viernes, julio 27, 2007

Amor de lejos… amor de pen-sárselo* (y IV)


((Esta ya es la última entrega, lo prometo)



Tardé algunos días en reaccionar, a mí me había costado mucho superar todo aquello, o por lo menos intentarlo, porque está claro que superado no estaba; muchas horas de psicóloga, yoga, lágrimas y cuatro años de estar peleada con el mundo por hacer que las cosas fueran como son. Cuatro años de acordarme a diario de la madre del Destino, si es que existe, porque mira que se ha portado canalla conmigo, si es que es Destino. Pero como en el fondo soy una jodida sentimental, una jodida romántica y supongo que también una jodida masoquista, un par de semanas después volví a admitir a Alberto en el chat.

A partir de ese momento y durante estos meses chateadas que te pego a las tantas de la noche (puñetera diferencia horaria), serenatas por teléfono, chistes macabros de cosecha de ambos continentes, carcajadas a las cinco de la mañana y un ir y venir de correos poniéndonos al día y con fotos que él me manda porque no tuve más remedio que confesar que no conservo nada suyo. Las primeras semanas yo le estuve tanteando, iba más cauta que un GEO y a todo lo que él decía yo luego le daba ochocientas vueltas en la cabeza, porque yo ya no estoy para tonterías ni para cuentos chinos, y como se pasara dos días o tres sin conectarse o sin llamarme es que luego adrede yo le tenía igual durante otros dos días, y luego el pobre lo mismo había estado todo ese tiempo metido en un quirófano y recuperando sueño…

Una ebullición de sensaciones y emociones que hacen que diecisiete años después (que se dice pronto) parezca que apenas fue el año pasado que nos pegamos el lotazo padre en el baño de su hermana para escaparnos después durante toda una semana en plan el lago azul .

Y desde el primer momento él me decía que teníamos que vernos este mismo año, a como diera lugar, y a partir de ese momento empezamos a planificarlo casi sin querer, y la idea es que este verano nos comemos un gallo(1) y que salga el sol por Antequera, lo que quiere decir que el mismo día que empiezo mi quincena de vacaciones de agosto yo me trepo a un avión a reencontrarme con Alberto, ya sea allí o en el Algarve portugués, que nos pilla un poco a medio camino, porque también tenemos el Triángulo de las Bermudas, pero me da así como un poco de mal rollo, pero ya para junio lo decidimos porque a él se le complicaron las cosas para tener vacaciones en la misma quincena que yo, y como tampoco tiene un horario definido y vive cerca del hospital en el que trabaja, pues finalmente la que se va para allá soy yo.

A todas estas y para cuadrar el círculo, por ahí por marzo mi jefe había decidido que este año las vacaciones las empezábamos el 13 de agosto, rarísimo, ni el 1 ni el 15, no, el 13, y como Alberto y yo habíamos hablado de pasar dos semanas juntos pues luego empecé a intentar racanear fechas y horas de sueño, y cuando por fin conseguí y compré el billete a principios de julio se me pusieron los pelos de punta al darme cuenta de que llegaré allí el mismo día que se cumplen diecisiete años del día que nos conocimos.

Eso sí, he contado la historia (sin los detalles siniestros) a mis amigos más allegados y es que tengo opiniones para todos los gustos, entre ellas la de uno que me dijo que este lo que quiere es enredarme para conseguir los papeles y quedarse en España. Otro amigo me dice que como no ha habido tema que por eso nos tenemos idealizados y que probablemente en cuanto nos veamos de nuevo lo que surgirá será un calentón y ya está, y otra amiga dice que seguramente lo que nos pase será que nos demos cuenta de que lo que hay es buen rollito, mucho feeling y poco más. También los hay que apoyan y que desean que haya continuidad, a ver, no todo van a ser agonías.

Pero como les conté en un post anterior, yo me propuse a principios de año quitarme de encima todas las espadas de Damocles de mi vida, arrancarme todas las espinas que tuviera o tuviese y quemar todas las naves que me sean posibles, y espero que el que me dijo lo de que Alberto quiere los papeles para establecerse en España, no tenga razón cuando también me dijo que si seguía yendo para atrás iba a terminar exorcizando al novio que tuve cuando iba a catequesis, aunque claro, este amigo es un ex noviete mío de un veranito de hace siglos que nos costó años tener la amistad que tenemos hoy día y también puede caber la posibilidad de que quiera que lo exorcice a él. No sé si Alberto y yo tenemos todas las papeletas para volver a enamorarnos o si será la definitiva para quitarnos la duda mutuamente, solo podremos saberlo cuando nos tengamos cara a cara.

Así que en unas semanas les cuento qué fue!!!!


(1) “comerse un gallo”: resolver un asunto pendiente

¡¡Ni me menees!!

lunes, julio 23, 2007

SensoMEME


Querid@s tod@s: de un tiempo a esta parte, estoy escribiendo un conjunto de post dedicados a los cinco sentidos. Mientras termino el último, dedicado al oído, que lleva una compleja elaboración como veréis, se me ocurrió proponer un pequeño juego: un SensoMEME.

Seria este tal Meme Sensorial una enumeración de aquellas sensaciones especiales, únicas, evocadoras, sensuales, que cada uno de nosotros tenemos en nuestra memoria de cada uno de nuestros cinco sentidos. Dichos son: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

La Vista

La vista, junto con el oído, son dos de los más adulterados hoy día por esta "sociedad mediática". Por ello es en el que estamos tan saturados de sensaciones que nos costaría trabajo encontrar algo evocador. Así que en mi memoria resisten recuerdos anteriores a esta explosión: Por ejemplo la primera vez que ví una pantalla de televisión, en mi casa, a la vuelta de mis vacaciones, por supuesto en blanco y negro, cuando estaban poniendo una película de la época del Rey Sol. Recuerdo que compramos un plastico coloreado que se ponía delante: azul en la zona superior, marron en la central, y verde abajo. Perfecto para un paisaje de montañas. Pésimo para un concierto de clásica.

Pero una imagen, que miré por un segundo, en una revista, en el Rastro, cuando todavía la censura franquista cercenaba este tipo de cosas, de un cuerpo femenino desnudo, de un triángulo negro entre las piernas, la primera vez que lo veía, que me impactó a pesar de lo breve y fugaz.

El Oído

Tendemos a asociar este sentido con la música. La música tiene también un gran poder evocador. Me acuerdo precisamente de una canción "El Soldadito" que asociaba a esas mañanas de domingo en el Rastro, donde repasaba tiendas y puestos a la búsqueda de tesoros baratos, que entre los puestos de los chatarreros encontraba a veces.

Pero también para este sentido voy a hacer un cambio de escenario. Me voy ahora a las montañas, al valle del Jerte, a una noche estrellada, junto a una mujer, donde tumbados en un puente, cabeza contra cabeza, boca contra oído, oido contra boca, nos hablábamos. No recuerdo ni lo que decíamos ni siquiera el nombre de ella. Pero recuerdo una inmensidad sonora, profunda, en su voz, como nunca después la he vuelto a sentir.

El Olfato

El gusto y el olfato son generalmente asociados con nuestras funciónes metabólicas, como fuente de placeres alimenticios y bebeticios. El olfato por supuesto tiene un gran poder evocador aparte de éstos usos, y son los otros usos asociados a la función reproductora. La industria del perfume lo sabe bien. Así como las mariposas Monarca. Pero si me permitis, antes voy a recordar algunos otros olores interesantes.

Un olor que me sorprende siempre es el que hay en el paso elevado del flamante carril bici sobre la carretera de Castilla. Si pasais por allí, inevitablemente toparéis con el olor a estiércol de los establos de los caballos del club de campo. Pero por su sensualidad, mi olor favorito es el de las gardenias, un olor vainillado, pegajoso y único.

El Gusto

Ya lo hemos dicho: el gusto se utiliza para comer y beber. Y no solamente alimentos, como algún@ agud@ lector@ habrá imaginado. Vaya, no sé en que estaréis pensando. Yo pensaba en cosas como: el sabor de la cocaína, que en las películas los polis y los camellos usan para calibrar el género. Y, sí, el sabor de los besos, que como los perfumes, forman una química mágica que desencadena la mezcla entre los elementos externos cuando son aplicados a un cuerpo orgánico y vivo, con resultados inesperados, siempre únicos y subyugantes.

Pero yo me voy a quedar con un sabor más básico, más vital, más común pero igual de especial: el sabor del mar, el sabor salado intenso de ese agua, la primera vez que me bañé en él, y que recuerdo perfectamente, en el pueblo, ahora ciudad de levante, Oliva.

El Tacto

Rematamos pues el círculo del SensoMEME con este sentido, que resiste aún la invasión tecnológica y comercial, tan básico y esencial que es el primero que el recien nacido disfruta, con su madre, antes que ningún otro. Tan importante que la privación completa del sentido del tacto lleva a la locura en muy poco tiempo.

El tacto sin embargo está en un segundo plano en la vida diaria, donde el resto de los sentidos toman protagonismo. Por eso el tacto resurge en la oscuridad de la noche. Muchos tendreis recuerdos táctiles de un cine, o de una noche apasionada. Otro momento donde el tacto recobra protagonismo es en el baile en pareja, sea el baile agarrado de antaño o los modernos bailes latinos. El roce, la caricia casi obligada por el guión, especialmente en alguno de ellos como la bachata, descaradamente voluptuosa. Con el musical roce de cuerpos de este baile dominicano me voy a quedar, por el momento, por ser mi más vivo recuerdo ahora.

Y ahora, os cedo la palabra. ¿Cuáles son vuestros recuerdos más intensos asociados con cada uno de vuestros cinco sentidos?

¡¡Ni me menees!!

viernes, julio 20, 2007

Amor de lejos... amor de pen-sárselo* (III)


(prometo que LA SIGUIENTE es la última!!!)
Dejé de beber y de tomar drogas del mismo modo en que empecé a hacerlo, sola, de golpe y sin decirle nada a nadie; reconocí mi problema, busqué ayuda psicológica, empecé a salir de la depresión de caballo en la que me había metido, me volqué en el trabajo y en mi familia y traté de empezar una nueva vida. Nunca volví a mencionar a Alberto, nunca nadie supo lo que había pasado y es más, todos pensaron que mi estado de ánimo era por la ruptura con Eduardo y yo dejé que todos lo creyeran así, porque me pareció una barbaridad que supieran que yo me había desquiciado por una historia de amor de hacía más de diez años. A Eduardo le vi algunas veces, porque cuando dejé mis malas costumbres se lo hice saber, hablé con él, le pedí perdón y le conté la verdad porque no quería que él pensara que yo estaba loca, quería que supiera por qué había empezado a comportarme como lo hice, y poco tiempo después empezamos a vernos de vez en cuando, e incluso hubo un intento de reconciliación entre nosotros, pero Eduardo no se fiaba del todo de mí y se tomó las cosas con demasiada calma, y yo necesitaba desesperadamente tener a alguien a quien querer y que me quisiera.

Y en ese medio tiempo en que Eduardo y yo estábamos que si o que no, más bien durante una racha que él se despegó de mí durante varias semanas sin dar señales de vida, fue cuando conocí a Pepe, con el que tenía amigos comunes, que sabía que había roto una relación hacía poco y que digamos aprovechó la situación para volcarse en mí y yo empecé a creer que podría quererme como yo necesitaba y que seguramente el roce hace el cariño y que yo podría enamorarme de él y todo eso, y el resto de lo de Pepe y Eduardo eso sí que ya lo saben.

A pesar de todo, Alberto supo mi dirección hotmail por los reenvíos de su madre y su hermana, porque ya se había extendido el uso de Internet y los chats, y en otra ocasión que su hermana me había llamado por teléfono a la casa de mi madre, nos intercambiamos las direcciones, y luego ella me pasó la de su madre, y entonces solíamos enviarnos fotos y las primeras cositas divertidas que empezaron a rular por ahí. Nunca me escribió un mail, pero sí me agregó al chat y le acepté la invitación para tenerle de algún modo, aunque fuera ahí entre los demás contactos, pero sobre la marcha le quité la admisión, y a pesar de que alguna vez lo vi conectado, nunca le volví a aceptar ni a intentar chatear, y aunque con su madre y su hermana me he seguido reenviando coñadas y calendarios de bomberos y algún mail personal cortito y cosas de esas, nunca lo volví a mencionar ni ellas a mí tampoco y no volví a saber más de él ni a querer saber más de él…

Hasta el 24 de febrero de este año, aún oliendo al humo de mis naves recién quemadas, relajada que no veas tras una semana de yoga y todo eso y a escasos días de haber estrenado mi nueva situación de barbecho voluntario y todo lo que ya les conté, en que un día que estaba aburridilla en casa y me sentía como muy en paz conmigo misma y con ganas de buen rollito con el cosmos, le devolví la admisión en el chat al verlo online por primera vez en siglos y decidí mover ficha y le saludé como siempre hola canalla..., y casi al unísono recibí un hola maja... dera .

Oye, parecía que hubiéramos hablado el día antes por última vez, quiero decir, ninguno de los dos dijo algo como qué es de tu vida, o cuánto tiempo, ¿no?, pues no, a saco, me dijo que estaba tocando la guitarra delante del ordenador haciendo tiempo porque esperaba un mail y me preguntó qué estaba haciendo yo y le contesté que estaba leyendo la prensa, que los MIR se habían puesto en pie de guerra, qué gilipollez, y por ahí empezamos a hablar y lo dicho, lo más natural del mundo, como si el día antes hubiéramos estado de parrafada también, y entonces me dijo que le esperara un segundo que le había llegado el mail que era muy importante porque era de un abogado y entonces yo más en plan de coña que otra cosa le pregunté en qué líos se había metido para tener que estar con abogados, y me contestó en mayúsculas me estoy divorciando .

A mí me dio un mareo y me quedé helada, solo pude responder con un icono de carita de sorpresa y susto y entonces él me escribió un ja, ja, ja y que esperara un momento. Fue una eternidad, para qué engañaros, y cuando volvió a escribir empezó tan campante diciéndome que quería contactar conmigo desde el verano pasado pero que no se atrevía a llamarme ni a enviar un mail ni nada, que desde antes de Navidad está enviando señales para que fuera yo quien le buscara, y que desde Mayo del año pasado está separado, que ya aprendió la lección acerca de las relaciones, que ya nos valió(1) y que o voy yo o viene él a España a buscarme y si hace falta a secuestrarme.

Dijo que ya no va a permitir que nadie sufra más por su culpa y que él mismo no quiere seguir sufriendo más, que sabe que ha hecho mucho daño, no solo a mí, y que eso se ha acabado, que reconoce que ha pasado mucho tiempo, en nuestro caso media vida, pero que esté seguro de que podemos tener una oportunidad y que él quisiera aprovecharla ahora antes de que sea demasiado tarde, y que por fin ha reconocido cuál es su opción en la vida. Yo estaba temblando y entre los nervios y este humor que me gasto, le pregunté si su única opción era salir del armario o hacerse cura, a lo que me respondió que por lo que veía yo sigo igual que siempre; me dijo eres una cabrona sin sentimientos, te estoy diciendo que te reconozco que tú siempre has sido mi única opción y me preguntas si me voy a hacer gay o cura?

Si no llego a estar sentada, se me caen los pantalones al suelo del susto, y leyendo todo lo que escribió a continuación, lo que yo lloré ese día solo lo sabe el teclado de mi ordenador, porque por poco lo encharco y me lo cargo. Tuve un pronto de los míos y de repente, sobre la marcha, le volví a quitar la admisión, cortando nuestra conversación, no podía ser que tantos años después aquello me siguiera afectando de esa manera, y me quedé ahí idiotizada, viendo como él seguía online y además escribía maja, perdóname junto a su nombre para que por narices apareciera en mi propio menú en el chat.

Esa misma noche les escribí un mail a su madre y otro a su hermana y con sus respuestas, además de enterarme de que Alberto siempre les ha seguido preguntando a ellas por mí y que según su madre ella siempre supo que él seguía enamorado de mí, he despejado todas las dudas que pudiera tener acerca de si mi vida es o no un puñetero culebrón: la casa en la que vivía Alberto cuando su padre murió era de su padre y su madre, pero como al divorciarse ella se había ido de la ciudad, quien se quedó viviendo allí fue el padre de Alberto, con él, y por último estaban también la nueva esposa y la hija que ellos tuvieron un año antes de morir él.

Cuando pasó el funeral y todo eso, Alberto se fue efectivamente de allí y la viuda del padre jamás le entregó ninguna de las cartas que yo le escribía, entre ellas aquella en la que le decía que yo iba para allá, y aunque él si tenía mi dirección y mi teléfono, anduvo mudándose cada dos por tres durante unos años, y como prácticamente vivía en la Facultad de Medicina y en un hospital donde tenía las prácticas y todo eso, dejó pasar tanto tiempo que cuando se dio cuenta le dio pánico escribir o llamar y me dio por perdida y se dio por vencido. Además, durante todos esos años él se tuvo que buscar la vida para poder seguir pagando su carrera, seguir yendo a la Universidad y por otro lado hacerse cargo de un montón de líos legales por la muerte del padre, por la famosa casa, que ahora supuestamente volvía a ser de su madre, pero en ella vivían la otra esposa con la hermanita recién nacida, a quien la ley amparaba.

Por su hermana supe que cuando ella le dijo que yo vivía con Eduardo, él se puso serio con una chica con la que llevaba saliendo unos meses, le regaló un anillo de compromiso y le propuso casarse y antes de la fecha de la boda ya estaban esperando al niño, y poco tiempo después vino la niña y en un par de años la convivencia era un desastre y él se volcó las veinticuatro horas del día en el quirófano y en su consulta, hasta que hace un año y medio no pudo más lo mandó todo a freír puñetas y cogió su guitarra y su portátil y regresó a la jodía casa de su padre, ahora sí ya vacía porque entre él, la hermana y la madre habían reunido una pasta para ofrecérsela a la otra mujer para que se fuera por fin ‘amos, divinos de la muerte los dos…


(1)ya nos valió”: se acabó seguir así

Sección-Expedientes-X.

¡¡Ni me menees!!

lunes, julio 16, 2007

Lamento Boliviano

Rebecuqui querida, el viernes pasado decías: ...hace apenas 12 horas estaba chillando, saltando, berreando, cantando y hasta llorando viendo a Maná ... y resulta que el viernes yo estaba bachateando con ELLA. Pero no una bachata cualquiera, no, ésta bachata:




Me quieren agitar
me incitan a gritar
soy como una roca palabras no me tocan
adentro hay un volcan
que pronto va a estallar
yo quiero estar tranquilo...

Es mi situación una desolación
soy como un lamento, lamento boliviano
que un día empezo y no va a terminar
y a nadie hace daño...

Y yo estoy aquí
Borracho y loco
y mi corazón idiota
siempre brillara

y yo te amare
te amare por siempre
nena no te peines en la cama
que los viajantes se van a atrasar...



Y vas y dices que nos quieres poner una canción de los Enanitos Verdes, sí, los que escribieron Rebeca, y me pongo a buscar cómo hacerlo, y me encuentro el Lamento Boliviano, en esta genuina y original versión:



La cual yo baile, bailé con ELLA, probablemente borracho y totalmente loco (por ELLA), bailé en un baile final, que aún resuena en mis oídos.

Rebeca querida, no encontré tu canción, no pude ponértela aquí, como era mi deseo, TODAVÍA.

Pero todo puede llegar....

¡¡Ni me menees!!

viernes, julio 06, 2007

Amor de lejos… amor de pen-sárselo (II)


(Sigo con mi historia, y sigo pidiéndoles paciencia, es larga de contar y hay mucho que exorcizar).


Unos tres años después, una madrugada en que curiosamente yo estaba sola en casa porque Eduardo estaba de guardia, sonó el teléfono y al grito de cuñadaaaaaa me levanté de la cama de un salto; era la hermana de Alberto, que me había llamado a la casa de mi madre y ella le había dado mi nuevo número; hablamos, nos reímos, lloramos, me contó que se casaba, le conté que yo vivía con alguien, me puso al teléfono al francés que era su novio, con el que se casaba (que también me llamó cuñada) me reclamó porque no había vuelto a ir nunca más por allí, me reí y le dije que estaba complicado… y claro, le pregunté por Alberto, me dijo que estaba ahí, con sus cosas, que no tenía novia, que andaba con todas y con algunas pero que con ninguna en concreto, que ella y su madre sabían que él me seguía esperando, así que muy seria le contesté que mucho no debía esperarme cuando hacía tres años se había desaparecido de mi vida a la francesa y que nunca más había vuelto a saber de él.

Luego me dijo que su padre había muerto, que habían tenido mogollón de follones con la que era la esposa del padre en el momento del fallecimiento y que Alberto se había tenido que largar entonces de aquella casa, que era donde él vivía normalmente porque estaba más cerca de la UNAM(1) y que él siempre le preguntaba por mí, si sabía algo de mí porque hacía años que yo no le había vuelto a escribir.

Después de esa conversación estuve con los ánimos revueltos durante algún tiempo, incluso pensé en escribirle, pero.., ¿a dónde rayos le iba a enviar la carta? Así que decidí que mi vida con Eduardo era tranquila (eran los inicios) y que el destino lo había puesto en mi camino para que olvidara a Alberto para siempre.

Pasó más tiempo, unos dos años más creo, y si no recuerdo mal fue a través de ICQ, Alberto me buscó y me encontró. Eduardo me había enseñado cómo funcionaba aquello más que nada para poder hablar con mi padre (con el que ya me había reconciliado), y yo tenía mi propio número de contacto. Nunca olvidaré ese día, yo estaba con mis primeros pasitos informáticos y apenas entendía nada, tenía una cuenta de correo electrónico que casi nadie sabía por lo que no solía recibir muchos e-mails y un día me llegó uno con una especia de hola o invitación de Alberto desde México, y yo que no sabía de qué demonios iba aquello, la respondí y pronto apareció una pantallita que decía hola maja..dera, cuánto tiempo...

Casi me da un infarto y tiro el teclado al suelo, me puse nerviosísima, estaba pegada al monitor, como deseando poder verle a través de él, no podía creer que pudiera estar ahí, me latía el corazón a cien mil por hora y no sabía de qué hablar con él porque quería decirle tantas y tantas cosas. Así que estuvimos hablando y hablando de todo un poco, poniéndonos al día, y mientras tanto me mandó unas fotos por mail, sobre la marcha, y cuando por fin las abrí y le vi subido en su moto con un niño pequeño, fue entonces cuando me dijo que se había casado y que tenía dos hijos, y yo ahogué un grito y empecé a repetir una y otra vez no, no, no , cada vez en voz más alta y me eché a llorar como una idiota y sin despedirme desconecté el módem.

Estuve llorando horas delante del monitor del ordenador, pero llorando como hacía siglos que no lloraba, y cuando mis perros empezaron a inquietarse porque era la hora de su salida de la tarde, fui primero a la cocina, saqué del congelador la botella de vodka que teníamos para alguna ocasión especial (ni Eduardo ni yo bebíamos por sistema y menos en casa), metí a los perros en el coche y me fui a una montaña cercana a la casa en la que vivía. Allí solté a los perros para que corrieran y yo me senté en el césped a beberme la botella (estaba casi entera) y a seguir llorando, mientras llamaba por teléfono a Inés, la única amiga que sabía de la existencia de Alberto desde que yo había regresado de vacaciones aquel verano casi diez años atrás, y le decía a gritos, llorando y balbuceando (porque ya estaba puestísima ) que Alberto se había casado y que yo estaba borracha perdida en una montaña de La Laguna.

Inés vino a buscarme con Paco, su marido, casi una hora después y me sostuvo mientras lloraba, gritaba y vomitaba desesperada, y luego me llevó a casa y mientras Paco la esperaba abajo, me metió en la ducha, luego en la cama y después llamó a Eduardo para decirle que yo tenía de nuevo un ataque de gastroenteritis y esperó conmigo hasta que él llegó. Inés me abrazó fuerte todo el tiempo, me acariciaba la cabeza y dejó que llorara todo lo que quisiera, pero al día siguiente la tenía en la puerta de mi trabajo para leerme la cartilla. Me dijo que qué esperaba, habían pasado diez años, yo estaba con Eduardo, se suponía que era feliz y que había superado lo de Alberto hacía tiempo.

Yo le di la razón, y ese año, por la hoguera de San Juan, metí en una caja de cartón todo lo que había conservado de él, cartas, fotos, su camiseta del equipo de fútbol, todo, y la eché al fuego y me quedé como una loca mirando cómo ardía mientras me bajaba yo solita de nuevo otra media botella de vodka, y a partir de ese día empecé a olvidarme de todo lo que tuviera que ver con él, porque al no tener ya nada que le recordara, casi me olvidé hasta de su cara.

Pero también ese mismo día empecé a cargarme mi relación con Eduardo, porque no había día en que yo no bebiera, a escondidas o ya por último en su cara, porque estando sobria solo pensaba en Alberto y en aquella foto que me había enviado con su hijo y estando borracha miraba la única foto que se había salvado (misteriosamente, nunca lo entendí) de la quema de San Juan, una foto que ni siquiera era de él sino de un paisaje del lugar de nuestra escapada, y entonces me quedaba dormida recordando aquel verano que habíamos pasado juntos años atrás. Como Eduardo tenía guardias de veinticuatro horas, esos días yo aprovechaba y compraba provisiones que escondía en mi armario para que él no las encontrara, y como siempre compraba la misma marca de vodka y él no bebía, nunca se daba cuenta (o eso creía yo) de que la botella que estaba en el congelador no era la misma. En el mismo momento en que llegaba a casa después del trabajo, yo me bajaba media botella en un par de tragos, y pronto aquello fue poco para mí.

Tenía una amiga que fumaba marihuana y hachís como un murciélago, yo no solía hacerlo nunca, pero empecé a ir por su casa casi a diario, y pronto fumaba lo mismo que ella y a su mismo ritmo, y en pocos meses también se me quedó en poco y empecé con otro tipo de cosas.

Aún así lo mío con Eduardo sobrevivió casi dos años más, de bronca en bronca, porque yo no era feliz y cada vez que le miraba a la cara le culpaba hasta de haberse aparecido en mi vida el día que lo hizo, le culpé hasta de la muerte de Manolete, y él aguantó carros y carretones; en mis borracheras solía abrazarme fuerte (era un tío muy grande) porque yo me desesperaba y quería romper todo lo que encontraba por mi camino, y me sostenía hasta que se me pasaba el ataque de furia, y luego se sentaba conmigo a hablarme, a recordarme que nos queríamos, lo que teníamos juntos, lo que habíamos logrado juntos, entonces yo lloraba y le prometía que no lo haría más hasta el día siguiente. Con el tiempo Eduardo se cansó y cuando llegaba a casa y me veía en aquel estado, simplemente se duchaba, se cambiaba de ropa y me dejaba sola, histérica perdida, y cuando regresaba de noche recogía en silencio lo que yo hubiera roto y se acostaba a mi lado sin decir ni media palabra.

Hasta que una noche de viernes en que por primera vez en mucho tiempo estaba sobria, recogí mi ropa y mis cuatro cosas y después de sentarme a hablar con él cinco o diez minutos, me fui de su casa con el alma cargada de remordimientos. Nunca olvidaré su cara en ese momento, más de alivio que de pena…


(... lo dicho, seguiré con las entregas, ya queda menos)


(1) UNAM: Universidad Nacional Autónoma de México.

Sección-Expedientes-X.

¡¡Ni me menees!!

lunes, julio 02, 2007

La cadena laboral trófica

Escribe o revienta, emulando al Lute con su Camina o revienta. Escribo para no explotar y dejar las paredes de mi despacho salpicadas de bilis. Una deferencia hacia mi compañero de despacho José.





La vida es injusta, cuesta aceptarlo. Depende de donde te sitúes, la suerte estará a favor o en contra y la distancia entre estas dos posiciones será enorme. Es difícil comprender cómo algunas personas alcanzan un estatus y se mantienen en él per se y otras nunca salen del chapapote laboral. Ser cliente, proveedor, subcontratista, mando intermedio, autónomo, currito o becario te sitúa cruelmente en uno de los subsistemas de la cadena laboral trófica.

Al final de la cadena se encuentra el máximo depredador, el cliente. Es un ser que en vez de alma tiene un presupuesto del que hace ostentación y que le sitúa en una posición de poder frente al resto de los subsistemas. Aunque los libros de manachmen lo ponen por las nubes y dicen que hay que orientarse al cliente, se corre el riesgo de ser devorado por él. Se alimenta fundamentalmente de proveedores, subcontratistas y mandos intermedios. Para sobrevivir no necesita ni inteligencia ni agilidad, sólo ferocidad y sangre fria.

En el siguiente eslabón se encuentran los proveedores. Son depredadores más lights y dependen de su agilidad, su ingenio y su flexibilidad para subsistir. Esas habilidades no impiden que a su vez se alimenten también de subcontratistas y mandos intermedios con los que se comportarán a su vez como “clientes”. En algunos casos pasan directamente a nutrirse de las fuerzas del trabajo: autónomos, curritos y becarios

Para que puedan subsistir los depredadores son necesarios los “descomponedores” que forman un chapapote laboral en el que se encuentran los subcontratistas y mandos intermedios. Se alimentan del subsistema productivo formado por autónomos, curritos y becarios. Este subsistema aporta “valor a la producción” haciendo que fermente el trabajo que se desarrolla. El profe, cuando trató el tema de los mandos intermedios, lo definió como remover los barriles de mierda y no estaba muy descaminado.

En el primer eslabón de esta cadena laboral trófica se encuentran los medios de producción en tres variantes: becario, currito y autónomo. El destino del becario, si no espabila, es quedarse en su subsistema como autónomo o como currito. El autónomo, aunque vive con la ilusión de que es un ser libre y que no tiene jefe, en realidad se encuentra en la escala inferior de la cadena trófica, aunque puede cambiar con más facilidad a depredador. El currito por su parte no tiene ni la ilusión de ser libre en un futuro ni la esperanza de cobrar una indemnización.

Cuando te preparas para la vida laboral se piensa en adquirir habilidades en vez de orientar los esfuerzos en situarse en el subsistema más favorecido por la suerte. Si volviera a nacer y me dijeran ¿qué quieres ser de mayor? Contestaría sin dudarlo: cliente.

Sección Fauna humana

¡¡Ni me menees!!

jueves, junio 28, 2007

A mi me pone lo que me pone y me pierde lo que me pierde


Esta reflexión de Perogrullo hizo su aparición en mi cabeza mientras conducía por un monte lleno de pinos.

De golpe y porrazo, en medio de la pinada, pude identificar lo que me pone: la cosa básica, primigenia, obscena, feromónica, pasional y un mucho salvaje. Si tuviera que elegir un icono sería parecido a un Jerónimo despechorrado y sudoroso galopando por la praderas.

Y al mismo tiempo, se me reveló qué es lo que me pierde: la ternura y el desamparo.

Resultado: una mierda de ecuación. Porque mira que es difícil encontrar a prendas así. Pues resulta que haberlos, haylos; y casi mejor que no los hubiera. Intensidad, lo que se dice intensidad, aportan mucha a tu vida. Pero equilibrio más bien poquito.

Le comento a un hermano del alma –en realidad hermano de algo más- en qué tesitura me encuentro. Se lo digo en un momento de oscuridad, de vacío. De corazón sin norte. Como lo haría un murciélago esperando recibir el contorno de la cueva.

Su risa, al principio ronca, se volvió líquida primero. Luego cristal. Y por último espejo. Y al mirarme en el espejo de esa risa sólo pude ver a Jerónimo perdido en un mar de lágrimas.

¡¡Ni me menees!!

lunes, junio 25, 2007

Unas gotitas de Chanel

Esta semana traigo a mi memoria este recuerdo privado que hago público a condición de que me guardéis el secreto.


Es ya de noche, noche profunda y oscura. Duermo, o eso deseo, pero el vértigo me despierta intermitentemente. Han sido horas bebiendo y bailando en la ciudad, mientras la Alhambra, a lo lejos, vigilaba.

Esperaba que ella finalmente se viniese conmigo. Pero como casi siempre me he tenido que volver sólo, y solo estoy en esta cama que dá vueltas a mi alrededor.

Entre sueños, oigo una voz, un susurro. Siento un zarandeo. "Despierta. Despierta". Noto un suave perfume inconfundible, que antes se empotró en mi cerebro, y ahora me envuelve de nuevo.

Ella está allí, completamente desnuda. Bueno, según ella dice, vestida, aunque sólo con unas gotitas de Chanel.

Veo su escultural cuerpo, su dulce cara junto a la mía, sus tiesos pechos, su flexible cintura,... y un erecto miembro que miro alelado durante unos segundos. Cuando la boca para decir algo, mi sorpresa es aprovechada por ese trozo de carne caliente para acceder a mis humedades orales como Pedro por su casa.

La verdad es que en este punto intento despertarme, porque creo estar soñando, pero un cierto cosquilleo picante, que va increscendo, en mi otra protuberancia, me hacer caer definitivamente en la cuenta de que está pasando algo verdaderamente memorable.

Si me lo hubiesen jurado unas horas antes no me lo hubiese creido, pero ahora, pasada la sorpresa inicial, los acontecimientos se van desarrollando con bastante fortuna y naturalidad.

... (aquí podéis poner lo que vuestra imaginación os permita) ...

Al rato, exhausto, me quedo dormido. Cuando me despirto ella se ha ido, dejando, eso sí, tras de sí, un inconfundible aroma.

Todavía hoy, algunas noches de madrugada, me despierto completamente empalmado, creyendo haber captado retazos de ese perfume perturbador que me envolvió esa noche.

¡¡Ni me menees!!

viernes, junio 22, 2007

Amor de lejos... amor de pen-sárselo* (I)


Este es un dicho muy muy popular en mi otra media patria, porque ya saben que yo no tengo una sino dos medias patrias y que crecí y vivo con el corazón dividido entre gaitas y guitarrones, entre mitología celta y leyendas aztecas y que me cuesta decidirme ante una buena fabada (aunque sea de lata) o los chilaquiles(1) que me prepara mi madre cuando me paso dos días seguidos torturándola a base de rancheras y lo toma como una indirecta de que ya necesito antojitos(2).

Ahora, la pregunta es, cuántos conocen algún caso de amor en la red o similar porque yo sé de gente que se ha enamorado por Internet y yo misma he tenido reencuentros cibernéticos que en algunos casos han sido decepcionantes, nunca llueve a gusto de todos, y esas páginas tipo tupasado.com donde también reencuentras a tus antiguos compañeros de colegio, han conseguido que sepas que aquel noviete guapísimo que tuviste en el instituto ahora pasa a formar parte de la galería de los calvos no sexys.

Pero bueno, hay otro tipo de reencuentros y de anécdotas, que seguro que todos tenemos alguna y yo hoy les voy a contar la mía, que por el título del post no va de lo mucho que chateo semanalmente con mi padre, no, hoy les voy a contar una historia que muy poca gente sabe y que mi psicóloga me ha recomendado exorcizar. Les pido paciencia, es larga y va en entregas, como los mejores culebrones.

Cuando yo tenía diecinueve años y era un pimpollo con un carácter de cuidado, conocí a un chico de veinte, Alberto, que estaba MUY bueno y que era otro bicho de tomo y lomo; de hecho fueron su hermana (amiga mía) y su madre (amiga de mi padre) las que se empeñaron en que nos teníamos que conocer, decían que una de dos: o nos matábamos mutuamente (y de paso le hacíamos un bien a la Humanidad) o nos enamoraríamos sin remedio el uno del otro.

Así que nos presentaron una mañana y fue mirarnos por primera vez y él frunció el morro y yo alcé la ceja derecha, cosa que por cierto se me da de lujo desde los doce años; esa misma tarde discutimos solo un poco pero a la mañana siguiente en que nos encontramos a solas en la cocina y a mí no me gustó su café ni a él mi forma de hacer las tortitas del desayuno ( hot cakes les llaman), la cosa fue degenerando y terminamos de tal modo que casi nos tuvieron que venir a separar, porque estábamos ya a la greña, él llamándome majadera y cretina, y yo cabreadísima corriendo alrededor de la mesa, intentando cogerle para calzarle un bofetón mientras le gritaba que era súper gilipollas y un canalla.

Ese día y el siguiente no nos dirigimos la palabra y cada vez que nos cruzábamos por la casa de su madre él se ponía bizco o dejaba los ojos en blanco y yo le sacaba la lengua hasta las amígdalas como un guerrero maorí (me encanta hacer eso) o simplemente levantaba la famosa ceja y le hacía un gesto obsceno con el dedo corazón, ya saben... y al cuarto día, se coló en la habitación de su hermana mientras yo estaba en el baño y el resto de la familia desayunaba; cuando escuchó que yo había terminado de la ducha (por lo menos esperó), entró muy serio cerrando la puerta despacio y yo me quedé flipando (y acojonada) ahí plantada (temblando del susto), metida en mi albornoz de Garfield, con los brazos en jarras (genio y figura) y mirándole como quien ve a un mono verde (intentando que no se me notara el miedo), se fue acercando hasta que me arrinconó contra la mampara de la ducha y cuando ya pensaba que iba a soplarme una guantada o a morderme la yugular o algo así, bueno, tampoco les voy a seguir detallando, supongo que ya se imaginan el resto. Solo confesar que a pesar de lo que parezca y de la revolución hormonal propia de esas edades, yo era muy echadita p'atrás y no hubo mayores en todo el verano.

Alberto estaba en segundo de Medicina y apenas tenía unas semanas de vacaciones, pero lo que nos duraron fue una auténtica pedazo de película, con escapada incluida, que luego seguimos alimentando por teléfono y por carta durante años, porque encima, a partir de ese verano, mi padre se negó a seguir pagando vacaciones y ya no hubo posibilidad de volver allí durante mucho tiempo, y cuando la hubo...

Él me escribía unas cartas que siempre comenzaban igual, querida majadera de mi alma, (yo le contestaba siempre también igual, querido canalla de mi corazón) y a veces pensaba que a él se las hacía un guionista de Televisa, porque eran una pasada que me ponían los pelos de punta; casi siempre era él quien llamaba por teléfono, una vez de madrugada (hora de él), borracho, cantándome una canción que me había escrito, otra vez desde la Plaza Garibaldi(3) con un mariachi que estuvo casi con una hora de rancheras para mí en plena conferencia. Yo estaba desquiciada por su culpa, y no había forma humana de que me olvidara de él y cada vez que conocía a un chico no podía dejar de compararle con él, y claro, cualquiera quedaba siempre en desventaja, la distancia y eso de idealizar a alguien, es muy canijo y mentalmente terrible e insano.

Pasaron unos cuatro o cinco años, seguíamos muy en contacto y suplíamos la falta de presencia física con larguísimas cartas casi semanales y llamadas telefónicas cada mes o así, en las que nos contábamos todo, nuestros gustos, nuestros sueños, hasta lo que habíamos almorzado el día antes o lo que íbamos a hacer el fin de semana siguiente, de tal modo que había veces en que yo pensaba que le conocía casi mejor que a cualquier otro chico con el que yo saliera aquí. Porque a pesar de que teníamos claro que nuestra meta era lograr estar juntos algún día, tanto él como yo salíamos de vez en cuando con otras personas, pero era como una especie de acuerdo de que se trataba de un mientras tanto, hasta que nos volviéramos a encontrar, era algo que ambos sabíamos y de lo que nunca hablábamos porque tampoco era plan de hacerlo. Solo hablábamos de nosotros, apenas al final de cada carta solíamos poner una postdatita de recuerdos a la family o algo así, pero nunca escribíamos o hablábamos de su hermana, o mis hermanos, o de sus padres o los míos, solo de nosotros, conociéndonos mutuamente siempre un poco más.

A veces, en plenas vacaciones en casa de su madre, él me llamaba y entonces yo también hablaba con ella y con su hermana, que nunca dejaron de ser mi suegra y cuñada respectivamente, y nos pasábamos el teléfono mi madre y yo para que ellas también charlaran, vamos, como si fuera lo más normal del mundo.

Unas navidades de un año que su hermana estaba estudiando en Francia y vino a pasarlas en mi casa, me mandó con ella fotos de cuando era pequeño, una camiseta de su equipo de fútbol del colegio, y otro año que mi hermano fue solo para allá le mandé relatos y cuentos que yo había escrito, una carta larguísima que llevaba semanas preparando para la ocasión, más fotos, cintas con música, qué se yo... lo dicho, lo más normal del mundo.

Aún recuerdo estar tirada en la piscina de mi casa con alguien y bajar mi madre a decirme que en cinco minutos me iba a volver a llamar mi papacito, que allá es una forma cariñosa de llamar a tu novio, o mamacita a tu novia, y como mi padre llamaba también y había que salir arreando para estar todos cuando en cinco minutos volviera a hacerlo, era la coartada perfecta, jajaja.

Y de repente un día dejaron de llegar cartas suyas o de respuesta a las mías, y ya no llamó más, así que me harté y decidí que me iba para allá a como nos tocaran(4); tracé mi plan, fui al Consulado, preparé minuciosamente todo para que en cuanto llegara agosto y se terminara el contrato laboral temporal que tenía, reunir todo mi dinero y largarme definitivamente para allá y ver por dónde salían los tiros. Le escribí una última carta diciéndole el plan de vuelo a seguir, se la envié certificada y urgente y me dediqué los meses siguientes a seguir con mi vida mientras llegaba el 31 de Agosto, el momento del reencuentro.

Pero Alberto no respondió y aunque yo si le llamé nunca conseguí hablar con él, nunca respondía nadie el teléfono de su casa y en aquella época no había Internet ni e-mails ni chats y yo no sabía el número de su madre y su hermana porque entre nosotras no nos escribíamos y era él quien solía llamar desde casa de ellas, yo estaba peleada con mi padre (algún día les contaré esa historia) y no nos hablábamos desde hacía un par de años y por terca no cedí para pedirle el número de la madre de Alberto, pensaba que tarde o temprano él daría señales de vida... un cúmulo de infortunios. Y con lo muchísimo que lloré y me desilusioné, poco a poco me fui decepcionando más.

Un par de meses o así después, poco antes de la fecha en que yo supuestamente iba a viajar y casualmente el MISMO día que Correos me devolvió por la mañana esa última carta certificada y urgente que yo le había escrito, alegando destinatario desconocido, ese mismo día de finales de Julio (y es que se me ponen los pelos como escarpias al recordarlo) ese mismo día decía, por la tarde conocí a Eduardo y en mi despecho lo consideré una señal del destino.


(Continuará en más entregas , porque va para largo)


(1)Amor de lejos… amor de pendejos: de estúpidos, de ahí que lo cambien por amor de “pen-sárselo”
(1) Chilaquiles: plato típico mexicano elaborado a base de tortilla de maíz frita, salsa de chile verde o roja y demás.
(2) Antojitos: tacos, tamales, quesadillas, tipo aperitivos de puestos callejeros pero en muchos lugares se consumen como plato principal.
(3) Plaza Garibaldi: plaza de Ciudad de México donde se reúnen los mariachis para tocar su música a quien la quiera oír… y pagar.
(4) “a como nos toquen”: salga el sol por donde salga.

Sección-Expedientes-X.

¡¡Ni me menees!!

martes, junio 19, 2007

A la yugular


Buscando en el fondo editorial me he encontrado con este relato de terror académico que hago público para que sepa el personal que el doctorado no se regala.

Como bien decía Don Gregorio Marañón: "En España, las oposiciones son el espectáculo más sangriento después de los toros", no es por enmendar la plana al maestro, pero yo añadiría que defender un trabajo de doctorado no le anda a la zaga a una oposición. A mis años estoy curada de espantos, pero hace apenas unas semanas quedé impresionada en una sesión de exposición de trabajos de doctorado. Durante dos horas, que se me hicieron infinitas, pude ver el tercer grado a que fueron sometidos mis compañeros de estudios.

Nada pronosticaba la masacre, el primer ponente salió distendido, presentó su trabajo y con toda naturalidad expuso sus opiniones con entera libertad, manifestándose muy poco favorable a la utilidad del tema que exponía. Llegó el turno de preguntas y con él la sorpresa. Las cuestiones no iban dirigidas a aclarar alguna duda, o matizar alguna opinión, eran dardos envenenados para demostrar la superioridad de conocimientos del profesor dejando en difícil situación al ponente.

Los allí presentes, faltos de reflejos para suavizar la situación, empezábamos a sentir el pánico en nuestras entrañas, pues todos deberíamos pasar por ese trance.
Pero el que tenía menos tiempo para asimilar la situación, el segundo ponente, salió al estrado. Allí, a pesar de la presión, realizó su presentación con cierto aplomo, gracias a que poseía un carácter templado. Pero se le sometió sin remedio al turno de preguntas y de nuevo la inquisición académica hizo acto de presencia.

El cielo se iba poniendo muy negro para el tercer ponente. Salió destemplado y amnésico. El tema que exponía no lo conocía con profundidad y se hizo un lío. En este caso no hubo que recurrir al turno de preguntas para dejar al ponente con la sangre helada.

Puedo llegar a justificar que se ponga a prueba a los estudiantes de doctorado para ver cómo reaccionan ante imprevistos, no en vano serán en un futuro profesores de Universidad que deben saber desenvolverse con soltura tanto entre los alumnos como en los congresos. Lo que no tiene justificación es esa errónea percepción académica del prestigio, entendido como un afán por demostrar su superioridad de conocimientos, que raya con el patetismo cuando se aplica a situaciones de desigualdad de profesor-alumno.

Llegué a casa en estado de trance y sólo fui capaz de hacer una tortilla de patatas para la cena. Me sentí incapaz de ponerme a estudiar, dejándome arrastrar por la TV para adormecer mis neuronas. En veinte años de profesión no he visto una lidia más sangrienta, aunque aún me queda por ver una oposición.

¡¡Ni me menees!!

viernes, junio 15, 2007

Cambio radical


Les sigo contando mi proceso de encontrarme a mí misma y de explorar los recovecos de mi atormentado ser.
La cosa es que ríete tú del cambio radical que te ofrecían semanalmente en televisión, porque para cambio el mío y encima curradito y pagadito solo por mí; empecé a finales de año y terminé quitándome quince kilos de encima (a base de dieta incluyendo jamón serrano y pan y aceite de oliva virgen y de hacer mucho mucho mucho... deporte), y seguí por ir semanalmente al dentista hasta que me ha quedado una sonrisa de cine que por otro lado exploto y exploto hasta el límite del coñazo, soy la que sale con la boca abierta en todas las fotos desde Semana Santa, porque ya que la voy a estar pagando hasta 2012 digo yo que bien vale mostrarla y dejar de ser una agonías que está siempre seria y morruda, ¿verdad?

Luego llegó el buen tiempo y ahora que he vuelto a vivir con mamá, junto al mar, en una casita coqueta donde las haya y con tremenda terraza soleada, pues invertí unos pocos euros en una tumbona de resina que tengo permanentemente ahí aparcada y de la que abuso durante unas horas cada fin de semana.

A todo esto súmale lo que te conté el otro día acerca del yoga y de la sonrisa interior que se refleja en el exterior… Resultado, todo el mundo con las piernas verdes, estresado y deseando que lleguen las vacaciones, y yo estoy morena, delgada, relajada y con una sonrisa perpetua en la cara.

Quién me lo iba a decir a mí cuando el año pasado justo por estas fechas decía aquello de ¡¡¡ al buen tiempo mala cara!!!
Pero claro, lo que no te cuentan en lo del programa de televisión este que te digo antes es la reacción a posteriori del afectado por el cambio, máxime cuando es tan radical y en tan poco tiempo, y me refiero a que de repente una mañana tú te plantas delante del espejo, ves a una tía estupenda ahí enfrente, incluso recién levantada, casi la tía que siempre has querido ser, ¡¡¡¡¡pero no te reconoces en ella!!!!!


Y las compañeras de trabajo te repiten que estás divina, tu jefe ya no te habla a berridas, los hombres se vuelven a mirarte por la calle, tu madre llora al verte en bikini porque dice que jamás y nunca te ha visto tan fantástica, tus hermanos te preguntan si tienes novio nuevo o un "plan" o qué gaitas te pasa porque estás "diferente" y tus amigas te repiten lo mucho que le gustas a este o al otro… y tú, yo en este caso, no te lo terminas de creer, no quieres quedar con nadie ni conocer a nadie nuevo porque no estás nada segura de nada en esta vida y repites lo del barbecho voluntario en el que estás sumida, solo te ves rara, pero rara de narices, y no aceptas más que la evidente realidad de que o te compras la ropa TRES o incluso CUATRO TALLAS MENOS o parecerá que la has heredado de Shrek. Pero nada más.

Entonces es cuando por fin reconozco que "tengo un problema de aceptación o de autoestima o de cómo quieras llamarlo y es urgente hacer algo porque estoy viviendo abducida en un cuerpo que no es el mío o no termino de aceptarlo como mío".

Y ahí es donde también intervienen los reenvíos de mails que recibo cada día, y mira tú por dónde una mañana me llega uno con un vídeo de una súper bailarina oriental. Y me pongo a recordar que ya una vez quise aprender lo de la danza del vientre y hasta mi madre me regaló un pañuelo cuajado de monedas colgando por si un día me animaba a ello. Así que ese día que no tengo mucho que hacer me pongo a investigar en "san Google" y empiezo a leer testimonios de otras "belly dancers" que te cuentan que han aprendido a aceptarse a sí mismas tal y como son gracias a la introspección en el yo femenino que haces con la danza esta… y yo que me apunto a un bombardeo, sobre todo si me hace falta y más aún si me entero de que funciona, me busco la vida, hago varias llamadas y me apunto a clases de danza del vientre, no sin que un pequeño demonio que llevo dentro me recuerde mi intento de volver a hacer ballet clásico, ¿recuerdan?

Llego y me veo rodeada de una serie de mujeres, altas, bajas, gordas, gordísimas, delgadas, delgadísimas, feas, hermosas, mayores y jóvenes, pero TODAS divinas en su pellejo, maquilladas, arregladas, enjoyadas hasta la nariz, llenas de lentejuelas, de cascabeles, de velos vaporosos y crótalos entre los dedos de las manos. A las muy gordas es que las barrigas y las cachas les salen de los pañuelos por las caderas y las muy flacas es que se tienen que dar ocho vueltas al velo porque se les caen. Y todas están felices que se salen, se enseñan unas a otras los accesorios de reciente adquisición y es entonces cuando te fijas en que algunas que están llegando de la calle vienen vestidas de paisano pero sin cortarse un pelo en que se les vean las estrías, los huesos de las clavículas o las caderas, los michelines o la celulitis y que mientras se cambian y se visten de huríes, se sueltan las melenas y se las cepillan una y otra vez hasta dejarlas brillantes y con movimiento, se miman las piernas, se untan sensualmente los brazos con aceite aromático para que luego al moverse desprendan olor a vainilla o a incienso, te das cuenta de que SE GUSTAN Y SE QUIEREN, porque yo la crema es que me la "echaba" por encima y no me miraba al espejo más que dos minutos a ver si tenía el pelo revuelto o las pestañas en su sitio.

Ese día yo voy con la cara lavada, recién salida de la ducha con el pelo aún húmedo recogido en una coleta ahí de cualquier manera y con una falda larga hippie que pillé por casa y que me ajusto a la cintura y una camiseta más o menos ceñida que tapa el lacito con el que me ajusto la falda en la cintura, y el pañuelo con moneditas que mi madre me regaló hace años, también en la cintura, y según me pongo delante del espejo y me miro, me digo a mi misma "bueno, esta clase de prueba es gratis, no creo que yo dure muchos días delante de un espejo contoneándome como un pendón desorejado", viene la profesora, pone un vídeo demostrativo para las que no sabemos de qué va el tema, termina el vídeo, empieza a sonar la música, ella se me coloca al lado para enseñarme cómo son los movimientos más básicos de la cadera, los hombros y los brazos y media hora más tarde estoy con la falda doblada para ajustarla en la cadera con el pañuelito de moneditas, la camiseta la llevo enrollada alrededor del pecho para poder verme mejor los movimientos y es que se me ha olvidado que estoy rodeada de otras quince mujeres y me he convertido en la favorita del harén poseída por el espíritu de Sherezade.

Llevo poco más de dos meses yendo cuatro horas a la semana, increíble en mí pero cierto, y creo que me ha cambiado la vida, y ahora sí que lo digo en serio, porque ahora SIENTO mi cambio y me reconozco en "esa" que veo delante del espejo, y no solo la acepto como la que soy yo, sino que además es que me gusta. Mi espalda y mi cuello están agradecidos que no veas, mis hombros y mis brazos tienen forma y contra todo pronóstico no se cuelgan ni la barriga ni el culo, por si alguna lo ha pensado, aunque en eso igual tiene que ver lo de seguir yendo a correr a diario. Ando como loca buscando un velo de color turquesa y una tobillera con campanitas para mi próxima clase y claro, como dice una amiga mía que si sigo en barbecho soy pasto de los gusanos, estoy tonta perdía por tener un novio o un "gustazo" o un plan o lo que sea para comprobar la química que se supone que desprendo y el cambiazo, porque eso sí, tengo una tontería y una pluma que en la vida pensé que YO, alias Manolo desde los tres años, pudiera llegar a tener jamás. Ríete de Sara Montiel, de Zsa Zsa Gabor y de los peces de colores, porque a mí parece que me trajeron al mundo entre las bambalinas del ¡¡¡¡ Folies Bergere !!!!

La cosa es (me da la risa mientras lo escribo) que yo sigo yendo a correr a la playa y los días que estoy "vaga" y no me apetece, suelo caminar descalza en la arena a toda pastilla durante una hora, pero es que ahora me da hasta un poco de corte hacerlo, porque YA NO SE CAMINAR como lo hacía antes, como un marinero según mi madre, y te juro que reconozco que se me van el culo y las caderas para los lados.

La dueña de la escuela de danza me dijo que el cincuenta por ciento de sus alumnas acuden para dejar salir su parte femenina, que son mujeres con un carácter muy masculino o actitudes muy duras y/o fuertes frente a la vida y que quieren reconciliarse con la femineidad que tienen dentro; también me dijo que el otro cincuenta por ciento de las chicas que aprenden con ella lo han hecho para aceptarse a sí mismas como mujeres tal y como son, sin complejos ni pudores por el aspecto que puedan tener.

Las "belly dancers" con las que yo he hablado dicen que no lo dejan ni locas, que están enganchadas, que es como una droga maravillosa que te hace sentirte una diosa ante el mundo. Es muy interesante hablar con todas ellas y descubrir que todas hemos pasado por el mismo proceso, de llegar el primer día muertas de verguenza y de pudor y que al segundo día todas hemos descubierto a la mujer que llevamos dentro.

Y yo se lo recomiendo a todas, porque es que es una auténtica gozada, y creo que ya me podía haber animado hace siglos y no estaría pagándole al dentista durante los próximos cinco años, porque me hubiera aceptado tal y como era antes, pero ya que estamos pues me acepto estupenda y no como estaba.

¡¡Ni me menees!!

lunes, junio 11, 2007

En barbecho voluntario


Desde mediados de febrero de este año me he declarado a mí misma Reserva de la Biosfera y, por si esto fuera poco, en Barbecho voluntario. Es decir, según la Wikipedia, estoy en estado de conservación y protección de mi propia biodiversidad y persigo el desarrollo económico y humano de mí misma, así como la investigación, la educación y el intercambio de información con otras reservas que forman la red mundial, peeeero…, y de ahí lo de barbecho y también según la Wikipedia, no me pienso dejar invadir durante uno o varios ciclos vegetativos, con el propósito de recuperar y almacenar materia orgánica. A saber, que me dejo descansar por uno o varios años (yo espero que tampoco sea para tanto, la verdad) y que durante el tiempo que permanezca sin cultivar seré sometida a una serie de labores con objeto de mejorar mi predisposición al cultivo. Ahí es nada.

Esta es la resolución a la que he llegado previo estudio de la fauna que me rodea y de las intenciones varias de los elementos estudiados, y como se dice por ahí aquello de más vale sola que mal acompañada y yo soy muy bruta a veces, pues he empezado por salir del armario, anunciar a los cuatro vientos mi declaración de intenciones y, como esto parecía no ser suficiente, quemar algunas naves.

La primera nave que quemé fue Pepe, al que pillé por banda cuando por fin apareció a firmarme los papeles del coche que me quedé yo en el reparto de bienes posterior a nuestra separación el año pasado. Aparte de llamarle de todo menos bonito, le solté unas cuantas perlas y preferí quedar ante él como una despechada o una cabrona sin sentimientos, pero desahogada que no veas y sacando mucha mala leche que llevaba acumulada.

La segunda nave que quemé fue Eduardo, al que quise mucho en su día y a cuyo cariño y recuerdo me aferré mucho cuando las cosas con Pepe se pusieron color hormiga el año pasado. Pero a Eduardo le gusta mucho nadar y guardar la ropa, y nunca te dice para dónde va a nadar ni por supuesto dónde ha guardado la ropa, y después de haberme tomado un café con él a principios de enero y haberme dicho que tenía novia, empezó a enviarme sms al móvil de vez en cuando y a dejarme instantáneos en el chat a altas horas de la mañana, viendo que yo estaba online, aunque no delante del ordenador. Así que una noche que por fin me pilló ahí sentada, decidí charlar un poco con él, y aunque al principio la charla fue maja y distendida, poco a poco me fui dando cuenta de muchas cosas. Entre ellas que a Eduardo también le gusta jugar conmigo, y hacerme dar vueltas y vueltas hasta que me saca de quicio y termino mandándolo a hacer puñetas y así no se puede vivir.

Se dio cuenta de que estaba en un momento bajo anímicamente, que mi vida emocional era un carajo, y aunque al principio de la conversación estuvo muy en plan “los hombres no entienden a las mujeres” y todo ese rollo que tan bien se le da, poco a poco me di cuenta de que estaba intentando llevarme al huerto en honor a los viejos tiempos… y no hijo, no. Si tienes novia, pues la tienes, y si no la tienes, pues habla claro y deja ver tus cartas, pero no me torees, que me pongo vitorina y la liamos.

Y efectivamente, la liamos, discutimos y desde entonces lo eliminé definitivamente de mi móvil, de mi agenda, de mi chat y de mi vida. Espero que sea muy feliz, que la vida le colme de cosas buenas y que la novia que tenga le haga la vida agradable y sin sobresaltos (que según él, era lo que tenía conmigo, un sobresalto tras otro), pero ahí muere.

Después de esto aún me dio tiempo de quemar la tercera nave, prácticamente recién adquirida; un par de días después de lo de Eduardo me llama una amiga para que vayamos una noche a un local donde va a haber una especie de fiesta con música de los 80, y claro, una no puede perder la oportunidad de encontrarse con gente de su misma edad, son ganas de mortificarse pensando que ya estamos de estas formas, como cuando a los 16 años me colaba en los guateques revival de mi madre, pues lo mismo, pero ahora desde el otro lado de la barrera; los veinteañeros lo flipan viendo los video clips de esos años y alucinan mientras grupos de cuasi cuarentones nos miramos de reojo unos a otros, buscándonos las canas y las calvas, y cayendo en picado sobre aquellos /as que no los lucen.

Total, que llego a la fiesta, y esta amiga, entre otros, se trae a un amigo que rompió con su novia hace un par de meses y que anda un poco despistado y sin saber por dónde tirar, y el amigo este, Juan, es que es llegar al grupo y nos pegamos cinco horas hablando los dos solos de lo divino y lo humano hasta quedarnos afónicos. Vamos, por hablar, hasta de la vidriera de la catedral de Praga, porque resultó que ambos estuvimos allí por las mismas fechas el año pasado. Esa misma noche nos intercambiamos los correos, y al lunes siguiente tengo un par de frases suyas en mi buzón de entrada, diciéndome lo muy bien que se lo pasó, lo mucho que le gusto y preguntándome si podemos quedar él y yo en otro momento, y según lo estoy leyendo, me está invitando al chat, y ese mismo día me da su número de móvil y yo a él el mío, y quedamos para el jueves por la tarde. A ciertas edades como que no se pierde el tiempo, eh?

Así que, desentrenada que no veas y con un susto en el cuerpo porque le gusto a un tío de cuarenta y un años, que está bueno, es soltero, inteligente, culto y aparentemente interesante, me acerco a la cervecería donde hemos quedado a las ocho de la tarde, y cuando me doy cuenta, nos han dado las doce de la noche y yo aún tengo que coger carretera para irme a casa.

Y durante tres semanas Juan y yo nos vemos cada dos o tres días y nos quedamos roncos perdidos de hablar de historia, de filosofía, de arte, de política y de contarnos chistes tontos o macabros que me encantan y me río como una loca, hasta que una noche de copas por fin se lanza, yo es que soy muy antigua para según qué cosas y no doy el primer paso ni aunque me maten. Y bueno, la cosa no pasa a la posteridad por ninguna causa y como ya este Juan venía contándome que su ex lo andaba llamando y que estaba triste por la separación, y que en cuanto ella se enteró de que andaba tonteando conmigo se puso histérica y qué se yo, pues nada, una de esas tardes de jueves en la misma cervecería, cogí y le dije que hiciera el favor de volver con ella, que a mí me gustaba mucho y todo eso, pero que yo no estaba por la labor de tener algo serio con nadie por ahora y que si él iba a perder la oportunidad de volver con la persona a la quiere… total, que vamos, no se lo pensó más que un par de días y me llamó para decirme que volvía con la ex.

Manda huevos. A uno lo mando al carajo para desahogarme porque me deja por otra, al segundo porque no me cambia (como ex) por su nueva novia y al tercero porque prefiere volver con su ex en vez de iniciar algo conmigo… esto qué es lo que es?

Así que después de dos semanas o así de reflexión y de pensármelo mucho, decidí que aún estaba a tiempo para que este año sea mi año, en esos días no llevábamos ni dos meses estrenados, así que me voy a quitar de encima todos los peñazos de mi vida, voy a terminar de exorcizar todos mis pequeños (y grandes) fantasmas y mientras tanto me decanto por lo del barbecho y la reserva de la biosfera, porque tampoco es plan (ni yo soy del tipo) de andar de cacería cada fin de semana, a la desesperada. Me parece que lo suyo va a ser lo de perseguir el desarrollo económico y humano de mí misma, así como la investigación, la educación y la serie de labores con objeto de mejorar mi predisposición al cultivo. Digo yo que en algún lado del planeta habrá un roto para esta descosida, no?

¡¡Ni me menees!!

lunes, junio 04, 2007

Descubriendo la piedra pómez



Reconozco que normalmente suelo llegar a todo en esta vida o con demasiada antelación o con demasiado retraso. A los cuatro años mis dos canciones favoritas eran el submarino amarillo (que me la enseñó mi madre, Beatlemaníaca donde las hubiera) y el conejo de la Loles (que por lo visto me la enseñó el hermano de mi madre, solo para fastidiar), y atormentaba a mi abuela día y noche con esas dos sugerentes melodías en un Remix que no paraba, como los de la radio. Y digo atormentaba porque me imagino que en el año 74 y siendo mi abuela súper numeraria del Opus, no debía hacerle demasiada gracia cuando estaban sus amigas tomando el té y rezando el rosario tener un mico berreando por la casa we all live in a yellow submarine o justamente lo del conejo que te contaba.

Luego, por lo de llegar tarde a otra serie de cosas, me dieron los veinte años (pero bien cumplidos y de largo) sin saber quién era Van Morrison o pensando que el tal Mike Oldfield que cantaba Moonligh Shadow era algo así como lo de Mecano, que cantaba una chica pero en primera persona masculino…

A mí la vida me surgía hasta que se me aparecían gurús que me iluminaban, y entonces me volcaba. La cosa es que yo llevaba fatal y desconcentrada desde que terminó el año pasado y hacía unos meses que estaba cobrando casi que por abrir la oficina y poco más, incapaz por completo de centrarme y hacer lo que se supone que hago. Así que mi psicóloga me recomendó practicar yoga.

Y lejos de dejar de ir a terapia o pensar que eso estaba bien para cuando tenga sesenta años, opiné que era una buena idea, hace años que lo hice durante una buena temporada y me vino muy bien, así que pensé en volver y lo hice además convencida y preparada para todo, ya no solo para llorar sino hasta para vomitar si hiciera falta, porque recordaba que la primera vez en mi vida que hice yoga tuve que salir corriendo al baño para abrazarme al inodoro mientras alucinaba pensando en cómo estaría mi organismo para generar algo de aquel color verde fluorescente sin haberme tragado previamente un blandi blub.

El primer día de mi nueva etapa en el yoga me apalanqué en mi colchoneta, empecé a concentrarme en mi respiración y en mi mente, ejercicio y asana por aquí, asana por allá, y cuando había pasado una hora y media tenía una cara de iluminada que me duró una semana completa, porque encima hubo un día festivo de por medio y no pude tener más clase hasta una semana justa después.

Entonces, ahora, he descubierto la piedra pómez y me he sumido en una vorágine de Chill out, filosofía zen, y buen rollito que me tiene flotando en mi pequeño nirvana de despertar a mi nuevo yo. Y tengo el ipod cargado de Enya, Café del Mar y todo lo que encuentre, y he grabado cd's para el coche y cargo y descargo gigas de música en el ordenador de casa y en el del trabajo, y oye, funciona!!!!!

Los atascos de tráfico son geniales, cuanto más duren es que mejor, porque así te da tiempo a escuchar más, llego tarde al trabajo y la sonrisa de iluminada que te decía antes se le contagia hasta a mi jefe que termina pidiéndome que le grabe uno o dos cd de esos, llego a casa y la vida es de color naranja y camino levitando por el pasillo mientras mi madre repite un mantra de bendiciones para mi psicóloga y en el trabajo rindo como una condenada porque paso las horas balanceando mis hombros al ritmo de la música mientras hago facturas, gráficos, resúmenes y lo que me echen, todo con una sonrisa interior que empieza a preocupar a mis allegados más escépticos.

Claro, ahora me planteo si abandonarlo todo, largarme a la India y dedicar el resto de mi humilde y sencilla existencia a meditar, hacer el bien, no volver a comer carne y vivir de las limosnas de los creyentes mientras escucho el sonido de las olas del mar y el piar de los pajaritos silvestres.

La cosa es que lo de la India apetece, no crean, de hecho es uno de mis destinos soñados, y lo de meditar y hacer el bien, pues hombre, digo yo que igual no haría falta irse tan lejos para llevarlo a cabo; ahora, vivir de las limosnas cuando tienes hipoteca, préstamos, citas pendientes con el dentista, y lo de no comer carne para que luego venga la cesta de navidad con un serrano jamón serrano… va a ser que no.

Además, eso de pasarte la vida escuchando las olas del mar y el piar de los pajaritos, creo que puede llegar a desquiciar a cualquiera: una vez fui de finde a una casita rural que en medio del patio tenía un pozo con un cubo con un mecanismo para que estuviera derramando agua constantemente… diz que para relajar. Al segundo día yo estaba como Mc Giver buscando la manera de sabotear aquello porque tanta agua cayendo todo el rato me estaba dejando líquido el cerebro. Otra vez me compré un cd con cantos de ballenas y según me apalanqué en el sofá y empecé a escucharlo me vinieron a la mente los de Greenpeace abordando a un ballenero japonés, eso me trajo imágenes de cacerías de focas, eso me trajo imágenes de cosméticos de alta gama… terminé regalando el cd.

Digo yo que no hace falta irse a los extremos y que una puede relajarse y hacer yoga y seguir por otro lado con su vida habitual, vamos, que no me veo yo cambiando mis modelitos por una túnica naranja ni poniéndome cascabeles en los tobillos para venir a trabajar o rapándome la cabeza al cero para ofrecer mis cabellos a Buda y que me ilumine con su sabiduría. Tiene que haber un término medio, no?

Mientras tanto, me sigo balanceando y concentrando mi pequeño yo para lograr la búsqueda interior que tanto persigo. Lleva su tiempo, por eso ando algo perdida del Blog

¡¡Ni me menees!!

martes, mayo 29, 2007

I+D de la Barba

En estos días en los que La Cabra Margarita se debate con su dilema entre someterse o rebelarse, he vivido una situación innovadora que rebasa la cuestión profesional. Dado el poco margen que a veces nos deja nuestro triángulo vital (familia-trabajo-amigos) he pensado que un buen modo de innovar en lo personal es dejarme, por segunda vez en mi vida, barba.

Dice un conocido (mío) consultor y alpinista que innovar es hacer algo nuevo para lo que necesitas formación. Ni corto ni perezoso, he abierto el Google de cristal y me he lanzado a investigar modos y maneras, pros y contras, de la barba.

Mi búsqueda se orientó en principio a las diversas opciones disponibles: solo bigote, perilla y bigote, barba retocada, o barba salvaje. La búsqueda de ejemplos gráficos me dejó sin embargo una incertidumbre y un deseo: A ver si a alguien se le ocurre de una vez crear un sitio WEB donde pongas tu cara y te dibujen las variadas opciones barbudas encima, de forma que te ayuden a decidir el mejor aspecto personal. ¿O a lo mejor ya existe?: se dice que en Internet, cualquier cosa que se te ocurra ya se le ha ocurrido a alguien antes. Otra cosa es que tenga bemoles para ponerlo en marcha.

Al poco tiempo me topo con un curioso sitio: el Manifiesto de la Barba . Dice, entre otras afirmaciones, lo siguiente: "Porque, en los tiempos que corren, cometer voluntariamente un acto cuya consecuencia directa es mermar tu belleza y tu aparente juventud es valiente, muy valiente"
.

Jobar, mal empezamos. O sea que debo sacrificar mi ya dudoso atractivo por una probablemente desagradable apariencia. Bueno, no fiándome mucho de este militante manifiesto, sigo adelante con mi proyecto.

Enseguida descubres que una barba bien cuidada da mucho más trabajo que ninguna barba en absoluto. Hay que perfilarla y recortarla de vez en cuando, y por supuesto tienes que seguir afeitandote a diario las zonas carentes de barba. Además hay que tomar decisiones sobre las zonas pilosas que deben ser eliminadas, y las que pueden proliferar libremente. Para colmo, en verano tienes que quitartela para evitar que la zona barbuda desiguale tu moreno facial. Estoy claramente atravesando la fase más difícil de los proyectos: el paso a producción.

Como todo proyecto de I+D que se precie, he obtenido los correspondientes indicadores de impacto del proyecto, realizados en mi entorno sociofamiliolaboral, o sea todos aquellos con los que cruzo más de dos palabras a la semana, y que son los siguientes:
  • Me deja indiferente / me hago el loco: 20% (alguno te mira fijamente pero se calla)
  • ¿Qué te está pasando en la cara?: 60% (principalmente personal masculino)
  • Vaya coquetería que te ha dado: 20% (principalmente personal femenino)
  • A ver cuando te quitas esos pelos: 1% (mi madre, encantadoramente conservadora)

Mi conclusión subjetiva no puede ser más positiva: en el ámbito que realmente me interesa, que es el femenino, ha sido todo un éxito, y ha reforzado mi, a veces flaqueante, masculinidad.

(PD. A tod@s los que penséis que la barba es sólo cosa de hombres, leeros el Manifiesto de la Barba )

¡¡Ni me menees!!

viernes, mayo 25, 2007

El arenero

Directamente del fondo editorial saco este post para brindárselo a Rosa Jiménez Cano, flamante cronista taurina de La feria de San Isidro para el elpais.com.



Las nuevas tendencias en organización de empresas imponen estilos horizontales, es decir, todos hacen de todo y a los equipos de trabajo se les denomina multidisciplinares. La responsabilidad está diluida y las cosas salen porque la teoría del caos tiende a un orden. En esta melé, en realidad unos pocos hacen de todo y el resto hacen como que hacen.

Normalmente la carga de trabajo es inversamente proporcional al salario. Por ejemplo, puedes encontrar secretarias que tienen varias licenciaturas y hablan cuatro idiomas, manejan el Microsoft Office con los ojos cerrados y encuentran las cosas en Internet con un solo toque de ratón y son capaces de desempeñar varios perfiles de trabajo por un módico sueldo. Otro colectivo son los becarios, con su “masterbisnis”, que se comportan como el genio de la lámpara de Aladino. Ante una sugerencia de su jefe solo saben responder “amo, sus deseos son órdenes para mí” con la esperanza de trocar su beca por un contrato basura y salir de su minúscula lámpara de 30 m2 para optar por lamparón de 50 m2 con una hipoteca de por vida. Con ambos colectivos se realiza el 60% del trabajo y el 40% corresponde a las subcontratas. El resto del personal se entrega por completo a sesudas labores de gestión con una responsabilidad difusa.

Pero antes las cosas no eran así, las organizaciones eran funcionales. Cada empleado tenía su trabajo bien definido y estaban muy claras las responsabilidades. Pero los gurús de la organización de empresas dicen que estas estructuras son muy rígidas y que no se adaptan bien al cambio y que hay que aplanarlas. Afortunadamente la apisonadora no ha pasado por ciertos colectivos que conservan su estructura funcional con celo y que se pueden analizar como quien estudia una reliquia.

Uno de estos sectores irreductibles es el sector taurino. No solo la Fiesta de los toros tiene un reglamento que se respeta más que la constitución española(1), sino que todas las figuras que participan en ella tienen una función clara y definida que se muestra en el paseíllo con el desfile de todos los participantes: los toreros, sus cuadrillas, los picadores, el mayoral, los monosabios, el torilero y los areneros.

Aunque hay funciones que requieren poca especialización y esfuerzo, las desempeña una sola persona. Es el caso del torilero, cuya función es abrir la puerta de los corrales para que salga el toro. En las Ventas había un torilero que en el cuarto toro no abría la puerta de toriles porque se tomaba su descanso para la merienda, seguramente amparado en su convenio.

Una función más especializada y esforzada es la de arenero que consiste en rastrillar la arena del ruedo para que esté lisa y limpia. Después de cada toro los areneros salen con su rastrillo para realizar su trabajo. Uno de ellos lleva una azada y un cestillo de esparto para recoger la arena manchada de sangre.

En la plaza de las Ventas, del grupo de areneros destaca uno de ellos por la gracia que muestra al realizar su oficio. Cuando sale con sus compañeros sobresale por su forma de desfilar. Lleva el rastrillo pegado a su cadera y sujeto con su mano izquierda mientras que con la derecha balancea su brazo de adelante hacia atrás con unos airosos andares. Más parece que desfilase en la pasarela Cibeles que vaya a empezar una tediosa tarea manual. De su actitud se refleja cierto orgullo de su función, para él muy importante, y que transmite a todos los que le observamos.

En los toros no existe la improvisación, hay una norma para todo y es casi un ritual. Produce cierta satisfacción encontrar un entorno donde cada uno tiene asignado su papel, delimitada su responsabilidad, se encuentra cómodo y en algunos casos, como el arenero, orgulloso de su función.

Afortunadamente están lejos de los gurús de la eficiencia pero cuando lleguen harán los siguientes cambios: En una primera fase se suprimirá la figura del arenero y el torilero, dejando que los monosabios realicen su función(2). Aprovechando el ahorro de costes, ampliarán el palco presidencial y lo dotaran de aire acondicionado. En una segunda vuelta de tuerca se realizará un ERE(3) de los monosabios y el trillado de arena se realizará con robots areneros y la puerta de toriles se abriría con mando a distancia desde la presidencia.
¡Qué no lo vean mis ojos!

(1) Al menos los aficionados se lo conocen de pe a pa
(2) Monosabio multidisciplinar
(3) ERE: Expediente de Regulación de Empleo

¡¡Ni me menees!!

martes, mayo 15, 2007

Las mieles del éxito vs. espíritu libre


Hacía años que no escuchaba a Joaquín Díaz, insigne archivero de la memoria cantada de España. Por cuestiones del azar, esta semana apareció en el coche una cinta-cassette suya, que me acompaña cada mañana en mi camino hacia el "cerro de las maldades", que es como llaman los lugareños al pueblo donde trabajo.

Entre otros escuché estos versos cantados que tanto tienen que ver con las mieles del éxito y con el espíritu libre que todos llevamos dentro.

Pastor que estás enseñado
A comer pan de centeno
Si te casaras conmigo, pastor,
Comieras de trigo bueno.

Responde el rico pastor:
"Al hambre ya no hay pan negro
Tengo el ganado en la sierra,
Sí, sí,

Y quiero irme con ello”

Ojalá y que la cabra Margarita también pueda tirar al monte, que es lo suyo.

Sección-Reflexiones

¡¡Ni me menees!!

viernes, mayo 04, 2007

La cabra Margarita

La cabra tira al monte
(Anónimo popular)


La cabra es un animal entrañable. Se le ha colgado el san benito de “locura” por ir a su bola, pero esto le confiere un talante más divertido que peligroso y goza de buena imagen. Es símbolo de Zodiaco (el mío), de la legión y bajo el nombre de Margarita es compañía de los gitanos titiriteros que no precisan más que una trompeta y una escalera para que Margaríta haga su número. ¡Salta Margarita! Y la cabra sube dócil por la escalera al ritmo de la trompeta hasta quedar sentada en la cima a la espera del grito ¡baja Margarita!. Ella es la base del sustento de los gitanos pero por su aspecto desnutrido todo denota que se lleva poco margen del negocio.

A veces pienso que la profesión de los innovadores se parece mucho a la de la cabra Margarita. Se pasan el día en su corralito, rumiando en el pesebre todo tipo de lecturas bajo los efectos de la luz artificial y elucubrando todo tipo de ideas que les confieren a veces una mirada perdida cercana a la locura.

De vez en cuando los patriarcas necesitan hacer caja. Para estas ocasiones los innovomargaritas preparan su número consistente generalmente en un ejercicio de equilibrio entre la fantasía y la realidad para crear ese entusiasmo tan necesario para arrancar algo nuevo. A voz de ¡Empieza Margarita! Los innovadores extraen de su bolsillo el pendriver y van ejecutando de la mejor manera posible la representación. Una vez que ha concluido el numerito, los patriarcas pasarán el sombrero y se llevarán un dinerito para casa sin tener que tocar la trompeta, ni arrastrar ninguna escalera. Al igual que Margarita ningún porcentaje de los beneficios repercutirá en los innovadores que nunca disfrutarán de las prebendas que gozan los patriarcas de sombrero y bastón.

Pero cada vez es más difícil la profesión de los innovomargaritas, ya no les basta el ingenio para improvisar el número de la escalera, ni la experiencia, deben tener papeles que certifiquen que han pasado por los más estrechos aros académicos. En esta encrucijada emerge su ancestro caprino y no tienen más remedio que elegir entre echarse al monte o embestir hasta pasar por el aro.

Esta cabra Margarita que suscribe estará muy ocupada los siguientes meses pasando por el aro, desoyendo los consejos de su buena amiga S.M. que la incita a que se eche al monte de una vez y disfrute de la vida.

¡¡Ni me menees!!