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viernes, diciembre 04, 2009

Toda orejas


Me gusta escuchar más que hablar. Mi predisposición a la escucha es constante y no se limita a mi familia y amigos, se extiende a toda conversación que a mi oído llegue. La sabiduría popular dice que "el que habla siembra y el que escucha recoge", ergo esta inclinación denota mi perfil recolector, más que el de cotilla con el que algunos mal pensados lo podrían confundir.

El tipo de conversación está en función del número de personas que participan así como el entorno donde tienen lugar. En cuanto a los contertulios, las conversaciones entre dos personas tienden a derivar a temas más personales mientras que las de grupo tienen una componente social tendente a crear fluidas conversaciones alimentadas con la vida y milagros de personas conocidas y ausentes en la tertulia. Respecto al entorno, el transporte público, los restaurantes y la playa son tres de los lugares más relevantes para arrimar la oreja y escuchar las conversaciones que siendo ajenas se da la paradoja de que se desarrollan en espacios públicos y no están sujetas a ninguna ley de protección de datos. En la gráfica que ilustra el post se puede observar la relación entre el número de contertulios y el grado de despellejamiento al prójimo que alcanzan las conversaciones.

El transporte público al estar estructurado en asientos y estrechos pasillos no ofrece facilidades a la creación de amplias tertulias, por lo tanto, el tipo de conversaciones que se escuchan suelen ser personales y, en algunos casos hasta íntimas, dada la extraña costumbre que tienen algunas personas de hablar por teléfono sin ningún pudor.

La playa es un espacio de expansión y relajación. Ofrece muchos temas de conversación y oportunidades de criticar al prójimo: cómo le queda el bikini a esa, qué poca vergüenza tomar el sol sin sujetador, qué mal educados están esos niños, no sé como dejan que traigan a los perros, etc. A más contertulios, más posibilidades de ver la paja en el ojo ajeno, pero dentro de un orden y trazando una función lineal en la relación contertulios/grado de despellejo.

El restaurante es el lugar más propicio a la conversación envenenada. No solo se dispone de un lugar idóneo para charlar en torno a una mesa sino que el propio acto de comer y beber, sobre todo vino, alimenta la conversación como leña al fuego. En estas condiciones de entorno, el grado de despelleje crece de forma exponencial en función del número de comensales. Da igual que se sienten a la vasca o a la castellana, conforme avance el ágape la conversación confluirá hacia poner verde a alguien sobre el que exista un consenso general en hacerlo. En ese momento, como si fueran Fuenteovejuna, le despellejarán todos a una.

La condición humana es así, los resentimientos, los miedos, las inseguridades, el morbo, la envidia buscan caminos para salir al exterior y lo hacen en estas terapias de grupo que llamamos reuniones sociales. A fin de cuentas, solo son palabras que se lleva el viento aunque a veces pasen previamente por orejas atentas.

¡¡Ni me menees!!

sábado, septiembre 19, 2009

10 placeres veraniegos gratis



Las primeras lluvias y los fríos que anuncian el otoño no han borrado mis recuerdos veraniegos, por tenerlos recientes, y sobre todo, porque los escribí en la HTC Touch para cuando tuviera ocasión de publicarlos en el blog.

Este año "Las circunstancias", de las que hablaba D. José Ortega y Gasset, han dado un golpe de timón y mi "yo" ha disfrutado de la playa en las postrimerías del verano, por ese motivo van con cierto retraso los relatos estivales de este año.

Una de mis reflexiones durante estas vacaciones ha sido sobre la levedad de los gastos en cuestiones de placeres veraniegos. Fui tomando nota de las cosas que me hacían disfrutar y pude comprobar que no precisan dinero y que están al alcance de cualquier alma sensible. Pasen, lean y opinen:

  1. Pasear por la arena mojada: Deleitarse con la sensación placentera de caminar descalza por la superficie húmeda y brillante de la orilla de la playa, sintiendo el suave cosquilleo de la minúscula arena sobre las plantas de los pies a la vez que los ojos contemplan tanto la inmensidad del océano como la brevedad de la vida viendo como las olas van borrando las pisadas.
  2. Tomar el sol: Sentir una inundación de luz natural, deslumbradora, cálida y energética que recarga el ánimo maltratado por los encierros en cubículos de luz artificial. Comprobar como la piel agradecida torna los colores verdinos en calidos y dorados tonos morenos.
  3. Bañarse en el mar: Sumergirse en las saladas aguas cuyas olas juegan a echarnos hacia fuera para después arrastrarnos hacia adentro, invitándonos a traspasar la línea en la que su superficie va atenuando su ondulación.
  4. Escuchar las conversaciones ajenas en la playa: Participar como espectador pasivo de las vidas de otros, juzgando y tomando partido sin posibilidad interactuar. Tan cerca en la distancia y tan lejos en la relación. Las reflexiones sobre este inusitado placer las desarrollaré en otro post.
  5. Coger coquinas: Remover con los pies la arena mojada buscando los tesoros que alberga el mar, dando rienda suelta a ese afán recolector que toda mujer lleva dentro.
  6. Ver los barcos entrar en el puerto: Al caer la tarde, avistar los barcos que regresan al puerto acompañados de una nube de alborotadas gaviotas. Adivinar por la expresión de las caras de los marineros, enjutos y morenos, cómo ha sido de provechosa la jornada.
  7. Contemplar la puesta de sol: Ver caer lentamente el sol, como si fuera una enorme moneda, sobre el horizonte de la marisma que se tiñe de los más ardientes colores hasta quedar escondido entre sus entrañas.
  8. El Wi-Fi de Gema: Volver a la vida digital gracias a la generosidad de una internauta de ley que comparte su router Wi-Fi con los veraneantes sedientos de conexión.
  9. Aromas de jazmín: Dejarse inundar por ese olor dulzón y embriagante que trae la brisa mientras que el olfato enseña a la vista dónde encontrar esas minúsculas flores blancas capaces de tanta fragancia.
  10. Mirar las estrellas: Poder contemplar el cielo estrellado que en las grandes ciudades apenas podemos vislumbrar por la contaminación atmosférica y lumínica. Ir buscando las constelaciones y las estrellas más brillantes. Imaginar dónde estaría situado Trantor y en qué esquina del universo se encontraría Términus. Fantasear con que Han Solo aterrizase en la azotea.

Al pasar a limpio estas sensaciones me ha venido a la memoria los versos de Jorge Manrique:

Cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado (en la playa)
fue mejor.

¡¡Ni me menees!!

miércoles, septiembre 24, 2008

Utopía veraniega


A lo largo de la geografía nacional, al igual, me imagino, que en los territorios bárbaros, ha proliferado durante todo el verano un curioso y pertinaz espécimen de la fauna humana.

Se trata de un ejemplar que a semejanza del oso polar suele "hibernar" o en todo caso mostrarse menos visible el resto del año, y que solamente surge masiva y "ostentóreamente" cuando se aproxima el verano.

Previo a realizar su puesta en escena -que elige en función de sus posibilidades esconómicas o el límite de su tarjeta de crédito- aunque sus preferencia son Benidorm y Marina d´Or -realiza una concienzuda puesta a punto.

Para ello aparte de tunnear su vehículo, llenarle de llamativas pegatinas y aumentar los decibelios del equipo musical, se inscribe en un gimnasio con el objeto de eliminar algún excesivo diámetro y tiñe su musculatura, con la ayuda de los rayos UVA, de un subido color marrón.

Revisa y actualiza la indumentaria del pasado verano y procede a actualizarla con prendas en las que dominan los colores más vivos y los distintivos de las marcas más en moda. Lo completa con unas originales gafas de sol, unos cuantos piercings, algún que otro tatuaje y un Rolex deportivo de imitación.

Ya sólo le queda ponerse en acción. Es fácil verle pasear por la orilla del mar o el borde de la piscina en una clara actitud de ridículo pavoneo.

En su escenificación busca acentuar su perímetro torácico a través de forzadas inspiraciones que logra sostener hasta límites insospechados. Solo cuando siente síntomas alarmantes de falta de oxígeno, se refugia en un lugar fuera de las miradas y allí respira durante unos segundos para volver de nuevo a "sacar pecho".

En un somero estudio psicológico este curioso personajes presenta una combinación aleatoria de alardes exhibicionistas, grandes dosis de narcisismo, unas pinceladas de paranoia y un cociente intelectual que roza lo borderline.

Pero como el que no se consuela es porque no quiere, estos personajillos tienen afortunadamente una vida tan corta como la de las mariposas y duran lo que le permite su período vacacional.

Pero también es obligado preguntarse ¿qué sería del verano sin estos curiosos personajes, el olor penetrante de aceites bronceadores, los molestos mosquitos, o las clásicas canciones del verano?

Pues algo tan irreal, queridos amigos y amigas, como una bella utopía.

¡¡Ni me menees!!