martes, noviembre 29, 2005

Malos pelos

A veces se consigue un amigo por un relato y otras un relato surge del intercambio e-pistolar. Intercambié con mi amiga Mayte, doctoranda y editora del blog de temática histórica Frentes avanzados, varios correos que dieron como resultado las líneas que ahora siguen.

Dicen que la cara es el espejo del alma, pero todos tenemos alguna parte de nuestro organismo que absorbe todas las tensiones y las manifiesta al exterior. En mi caso es el pelo el que me delata, ¡qué mala suerte!.

En mi infancia las niñas tenían dos posibilidades, poseer un cabello largo, peinado en largas trenzas rematadas en lazos blancos o llevar el pelo corto. En mi caso, mi madre se decantó por una opción minimalista, en aras de la comodidad, dejándome afiliada al grupo de las pelonas. A pesar de mis reivindicaciones para ser dueña de la longitud de mi pelo, no conseguí pasar de la melenita tipo paje. Sólo mi naturaleza fuerte me salvó de caer en la depresión, ya que la longitud de mis cabellos influía fuertemente en mi vida social.

Fue en la Primera Comunión cuando sufrí mi primera humillación por el pelo corto. Las niñas que tenían el pelo largo podían optar por las trenzas o por un moño, que además les permitía sujetar el velo. A las del pelo ralo a duras penas se nos sujetaba, siendo muy difícil poner una expresión mística cuando parecíamos Mowgli(1) travestido de novia. Las fotos que conservo del acontecimiento son tan horribles que nunca lucieron enmarcadas en plata sobre algún mueble del salón; mi madre las guardó en una caja de cartón.
En las funciones de fin de curso, al tener el pelo corto siempre me asignaban papeles de chico, lo que llevaba asociada ropa masculina. Las de luenga cabellera se quedaban con los vestidos de tutú y se peinaban con tirabuzones. Excuso decir que las fotos de estos acontecimientos tuvieron el mismo destino que las de la comunión, la urna del olvido con paredes de cartón

Pero no hay mal que cien años dure, en este caso sólo duraron diez. Con quince años terminé el Bachillerato Superior en el internado de monjas y me matricularon de COU(2) en un instituto mixto muy progre y con una exquisita calidad de enseñanza. En ese entorno de libertad, permitieron que mis cabellos crecieran a su antojo sin la amenaza de la tijera podadora. Más tarde, en la Universidad, continúe con los cabellos, si no abundantes, al menos largos. Fueron años maravillosos, pero la vida sigue y nos va cambiando el entorno sin que podamos impedirlo.

Llegó la vida laboral(3); nació mi primer hijo; las nuevas responsabilidades y los cambios hormonales hicieron crack en mi interior. Un día, sin mediar palabra, me fui a la peluquería, me corté el pelo y me hice la permanente. Parecía la hermana mayor de Michael Jackson niño o la hermana pequeña de Jimmy Hendrix, según se mire. Las aguas volvieron a su cauce y cuando nació mi segundo hijo ya llevaba una melena lisa a la altura del hombro.

El reloj de arena de mi vida marcó la treintena, teniendo un trabajo estable (era funcionaria) y tres hijos que ya andaban y no llevaban pañales (síntoma de libertad para los padres). Sentí la necesidad de ir a la peluquería, opté en esta ocasión por un corte estilo indio mohicano, ligera cresta en la parte central de la cabeza, rapado al cuatro en las zonas laterales con un toque taurino logrado por un apéndice que nacía en la nuca a semejanza de la coleta de torero. Mis compañeras, funcionarias de pro, no podían disimular su asombro al verme con este peinado. Su boca se abría como para un bostezo y les resultaba imposible volver a cerrarla. Al cabo del año dejé de ser funcionaria y retorné a una melena lisa a la altura del hombro.

La rueda del tiempo no se detiene y entré en la década de los cuarenta. Algunas personas a esa edad caen en manos de gurús espirituales, yo caí en manos de un peluquero que de tanto lavarme el cabello terminó lavándome el cerebro y me convenció de ponerme mechas rubias. Me gasté un pastón y cuando llegué a casa nadie se dio cuenta. Con el tiempo las mechas rubias invadieron a las morenas, aclarándome el color del pelo, pero las raíces oscuras me delataban como rubia de bote. Ante esta patética situación, mi peluquero me puso unas mechas rojizas, que con la mezcla de las rubias daban un tono entre rosa y anaranjado. El remedio fue peor que la enfermedad y decidí cortar por lo sano, me teñí de algo parecido al color original, podando poco a poco las partes requeteteñidas.

Ahora que tengo el pelo de mi color natural, echo de menos el minimalismo de la infancia, mi cabello corto tan cómodo y fresquito. ¡Mamá, tengo que pedir hora en la peluquería!

(1) El niño de la selva, en la versión de dibujos animados de la factoría Disney
(2) COU: Curso de Orientación Universitaria. El paso previo a la Universidad
(3) Notable peora de la vida de estudiante

Sección-Sapos y culebras


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viernes, noviembre 25, 2005

Pío-pío

Tenemos tendencia a quejarnos de todo, a pensar que nos merecemos algo mejor y todo ello a fuerza de mirarnos el ombligo. Esta visión egocéntrica nos impide ver el entorno en su totalidad reduciéndolo a una burbuja unipersonal, algo parecido a una cáscara de huevo en la que nos sentimos protegidos y que cuando la rompemos para sacar la cabeza es para piar y piar como los pollitos. En el mundo de ficción hay dos polluelos que marcan dos estilos diferentes de entornar el pío-pío. Calimero un personaje de los dibujos animados y PioPio Lope un pollito singular que escapó de la imaginación de la poetisa Gloria Fuertes.

Calimero es un pollito triste que no termina de desprenderse de su cáscara de huevo, que todo le sale mal y dice constantemente "Esto es una injusticia". Se siente solo, desamparado y falto de cariño. Otra de sus expresiones más frecuentes es "nadie me quiere". En fin, no se puede decir que su piar sea el canto del cisne porque es un pollo, pero su mundo es tan negro como sus plumas. Sus aventuras son más bien desventuras, no se permite un descanso para la alegría ni para la risa. Durante estos treinta años de vida virtual no ha parado de lamentarse de este mundo cruel que tanto lo excluye y mortifica.

En contraposición está Piopio Lope, el pollito miope, todo alegría en medio de sus limitaciones. Este pollito nació con gafas y nada más salir del cascarón tropezó y se las rompió, pero no dijo ni pío. Las ganas de pasárselo bien no las enturbiaron las dificultades y solía decir "Aunque no veo ni tres en un burro, nunca me aburro". Con más moral que el Alcoyano, este pollito le daba puerta a la tristeza, dejando de lado los lamentos que no llevan a ningún sitio.

Lo fácil es seguir la senda de Calimero, echándole la culpa de todo lo que pasa a la injusticia y al despego de los demás, con cara triste y lamentándose de todo. Con la cáscara a cuestas de por vida para recordar lo bien que se estaba protegido de las inclemencias del entorno dentro del cascarón.

Lo difícil es ponerse al mundo por montera y decidir que aquí estamos para pasarlo bien y disfrutar de la vida y que las limitaciones están para superarlas. Saber que la injusticia existe pero que no es razón suficiente para amilanarse. Conocer la vileza humana y alejarse de ella para no contagiarse. Mirar la vida con alegría con gafas o sin ellas, y nunca, nunca, aburrirse como Piopio Lope.

Llegando a ese punto que piense el lector cómo quiere salir de su cáscara, porque uno de estos dos pollitos ha de helarle el corazón

(1) Información sobre calimero en ¿Te acuerdas? o en el sitio Sitio oficial de Calimero
(2) Poema de Piopio Lope

Sección-Reflexiones

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martes, noviembre 22, 2005

Así pasen 20 años

Plantando relatos por Internet he cosechado estupendos amigos. Una de estas amistades nació como consecuencia de este relato. El Web Master de Tugurium, a la sazón Informático como yo, reconoció por este relato al profesor que describo. Desde ese momento comenzamos una amistad e-pistolar que dio lugar a algunos encuentros en la tercera fase en los que hemos llegado a intercambiar delicatessen (vino de rioja por mojama de Isla Cristina). Es una bonita amistad que espero conservar siempre.


Allí estaba, en el vestíbulo. Su cabeza sobresalía por su altura entre la gente allí reunida, a la vez que brillaba por su ausencia de pelo, no en vano se le conocía por el sobrenombre de "El calvo". Me sorprendió verlo después de más de veinte años y encontrarlo como si el tiempo no hubiera pasado por él. Pero cual no fue mi asombro cuando me reconoció y me saludó. Fue profesor mío de la Universidad y teniendo en cuenta que en aquellos tiempos no destacaba ni por mi brillantez ni por mi belleza(1), sólo se me ocurre una razón por la que en su cabeza cupiera un vestigio de recuerdo de mi persona, transcurridos ya más de cuatro lustros.

Me vino de golpe a la memoria los tiempos en que estudiaba cuarto en la Facultad. En el plan de estudios de Informática de aquellos años sólo tenía cabida una asignatura sobre comunicaciones que se llamaba transmisión de datos y teletratamiento. En aquellos tiempos ya existía el protocolo IP, pero el concepto de Internet aun no se había gestado. Allí no había más comunicaciones que las del gigante azul IBM y los protocolos que definía la CCITT(1). Por ese motivo "el calvo" que trabajaba en el entorno de las telecomunicaciones compartía la asignatura con un profesor que trabajaba en IBM bautizado inicialmente con el alias de "el guapo".

"El guapo" causó mucho revuelo entre las féminas, ya que superaba la media del profesorado en elegancia y presencia. Al principio nos sentábamos las chicas en la primera fila para no perder detalle, pero pasados algunos días fuimos tomando posiciones en asientos más alejados. La causa de este repliegue tenía mucho que ver con el nuevo mote del que se hizo acreedor, "el lapo". En las distancias cortas, se podía apreciar su abundante secreción salivar que actuaba como aspersor cuando hablaba y que iba dejando un poso viscoso y blanquecino en sus comisuras. Aun no nos habíamos recuperado de la decepción cuando tuvimos que sufrir sus clases, bastante alejadas del término magistral, en las que las fórmulas que nos daba para calcular el rendimiento daban claramente valores superiores al 100%.

Como contrapartida, "el calvo" era buen profesor, muy metódico y paciente. A veces tanta minuciosidad me aburría y me entregaba inconscientemente a garrapatear con el bolígrafo la hoja de los apuntes. Aunque las artes plásticas son unas grandes desconocidas para mí, por arte de birlibirloque entre los garabatos apareció una caricatura de "el calvo". Emocionada por mi insospechada hazaña, recorté de la hoja el dibujo y lo pegué en el separador de la carpeta correspondiente a su asignatura.

Llegó el examen final, y como medida de seguridad para evitar que copiáramos, nos hacían dejar las carpetas fuera del alcance de nuestra vista, en la parte posterior de la silla. Estaba yo intentando aplicar una de esas fórmulas imposibles de "el lapo", cuando "el calvo" pasó por mi lado y no sé que le impulsó a tomar mi carpeta y ponerse a hojearla. Mi corazón latía con fuerza, miré de reojo y pude ver cómo encontraba su caricatura que para más inri, y por si no quedaba claro, ponía debajo: "el calvo".

Con el rostro impasible cerró la carpeta y no dijo nada, pero desde luego debí dejar una profunda huella de mi faceta artística en su memoria.

(1) En estos tiempos tampoco, para que nos vamos a engañar
(2) CCITT son las siglas de Comité Consultivo Internacional Telegráfico y Telefónico ahora llamado ITU:International Telecommunication Union

Sección-Expedientes-X

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sábado, noviembre 19, 2005

El juego de la silla

Llevaba tiempo pensando escribir algo sobre el juego de la silla cuando vi en el blog de Telémaco un post sobre la patata caliente en el que mencionaba dicho juego. Le prometí que escribiría de ello y aquí está el resultado.

En los cumpleaños y otras celebraciones infantiles, para entretener a los niños se utiliza el recurso del juego de la silla. Para jugarlo solo hay que disponer de "casi" el mismo número de sillas que de niños. Ese "casi" es una silla que falta y que es justo la que le proporciona la sal y pimienta del juego. Comienza el juego y los niños dan vueltas alrededor de las sillas mientras suena una música y en el momento que cesa, los niños tienen que sentarse en una de ellas. Evidentemente un niño no tiene dónde hacerlo y queda eliminado del juego. Se retira otra silla y se comienza de nuevo, así sucesivamente hasta que solo quedan dos niños y una silla. En ese duelo, perdón quise decir juego, solo queda un ganador.

Siempre detesté este juego porque por el ansia de ganar sacaba lo peor de cada niño. No había juego limpio y los empujones y malos modos crecían conforme iban quedando menos sillas. Ganaban los más fuertes o los que tenían menos escrúpulos y se les premiaba. Nunca quedé finalista y no me pesa haber perdido. Menos mal que la ausencia de silla era solo en el juego. La pesadilla de no tener dónde sentarse no se daba en el colegio, donde cada uno tenía su asiento. En el instituto también había una silla para cada estudiante y ya no se jugaba a ese juego infantil.

Aparece de nuevo el juego de la silla en la vida real cuando se finaliza la enseñanza secundaria. En la Universidad no hay sillas para todos y es preciso pasar el filtro de la selectividad. Sólo los que aprueban tienen sitio allí, al resto se les centrifuga de la enseñanza superior, salvo que puedan comprar una silla de pago en una Universidad privada. Conforme se avanza de curso el número de sillas es cada vez menor por lo que otros estudiantes se van quedando por el camino.

Los que terminan estos estudios se incorporaban a un mercado laboral en el que no todos podrán sentarse y tendrán que pasar un proceso de selección. Una vez dentro, podrán observar una sutil diferencia en la variedad de asientos. La mayoría son sillas, unos cuantos sillones de tela y unos pocos sillones de cuero con reposacabezas. El juego de la silla se empieza a complicar y algunos no se conforman con tener su silla, quieren tener su sillón, en principio de tela, pero poniendo los ojos en el de piel natural. Esto le da más tensión al juego.

En tiempos de expansión laboral empiezan a proliferar tanto las sillas como los sillones y hay oportunidades de cambiar la calidad del asiento. El juego se empieza a jugar al revés, la música suena de forma continua y todos pueden sentarse, incluso elegir la silla que más les guste. Pero de repente la música cesa y cada uno se queda sentado en una silla concreta.

A los tiempos de expansión les suceden los de recesión en los que de forma imprevista suena y cesa la música periódicamente, llevándose en cada intervalo un puñado de sillas de todos los tipos. De nada sirve el supergen, se llevan la silla con ocupante y todo. La competitividad por conservar el asiento crece conforme van disminuyendo las sillas y sillones.

Dada mi poca destreza para este juego me voy a ir comprando una silla como ya me compré un teclado. A este paso mi ajuar laboral me va a salir por un pico.



Sección-Reflexiones

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martes, noviembre 15, 2005

Bata vs. corbata

En estos momentos que en mi lugar de trabajo están perdiendo peso las actividades gestión frente a las tecnológicas no puedo evitar sonreír al leer lo que escribí hace dos años sobre la supremacía de la gestión.

Entre las muchas y variadas actividades de mi trabajo está el ayudar a mis compañeros en la selección de becarios, también llamados PBC (1), para engrosar el frente de juventudes de la empresa. Estos becarios se seleccionan generalmente entre las huestes de estudiantes de las Ingenierías de Teleco e Informática. La actividad de selección da lugar a entretenidas lecturas de curriculum que, dado el cariz técnico de los aspirantes a PBC, tienden a ser sumamente estructurados: primero los datos personales, luego los académicos, a continuación los conocimientos complementarios como los idiomas, y finalmente su experiencia si la tienen y en algunos casos -los más comunicativos- sus aficiones(2). Como entre los estudios de ingeniería no figura la retórica, los curriculum están redactados con un vocabulario limitado y unas estructuras gramaticales muy primitivas. De todos estos curriculum, uno atrapó mi atención a primera vista.

Mi ojos divisaron un curriculum sin estructura ninguna, escrito con apretada prosa y cuyo contenido rezumaba una retórica impropia de sus estudios. La espesa prosa no me echó para atrás, todo lo contrario, absorbí su contenido como si mi mente fuera papel secante. De este sorprendente curriculum, entresaco la siguiente fase que dudo que sea original de este becario:

Aunque he realizado estudios de ingeniería, me inclino más a ser un ingeniero de corbata que un ingeniero de bata.

Me sorprendió el descaro del chavalín, pero más aún que su objetivo fuera encorsetarse en un traje con corbata para entrar en el mundo de la Gestión dejando de lado el bohemio mundo de la ciencia, bajo el símbolo de la bata del laboratorio. Parece incongruente estudiar una ingeniería para parapetarse tras una corbata sin haber sentido primero la emoción del laboratorio. Sin embargo, esta incongruencia queda despejada cuando se percibe que el objetivo no es la ciencia, sino el dinero y el poder y que este ventegenario(3) ha intuido prematuramente cómo son las cosas (4) . Los que elegimos el espíritu de la bata hemos experimentado con el paso del tiempo la decepción, viendo que después de años a pie de laboratorio, independientemente de los resultados obtenidos, se nos ha despreciado por no evolucionar hacia posiciones de corbata. Mientras tanto, se han ido copando los puestos de decisión y responsabilidad con los que prematuramente eligieron la corbata y despreciaron la bata como medio de promoción.

Llena de curiosidad intenté contactar con el candidato a PBC, pero ya tenía una beca en un centro Corporativo de una Gran Empresa muy acorde con sus preferencias de corbata. Nuestro muchachito será de ese tipo de gestores que gestionan lo que sea, desde alta tecnología hasta chupa-chups, pasando por los detergentes: el caso es gestionar. Este tipo de actitud debe ser muy rentable a fin de mes y a fin de año, pero esta orientación en lo material sin ningún estímulo espiritual sólo conduce a una vida vacía de emociones.

Visto como están las cosas opto por una bata con lentejuelas que seguro que cuando pase la moda de la corbata va a causar furor.

(1) PBC corresponde a las iniciales del grosero término de Puto Becario de los Cojones. Que se emplea a la hora de asignar trabajos o señalar con el dedo de la culpabilidad a los pobres becarios precarios. Este término fue definido en el voluminoso chascarrillo de los marrones que se difundió por Internet hace unos 6 ó 7 años.
(2) Cuando ponen que sus aficiones son el polo o el golf, échate a temblar porque cabe la posibilidad de que su padre se siente en un consejo de administración y debes tratar con suma delicadeza esta selección. Siempre es preferible un PBC que viva en Móstoles que en la Moraleja. Lo digo por experiencia.
(3) Como decía Serrat en una canción: Ahora que tengo 20 años/ ahora que aún tengo fuerzas/ que no tengo el alma muerta/ y siento bullir la sangre.
(4) Una explicación es que el ventegenario sea hijo de un ingeniero de bata decepcionado

Sección-Fauna Humana

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viernes, noviembre 11, 2005

Valparaíso

Hace exactamente un año tuve la oportunidad de viajar a Santiago de Chile por motivos de trabajo, oportunidad que mejoré con la compañía de mi marido y algunos días de vacaciones. Como la suerte estaba de cara, en Santiago trabaja un amigo mío(1) que nos ofreció su casa y nos prestó su coche, para que pudiéramos visitar Valparaíso.


Cuando llegué a Valparaíso, vi una ciudad singular llena de personalidad, nacida alrededor del puerto, expandiéndose sobre sus cerrillos con casas multicolores dentro de un caos multicultural. En los tiempos que describe Isabel Allende en su novela "La hija de la Fortuna", en plena fiebre del oro, debió ser un lugar de paso, con un continuo trasiego de barcos que vienen y van. Un lugar donde los marinos descansan mirando al mar para embarcar de nuevo. El paso de los años le ha quitado dinamismo al puerto y se percibe un aire decadente no exento de encanto. La bella ciudad ha empezado a marchitarse y algunos especuladores la han herido con bloques de hormigón infames. Desde el 2003 es patrimonio de la humanidad y cabe la esperanza de que los del ladrillo se dediquen a restaurar, más que a destruir para construir algo que será mucho peor que lo que había.

Comimos un estupendo pescado en el restaurante Turri(2) mientras disfrutábamos de unas impresionantes vistas a la bahía. Para llegar al restaurante, que está situado en el Cerro Concepción, subimos a pie y casi me quedo sin respiración. Al salir del restaurante vimos que había un ascensor decimonónico para bajar al puerto. El acceso a los ascensores que suben a los cerrillos está camuflado en portales normales y hay que estar muy despierto para detectarlos(3).

Después de la comida nos dispusimos a dar un paseo y en la Plaza Sotomayor mi marido, que tiene muy buena vista, vislumbró la entrada al ascensor del Cerro Alegre. El ingenio mecánico nos dejó al lado del Palacio Baburizza, una bella muestra del art nouveau. Y allí encontramos una flecha que nos indicaba cómo llegar a la Sebastiana, la casa de Pablo Neruda. Con flechas azules en el pavimento o en las paredes, caminamos casi tres kilómetros siguiendo las curvas de nivel de los cerrillos, sin perder nunca de vista la bahía. Vimos todo tipo de casas, de todos los colores y de todos los estilos. Cuando por fin llegamos a la Sebastiana encontramos la cancela cerrada porque era lunes, mal día para visitar museos. Nunca olvidaré mientras viva el paseo que dimos por los cerrillos, me quedó grabado en el cerebro y solo tengo que cerrar los ojos para volver a ver la bahía de Valparaíso.


A la misma distancia que existe entre Santiago y Valparaíso, unos 120 kms, desde Madrid se puede visitar en la provincia de Cuenca, no uno, sino dos Valparaísos, el de arriba y el de abajo(4). Ambos pueblos deben su nombre al río Paraíso y forman parte de los Campos del Paraíso(5). El que le puso nombre al río no cabe duda que fue un optimista y que lo miró con arrobo. El río Paraíso discurre con escasas aguas, por unas tierras onduladas donde impera el cultivo del cereal y los árboles son excepción. La variedad cromática del entorno es la que aplicaría un niño si coloreara un paisaje, todo verde en los primeros brotes del cereal, todo amarillo cuando está a punto de la siega y todo marrón después de la cosecha, volviendo la tierra a mostrarse desnuda, tal como es.

A pesar de ser de Cuenca, no me ciega el amor a mi tierra para no ver que el nombre del río y de los pueblos son un eufemismo. Pero no somos los únicos optimistas, los zamoranos también tienen otro Valparaíso(6), junto al embalse del mismo nombre, y tampoco debe ser como el que había entre los ríos Tigris y el Éufrates, ni como el que está a orillas del Pacífico.

Pero estas tierras onduladas, de cerrillos romos, a las que el río Paraíso elevó con tan bello nombre, fueron la cuna de Juan de Saavedra , que descubrió la bahía de Alimapu, a la que bautizó como Valparaíso. Consiguió que esta vez el nombre estuviera a la altura de la belleza de lo nombrado. Sin embargo, el conquistador no disfrutó de su descubrimiento, volvió a Lima y más tarde a su pueblo. Sus restos descansan en Valparaíso de arriba, en la capilla del conquistador de la iglesia de San Miguel Arcángel.


(1) Yo le conocí de becario y en Santiago todos le llamaban "Don Pedro"
(2) En la mesa de al lado había ejecutivos españoles del sector de la construcción comiendo con un jefe de obra chileno. Su presencia nos alegró por dos motivos, por poder cotillear la conversación y por tener la seguridad de que en el Turri se comía bien.
(3) Si el lector siente curiosidad por conocer los ascensores de Valparaíso, en esta dirección de internet podrá satisfacerla: http://www.sernatur.cl/valpo/patrimonio.htm
(4) Lo de arriba y abajo es muy castellano y siempre da lugar a eternas rivalidades y disputas entre los pueblos del mismo nombre.
(5) Los Campos del Paraíso tiene su propia Web (por si lees esto desde el trabajo, cuidado que tiene música) camposdelparaiso.com
(6) Algunos historiadores consideran que allí nació Fernando III el Santo. Naciera o no en Valparaíso, el clima de la zona le impulsó a poner rumbo al sur para buscar tierras más cálidas. Conquistó gran parte de Andalucía y fijó residencia en Sevilla, donde murió. Los sevillanos lo tienen en un altar aunque no saben pronunciar bien su nombre, pues dicen: "Fennando".
(7)Juan de Saavedra militó a las órdenes de Diego de Almagro. En la primera expedición hacia Chile en 1535, Almagro envió a Juan de Saavedra a reconocer las costas en la embarcación que le había traído refuerzos desde el Perú. Saavedra alcanzó hasta la zona de Alimapu, que llamó Valparaíso, como su ciudad natal.
Juan de Saavedra fue un hombre cabal que no quiso participar en la guerra fraticida ente Diego de Almagro y Francisco Pizarro.

Sección-Cuaderno de viajes

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martes, noviembre 08, 2005

Comunicación

Una de mis limitaciones para la supervivencia en el entorno laboral es que me gusta llamar al pan, pan y al vino, vino y esto tiene bastantes efectos colaterales. Después de estar durante una temporada en el "candelabro" (1), descarté esta actividad con visibilidad porque me veía obligada a morderme la lengua(2), y me decidí por una vida laboral monacal, en la línea de los cartujos.

Estando en el ora et labora, me interrumpió la llegada de un e-mail anunciando un seminario de comunicación. En mi trabajo, una de las líneas que no se han visto aún afectadas por el recorte de gastos es la formación y por tanto hay que aprovecharlo mientras dure. En este caso, un consultor especializado en comunicación nos brindaba la oportunidad de darnos a conocer los métodos para ser amable, llevarte a la gente al huerto, sacar tajada de las negociaciones y salirte con la tuya sin ofender a nadie y todo ello en dos horas. Me pareció algo más que un milagro y me apunté ipso facto.

El consultor nos enumeró los principios básicos de la comunicación, tanto cuando somos emisores como cuando somos receptores. Desde la estructura de la información: de lo sencillo a lo complejo, de lo general a lo específico, de lo conocido a lo desconocido, mediante un mensaje estructurado, adecuado al colectivo al que va dirigido y con información relevante. Hasta aquí nada nuevo sobre el sol, cumplo con todos los conceptos.

La charla derivó del contenido a las formas, que es donde cojeo un poco. Empezó con lo de no transmitir mensajes negativos, es decir, no pronunciar la palabra "no" así te maten. Por ejemplo, en la colocación de un marrón, también llamado oportunidad o en caso extremo reto, hay dos maneras de comunicarse:

La negativa (línea dura):
- currito: No, ni de c.., con todo lo que llevo entre manos, no lo puedo hacer
- Jefe: Esto es lo que hay, no admito un no por respuesta, lo haces y no dices ni pío

La positiva (línea light)
- currito: En este momento adquirir este compromiso podía impactar sobre el resultado de los asuntos que llevo entre manos
- jefe: Conozco bien tu capacidad y sé que podrás llevar esto y los demás asuntos a buen término.

Juzguen los lectores lo que se gana o se pierde por ser duro o por ser light. A mí me parece que el jefe gana siempre independientemente del estilo de comunicación.

Continuó el curso sobre la escucha activa (muy importante en las mesas redondas), con consejos como: atender al lenguaje verbal y no verbal(3), no interrumpir, mantener una actitud positiva, escuchar con empatía, reflexionar, preguntar y tomar notas. De nuevo nada nuevo bajo el sol, para una persona con un poco de educación.

Siguió la charla por la retroalimentación que se empeñan en llamar feedback. En el proceso de comunicación el transmisor debe comprobar que se le está entendiendo. Proponía el consultor coletillas del tipo ¿entiendes lo que te digo? ¿me sigues?. En este punto empecé a desconfiar de la profesionalidad del consultor porque si hay algo que molesta en grado sumo es que te tomen por idiota y de esta manera es difícil escuchar activamente con una actitud positiva y con empatía e incluso se puede escapar un no rotundo.

Finalmente se habló de las barreras de comunicación, entre ellas "los filtros" (forma muy aséptica de llamar a los prejuicios) y "rumores". Cuando entró en detalle sobre la actitud frente a los rumores, describió tres modelos:
-Actitud crítica: reflexiona sobre el rumor y no se lo cree directamente (imagen asociada: figura masculina reflexionando)
-Actitud acrítica(4): asume el rumor sin reflexionar sobre la noticia (imagen: dos figuras femeninas cuchicheando)
-Actitud de mera transmisión: se limita a contar a otros lo que ha pasado (imagen: una figura masculina y una femenina, que ante el beneficio de la duda no se sabe cuál es el transmisor)

En este punto, no me pude morder la lengua(5) y como "oyente activa" levanté mi mano para pedir la palabra y aportar mi feedback al profesional de la comunicación. No tuve por menos que llamar la atención del tremendo "filtro" que suponía la imagen femenina asociada a la "irreflexión" frente a la reflexiva figura masculina. Se creó cierto revuelo en el público de la sala apoyando mi comentario, desencadenando el mea culpa del consultor por este "agujero" de comunicación.

Al final, perdí dos horas de mi valioso tiempo y no mejoraron mis capacidades de comunicación por lo que volví desencantada de nuevo al ora et labora.

(1) Forma culta de llamar al candelero de Sofía Mazagatos
(2) Mis amigos, que tanto me quieren, me dicen que si me muerdo la lengua corro el riesgo de envenenarme.
(3) Por ejemplo, si el ponente entrelaza las manos o se toca el cabello es que es inseguro, si se toca la nariz es que es un mentiroso, si une los tobillos es aprensivo, si se cruza de brazos es un prepotente, si mira hacia arriba es que es un soberbio, etc...
(4) Esta palabra no existe en el diccionario de la RAE, pero sí en la presentación del profesional de la comunicación.
(5) Es que lo mío no se cura ni con formación

Sección-Sapos y culebras

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jueves, noviembre 03, 2005

Metafísica de andar por casa

Llevo un poco atrasada la actualización del blog porque el día no tiene horas para todas las cosas que tengo que hacer. Sé que tanta actividad solo te lleva al cansancio y aunque hace tiempo lo escribí para que no se me olvidase, siempre se me olvida. Lean, lean...

Un sábado por la mañana me dirigí a la pila de papel para reciclar con objeto de disponer de material adecuado para componer la lista de la compra. Tomé una hoja escrita tan solo por una cara, en la que pude distinguir la alargada caligrafía de mi hija la erudita. Como buena hija de Eva que soy, la curiosidad me llevó a leer el folio. Conforme iba leyendo, las pupilas se me dilataban, a la vez que la boca se me abría dándome una expresión más de bobalicona que de asombrada. No era una carta de amor, eran sus apuntes de metafísica.

Después de leer la hoja y con riesgo de llegar tarde al supermercado, me puse a reflexionar sobre el sujeto capaz de generar tan retorcidos pensamientos. Semejante individuo no debería andar, sino levitar. Y aunque su carencia de pragmatismo le impidiera hacerse un huevo frito(1), seguramente cobraría derechos de autor por sus desvaríos. Me quedé, con mi mentalidad técnica, haciéndome cruces(2), pensando y dándole vueltas hasta que llegué a la conclusión que la existencia se conjuga con tres verbos: ser, estar y hacer.

El ser lo es por su cuna. Sólo algunos, por el simple hecho de nacer, ya son; a los otros les queda un largo camino. Los que conjugan el verbo ser, no precisan conjugar ningún verbo que entrañe esfuerzo. Esa ventaja competitiva no puede ser igualada por los verbos estar y hacer. Un claro ejemplo es que nos referimos a ellos con el verbo ser: es un Díaz de Cañavate y López de Bustamante.

En el segundo nivel tenemos a los que el destino les negó el ser, pero quieren estar como si fueran. Siguiendo las leyes de la hidalguía, no se pueden mancillar con el trabajo físico, por lo que tienen que desarrollar una mente manipuladora que les permita, sin aparente esfuerzo, alcanzar la cima. Nunca un colectivo ha trabajado tanto para no hacer nada. Cuando se habla de ellos se dice: Fulanito está muy bien situado.

El sustrato más profundo está formado por los ingenuos que creyeron que conjugando el verbo hacer se llegaba a parte alguna. Tras años de deambular haciendo cosas para los que están o los que son, tan solo recibieron el justo castigo por su actitud hacendosa. Podréis identificar que se habla de ellos cuando alguien que está o es dice con ironía: ¿Ramírez?, ya ves, haciendo siempre las mismas tonterías, no sé como no se cansa.

Y llegado a este punto, comprendo la profundidad del pensamiento del dúo humorístico Cruz y Raya cuando dicen:

Si hay que hacer se hace, pero hacer para ná es tontería


(1) Seguramente entraría en un debate interno sobre si fue primero la gallina o el huevo.
(2) Poco coherente la ciencia con la religión, pero la enseñanza religiosa en la infancia deja mucho poso.

Sección-Reflexiones

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sábado, octubre 29, 2005

El chocolate del loro

De un tiempo a esta parte vengo practicando la inmunidad frente al entorno laboral que me rodea, intentando adquirir propiedades de los metales nobles que los hacen inalterables al ambiente. Esta actitud es consecuencia de que estoy atrapada en un entorno cada vez más deteriorado del que no puedo escapar sin correr grandes riesgos. Solo me queda resistir hasta que escampe, con la esperanza de que esto ocurra. Esta semana Dios me ha puesto a prueba y creo que la he superado como paso a relatar.

Todo empezó como un efecto mariposa(1), al producirse un error en el programa Word de Microsoft Office. Por causas desconocidas, cuando intentaba imprimir un documento en pdf, las letras cambiaron de alfabeto y salieron en algo parecido al sánscrito. Por supuesto, esto me ocurrió un viernes por la tarde a punto de entregar el documento a un cliente. Menos mal que no era urgente para el cliente tener esta información por lo que se lo envié por e-mail para cumplir el hito(2) y me preparé para resolver el problema el lunes siguiente(3).

El lunes acudí al departamento de Documentación para consultar mi caso. Ellos veían en sus ordenadores el documento correctamente y no encontraron nada extraño en las plantillas corporativas y me remitieron al helpdesk de la empresa. Puse una incidencia y al poco tiempo vino una persona en mi ayuda. Primero me reinstalaron el Acrobat, pero no se solucionó. Luego me reinstalaron el Office y tampoco se eliminó el problema y me dijeron que lo próximo era reinstalar Windows. En este punto, al comprobar que el ordenador de mi puesto de trabajo no era estándar(4), me indicaron que también me tenían que cambiar el equipo. No estaba dispuesta a desprenderme de mi querido PC, pero ante la promesa de que sólo me cambiaban la CPU y podía conservar la pantalla/teclado/ratón me decanté por el cambio.

Me trajeron el nuevo PC, modelo estándar de la empresa, negro como una cucaracha. No me importó el color ya que la CPU la coloco debajo de la mesa, pero cuando vi el teclado/ratón que lo acompañaba me mosqueé ya que parecían comprados en un todo a cien. No puede haber en todo el mercado de estos dispositivos algo tan patéticamente casposo como lo que tenía encima de la mesa. Un teclado de plástico de la peor calidad con tacto grimoso que se estremece entero al pulsar las teclas y que produce un ruido acorde a su nula calidad, nada parecido al clic cadencioso de un teclado que se precie.

Intenté colocar mi antiguo teclado, pero hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad y la CPU solo tiene interfaces USB, ha desaparecido la interfaz PS/2. Me busqué un conversor de PS/2 a USB, pero no funcionó. Respiré tres veces profundamente y decidí comprarme de mi propio bolsillo un teclado decente con interfaz USB.

Por el teclado estándar la empresa no debe haber pagado más de 3 euros, mientras que un teclado de calidad media/alta cuesta 20 euros. Si le damos 5 años de vida (que bien pudieran ser 10) el ahorro/día es 0,015 euros(5), cantidad ridícula comparada con el coste de una jornada laboral, vamos, el chocolate del loro. En una empresa donde el trabajo es creativo, es un factor muy importante la motivación de las personas, en esas circunstancias rodear al personal de los elementos más cutres del mercado en pro del ahorro de costes no es una decisión acertada ni práctica.

Me compraré mi teclado así como ya me compro los bolígrafos y los cuadernos. Iré mejorando lo que el entorno me niega pagándolo de mi propio bolsillo, sin hacerme mala sangre. Espero que mi supervivencia sea sostenible económicamente.

(1) Si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, una mariposa puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene. J. Gleick
(2) En los proyectos lo más importante es entregar a tiempo, no importa el qué.
(3) En línea con Escarlata O´Hara, mañana me lo pensaré.
(4) Era fruto de una maqueta de un proyecto de innovación de hacia cinco años pero con todo lo que uno desea tener en su mesa: teclado y ratón inalámbricos, pantalla superplana de 19 pulgadas, videocámara, etc.
(5) Contando sólo días laborables

Sección-Sapos y culebras

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martes, octubre 25, 2005

Mesas redondas

Hoy es el día de Internet y para conmemorarlo durante estos días se han celebrado en Madrid un montón de eventos con sus inevitables mesas redondas que me han tenido ocupada y alejada de la oficina durante dos días. Me afloró a la memoria algo que escribí hace tiempo sobre estas mesas y veo, como siempre, que la vida sigue igual....

No voy a hablar de las mesas camillas de la salita que nos describía S.M., ni tampoco de la tabla redonda de los caballeros del rey Arturo. Me refiero a las conferencias que se organizan en torno a temas tan genéricos como ambiguos sobre la Calidad, el Desarrollo de las PYMES, la Sociedad de la Información, el Impacto de las Tecnologías, la Importancia del I+D+i?..

El lugar de la convocatoria suele ser un hotel, cuyo número de estrellas va en función del glamour de la convocatoria, siendo el súmmum el Hotel Ritz(1), aunque no le va a la zaga el Hotel Palace. Como alternativa a los hoteles están los auditorios de las Grandes Empresas o de las Universidades.

Una mesa redonda sin catering pierde muchos alicientes porque, en el momento en que se sirve el ágape, se despliega una considerable actividad de relación entre los asistentes, que se intercambian tarjetas de visitas frenéticamente como si les fuera la vida en ello. Los que no llevan tarjetas para intercambiar aprovechan la oportunidad y se ponen ciegos a comer.

Los obsequios a los asistentes, generalmente bolígrafos y cuadernos de notas, son tan apreciados como el catering. Un asistente asiduo a estos saraos siempre tendrá una considerable provisión de material escolar para obsequiar a sus hijos y sobrinos que le mirarán como si fuera una persona muy importante.

Los ponentes se sitúan en una mesa - rectangular en vez de redonda- sobre tribuna que les da distancia y superioridad sobre el público asistente. La composición de la mesa está sujeta a fórmulas preestablecidas de representación de los siguientes organismos: la Administración Pública, las Fundaciones, la Universidad, las Multinacionales, las Consultoras.

El presidente de la mesa abre la jornada(2), generalmente presidida por un representante del organismo que paga. Los paganos más habituales son la Administración Pública, las Fundaciones y las Multinacionales; las Universidades van de gorra y las Consultoras siempre se llevan un buen pellizco, conforme manda su religión mercantilista.

La oratoria de los ponentes es irregular. Los consultores, muy habituados a estos eventos, gozan de un verbo fluido y un discurso tan ameno como huero. Los representantes de las multinacionales suelen ser personas de experiencia dedicadas a estos eventos y siempre aportan anécdotas curiosas, dentro del estilo abuelo Cebolleta(3). Los representantes de las Administraciones Públicas suelen sacar un papelito que leen de forma átona y cuyo discurso serviría también para inaugurar un pantano(4). A pesar de ser más plúmbeos que el cañonero Ponce de León(5), son aplaudidos con entusiasmo ya que son portadores de un valor eterno llamado Presupuesto Público. Los representantes de la Universidad, en cuanto te descuidas te colocan una clase magistral - según ellos- ante el estupor del sufrido público a los que más que magistral les parece un finstro(6).

El público desde sus asientos piensa que los ponentes no se merecen ese lugar destacado y siempre hay alguien que, para demostrarlo, realiza una pregunta comprometedora para la mesa. Algunos utilizan los cuadernos de notas para disimular la hilaridad de su rostro ante las tonterías que se dicen; otros llenan de dibujos el cuaderno para no dormirse, y los hay que, directamente, se duermen.

Las mesas redondas se parecen mucho a las corridas de toros de la Feria de San Isidro, hay que asistir a muchas para ver algo que merezca la pena.

(1)El Hotel Ritz, cuyo 50% pertenece desde hace poco a Alicia Koplovitz. Como se puede apreciar su apellido rima con el nombre del hotel, así como sus bolsos coordinan perfectamente con sus zapatos.
(2) Creo que el nombre de cornada se ajusta mejor al resultado del evento.
(3) Para los que no conozcan este comic, es un simpático abuelo que continuamente les cuenta batallitas a sus nietos.
(4) Cuando no saben que decir empiezan con lo vertical y lo horizontal, cuando en realidad su hilo argumental es una maraña total.
(5) Ponce de León, cañonero de 2da. clase, construido en 1895, pesaba 200 toneladas.
(6) Finstro. Palabra puesta de moda por el humorista Chiquito de la Calzada. En alemán, finstro (finstar finster finstre), significa oscuro, tenebroso.

Sección-Sapos y culebras

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viernes, octubre 21, 2005

El gadget a remojo

El hombre es portador de valores eternos, decía el hermano de Doña Pilar(1) allá por los años treinta. Los tiempos han cambiado y hoy día ya no se portan esos valores que nunca hemos sabido muy bien en que consistían, ahora se tiene la oportunidad de portar información ubicua dentro de un pendriver. Hay que tener mucho cuidado con el nombre de este gadget chisme, porque adopta múltiples acepciones que inducen a confusión. Se le llama también "memoria USB", "pen", "lápiz" o en algunas zonas "Erlapi"(2) .

Aunque llevo años viendo a los singermorning portando su pen repleto de powerpoints como signo de distinción(3), no había adoptado aún esa tendencia en mis costumbres. He de confesar con vergüenza que utilizaba el diskette para llevar y traer mis clases en la Universidad(4). Hace unos meses le regalaron a mi marido uno de esos chismes en un torneo de golf y me lo dejó en préstamo. Estaba yo tan contenta colgándome al cuello una cinta de la que pendía mi pen con toda la información que necesitaba transportar hasta que hace una semana sufrió un pequeño percance.

Suelo guardar el pendriver en el bolso cuando no lo llevo colgado del cuello. Abandoné los bolsos saco, en los que era imposible encontrar nada sin sacar todo fuera, para adquirir un diseño muy práctico de Salvador Bachiller lleno de compartimentos para llevar todo ordenado. El bolso es de un material lavable y le llegó su día para ser lavado. Saqué con cuidado todas las cosas de sus múltiples recovecos con sus cremalleras, comprobé que no quedaba nada y lo puse a remojo en un barreño con jabón. Al cabo de un rato fui a lavarlo y cual no fue mi sorpresa cuando detecté algo sólido dentro, tiré de la cinta y allí estaba el pen, a remojo, como los garbanzos. Lo saqué y lo sequé por fuera.

Al día siguiente lo llevé a la oficina y lo enchufé al ordenador. Se encendía la luz roja pero no lo reconocía, además noté que se calentaba mucho y lo desconecté. Me fui a buscar a un compañero y sin embargo amigo(5), que es un experto diseñador de hardware, y como no lo hallé en su despacho lo busqué en otro en el que había posibilidades de encontrarlo. Tampoco estaba allí, pero el dueño de ese despacho fue early adopter de estos gadgets chismes y le conté mi triste historia del remojo.

Para mi sorpresa me dijo que él también había tenido el mismo problema, que lo había secado con un secador de pelo y que le funcionó. Pasó por allí otro compañero y se unió a la conversación sobre el gadget chisme. Comentó lo fácil que era que se quedase el cacharrito en el bolsillo de una camisa y se metiese en la lavadora. En este punto, con cierto rubor, el dueño del pen mojado y luego resucitado, confesó que no había sido en la lavadora que lo suyo fue peor: se le cayó al inodoro. Nos dio un ataque de risa mientras nos contaba que una vez que lo sacó de tan escatológico lugar lo tuvo que enjabonar para limpiarlo bien.

Aún con lágrimas de la risa me fui a otro despacho de hardwareros para ver si me podían abrir el cacharrito y echarle un vistazo. Lo abrieron y todavía tenía agua dentro. Lo secamos y probamos si funcionaba, pero no, no respondía. Lo guardé de nuevo en el bolso y empecé a pensar cómo se lo contaría a mi marido, pero como se me olvida todo no se lo conté.

Unos días después lo saqué del bolso, probé suerte enchufándolo y bingooooo ¡¡¡Funcionó!!!. Tan contenta me puse que me dije: voy a escribirlo para que se ría mi marido y de paso aquel que lo lea.

(1) Me refiero a Doña Pilar Primo de Rivera, hermana de Jose Antonio, Fundador de la Falange Española de las JONS. Fue la fundadora en 1934 de la Sección Femenina, el brazo femenino de la Falange. Esta asociación centrada en los bailes regionales y las labores domésticas se extinguió en 1977, dejando como único patrimonio un magnifico libro de cocina. Para conocer un poquito más, léase La otra Sección Femenina.
(2) Mi amiga S.M. (no es Su Majestad), colaboradora de la Sección Femenina, versión Web intentaba utilizar su pendriver en un ciber municipal de Barbate, preguntando si tenían los ordenadores la interfaz USB habilitada. La miraron como si viniera de Marte hasta que enseñó el gadget y entonces exclamaron: ¡ah, "erlapi"!, haberlo disho antes.
(3) Se lo paga la empresa, así cualquiera puede presumir
(4) En powerpoint, of course
(5) Antes llamado El Hombre del calibra, ahora tiene un Toyota Celica, pero no le llamamos el Toyoto.

Sección-Expedientes-X

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martes, octubre 18, 2005

La paella campera

En el último post del blog un pequeño experimento de mi amiga virtual María comenta que para el fin de semana se le avecina una paella en barbacoa. Esto me ha traído a la memoria algo que escribí hace tiempo y al releerlo me ha dado la risa tonta y he pensado que a vosotros también os podría hacer gracia.


Todos tenemos en lo más profundo de nuestro ser cierta querencia por las costumbres domingueras, entre las que destaca con luz propia "La paella campera". Nadie se resiste a una invitación a semejante evento cuando la propone un grupo de amigos divertidos, entre los que se encuentra al menos uno que sabe hacerla con maestría.

Organizaron unos compañeros de trabajo de mi marido, de la noble casta de funcionarios, una paella en Alpedrete. En este caso, la experta cocinera además de su trabajo culinario aportaba el recinto campero, un chalet con parcela rústica propiedad de su familia. Nos juntamos cinco parejas con abundante prole de distintas edades, que rápidamente soltamos por la finca para su esparcimiento, de forma que los mayores pudiéramos concentrarnos para realizar el ritual de la preparación de tan barroco plato.

Dado que el chalet sólo lo usaban como segunda vivienda, todo el mobiliario del jardín lo tenían guardado en un cuarto trastero con un cierre metálico de esos que se abren de abajo hacia arriba. Por este motivo lo primero que se abordó fue intentar abrir el cierre para sacar las sillas y mesas, pero el primero que lo intentó fracasó de plano. A su auxilio fueron los compañeros masculinos, diciendo, ¡quita, quita!, déjame a mí. Varios negociados de esforzados funcionarios, por más que se empeñaron al unísono en empujar hacia arriba, no consiguieron mover el cierre ni un milímetro.

Resignados, pasamos al plan B de mínimos, sacamos una mesa de la casa para poner los útiles de cocina, renunciando a la comodidad de las sillas y las mesas. Con un espíritu entre hippie y bucólico cada uno buscó su trocito de monte donde aposentarse cómodamente. Se preparó el fuego de leña sobre el que se depositaría la paella de hierro que mágicamente transformaría el pollo, el marisco, las verduras y el arroz en un plato multicolor y sabroso.

A punto de finalizar la paella, el sector técnico de los funcionarios, capitaneados por el "perito Gallardo", intentó in extremis abrir el cierre con un gato mecánico. Este alarde de esfuerzo atrajo la atención de todos los comensales, dejando la paella abandonada a su suerte para que reposase. En esto, un gato, en este caso de carne y hueso, atraído por el aroma de tan exquisito plato y viéndolo tan abandonado, se dispuso a meter su zarpa para catarlo. Al grito de ¡el gato! todos lo mirones se fueron hacia la paella, dejando al perito haciendo vanos esfuerzos en solitario.

El perito, persona de gran corazón, le salió su lado más negro y corrió a coger el gato, para practicar el tiro al gato ante los gritos de los niños que decían ¡no! ¡no!. Gracias a Dios eso de que los gatos tienen siete vidas algo de verdad tiene y el gato aterrizó sin mayores problemas, para alivio de los asistentes.

La anfitriona estaba muy preocupada por el cierre bloqueado, temiendo que su madre, por la que sentía un gran respeto, la responsabilizase de la rotura. Cuando caía la tarde y nos disponíamos a partir, aparecieron su madre y su hermano. Cuando vimos a la madre, viuda de militar y de carácter adusto, comprendimos el temor de nuestra amiga. Pero más nos preocupó el tamaño súper-king-size del hermano, un auténtico armario de luna.

Lo primero que hizo el hermano fue dirigirse al trastero para abrir el cierre. En ese momento todos temblamos y hasta los niños se quedaron callados. El mocetón, con una mano, agarró el cierre y lo subió hasta arriba de un solo golpe. De repente, todos empezamos a reírnos de una forma compulsiva, algunos hasta se doblaban de la risa. La madre nos dirigió una mirada gélida que no consiguió parar nuestra hilaridad. Lo peor de todo es que no podíamos comentarlo, por eso, si se cruzaban dos miradas empezaba de nuevo la risa. Los niños estuvieron muy prudentes y no dijeron ni pío.

Así terminó nuestra paella campera bucólica, entre risas y sin que llegara la sangre al río.

Sección-Expedientes-X

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domingo, octubre 16, 2005

Crueldad infantil

Tengo poca fe en el género humano y pienso que todos nacemos con una dosis de crueldad que manifestamos de forma transparente en la infancia y que practicamos, escondemos, olvidamos o superamos con la madurez.

En mis tiempos de la infancia, cuando se terminaba la primaria se realizaba el curso para el ingreso en el Bachillerato. Las alumnas del curso rondaríamos los nueve o diez años, por lo que se puede decir que éramos tiernas infantas. Empezábamos a sentir el espíritu gregario, por lo que aplicábamos la marginación social a las niñas que por algún motivo no encajaban en el rebaño. Una de estas niñas era Milagritos, que había cometido el terrible delito de ser tartamuda, siendo frecuentemente objeto de burla por las niñas bovinas, entre las que me encontraba cómodamente integrada.

La tutora de este curso era Sor Asunción, una monja muy bajita, con una dentadura perfecta -creo que era postiza- y una dicción más admirable que su dentadura. Se jactaba Sor Asunción de que nadie que hubiera pasado por su curso había salido sin pronunciar correctamente y aunque tenía sus logros en varios casos de frenillo(1), el caso de Milagritos era todo un reto para ella ya que además de ser tartamuda era sevillana.

Sor Asunción aplicó la terapia de Demóstenes, quien, según ella, era un magnífico orador que superó su tartamudez poniéndose pequeñas piedras debajo de la lengua que le forzaban a hablar más despacio venciendo de este modo su defecto. Como mujer innovadora, sustituyó las piedras por aceitunas con hueso que le daba a Milagritos para que se las comiera y dejara el hueso en la boca para practicar el método.

Milagritos no debía de tener mucha fe en el sistema, se comía las aceitunas y en cuanto podía escupía el hueso. Sor Asunción empezó a perder la paciencia al ver que no conseguía ningún progreso y que la niña iba camino de agotar las existencias de aceitunas del experimento. Empezó a ser una rutina que nada más entrar en la clase espetara la siguiente frase: ¡Milagros, enséñanos el hueso de aceituna!, contestando la aludida con gran esfuerzo me me... me... me lo... lo... lo he comido. Nos reíamos toda la clase de ella sin ningún disimulo, a pesar de que sus mejillas se teñían de rojo y su mirada se hundía,más que en el suelo, en el sótano o tal vez en el infierno. La monja, furiosa, además de perder la paciencia casi perdía la dentadura cuando le decía: ¡Anda rrrrrrrrrrica, rrrrrrrrrrrica, rrrrrrrrrrrica, estorrrrrrrrrrbo!.

Un día Milagritos se escapó del colegio, harta de tanta humillación inútil y de tanta soledad. No preparó bien la fuga y la Guardia Civil la encontró en la carretera haciendo autostop hacia Sevilla. Cuando volvió escoltada entre los dos guardias como si fuese una delincuente, no pude sino sentir admiración por ella y pena por mí. Nunca más me reí de Milagros; creo que ese día me hice mayor.


(1) El frenillo lingual se trata de un repliegue de la mucosa que va desde la base de la boca hasta la lengua que puede causar problemas en la pronunciación de ciertas consonantes.

Sección-Reflexiones

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miércoles, octubre 12, 2005

Saber delegar


Se suele pensar que somos más listos que los demás y que hacemos mejor las cosas que nadie, porque cuesta mucho admitir las propias limitaciones. ¿Quién no ha pensado que su jefe es tonto(1), que sus compañeros no le llegan a la suela del zapato(2) y que sus colaboradores no saben hacer la o con un canuto?. Por este motivo se tiene cierta reticencia a delegar, salvo en los casos de vagos redomados que aun teniéndose en muy alta estima prefieren que trabajen los demás.

Sirva como ejemplo un caso flagrante de falta de delegación que lleva años manifestándose a diario en la televisión. No sé el nombre del responsable, solo que pertenece a la O.N.C.E.(3) y por tanto es invidente. No soy compradora habitual del cupón y casi no veo la televisión, pero si oigo la musiquilla de "Es la ilusión de todos los días.." y estoy cerca de la tele, me acerco para comprobar si ya se ha bajado del burro y ha delegado mi desconocido desconfiado.

El programa en cuestión es un breve espacio donde se realiza en directo el sorteo del cupón de la O.N.C.E, emitido inicialmente por Tele-5 y ahora en Atena-3, a eso de las 21 horas. Al principio lo presentaba Carmen Sevilla(4), mujer tan entrañable y campechana como torpe. Le daba gracia y frescura al programa y un inmenso anecdotario de meteduras de pata. Sin embargo, lo más chocante del programa eran las "azafatas" que misteriosamente se alejaban bastante de la belleza e iban vestidas como verdaderos adefesios, pasadas de moda y con unas prendas de trapillo.

Pasó el tiempo y Carmen Sevilla cedió el testigo de la presentación del programa a otros presentadores, pero en toda la historia del programa se ha mantenido invariante las "azafatas", carentes de gracia, belleza y soltura, ataviadas para más inri con los trapillos infames que resaltan todos sus defectos. Esta línea continuada en la elección de las azafatas y su vestuario solo se puede achacar a que la persona que realiza la selección es un invidente, incapaz de delegar en un vidente(5).

Con el siguiente ejemplo no quisiera herir la sensibilidad de las personas ciegas, a las que admiro y por las que siento un gran respeto. Sé que son capaces de estudiar lo que se propongan, de poder vivir independientemente, de formar y cuidar una familia y de ser magníficos profesionales. Pero tienen una limitación, en este caso muy evidente, que es la ceguera y es conveniente que deleguen cuando sea necesario.

En el caso de los que tienen limitaciones menos evidentes, además de no poder hacer chistes fáciles, los tenemos que sufrir todos los días, pero en la vida real en vez de en la TV.


(1) Cosa que suele ser cierta en el 99,99% de los casos
(2) Lo mismo pensará su madre
( 3)La ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles) es una Corporación sin ánimo de lucro con la misión de mejorar la calidad de vida de los ciegos y deficientes visuales de toda España. Una Institución de carácter social y democrático. (fuente: http://www.once.es)
(4) Mi hijo mediano no se podía creer que la pizpireta mujer con cintura de avispa de la película de "Violetas imperiales", era la misma que la que presentaba el cupón.
(5) No me refiero a los Rapeles ni a las Aramís

Sección-Reflexiones

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sábado, octubre 08, 2005

Siniestro total III

Dicen que a la tercera va la vencida y así ha sido en este caso. Después de diecisiete años de una vida en común con mi halcón milenario, y superar una amenaza de siniestro total (ver siniestro total I) y las secuelas de la superación de la crisis (ver siniestro total II) he tirado la toalla y me he comprado un coche nuevo.

Me ha dolido dejarlo en prenda para el plan renove, pero el halcón milenario era una amenaza para mi objetivo en la vida: llegar a centenaria. No quería que un accidente de circulación truncara mi estupenda carrera de maduración que va camino de convertirme en una "gran reserva". Sus carencias las iba asumiendo con paciencia, resignación y estoicismo. Podía soportar que no tuviera dirección asistida porque aparcar mantenía mis bíceps en forma. Era capaz de aguantar los rigores del verano y soportar temperaturas de más de cuarenta grados con el único alivio del tórrido airecillo que entraba por la ventanilla. Había asumido como normal llevar 2 litros de agua para cuando se encendía el piloto del radiador, un día sí y otro también. Me había resignado a circular por el carril de la derecha a un máximo de 100KM/h porque no me entraba la quinta marcha. Pero la gota que colmó el vaso fue que el pedal del freno tenía un recorrido infinito y una respuesta casi nula para el frenado. Si bien la velocidad de crucero del halcón milenario era modesta, el miedo ante un posible frenazo y la carencia de airbag ponían en peligro mi integridad física.

Llevo una semana con mi nuevo coche y el cambio de prestaciones me recuerda la escena de la película Odisea del espacio 2001 en la que un mono lanza hacia arriba un hueso que empieza a girar (música: Así habló Zaratustra) y que de repente se convierte en un boli que flota en un espacio sin gravedad de una nave espacial (música: El Danubio azul). He pasado de la música envolvente y trágica del Amanecer de Richard Strauss a la suavidad del vals de Johann Strauss. Bajo las notas de tarirorarí tarí tarí,... me desplazo en un coche con dirección asistida, climatizador, airbag delanteros y laterales, una caja de cambios suave en la que entra la quinta marcha, un acelerador que acelera y unos frenos ABS.

Cambié la tecnología alemana por la japonesa: mi nuevo compañero de viaje es un Toyota Corolla. Mis compañeros de trabajo me hacen bromas sobre la marca porque hace años escribí algo bastante irónico sobre un propietario de un Toyota, al que apodábamos El toyoto. No creo que la marca me vuelva tan necia como a él, cruzo los dedos.

En honor al halcón milenario he conservado el mismo color, el blanco y espero que me acompañe también durante otros tres lustros, pero con mejor salud mecánica que el golf.

Sección-Expedientes-X

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martes, octubre 04, 2005

La foto

Estando en un lugar encantador llamado La Tertulia, le pedí a mi marido que me hiciese una foto, a lo que se negó a pesar de mi insistencia -que fue mucha-. Este suceso me recordó un episodio de mi infancia, muy similar pero en este caso era mi hermana en vez de mi marido la que me negó el capricho.

Tenía yo siete años y estaba en el internado con mi única hermana, cuatro años mayor que yo. Había venido un fotógrafo para hacer unas fotos oficiales y las monjas permitieron que las que quisieran hacerse fotos, a título personal, podrían hacérselas. Aunque era consciente de que no había sido agraciada con los dones de la belleza, quise hacerme una foto con la esperanza de salir aceptable. La verdad es que mi optimismo era mucho, ya que por aquel entonces era un amasijo de huesos cubiertos por una piel cetrina y áspera, con las rodillas como un Santo Cristo(1) en las que iban apilándose las pústulas de mis sucesivas caídas, la cabeza rematada con un pelo marrón grisáceo, sin brillo, que llevaba corto con un flequillo a media frente(2). De aquella época sólo recuerdo que destacaban unos ojos expresivos que llevaba siempre muy abiertos para no perder detalle. Con el ansia de hacerme la foto, busqué a mi hermana para que me la pagase, ya que ella administraba el dinero de las dos, pero se negó en redondo. De nada sirvió mi insistencia, que derivó en llanto silencioso para pasar a otro más estruendoso, pero su corazón era insensible a mis súplicas.

Allí quedé en el pasillo, mohína, entre un mar de llanto que se confundía con los mocos que empezaban a brotar de mi nariz, abandonada por mi hermana que se marchó aburrida de oír mis lamentos. De esta guisa, cual dolorosa con siete puñales atravesados en mi corazón de siete años, me encontró el fotógrafo y el hombre, de buen corazón, me preguntó qué me pasaba. No podía articular las palabras, que salían entrecortadas entre el hipo del llanto y la emoción de que alguien se interesase por mí. Cuando conseguí explicarle el motivo de mi desdicha, el hombre me limpió los mocos, me sentó en el alféizar de una ventana, me colocó las manos sobre las rodillas y me fotografió. Conservo como oro en paño la foto de este buen samaritano, en la que se aprecia al fondo una gran ventana con rejas y en el alféizar una niña sentada con un uniforme oscuro, una camisa blanca, un flequillo a media frente y unos ojos vidriosos por el llanto pero con una media sonrisa por la satisfacción de lograr un deseo, algo parecido al arco iris.

Ese día conocí, a tan temprana edad, la tiranía de los que impiden que se hagan realidad los deseos de los otros, imponiendo su criterio, pero también descubrí que existen personas a las que les gusta ayudar a los demás para alcanzar sus anhelos. Desde aquel día decidí ser del segundo grupo.

(1) Esta expresión me la decía mucho mi madre.
(2) No llevaba gafas, por lo que no puedo decir que fuera como Betty la fea.


Sección-Reflexiones

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sábado, octubre 01, 2005

Singermorning

Dedicado a Google porque gracias a él Itziar encontró la sección femenina buscando la palabra singermorning y yo pude conocer su blog Para mis sufridores . Este post se publicó hace tiempo en la sección femenina (versión web) y el paso del tiempo lo ha respetado.

Bajo esta denominación se agrupan los especímenes laborales de verborrea fácil, a veces acompañada de cierta humedad, que algunas malas lenguas denominan babas. Ejercen en altos despachos y visten de riguroso traje, tanto si es hombre como si es mujer.

Algunos se resisten a utilizar la denominación inglesa y prefieren llamarlos cantamañanas, pero sin duda esta acepción está ya un poco manida y desvirtuada. El término spanglish le dota de una nueva dimensión en lo internacional.

El singermorning es un experto en aprenderse el glosario de términos del entorno laboral al que pertenece y no precisa de mayor profundidad en la materia, para eso están los técnicos que nunca llegarán a ningún lado. Por este motivo le resulta muy fácil cambiar de actividad. Por poner un ejemplo al azar, no les cuesta mucho pasar del negocio del tabaco al de las telecomunicaciones, a fin de cuentas en ambos entornos hay mucho humo y trabajar en ellos perjudica seriamente la salud.

Su herramienta de trabajo por antonomasia es el PowerPoint, descartando de antemano cualquier otro programa del Office. En el Word son incapaces de hilvanar frases y párrafos, porque estando su cultura basada en el glosario de términos, no les da cancha para llenar más de dos páginas. El Excel escapa de su capacidad de cálculo, el Access y el Project no saben ni que existen. Donde se sienten como pez en el agua es con las diapositivas del PowerPoint, llenas de colores brillantes y animación. Las letras aparecen volando, y desaparecen como arrastradas por un tornado. Este dinamismo enmascara la vacuidad del mensaje porque con la rapidez con que pasa por los ojos, el cerebro no llega a percibir su falta de contenido.

Aunque se da el caso del singermorning que nace ya en el colegio o en la Universidad, existe una variedad que se hace con el paso de los años. A este último grupo pertenecen los que siguieron el camino de Séneca, pero al final le dieron la razón a Claudio (el marido de Mesalina). Los singermorning hechos a sí mismos, generalmente por razones de supervivencia, empezaron a olvidar, dejando que la nada invadiese su cerebro hasta dejar un conocimiento equiparable al glosario.

Pero la vida no es fácil para los singermorning. Mantener un aspecto impecable, ir siempre afeitados (ellos), llevar el peinado perfecto (ellas), estar morenos en invierno, aparentar siempre buen humor, asistir a mesas redondas y eventos, buscar con desesperación dibujos originales para el PowerPoint, etc.., son actividades que limitan mucho la calidad de vida y no todo el mundo está dispuesto a renunciar a su espacio de libertad.

No obstante, existe un crecimiento sostenido de singermorning en la fauna laboral, motivado por la existencia de recursos para su supervivencia y por la falta de depredadores que los incluyan en su menú.

Desde luego, con el cerebro de un singermorning Hannibal Lecter no tendría ni para el aperitivo.

Sección-Fauna Humana

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miércoles, septiembre 28, 2005

Sardinas en lata

Vivo en Madrid y muero cada mañana cuando tengo que desplazarme a mi oficina. En las calles y en las circunvalaciones no caben más coches, los vehículos atrapados y acorralados entre los de su misma especie avanzan con la lentitud de una tortuga, ignorando que existen marchas más allá de la primera.

Un aciago día llevé mi anciano coche al taller para que le hicieran una revisión previa a la ITV y un lifting de chapa del que estaba muy necesitado. Para ir a la oficina no tenía otra opción que el transporte público, a saber: el metro y el autobús. Me dispuse por la mañana, recién duchada, maquillada y peinada a bajar las escaleras del metro. A los dos minutos vino el primer tren mostrando una imagen apocalíptica de manos, mejillas, narices, codos, frentes, cabelleras y calvas aplastadas contra el cristal de puertas y ventanas, todo ello como una argamasa humana unida por la propia presión de los cuerpos(1) . En el andén esperaba una doble fila de los sufridos usuarios de los servicios de transporte público. El tren paró y se abrieron las puertas, no salió nadie y alucinada comprobé que donde no había espacio entraban otras diez personas más, a fuerza de codazos y empujones. Me sentí incapaz de hacerme sitio por este procedimiento y dejé pasar el tren. Esta escena se repitió unas seis veces hasta que llegó un tren en el que se podía entrar sin despachurrar a nadie. El calor dentro del vagón era pegajoso y mi refrescante ducha estaba perdiendo toda su eficacia, el maquillaje se derretía y el pelo languidecía mimetizándose con el ambiente mucilaginoso. Cuando salí del vagón de metro parecía que volvía de la guerra y aún me quedaba tomar el autobús. Mansamente me coloqué en una infinita cola del 115 y conseguí subir en el tercer autobús.

Si sumáramos esta experiencia inhumana a la circunstancia de que era lunes, no se podría concebir peor inicio de la semana laboral. Al finalizar el día, busqué desesperadamente algún alma caritativa que fuese en dirección a mi zona residencial, pero solo encontré adictos al trabajo que salen a las 10 de la noche de la oficina. La debilidad se adueñó de mi voluntad y me marché a casa en taxi, con el consiguiente dispendio innecesario.

El martes volví a bajar las escaleras del metro -esta vez con mayor conocimiento de causa- y me dispuse con paciencia a dejar pasar los trenes hasta que viniese uno ocupado al 98%. A mi lado en el andén había una rubia de bote, vestida toda ella de color hueso, con los complementos del mismo color, que parecía que acababa de salir de la portada del Vogue. Me dije para mí: me apuesto lo que sea a que esta empuja y le clava los tacones de aguja a quien se le resista. Efectivamente, la rubia se metió en el vagón embistiendo como un toro, restregando su maquillaje por toda prenda que se le pusiese a su alcance y haciéndose hueco sin importarle que sus delicadas prendas se ajasen. El resto de la semana me aclimaté, sin perder nunca la dignidad y me parecía que toda la vida había sido una sardina enlatada pero que hasta ese momento no lo había percibido con tanta nitidez.

Ahora, desde mi coche, totalmente enlatada en la M-30, al menos dispongo de un espacio suficiente para respirar, puedo escuchar la radio y charlar con mi amiga que viene conmigo desde hace años(2). De esta experiencia, además del horror al contemplar con que facilidad pierde la gente la dignidad, me queda una duda:

Si el Sr. Gallardón tomase el metro en la hora punta de la mañana, ¿se comportaría cómo la rubia de bote o cómo una servidora?(3)


(1) Ni el Bosco podría imaginar esta escena en la parte derecha de su tríptico de El jardín de las delicias.
(2) Aún tengo remordimientos desde la última vez que, por tener también el coche en el taller, la abandoné a su suerte y el shock la llevó al hospital durante dos semanas.
(3) Mi hija, la benjamina, que derrocha lógica pragmática por todos sus poros, dice que vaya tontería, Gallardón jamás tomaría el metro en hora punta, ni en otra hora que no fuese la de la inauguración.

Sección-Sapos y culebras

¡¡Ni me menees!!

sábado, septiembre 24, 2005

Las puertas del noveno

En el rellano del noveno, las cuatro puertas, ofrecen grandes oportunidades de negocio para los cerrajeros. Se cierne sobre él la maldición de la puerta cerrada sin posibilidad de abrirla con su llave.
En la letra A se aloja un matrimonio octogenario, a su lado, en la letra B, vive un señor mayor, solo. El Piso C está habitado por una mujer recién divorciada y sus dos hijos. En la puerta D se encuentra la casa de una pareja de recién casados que conozco y que me contó los muchos y extraños sucesos que han provocado que la visita del cerrajero sea algo habitual en la planta novena.

Mis amigos de la letra D paran poco por casa, ambos trabajan y cuando llegan a su vivienda es para cenar. Suelen utilizar de forma alternativa el telechino o la telepizza. Estas costumbres tan poco enraizadas en la tradición culinaria española han despertado la curiosidad de los vecinos octogenarios que viven enfrente de ellos. La señora no aprueba esos métodos alimenticios y de vez en cuando les hace una cena "como Dios manda". El señor tampoco se queda al margen y a veces les compra verduras para que su alimentación sea más sana. Pero estos vecinos son muy prudentes y nunca traspasan el umbral de la puerta para no inmiscuirse en la intimidad de la pareja.

Al poco de instalarse allí, un fin de semana golpeó en su puerta el vecino de abajo para advertirles de que su vecina de la letra C estaba pidiendo socorro y que le dejaran entrar para ver qué se oía a través de la pared colindante. Los recién casados estaban durmiendo y no habían oído nada. Al abrir la puerta se encontraron con que venían más vecinos al oído de la llamada de auxilio y que se colaban en la casa. Todos pensaban que la tragedia estaba servida porque la mujer en apuros estaba recién divorciada y se la imaginaban al borde de la muerte. De esta manera, con el pijama aún puesto se encontraron con la casa llena de curiosos y, lo que son las cosas, se interesaban más por las reformas de la vivienda que por la suerte de la vecina que pedía ayuda. La cosa fue más leve de lo que se pensaba, simplemente se había quedado encerrada en la terraza y pedía ayuda para salir. Todo se arregló con la visita del cerrajero.

Después de este incidente mis amigos de la letra D tuvieron que llamar dos veces al cerrajero porque la puerta no se podía abrir, pero ambas ocasiones estaban exentas de parafernalia anecdótica. Ha sido la última visita del cerrajero, que paso a describir, la que goza de todos los elementos de una puesta en escena teatral que va desde el vodevil al drama.

Detrás de la puerta D había reunión familiar; se celebraba el cumpleaños de la joven esposa. Era una reunión muy íntima, se habían reunido a comer tan solo con sus padres. A la hora de servir el café, la madre de ella propuso invitar a los vecinos octogenarios ya que eran tan amables con la pareja. Cuando llamaron a la puerta A para invitarles a tomar el café, los vecinos se resistían bajo la excusa de que ellos no querían turbar la intimidad de la celebración. Después de la consabida discusión con sus tira y afloja, finalmente accedieron a la propuesta.

No sé si la falta de costumbre o lo imprevisto de la invitación, puso al matrimonio octogenario nervioso y salieron dejando las llaves puestas en la cerradura interior. La puerta se cerró y no se podía abrir desde fuera. Lo que en principio era una celebración, se tornó en otra cosa. Una vez dentro de la puerta D, en vez de tomar café se pusieron a buscar el teléfono del seguro para que enviase a un cerrajero. Sin embargo, el señor mayor se resistía a una solución tan drástica y buscó otra alternativa para abrir su puerta.

En la Letra B ya no se encontraba el señor que vivía solo, había fallecido hacía dos días, pero estaba su la familia. El abuelo de la puerta A vislumbró una solución: el truco de la radiografía para abrir el resbalón de la cerradura. Ni corto ni perezoso de dirigió a la letra B y tras dar el pésame a la familia les pidió que buscasen una radiografía, que él sabía que hacía poco se había hecho el difunto. Los deudos del muerto abandonaron sus duelos para buscar la radiografía y cuando la encontraron se la entregaron al octogenario.

Cada vez había más gente en el descansillo, los que llegaban le daban el pésame a la familia que estaba en duelo y se unían al coro de mirones que observaban el intento de abrir la puerta con la radiografía. En un momento dado, el octogenario le preguntó a la familia del fallecido si no les importaba que doblase la radiografía, a fin de cuentas ya no les hacía falta. Pero tras muchos intentos, aunque movieron el resbalón no pudieron abrir la puerta y al final vino el cerrajero a hacer caja.

Me imagino que desde el cielo el difunto estaría tronchándose de risa viendo a sus vecinos luchar contra la maldición de la puerta.

Sección-Expedientes-X

¡¡Ni me menees!!

miércoles, septiembre 21, 2005

Un mundo feliz

Son muchos los autores que han elegido este tema para disertar, pero para los que imaginan un mundo futuro, sin duda Aldous Huxley sentó cátedra con su libro "Un mundo feliz"(1). Remontándonos al pasado, ha llovido mucho desde que Dios expulsó al hombre de paraíso(2) y lo maldijo diciendo "Ganarás el pan con el sudor de tu frente". Desde ese instante se creó la necesidad de "buscarse la vida" en detrimento de "disfrutar de la vida" y la curva de la felicidad cayó en picado para satisfacer las tres "ces" del bienestar: calor, comida y compañía.

Los humanos encontraron diversas maneras de solucionarlo y pronto aparecieron las desigualdades. Los más fuertes acaparaban la triple C y los más débiles sucumbían ante la carencia de recursos. Algunos débiles, a fuerza de necesidad, razonaron "más vale maña que fuerza", y triunfó la inteligencia manipuladora sobre la fuerza bruta. En ese punto nació la clase de los listillos, que puso a los fuertes bajo su dominio y los dedicó a las tareas de producción o de la guerra para que liberaran sus excedentes de energía. Los listillos, que tiene distintas acepciones según el lugar y la época(3), pronto olvidaron las penurias que pasaron y se olvidaron de hacer un reparto igualitario de los recursos.

La desigualdad ha prevalecido hasta nuestros días y se manifiesta en dos facetas extremas: una amable de la abundancia y otra espantosa de la necesidad. A los que les toca nadar en la abundancia se encuentran liberados de la maldición divina, el resto están en el punto de partida de la expulsión del paraíso. Pero el mundo feliz de Aldous Huxley se basa en hacer que la desigualdad sea aceptada como buena y que cada clase de individuo se sienta satisfecho con lo que le ha tocado en suerte(4). Se fabrica el individuo fuera del claustro materno a la media de las necesidades de la Sociedad y se le condiciona para que sea un consumista feliz, todo bajo el manto protector del Estado.

Los listillos de este mundo feliz lo planifican todo, hasta la fecha de la muerte a los 60 años. Clasifican a los individuos y les dosifican los recursos mínimos para suministrarles la sensación de felicidad. En la cima de este mundo feliz están los individuos alfa, orgullosos de ser la élite por lo que asumen de buen grado sus responsabilidades acordes a su capacidad. A los beta, situados en un segundo nivel, no les importa estar en una escala inferior al verse liberados de las responsabilidades de los individuos alfa, que a ellos les abrumarían. En los últimos escalones los gamma, delta y épsilon, seres clonados hasta donde da de sí la biotecnología, son una nueva variedad de esclavos satisfechos de serlo(5). En resumen, un mundo feliz con varios paraísos paralelos (para-lelos) de oro, plata y bronce.

Siempre he buscado en los libros de ciencia-ficción la forma de asomarme al mañana y no me había parado a pensar cómo ve el futuro un niño de cuatro años que no levanta cuatro palmos del suelo y que comienza a sacar sus propias conclusiones observando a los adultos. Por eso, me sorprendió mi hijo mediano cuando me contó cómo veía él su porvenir: "Cuando sea mayor me darán una tarjeta de crédito para que cuando necesite dinero, vaya a un cajero y me lo de". La criatura no percibía la vida como un valle de lágrimas, sino como el paraíso terrenal. Sus padres satisfacían sus necesidades y dedujo que cuando fuera mayor "alguien" se ocuparía de que nada le faltase.

Al margen de las risas que nos echamos a costa de su ocurrencia, siempre he pensado que tenían un punto de coincidencia con el mundo feliz de Aldous en el que podría optar por una tarjera visa oro, plata o bronce. Pero los listillos de nuestros días no están por el Estado protector, más bien lo dejan todo en manos del Mercado que crea individuos consumistas alfa, beta, gamma, delta y épsilon, algunos de ellos, auténticos "gordos felices".


(1) Escrito en 1939 con una visión futurista y pesimista del mundo que muestra una sociedad regida por el condicionamiento psicológico como parte de un sistema inmutable de castas. La vida de Aldous fue muy apasionante, en http://ttt.upv.es/~jarnau/Vida/Vida.htm se encuentra una biografía del autor.
(2) Según la iglesia Católica por culpa de la mujer, como tuve que oír en nueve idiomas por boca de El Papa Juan Pablo II en su recepción de los miércoles en el Vaticano a los peregrinos de Roma.
(3) Oligarcas, monarcas y aristócratas, patriarcas, poderes fácticos, empresarios, políticos, mafias, etc.
(4) ¿No suena esto a la resignación cristiana?


Sección-Reflexiones
(5) En el mundo actual, serían trabajadores del tercer mundo y estarían gestionados por ETTs.

¡¡Ni me menees!!