El Balduque
A falta de post, bueno es el fondo editorial. Rescato este relato al que tengo especial cariño por permitirme conocer a personas interesadas en el balduque, cada una por un motivo. Guardo un especial recuerdo de Harry van den Berselaar, residente en la ciudad que dio nombre al balduque y que me envió el texto de una conferencia que dio en su ciudad sobre El milagro en Empel. Tiene especial merito porque realizó un interesante trabajo de investigación histórica, tanto en España como en su ciudad con el único fin de conocer mejor la historia del lugar en que vive y practicar la lengua de Cervantes. Le pedí permiso para publicar su conferencia pero aun no he encontrado tiempo de poder hacerlo. De este año no pasa que antes de la Inmaculada lo publique.
Dentro de mi frenética actividad en la promoción de la Sociedad de la Información, con una tendencia antinatural a digitalizarlo todo, siempre me han sorprendido los Expedientes Administrativos, archivados en sus carpetas de cartón verde oscuro y atados y bien atados con balduque -para el que no esté familiarizado con la Administración, aclararé que es una cinta de tela roja con la que se hace un lacito para cerrar la carpeta que contiene el expediente-. Este nombre me pareció tan sugerente que lo entregué a la iniciativa la palabra del día(1) para buscar su etimología. Y resultó provenir de Bois-le-Duc, que es la traducción al francés de Hertogenbosch(2) , ciudad holandesa donde se tejían estas cintas. Una vez conocido el dato y ajustándome más a mi intuición femenina que al rigor histórico, paso a describir el origen de esta cinta carmesí.
El origen del balduque data de cuando reinaba Felipe II -en cuyos dominios no se ponía el sol-, el cual inició el esplendor de la actividad funcionarial al anotar escrupulosamente todas sus decisiones de gobierno, lo que dio lugar a la intocable casta de los funcionarios, vigente hasta nuestros días. Por ello nunca he comprendido por qué es más popular el Sr. Moscoso que este monarca, que debiera ser patrón y luz de todo funcionario que se precie de conocer la Historia.
Nuestro monarca -no en vano llamado El Prudente- se tomaba su tiempo en adoptar resoluciones, que a veces tardaban varios lustros en ver la luz. Pero las idas y venidas hasta que esa luz llegaba eran escrupulosamente anotadas por los muchos y muy aplicados escribientes; de esta manera, los expedientes empezaron a adquirir un volumen inmanejable por lo que se hacía necesario archivarlos entre cartones y atarlos con una cinta. Naturalmente, este hecho disparó la demanda de cintas, por lo que se convocó un Concurso Administrativo para proveer material burocrático. Una vez examinadas las distintas plicas, resultó agraciada la ciudad de Hertogenbosch que ofertó una cinta roja, arriesgándose con tan atrevido color ya que de todos era conocido el gusto del monarca por la sobriedad del negro. Con esta concesión, se dio lugar a un nuevo monopolio dentro de un mercado global como era en aquel momento el Imperio Español(3) . Mucho se habló en la corte de si el secretario del rey, Antonio Pérez, se había hecho una casita(4) con cierta comisión por interceder a favor de los flamencos. Finalmente, duró tanto la concesión o fueron de tanta calidad estas cintas que adquirieron el nombre de la localidad de la que procedían, pero en su acepción francesa que queda como más elegante. Ni que decir tiene que el nombre se mantiene hasta nuestros días.
Hasta la fecha los informáticos no hemos sido capaces de digitalizar el balduque. Lo más parecido es la función de abrir y cerrar fichero, pero se tiene que perfeccionar más. Por eso, cuando vayáis a cualquier ventanilla de la Administración a solicitar un expediente, exigid que esté debidamente archivado en una carpeta verde oscuro y atado con una hermosa cinta roja de balduque. Si no es así, rechazadlo por apócrifo.
(1) La palabra del día fue una iniciativa culta y cuajada de humor que consistía en encontrar palabras de poco uso, buscar su significado y aplicarlo a un hecho cotidiano mediante una cultísima y barroca frase. Esta actividad era, más que digna de elogio, encomiable, ya que estaba encuadrada en un ambiente eminentemente técnico de ingenieros un poco rudos en cuestión de Humanidades. Pero como siempre hay excepciones, algunos gozaban de una prosa digna del Siglo de Oro.
(2) En esta ciudad nació, vivió y murió uno de los pintores más grandes de todos los tiempos: El Bosco. Las malas lenguas dicen que nunca salió de esta urbe ni para ir a Amberes, que queda bastante cerca.
(3) Como se puede observar, se confiaba más en el monopolio que en la libre incompetencia. Perdón, competencia.
(4) La Casa de Antonio Pérez estaba situada en la calle Santa Isabel, detrás del antiguo hospital de San Carlos, actual sede del Colegio de Médicos de Madrid.
Sección-Expedientes-X
expedientes, burocracia, red-tape ,balduque




Acabábamos de cruzar la frontera italiana. Aún no era mediodía. Íbamos por la autopista en dirección San Remo cuando de pronto, sin previo aviso, el coche se paró. Se detuvo justo en una zona de estacionamiento, a un lado de la autopista, donde no había nada más que un poste de S.O.S. Hacía un sol aplastante y no había ni un árbol. El coche estaba en perfecto estado y no había hecho ningún amago de avería, por lo que dedujimos que se había quedado sin gasoil. La verdad es que la aguja del marcador de gasoil no estaba cerca de la señal de reserva, pero como todo funcionaba bien, sólo podía ser la falta combustible. 



Aunque todos sabemos que más sabe el diablo por viejo que por diablo, la burbuja de la nueva economía con su culto a la juventud ha auspiciado en el ámbito laboral el nacimiento del jefe de edad temprana al que denominaremos de ahora en adelante el niñatojefe. Cuando ya todo indica un retorno a la economía tradicional(1), no se conoce el futuro de esos yogurines ascendidos a la cúspide por mor de su juventud, cosa que no me preocupa en absoluto y no es objeto de este análisis, más bien me centraré en el estudio antropológico del niñatojefe .
Sor Eufrosina era de Navarra y su mayor deseo era servir a Dios en las misiones e incluso morir mártir. Se había preparado concienzudamente y había aprendido varios idiomas, aparte del euskera(1) que era su lengua natal. Pero sus superioras en vez de enviarla a convertir infieles la destinaron a mi internado y eso le causaba bastante frustración. 
¿Cuántas veces te han preguntado si eres feliz, o cuántas veces te lo has preguntado a ti mismo/a? Yo tengo una madre que me lo pregunta bastante a menudo, sobre todo si me ve muchos días seguidos cabreada o con cara de culo, se planta delante de mí, levanta una ceja y me mira directa a las pupilas mientras me espeta -mira, qué pasa, ¿tú no eres feliz o qué?
Luna tuvo una infancia dura. Abandonada a su suerte en un orfanato de monjas desde chiquita, su cuerpo se le quedó menudo, enjuto y encogido por la parca alimentación y la mucha humedad del mediterráneo. 


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