegir entre las dos aficiones si quiere superar su handicap(9). Éste sólo se mejora por la práctica y hay que dejar muchas horas en el green y jugar muchos torneos para que vaya descendiendo hasta valores socialmente admisibles. Sólo los que han aprendido a jugar al golf de jóvenes son poseedores de un handicap bajo y pueden compartir su condición de golfistas con la de golfos. Como este deporte ha empezado a popularizarse hace 10 años, únicamente los marquesones y los millonarios de cuna pueden entregarse a los placeres de la carne junto a estos verdes placeres mucho menos libidinosos.

¿Qué puede hacer la viuda de un golfista para dejar de serlo?
Sólo una cosa: aprender a jugar al golf.

Pero esa historia la contaré otro día...

(1) El caso de uso del golfo corresponde a la falta de honestidad por adulterio compulsivo.
(2) Golfista, según la RAE, persona que juega al golf.
(3) El par del hoyo es el número de golpes que un profesional del golf emplearía normalmente en colar la dichosa bola en el agujero. Los hoyos son de 3, 4 y 5 golpes según su longitud.
(4) Birdie : un golpe menos del par del hoyo.
(5) Eagle : dos golpes por debajo el par del hoyo.
(6) Aunque el golfista sea millonario le duele en el alma perder una bola; por ello la alegría de encontrar una en el campo.
(7) Los palos de golf se dividen en maderas, hierros y putters. Las maderas se utilizan para golpes de larga distancia.
(8) Así somos de tontas las mujeres.
(9) Handicap: Número de golpes de ventaja que se le da a un jugador para competir de forma equitativa con jugadores de distinto nivel de juego.

Sección-Fauna Humana

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martes, julio 05, 2005

El mercadillo

En plena globalización, con las múltiples ofertas de venta por Internet, las grandes superficies o las tiendas de Zara, existe un tipo de comercio, bastante mas cerca de la edad media que de la actual, que sigue cosechando grandes éxitos entre el segmento femenino de la sociedad (+ del 50% de la población), allí donde se instale y sin necesidades de marketing. Me refiero al mercadillo.

No sé el origen de la atracción fatal de la mujer hacia el mercadillo, pero esos puestos de venta ambulante que colocan en los pueblos o en los barrios periféricos de las grandes ciudades atraen a multitud de mujeres de todas las edades con el ansia de encontrar "algo" que no se sabe muy bien qué es. Toda mujer que se precie, independientemente de su edad, condición social y cultura que vislumbre en la lejanía una hilera de puestos cubiertos con toldos, tendrá que hacer grandes esfuerzos para no dirigirse hacia ellos, aunque no tenga intención de comprar nada. Es tal vez el deseo infantil de encontrar un tesoro, de ver algo que ha pasado desapercibido para las demás, de sentirnos capaces de realizar proezas que quedan fuera del alcance de nuestras congéneres... tal vez es autoafirmación el querer demostrar que somos capaces de comprar duros a pesetas.

En las cenas de matrimonios o parejas en las que la parte masculina se polariza en un extremo de la mesa y la femenina se aglutina en el contrario, cuando las mujeres son conocidas de antiguo pero no llegan a ser amigas íntimas, es muy socorrida la conversación de lo barato que se compran las cosas. Es el momento en el que la vanidad nos lleva a la exageración, explayándonos con nuestras sorprendentes adquisiciones. Es paradójico que mujeres con patrimonios millonarios (en euros) se jacten de haberse comprado unas sandalias por 6 euros(1), y mueran antes de confesar con sinceridad cuanto cuestan los zapatos que llevan puestos.

En España, la venta ambulante está controlada en su mayoría por la raza calé, ya que el oficio encaja con su forma de vivir y la sociedad no les ofrece demasiadas oportunidades diferentes de ganarse la vida. Es bien sabido que una de las leyes de la raza gitana, no sé si en vigor, es la de engañar al payo. Este ansia inexplicable nos lleva a las mujeres, poseedoras de sentido común(2), a una pérdida de realidad al confiar que el mercadillo ofrece las mejores oportunidades. Generalmente las cosas que compramos, salvo raras excepciones, encogen, destiñen, se deshilachan, les salen pelotillas y lo que es peor: el día que lo estrenas te encuentras a todas las mujeres con la misma prenda a la vez que observas que están horrorosas. En ese momento te asalta la duda de si a ti también te sienta tan mal como a ellas y tu autoestima empieza a flaquear.

Confieso que soy adicta al mercadillo y que he transmitido a mis dos hijas esta debilidad. Y lo que es peor, también a mi hijo que no tenía propensión natural hacia ello. Menos mal que mi marido ha quedado fuera del alcance de mi influencia, seguramente harto de que le destiñan, se deshilachen y le salgan pelotillas a los polos deportivos de marca apócrifa que le compro.

(1) Por ese precio, por mucho que nos quiera el gitano, no pueden ser más que de plástico.
(2) Algunos opinan que el sentido común es el menos común de los sentidos en las mujeres, pero yo creo que estamos generalmente dotadas de esa cualidad.

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¡¡Ni me menees!!

sábado, julio 02, 2005

Siniestro total II

(continuación de siniestro total)


En el blog de mi amiga virtual María, un pequeño experimento, en un post titulado "Pinché" contaba sus dificultades para cambiar la rueda de su coche. Su lectura afloro mis vicisitudes con mi halcón milenario, que reúno en este relato para diversión de los lectores.

Después de la primera crisis del siniestro total de mi "halcón milenario", cuando las aseguradoras nos dieron la razón y se avinieron a correr con los gastos del destrozo que provocó el BMV rojo, entró de nuevo al taller como coche abollado y una semana después salió perfectamente arreglado, limpio como una patena, de un blanco deslumbrante, como nuevo, toda una pieza en perfecto estado para un coleccionista de coches de culto.

Renacido de sus cenizas y conduciéndole con mimo hasta casa para conservar su esplendor, lo dejé aparcado en la calle. El "halcón milenario" nunca durmió en garaje, siempre tuvo el cielo por techo y está acostumbrado a los rigores del clima de Madrid. Pero en el cielo no sólo hay estrellas, también hay pájaros nocturnos que se juntan para retornar a la tierra lo que su aparato digestivo desecha. Esta materia orgánica, tan buena para los huertos, no es de ningún aprovechamiento para la carrocería de un precioso Golf GTI.

A la mañana siguiente me encontré el coche tan cubierto de esa materia orgánica que casi no podía abrirlo sin tocarla. Haciendo de tripas corazón conseguí entrar dejando los escrúpulos aparcados para otro momento. Después de la "cornada laboral" lo tuve que llevar a un sitio de lavado a mano para poder ver de nuevo su luminoso color blanco.

Esa noche me dije: "antes muerta que dejar el coche bajo un árbol o farola". Busqué un lugar despejado de sombras y allí lo dejé. Cuál no fue mi sorpresa cuando amaneció con los limpiaparabrisas doblados. El derecho lo pude recuperar, pero el izquierdo se quedó paralítico. Conté hasta tres, busqué algo positivo y lo encontré: "en el mes de junio llueve poco" y me centré en un problema más acuciante, había que poner gasolina.

Cuando llegué a la gasolinera descubrí que no había ningún surtidor que despachara gasolina de 97 octanos. Como en un cuento de terror me sentí víctima de una confabulación y me fui un poco exaltada hacia el mostrador. Allí me informaron que ya no había gasolina para el "halcón milenario", que le tenía que poner de 95 y añadirle un poco de sucedáneo de plomo para que le sentara bien. Me fui con el botecito del veneno de plomo y fui incapaz de abrirlo. Cuando me percaté de que parecía que estaba haciendo kun-fu en mi afán de abrir el maldito envase y que las cámaras de seguridad podrían estar inmortalizando ese momento, me erguí sobre mis dos piernas y me dirigí de nuevo al mostrador. Allí me informaron que tenía un cierre de seguridad y que había que presionar hacia abajo para abrirlo(1).

Le puse la gasolina y le añadí el veneno de plomo con todo el dolor de mi corazón sintiéndome culpable de un delito ecológico, pero mi "halcón milenario" necesitaba combustible para estar operativo. Pensaba que no le podía pasar nada más, pero siempre me quedo corta en mis estimaciones. A la mañana siguiente se encendió la luz del radiador(2), le faltaba agua. Subí a casa y busqué algún envase de agua mineral, pero el día anterior le había obligado a mi benjamina a deshacerse de una colección de botellas vacías que tenía sobre su mesa de estudio y me tuve que conformar con un tarro de cristal que antaño contuvo aceitunas(3). El circuito del agua tiene una fuga o al radiador le ha salido un poro, pero prefiero la incertidumbre que quedarme sin coche otra semana.

Así voy tirando para adelante con el "halcón milenario". En el maletero llevo los primeros auxilios: el veneno de plomo, el tarro de las aceitunas y un par de botellas más que me he agenciado estos días. Bien podría, ahora que sé abrirlo con soltura, beber un traguito de veneno plúmbeo y terminar con este mundo cruel, pero cuántas aventuras me perdería y mi curiosidad no me permite estas flaquezas.

(1) Pensé en el cierre de seguridad que llevan los artículos de limpieza, pero en éstos se presiona en el lateral. Soy muy cartesiana y no se me ocurrió que hubiese otra manera.
(2) También se enciende la luz de la batería, pero es una falsa alarma.
(3) Un poco patético.

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