jueves, enero 31, 2008

El inmaduro


Cuenta el escritor y político francés André Malraux, en las páginas de La condición humana, que en cierto viaje al sur de Francia, preguntó a un viejo párroco que era lo que había aprendido acerca de los hombres a lo largo de sus más de cincuenta años de confesionario.

El sacerdote le contestó casi de inmediato:

"Que la gente es menos feliz de lo que creemos(...) y sobre todo que no existe una sola persona que haya crecido del todo"

Esta dificultad de los seres humanos a "crecer" plenamente, a la que se refería el anciano sacerdote, constituye un problema que se conoce como el Síndrome de Peter Pan.

Las aventuras del personaje creado por James Matthew Barrie van a permitir crear el mito de la infancia perenne, el mito de los que se niegan a "crecer", a ser hombres adultos, que se resisten a participar de ese mundo cruel y desesperanzador que hemos construido.

Este "no poder o no querer crecer" de ciertos individuos, va acompañado de su incapacidad para reconocer que tienen problemas y de enfrentarse a ellos. y únicamente parece preocuparles la forma de satisfacer deseos o necesidades.

Son personajes de nuestra fauna humana que tienen dificultades para relacionarse con su entorno, que íntimamente desean permanecer bajo la tutela de sus padres, que no suelen establecer relaciones de pareja y que cuando la forman la convivencia está continuamente amenazada por sus constantes e inútiles caprichos.

No resulta infrecuente que estos personajes se autocalifiquen como "sensibles y románticos" y acierten a disfrazar su desvalimiento con un cierto "encanto" que despierta en muchas mujeres instintos maternales en las que nuestro inmaduro encuentra seguro y cómodo refugio.

Hace unos años, con motivo de la entrega de los Premios Tony de Teatro, una actriz norteamericana comentaba, emocionada, cómo al final de una de las representaciones de Peter Pan, cuando el telón comenzaba a descender, un niño sentado en las primeras filas de butacas, se levantó llorando, mientras exclamaba:

"¡¡ Oh , telón, por favor , no bajes !!"

De igual modo, el inmaduro de nuestros días, desea que no descienda el telón de su infancia. Un telón que le alejará, irremediablemente, de aquellos años maravillosos en los que los cuentos de hada, los ensueños infantiles y la protección de sus padres le defendían de todos sus miedos.

Un telón, en definitiva, que al caer enfrentará al Peter Pan de nuestros días con su miedo a "crecer", con el desvalimiento de su propia inmadurez.

¡¡Ni me menees!!

domingo, enero 27, 2008

Cuando tienes una PDA

Cuando compras (o te regalan) una PDA, no te compras sólo ese pequeño asistente personal que llevarás cerca de ti y te acompañará a todos lados. Te compras un nuevo peldaño frágil y precario de ti mismo. Algo que es tuyo pero no es tu cuerpo y que suplirá varias funciones de tu cerebro. Te compras la necesidad de recargarla cuando la batería se agota, te compras la obsesión de mirarla constantemente, te compras el miedo a perderla, a que te la roben, a que se te caiga al suelo y se rompa. Te compras su marca y la seguridad de que es una marca mejor que las demás, te compras la tendencia a compararla con las otras PDAs. No te compras una PDA, tú eres el comprado y ahora estás vendido.

Vil plagio del mayor cronopio del mundo



Pues sí, me compré una PDA a la que bauticé como lulita. Al principio no le hacía mucho caso, pero poco a poco empezó a llenarse de información y a ser cada día más útil hasta que ganó tanto terreno que pasó a ser imprescindible. Una parte de Lula empezó a residir en lulita, por lo que sin ella ya no estaba completa. Entregué una parte de mí a la tecnología a cambio de una dependencia total de la energía eléctrica.

El lunes pasado me encontraba aporreando asimétricamente(1) el teclado de mi portátil Towando mientras mi otra parte recargaba plácidamente sus baterías. De repente, cesó el suministro eléctrico que me proporciona intermitentemente La Unión Penosa(2) y el portátil quedó en tinieblas(3). Corrí a rescatar a lulita de su lecho recargador y la encontré muerta.

Si fuera como el santo Job hubiera exclamado: "Dios me la dio, Dios me la quitó, ¡Alabado sea el Señor!" Pero, ni soy santa, ni mi mejor virtud es la paciencia, por lo que exclamé: ¡¡¡¡@rr#oinc8ñuñ·@kk#oinc!!!!"(4) refiriéndome al “suministraidor” eléctrico.

Una vez superada la primera punzada del dolor, tomé a la inerte lulita entre mis manos y se la llevé a mi hijo con la esperanza de que fuera capaz de revivirla. Su diagnóstico fue firme y me certificó su muerte cerebral y física. No podía creer que no reaccionase al interruptor de ON, no podía asumir que se hubiera apagado para siempre con todas mis citas médicas, todas las tareas que tenía previsto realizar cuando fuera una mujer con dos manos. No podía perdonarme a mí misma no haberla sincronizado en 15 días.

La dejé en un rincón, entre dos velas, mientras esperaba la respuesta de mi reclamación a la compañía eléctrica. Al caer la noche me aumentó la desazón y me dispuse a escribir un post para descargar tanto dolor. Cuando fui a hacerle una foto en su lecho recargador algo me empujó a enchufarla de nuevo y ¡¡¡Resucitó!!!

Yo pensaba que lulita se había negado a entrar por el túnel de luz y que volvía a la vida porque yo la necesitaba, hasta que mis amigos hardwareros me han echado un jarro de agua fría al decirme que no es un milagro, que eso se llama latchup.

(1) Mi mano derecha aún no se ha recuperado y ahora vivo con una mano y media.
(2) Habría que explicarles que la corriente alterna no es “ahora sí hay luz, ahora no la hay, ahora sí, ahora no…”.
(3) No le pongo la batería para no desgastarla.
(4) Texto encriptado para no herir la sensibilidad de mi querida amiga Pi.

¡¡Ni me menees!!

domingo, enero 20, 2008

Las potencias del alma


Hace unos días tuve la desafortunada ocurrencia de abrir el tomo XXXV del Espasa por la página 541, y pude leer lo siguiente:

Cuéntase de Mitrídates que hablaba veintidós lenguas y recordaba el nombre de todos sus soldados, Séneca retenía millares de palabras sin ilación alguna y las recitaba al instante en orden alfabético, Ben Johnson podía repetir todo cuanto había escrito y mucho de lo que había dicho en su vida y un tal Scaliger logró aprenderse la Iliada y la Odisea en tres semanas y el resto de los poetas griegos en tan sólo tres meses.

Abrumadores alardes de memoria, que al compararlos con mis dificultades para recordar nombres, números telefónicos, fechas de cumpleaños y sobre todo la fecha del aniversario de mi boda, me alarmaron hasta el punto de sentir la necesidad de un urgente autodiagnóstico neuropsiquiátrico.

La evaluación, afortunadamente, no reveló trastorno grave alguno -teniendo en cuenta mi edad geriátrica- pero intranquilo por el tema, busqué un autor, experto en asunto tan complejo como es la memoria, una de aquellas potencias del alma, que junto al entendimiento y voluntad, estudiábamos, siendo niños, en el Catecismo del Padre Ripalda.

Escogí - nadie más autorizado- a Aristóteles y las páginas de su obra más significativa, De memoria et reminiscencia:

La memoria es una facultad la cual, en cuanto espontáneamente pone en la mente lo pasado, recibe el nombre de mnéme o memoria y en cuanto hace esto mismo por medio de la investigación de la razón, se llama anamnesis o reminiscencia.
La imaginación se distingue de la memoria por cuanto ésta última supone la intervención de un sensible común, el tiempo, que nos conduce a una continuidad vivida o a imágenes-copias de experiencias anteriores.

Tras la lectura de esta parrafada filosófica me encontré sensiblemente peor que tras la consulta al Espasa. Y es que percibí, aterrorizado, que la lectura de los altos conceptos aristotélicos, añadía a mis problemas de memoria, algunas dudas sobre mi entendimiento.

Cómo sólo me restaba una de las potencias del alma -la voluntad- y esta parecía, de momento, no presentaba carencias, hice uso de ella: guarde raudo el texto de Aristóteles, cerré, con determinación el voluminoso Espasa y me tomé un comprimido efervescente de un complejo vitamínico-mineral, esperando el milagro.

¡¡Ni me menees!!

martes, enero 15, 2008

El síndrome de Almería II


Aún me faltaban dos años para entrar en la tercera década y ya tenía mi vida encauzada. Había entrado en la fase de crecer y multiplicaros y ya éramos padres de dos hijos y uno en camino. Vivía de alquiler en una bonita y céntrica urbanización con piscina, disfrutaba de mi trabajo, en el que la penuria del salario era suplida por un aprendizaje continuo y por estupendos compañeros (a eso lo llaman salario emocional). No nadaba en la abundancia pero vivía el presente feliz y sin miedo al futuro.

Hasta ese momento los únicos sobresaltos eran las visitas al hospital infantil del Niño Jesús en el que nuestros hijos tenían un abultado historial médico. Pero de repente el Destino nos dio una sorpresa con dos caras: a mi marido le surgió la oportunidad de alcanzar su sueño de trabajar en una presa(1), pero tenía un precio que era Almería. Podía elegir entre la presa de Cuevas de Almanzora(2) o la de Beninar. Este suceso alteró nuestra vida en familia tan tranquila hasta la fecha. Había que tomar una decisión y se tomó: destino Almería.

En verano mi marido se trasladó a Adra, y alquiló un piso. Las vacaciones de verano las pasamos allí. Me volví sola a Madrid, a trabajar, mientras que la familia permanecía en Almería. En noviembre nos reunimos de nuevo en Madrid el día que nació mi hija pequeña.

La baja maternal la pasé en Adra. En ese periodo surgió un trabajo que me venía como anillo al dedo en una entidad Local. Lo conseguí y no sin pena dejé mi trabajo en Madrid. Ya estábamos encadenados laboralmente en Almería.

Lo recuerdo como una jaula de oro. El clima de la zona, salvo el viento de poniente, era magnifico, nunca llovía y solo había dos meses un poco fríos. La vida era muy tranquila y fácil. Los niños mayores iban a una guardería preciosa al lado del mar. La pequeña me la cuidaba una persona estupenda mientras yo trabajaba por las mañanas. Salíamos todos los días a tomar cañas, las tapas eran antológicas, como las de Granada. Formábamos la colonia "de la presa", todos eran del gremio de la construcción. Solo ampliamos el círculo de amistades con los padres de unos amigos de nuestros hijos que eran de Huelva y que estaban dando clase en el Instituto.

Trabajaba directamente para un político, el vicepresidente de la entidad. Era más joven que yo pero tenía más conchas que un galápago. Eran los tiempos en que se estaban creando las condiciones que desembocarían en sucesos como el Caso Juan Guerra. Pude ver en barrera a los políticos que había votado en el 82 para darle la razón a un amigo mío que me llamaba portuguesa (a Felipe de habían votado los españoles ilusos).

Echaba de menos Madrid, su agua, sus churros y su anonimato. En Adra vivía como en un escaparate. No podía hacer nada sin estar en boca de todos. Un día que fuimos un grupo de amigas a un Pub a ver la película Oficial y caballero en la que salía Richard Gere sin canas, nos pusimos a charlar y nos dieron las cinco de la mañana. Al día siguiente todo el mundo estaba cuchicheando y el marido de una de las contertulias estaba molesto por el qué dirán. Me mudé a Aguadulce, pero fue peor porque allí estaba muy sola.

Añoraba a mis antiguos compañeros, y mi trabajo de I+D. Empezaba a estar harta de las mentiras del político que justificaba diciendo que "una cosa es la voluntad política y otra la realidad". Mi marido empezó a aburrirse del trabajo en la presa y empezamos a hablar de volver a Madrid y a buscar trabajo allí. Esta vez Almería se portó bien y nos dejó volver a la capital.

El 1 de junio de 1986 comenzamos una nueva vida laboral en Madrid, yo en la privada y él en la pública.

Post relacionados:
El síndrome de Almeria
Historias de una casa


(1) Es ingeniero de Caminos de la rama de hidráulica.
(2) Donde me curaron la fractura de Colles

¡¡Ni me menees!!

viernes, enero 11, 2008

El perezoso


Una de las muchas aportaciones de la cultura judeo-cristiana será calificar a la pereza, como vicio, más concretamente de "pecado capital". Durante siglos se asegurará que la pereza es "la madre de todos los vicios" y se propugnará como remedio: "contra pereza diligencia".

Pese a ello, ignorando anatemas y remedios, los perezosos comenzaron a proliferar de tal suerte que hubo necesidad de clasificarlos. Una de las más simples diferenciaciones establecía dos amplios grupos: a los que llenaban de contenido su ocio se les denominó perezosos listos a los que no perezosos tontos. No es preciso aclarar que estos últimos, son, desde entonces, el grupo más numeroso.

El perezoso listo

Del grupo de perezosos listos existen curiosos ejemplos. Uno de ellos -luego le pondremos apellido- era un chico inteligente, tan fácilmente predispuesto a la evasión, que podía, en cualquier momento iniciar, desde el "puerto" de su pupitre escolar, un fantástico viaje, en busca de esos maravillosos tesoros que están esperando a los adolescentes en la rada de cualquier isla de un mar cualquiera.

Un buen día su maestro cansado de su habitual pereza, le castigó a escribir una redacción sobre el tema: ¿Qué es la pereza?.

A la mañana siguiente, antes de iniciarse la clase, el maestro le preguntó: Robert, ¿Cuántas páginas te ha ocupado la redacción?. Tres, exclamó sonriendo nuestro particular perezoso. Lleno de satisfacción el profesor toma el cuaderno y contempla con asombro lo siguiente: en la primera página solamente había escrito la palabra: ESTO; en la segunda: ES y en la tercera página: PEREZA .

Este especial alumno que años más tarde, corregida su adolescente pereza, escribiría páginas de gloria para la Microbiología, se llamaba: Robert Koch.

Robert era, no cabe duda, un perfecto perezoso para lo rutinario, pero no para lo vocacional. Era en suma el prototipo del "perezoso listo"

El perezoso tonto

Desgraciadamente lo que más abunda entre nuestra fauna humana son los perezosos tontos. Es fácil encontrarlos en los más diversos lugares: el taller, la oficina, el bar de la esquina, subido al andamio, etc.

En un primer momento, el perezoso tonto camufla su condición con un calificativo que no le disgusta del todo: listillo.

Es un personaje que en un primer momento llega a caer simpático. Su especialidad es tratar de "escurrir el bulto". Y lo hace utilizando unos argumentos que en nuestro país tienen una larga tradición: ¡¡ a mí me engañaran en el sueldo, pero no en el trabajo!!.

Es fácil reconocerlo. Suele ponerse enfermo en el momento oportuno - balance de fin de año, situaciones de acúmulo de trabajo, aumento de enfermería, etc.-, y cuando se le encarga una determinada gestión suele utilizar una expresión que le caracteriza y que ayuda a identificarle:

¿Por qué precisamente lo tengo que hacer yo?

Si queréis ver a uno de estos ejemplares en plena acción (es un decir) acercaros a la ventanilla de cualquier oficina, pero sobre todo en las de la Administración Pública. Con un poco de suerte podréis observarle en su habitual y patológica lentitud de movimientos, en su minucioso examen del "anverso y reversos de los papeles dispersos" -como diría Gerardo Diego-, en la ausencia del menor gesto de interés por su trabajo.

Cuando creáis—la esperanza es lo último que se pierde—que está próxima la solución de vuestro asunto, el perezoso tonto, mascullando una inaudible excusa, coloca el cartel de "fuera de servicio" y desaparece. Al cabo de un buen rato y sin acusar el menor gesto de preocupación reaparece en la . Es, en cierta forma, la versión moderna del protagonista del "vuelva Ud. mañana" de nuestro inolvidable Mariano José de Larra.

Solo es posible verle abandonando su habitual pereza, minutos antes de que finalice la jornada laboral. Tras haber realizado una prolongada visita a los servicios, sitúa sus pertenencias al alcance de la mano, tensa los músculos y espera el "pistoletazo de salida". Cuando el reloj avisa, nuestro personaje se lanza a la puerta batiendo records de velocidad y atropellando al que se le cruza.

La vida laboral del perezoso tonto es muy corta. Muy pronto sus bromas van dejando de hacer gracia, su habilidad para descargar sus obligaciones en el compañero más generoso se agota y acaba "conociéndole" hasta la señora de la limpieza.

¡¡Ni me menees!!

miércoles, enero 09, 2008

La rata


La rata salió a mi encuentro de forma inesperada por tercera vez en mi vida laboral. He vuelto a sentir su inquietante presencia en mi camino con esas facciones que se asemejan más a las ratas de alcantarilla (Rattus norvegicus), de afilado hocico, minúsculos ojos y un pelaje gris marrón que a la persona humana que pretende ser. Como comenta Flora Davis en su libro la comunicación no verbal, el antropólogo Ray L. Birdwhistell sostiene la teoría de que las personas adquieren su aspecto físico por sus actos y yo doy fe de ello (1).

La primera vez que la rata se interpuso en mi camino fue tomando la identidad de rata ratera. Me fusiló literalmente un capítulo de un libro que estaba escribiendo y lo adaptó al medio ppt. Lo hizo tan ladinamente que quedaba yo como plagiadora ya que mi libro estaba en proceso de escritura y ella lo hizo público en una reunión externa sin, por supuesto, citar la fuente. Aunque me indignó su acción no quise montar ningún escándalo, tan solo me aparté de su camino.

La segunda aparición fue como rata arpía, es decir, adoptando el comportamiento de esos empleados que quieren un trabajo y no saben el de quién (2). Debería sentir deseo de roer mis actividades y le presentó a mi jefe un PowerPoint que me habían encargado a mí. Mi director me convocó a una reunión con la rata diciéndome "Mira lo que ha hecho esta persona TAN TRABAJADORA en sus ratos libres mientras tu sigues dándole vueltas al asunto…". Conociendo la debilidad del maldito roedor con el cut&paste, sembré la duda de las fuentes en que había bebido ese trabajo. Germinó la inquietud en el director y la rata desapareció de mi camino de nuevo.

Pero no hay dos sin tres, y ahora ataca de nuevo con el método del arpiaje. Tenemos nuevo director y la rata quiere salir de la alcantarilla, por eso se pasa el día en los despachos de la zona ejecutiva, por el mismo motivo, sin que nadie se lo pida, ha presentado el trabajo que tenía yo encomendado. Es patético porque su propuesta es gris rata y no aporta ningún valor, pero ha causado muy buena impresión al jefe como persona proactiva. Esta vez no sé si se saldrá con la suya, pero preventivamente es rata congelada, aunque me ha dado mucha aprensión meterla en mi congelador.

Podrían decir los lectores que soy un poco paranoica y que más que rata es una persona colaboradora que pretende ayudar a otros en su trabajo, pero lo que no saben es que si se le pide el dato más insignificante no lo proporcionará, que en su despacho se han producido tensas escenas con otros afectados por sus maniobras y que no tiene amigos. Tan solo los jefes aprovechan sus cualidades rateras para crear competitividad haciendo que la tensión en el equipo de trabajo no decaiga, pero como en Roma, no pagan a traidores, y la rata sigue sin ser promocionada.

No sé que karma arrastro para merecer que me castiguen con la presencia de este inmundo ser de las alcantarillas, pero lo que sí tengo claro es que no me resigno a trabajar con ratas y que le pondré remedio, no por miedo sino por profilaxis.


(1) La sabiduría popular dice que la cara es el espejo del alma.
(2) Frase tomada de mi querida Arpía: "es de esas mujeres que quieren un marido pero no saben el de quién".

¡¡Ni me menees!!

sábado, enero 05, 2008

El animal político


Al contrario de lo que ocurría en la Grecia clásica, a los políticos de nuestros días no se les elige desde su niñez, ni se les forma en instituciones especiales, ni tienen como libros de texto las obras del tamdem filosófico formado por Platón y Aristóteles.

Nuestros políticos, en la mayoría de los casos, surgen por generación espontánea. Un buen día, casi siempre en víspera de acceder a la Universidad, y sin que se haya evidenciado trastorno psíquico alguno, el joven se planta delante de sus padres y solemnemente les anuncia: Mamá, papá, quiero ser político.

Recuperados de la sorpresa, los padres aconsejan a su querido retoño que, si esa es su auténtica vocación, sería aconsejable matricularse en Políticas, Derecho o Económicas. Hay que hacer la salvedad que también se puede llegar a altos puestos de la política nacional desde el honrado oficio de electricista o fontanero (pero son la excepción).

Con el independencia del camino elegido es obligado estudiarse o al menos leerse muy detenidamente la Constitución Española y si se aspira a líder, debe estudiar, de esta relación las obras, las que más se acerquen a su particular ideología:

El Príncipe de Maquiavelo; Los Tratados de Locke; El espíritu de las leyes de Montesquieu; las Reelecciones de Francisco de Vitoria; la Filosofía del Derecho de Hegel; el Catecismo de Bakunin y el Manifiesto de Marx.

Para los "periféricos" es imprescindible conocer la obra de Sabino Arana, los textos de Castelao y los de Ausiás March.

El paso siguiente es identificarse -aunque siempre hay tiempo de rectificar -con alguna de estas opiniones políticas:

Yo no sé si soy un estadista. Lo que es cierto es que, de la política lo que más me interesa es mandar. Manuel Azaña

El político es aquel hombre que está dispuesto a sacrificarse por la patria...siempre que ello redunde en beneficio propio. Gil de Escalante

Del grado de éxito que acompañe a su actividad política dependerá su llegada al Parlamento y su ubicación dentro de él: sentarse en el banco azul, en las primeras filas o en los escaños que acogen al numeroso "coro".

Mientras los primeros tienen un papel protagonista en la actividad parlamentaria y aparecen a diario en los medios de comunicación, el masivo "coro" vive, a lo largo de la legislatura, en el más absoluto anonimato, y su cometido se limita, en la práctica, a asentir de forma " unánime y entusiasta" a lo que diga su grupo y discrepar "ostentóreamente" de cualquier intervención del grupo rival.

Una de las más peligrosas tentaciones que amenazan a nuestros políticos -aparte de la corrupción- es la ambición de poder. "En política quien dice vocación dice ambición", declaraba hace muchísimos años el Conde de Romanones.

Otro problema que planea sobre la trayectoria política de cualquier líder es el incumplimiento de las promesas electorales. Alguien ha dicho, tan sincera como cínicamente, que "las promesas electorales están hechas para no cumplirse". Por ello nuestros políticos deberían tomar del ejemplo de Richard Nixon, cuando en julio de 1969, en el mensaje a los astronautas que habían llegado a la Luna afirmaba con evidente orgullo:

Durante años los políticos han prometido la "luna" y yo soy el primero capaz de entregarla".

En un terreno más frívolo, este singular representante de nuestra fauna humana precisará, para el buen desarrollo de su labor, ponerse en manos de un "estilista" que estudie mejorar su "imagen": su corte de pelo, su forma de vestir, etc.,etc.

Se verá también obligado a gozar de una buena dicción, saber sonreír en el momento oportuno, inclinarse con naturalidad a besar a los niños y, sobre todo, dominar el arte de provocar, mediante la oportuna pausa, el encendido aplauso.

Tras estas reflexiones uno llega a la conclusión que dedicarse a la política no es tarea fácil ni cómoda. Por ello no extraña que el general Franco recomendase a cierto personaje:

Usted haga como yo, no se meta en política

¡¡Ni me menees!!

martes, enero 01, 2008

El talento


El 2007 lo inicié escribiendo un post titulado El blog como religión que estaba inspirado en la reflexión de Andrés sobre Blogs ¿Herramienta o religión?. Este año quiero continuar con la tradición siguiendo de nuevo los pasos de Andrés en Talentotontería o Matrix, de Julen en una de sus estupendas ideas radicales: Libera talento no lo retengas y de Telémaco en Piedras autodeslizantes. ¡Va por ustedes maestros!

Escuché la palabra talento por primera vez en el internado por boca de Sor Marcelina. Tenía pocos años, seis, y mucha curiosidad, energía, carácter, ganas de jugar, de hacer y decir lo que me daba la gana. Era el anti-prototipo de niña para las monjas, no tenía modales ni era dócil. Cosechaba toda serie de castigos y bofetones pero seguí firme en mi determinación de no dejarme moldear por las hermanas.

Sor Marcelina enseñaba matemáticas y tenía su propio método para incentivar el aprendizaje: a las alumnas que no sabían resolver los problemas les golpeaba la cabeza contra la pizarra. El método no era muy eficaz a pesar de que una grieta dividía la pizarra en dos a fuerza de aplicarlo. Afortunadamente me libré de ese castigo pero no del influjo de esta hermana. Al contrario que las otras monjas, valoraba el talento sobre la docilidad. No sé que vio en mí pero me tomó bajo su tutela para que el talento que según ella me había dado Dios no lo desperdiciase. Solo ella consiguió, sin que mediara ningún tipo de castigo, debilitar mi defensa ante mis educadoras y sembrar la duda sobre lo correcto de mi comportamiento. Aún hoy siento su influencia.

Me solía amenazar con el castigo divino por malgastar mis dones. Me repetía hasta la saciedad la parábola de los talentos ( Mateo 25, 14-30). Me decía que Dios me había dado mucho talento y que me pediría cuentas si no los desarrollaba. Me vigilaba y me reprochaba mi tendencia en hacer lo que me daba la gana mientras el sentimiento de culpa iba haciendo mella en mí. A ella le debo la sensación constante de que hago menos de lo que debería hacer.

Con el paso del tiempo le tuve que dar la razón a Sor Marcelina y empecé a valorar la importancia de no perder el tiempo y desarrollar los puntos fuertes. La vida parecía que también le daba la razón a la monja y en el entorno laboral al que me incorporé se valoraba el ingenio, los conocimientos, el espíritu crítico, el trabajo bien hecho, el rigor y hasta saber decir “NO”, el talento por encima de la docilidad. Por primera vez en la vida entendía el modelo del desarrollo personal como satisfacción personal y como medio de ganarse la vida e incluso el cielo. Pero este modelo se empezó a resquebrajar con la burbuja de Internet.

De repente cambiaron los valores y triunfaron los charlatanes y su coro de aduladores sobre el talento puro. Todos los proyectos eran descabellados y empezó a ser más importante la forma que el fondo. El bronceado, la gomina, el traje a medida y el habla gangosa triunfó frente al desaliño propio de los techies. La edad empezó a ser un handicap y los despachos ejecutivos se poblaron de niñatos jefes. El talento primero se despreció y para más tarde ser pisoteado a placer por seres ciegos de ambición y faltos de luces.

Estamos en la situación que describe Pino Aprile, en un mundo de imbéciles para los imbéciles, sin esperanza para el talento. Si Sor Marcelina levantara la cabeza no daría crédito a lo que ve y seguramente se arrepentiría de haberme llenado la cabeza de pájaros. El que lo tiene más complicado es Dios, ¿cómo va a juzgar si hemos desarrollado adecuadamente el talento que nos dio?

Sección-reflexiones

¡¡Ni me menees!!

domingo, diciembre 30, 2007

El censor


Si velar por "la moralidad y las buenas costumbres" era el objetivo de los censores de la Grecia de los filósofos y la Roma de los césares, a partir del siglo XV la censura va a extenderse en toda Europa hacia un medio de comunicación que comienza a tener desde el descubrimiento de Gutenberg una gran difusión: el libro.

Los nuevos censores aunque ya no tendrá la personalidad de un Aristófanes o de un Catón el Censor, -salvo contadas excepciones de las que más adelante nos ocuparemos- si conservarán la adustez e inflexibilidad de aquellos.

Y es que curiosamente y como una constante a lo largo de la historia, los censores serán, generalmente, personajes grises, funcionarios "funestos y nefastos", que por adular a la autoridad civil o religiosa, a la que sirven, "mirarán" a los autores de libros como personajes potencialmente peligrosos y analizarán inquisitorialmente el contenido de cada página.

Entre las excepciones a este tradicional perfil del censor queremos recordar a dos ilustres escritores que entre nosotros han ejercido la censura :

Gustavo Adolfo Bécquer y Camilo José Cela.

Si el popular poeta romántico ejerció, por motivos económicos, la censura de novelas a lo largo del período que va de 1865 a 1868, nuestro Premio Nobel lo hizo en los años posteriores a la finalización de nuestra guerra civil. Forzado, como Bécquer, por razones de simple subsistencia, Cela trabajó durante los años 1943 y 1944, censurando Revistas literarias, en la Sección de Información y Censura.

Salvando las ocasiones en las que la censura está justificada en aras de unos mínimos principios de respeto y de defensa de los menores, el censor o el hilo más o menos invisible que mueve su pluma, busca en definitiva silenciar pensamiento, opinión, expresión artística.

Víctimas, en su día, de la censura fueron autores y obras que hoy nos parecen tan "inofensivas" como: Por quien doblan las campanas de Hemingway, Dublinés de James Joyce, Sonata a Kreutzer de León Tolstoi, o Santuario y Las palmeras salvajes de William Faulkner, por hablar sólo de los foráneos.

A lo largo de los años al libro comienzan a sumársele nuevas modos de creación -teatro de vanguardia, cinematógrafo de arte y ensayo, videos, internet, etc.,etc. Y el censor tiene que añadir a los clásicos "útiles" inicialmente usados por los censores -pluma o sucedáneo- algunos tan sencillos como la tijera, la aguja y la cinta métrica, y otros no tan domésticos y más electrónicos. Si la pluma servirá para tachar textos o modificar diálogos cinematográficos que en la mayoría de los casos harán totalmente incomprensibles ciertas escenas -recuérdese Mogambo- la tijera servirá para recortar metros y metros de película, que contribuían a incrementar los esfuerzos de los espectadores para comprender el argumento.

Y en algunos casos con la cinta métrica en la mano el infatigable censor se subirá a los escenarios para con riguroso celo profesional medir la distancia que media entre el suelo y el borde inferior de la falda de la actriz. A alargarlas -mediante el oportuno suplement- y a cerrar los excesivos escotes de las exuberantes actrices, estarán reservadas hilo y aguja.

Desbordando lo anecdótico, la triste realidad es que los "poderes" por muy democráticos que sean se resisten a perder un elemento de control tan eficaz como es la censura. Por ello no extraña que cuando los intereses partidistas o electorales están en juego sientan la tentación de utilizarla. La única diferencia con los países autoritarios o dictatoriales -China, Cuba, Corea del Norte, Birmania, etc.- consistirá en la forma más sutil de ejercerla.

Son tristes realidades que nos advierten, en definitiva, que Catón el Censor no ha "muerto".

¡¡Ni me menees!!

miércoles, diciembre 26, 2007

La vida con una mano


Llevo la recuperación de la fractura de Colles de mi muñeca derecha como una condena. Al lastre de la escayola que actúa como el grillete que me priva de mi libertad, hay que añadir las reflexiones que se me han ido acumulando entre tanta frustración e incapacidad.

Con una sola mano no puedes ni conducir, ni cocinar, ni comprar con la tarjeta, ni efectuar ninguna operación que precise firma, ni realizar las tareas del hogar, ni comer carne, ni mariscos(1), ni siquiera anudarte los zapatos o pintarte una raya en el párpado. En estas fechas Navideñas en las que hay que atender a tantas actividades estar incapacitada es frustrante.

La Nochebuena, sentada en un sofá con la mano derecha descansando en un cojín veía reflejada en un espejo una escena familiar en la cocina. Perfectamente organizados y relajados, todos los miembros de la familia, estaban haciendo lo que suelo hacer yo generalmente con prisas y derrochando estrés. En ese momento fui consciente de que estoy de más, que están mejor sin mí.

Es una satisfacción verles tan autónomos pero me escuece un poco ser tan prescindible. Hace seis años me pasó lo mismo en la vida laboral y ahora tomo conciencia de lo familiar. Creo que me podría ir a comprar jamón de York y no se darían cuenta de mi ausencia. No somos nadie. Tal vez sea mejor así.

(1) Me han contado el caso de un alcalde de Cádiz que era manco pero les ganaba a los que tenían dos manos pelando las gambas.

¡¡Ni me menees!!

sábado, diciembre 22, 2007

El consumista navideño



Vivimos, valga la obviedad, en una sociedad claramente basada en el consumo. Un consumo que tradicionalmente distinguía entre necesidades básicas -alimentos, vestido y vivienda- y necesidades secundarias, casi siempre inalcanzables para la mayoría.

Superada, afortunadamente, hoy día, la lucha por satisfacer las necesidades básicas, -que sólo recordamos viendo llegar los cayucos a nuestras costas, con su carga de miseria-, nuestro consumo se dirige, prácticamente, a necesidades secundarias.

Por ello cuando hoy hablamos de consumismo nos estamos refiriendo a necesidades más que secundarias, auténticamente superfluas: segundas viviendas, lujosos automóviles, prendas de "marca", costosísimos y sofisticados aparatos informáticos, audio, televisión, etc., etc.

Unas necesidades que obedecen más a impulsos emocionales que racionales. Y así las emociones y los sentimientos que afloran especialmente de estos días son "oportunamente" estimulados por la enorme carga de publicidad que se nos lanza desde los distintos medios y que van orientadas a convertir lo superfluo en necesario.

La inminencia de las fiestas navideñas dispara este consumo a que nos venimos refiriendo, convirtiéndolo en el compra por exceso, o lo que es igual, en la compra compulsiva. Durante las pasadas Navidades los medios informaban que sólo en una semana la sociedad norteamericana adquirió productos navideños y regalos por un importe de 28 000 millones de dólares y en España, el diario ABC calculaba en veintitrés millones las personas que habían visitado en una semana uno de los grandes centros comerciales.

El consumista tiene un curioso repertorio de lemas, con los que intenta justificar su compra compulsiva, entre los que destacan: "un día es un día"; "mañana Dios dirá", "estamos en Navidades" o "cuanto más consumo más feliz soy".

Impulsados por este bendito optimismo la gran mayoría de los representantes de la fauna humana de nuestros días se lanzan estos días, tarjeta de crédito en mano, a gastarse no la paga extraordinaria de Navidad -que ya la han gastado anticipadamente en matriculas y libros de la prole-, sino a construir una cuesta que antes se llamaba "de Enero" pero que en nuestros días puede prolongarse hasta muy avanzada la primavera.

La minoría partidaria de un consumo responsable, sostiene que los consumistas son personas inmaduras fácilmente manejables por la publicidad y que, en definitiva, el consumismo no es equivalente a felicidad.

A este grupo van dirigidas las palabras de José Luis López Aranguren:

Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas(...)el consumo es la forma actual del summun bonum. Pero el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y por tanto no es feliz

La Psiquiatría va más allá e incluye a lo partidarios de esta compra compulsiva en el grupo de Trastornos del control de los impulsos no especificados.

Pero no todo van a ser críticas a los numerosos representantes de la fauna humana que se lanzan, estos días, al asalto de los grandes almacenes. Con esta definición, cargada de buen humor, trata el periodista Luis Ignacio Parada de salir en defensa del consumismo y de los "maltratados" consumistas:

La palabra consumismo es un invento de cuatro envidiosos que no tienen ni el dinero, ni gusto, ni alegría para vivir la vida y dedican su tiempo a amargárnosla a los demás

Si usted, querido lector me lo permite y dentro del ambiente festivo de la Navidad le traslado este chiste que encontré hace pocos días, en una página de humor: Hablaba el presidente del país a su empobrecido pueblo:

-¡Querido pueblo! ¡Este año podemos decir que con nuestro gobierno entramos en una etapa de fuerte consumismo!
El pueblo indignado comenzó a gritar:
-¡Mentiroso!¡ ¡No hay comida, ni dinero, ni nada! ¿De qué consumismo hablas?
-Perdón, no me entendieron, lo que quiero decir es que van a estar con su mismo automóvil, con su mismo trabajo, con su mismo salario...

Entre compra y compra, mientras bajamos por la escalera mecánica de alguno de los grandes almacenes, sería bueno reflexionar sobre el genuino significado de estas fiestas navideñas: el nacimiento de Jesús para los católicos, su mensaje de Paz para todos.

Feliz Navidad

Hay que recuperar la creatividad a la hora de celebrar la Navidad, una creatividad que nos ayude a no pasar las fiestas navideñas persiguiendo los inalcanzables sueños que proponen los anuncios

Ecologistas en Acción

¡¡Ni me menees!!

miércoles, diciembre 19, 2007

Los traperos


Hace muchos años el trapero era un típico personaje del amanecer de las grandes ciudades. Cada mañana a las primeras luces del alba iniciaba desde el suburbio su lento camino hacia la dormida ciudad. Con su destartalado carro, tirado un desvencijado asno y acompañado de un famélico perro, que ataba a la trasera del carro, recorría las calles en busca de un modesto cargamento de trapos, cacharros viejos, chatarra, basura, etc. que le permitieran sobrevivir.

Son personajes que llenaron de contenido social muchos títulos de nuestra mejor novela costumbrista. Gracias a ello siempre que deseemos recordar a estos sencillos representantes de la fauna humana, podemos encontrarlos refugiados en las páginas de esa bella trilogía de Pío Baroja que forman: Mala Hierba, Aurora Roja y La Busca.

O hallarlos escondidos entre las “flores del mal” de Charles Baudelaire . A él debemos esta poética semblanza de nuestro personaje:

"A menudo, y a luz roja del farolillo cuya llama y cristal azota y golpea el viento en pleno barrio arrabalero-- laberinto fangoso donde la gente vibra con fermentos tormentosos--, suele pasar un trapero, la cabeza gacha, tropezando y chocando con las paredes, como un poeta, no se preocupa de las rondas de policía, súbditos suyos son, y va volcando su corazón el proyectos grandiosos..."

( El vino de los traperos, París , 1857)

Cuando parecía que estos representantes de la fauna humana estaban en francas vías de extinción y no les quedaba, para intentar sobrevivir, ni la esperanza de contar con la prerrogativa de “especie protegida”, han surgido nuevas especies de trapero.

Unos modernos traperos que han abandonando el cliché de la novela costumbrista y no corren tras la búsqueda de los paraísos artificiales de Baudelaire

Simplemente han cambiado el carro por el camión o la furgoneta y al atardecer, recorren las calles más comerciales buscando en las horas de cierre de empresas y oficinas los cajones de cartón llenos de recortes de papel.

Afortunadamente muchos de estos modernos traperos han encontrado la forma de apoyarse de la labor social que desarrollan grupos como Los traperos de Emaús. Una organización que nació en Francia en los años que siguieron a la II Guerra Mundial y que buscaba luchar contra la dramática situación de “un grupo de marginados que recorrían un largo camino de lucha contra la miseria”.

Importada a España en 1972 por un grupo de entusiastas promotores, realiza, desde su sede en Navarra una gran tarea para que los modernos traperos encuentren en la recogida y reciclado de muebles, chatarra, ropa libros, etc. la forma de “ganarse el pan con dignidad “

Pero también a lo largo de los siglos XIX y XX han existido otro tipo de trapero, Un ilustre personaje como el gran fisiólogo del Collége de France, François Magendie (1783-1855) se autocalificaba de trapero de los hechos:

"Cada cual se compara, en su respectiva esfera, con algún personaje más o menos grandioso, como Arquímedes, Galileo, Miguel Angel, Newton, Descartes, etc. Luis XIV, por ejemplo, se comparaba, nada menos, que con el Sol.

Yo soy más humilde. Me gusta compararme con un trapero. Con mi gancho en la mano , mi saco al hombro, recorro el dominio de la ciencia y voy recogiendo lo que me encuentro"

Recogiendo todo lo que encontraba, se convertiría en la máxima figura de la ciencia médica de su época. Y aportará al desarrollo de la Fisiología importantes descubrimientos acerca de los procesos de la digestión, nutrición, fonación, y la fisiología del sistema nervioso.

En 1855, nuestro genial “trapero” entregará el testigo a su discípulo predilecto el gran Claude Bernard. Será como su maestro, un metódico observador de los hechos, otro genial “trapero de los hechos” que proseguirá la búsqueda de los datos que le permitan "expulsar de la Fisiología los fantasmas que la agobian..."

¡¡Ni me menees!!

viernes, diciembre 14, 2007

El síndrome de Almería


Dedicado al mago Zifnab que se ha evaporado sin que me de tiempo a contarle el influjo de Almería en mi vida.

Pensaba escribir cronológicamente la influencia de Almería en mi Destino comenzando por el post historia de una casa (una de amor), pero un suceso ocurrido recientemente le ha dado la vuelta a mi intención como a un calcetín. Empezaré por el final y bucearé en las raíces de mi extraño síndrome de Almería.

El pasado puente de la Constitución me llevó de nuevo a Almería a participar en un torneo de golf. Era un buen paréntesis en mi agitada vida de triple play como estudiante, profesora y trabajadora. Me merecía un descanso pero no un giro total hacia el cero play.

Todo ocurrió el día de La Inmaculada, día 8. En el hoyo 2 me resbalé y al poner la mano para amortiguar el golpe, me lesioné. Mi mano derecha quedó extrañamente unida a mi brazo y acudió solidariamente en su ayuda mi mano izquierda para sustentar esta unión. Me llevaron en buggy a la casa club y desde allí una ambulancia me condujo al ambulatorio del pueblo más cercano, Vera. Con el diagnóstico de fractura de Colles me trasladaron al hospital de La Inmaculada(1), en Huercal-Overa.

Me atendieron bastante rápido y bien. El traumatólogo de guardia me inspiró mucha confianza. Me pusieron anestesia local y me redujeron la fractura como si jugaran al tug of war con mi brazo, a un lado dos ATS, al otro, el traumatólogo. Quedó el juego en empate, el hueso en su sitio y mi brazo envuelto en blanco yeso. Al dar las gracias al médico de guardia por una atención tan eficaz, me refunfuño que habría sido más rápida si funcionase la informática como Dios manda. Me fijé que llevaba una chapita prendida en la bata que decía: "por unas urgencias dignas". Callé mi condición de informática, lamenté que a veces la tecnología sea más una barrera que una ayuda.

Almería me ha dejado esta vez con una sola mano para afrontar mis quehaceres. Con la baja laboral alguna amenaza se cierne en mis futuras actividades y no sé las consecuencias que puede acarrearme. Mis alumnos se quedan huérfanos de tutorías y a mi faceta de estudiante le faltan dedos para finalizar el trabajo de Doctorado.

Tendré que adaptarme, ¡qué remedio! Pero a Dios pongo por testigo que no volveré a Almería para ser dueña de mi Destino.

Continuara la historia hacia atrás...


(1) Curiosa coincidencia de nombres.

¡¡Ni me menees!!

lunes, diciembre 10, 2007

La mujer en el epicentro

Hace algunos años recorría las tertulias de Madrid un chiste que, poco más o menos, decía:

<<Nos llegan noticias de un posible movimiento sísmico en ese municipio. Localice epicentro.

El alcalde, a las pocas horas, contestaba:

Epicentro y veinte secuaces más detenidos.>>

Al igual que en el pequeño pueblo del chiste, cuando en esa institución que desde los tiempos del Imperio Romano se conoce como familia, se produce el desencuentro de la pareja -o lo que los terapeutas de familia denominan "crisis familiar de carácter centrífugo"- el conflicto marital se convierte en una especie de movimiento sísmico.

Un seísmo en el que la mujer, desgraciadamente, suele encontrarse en pleno epicentro y el grupo de secuaces lo forman los componentes del entorno familiar y social más próximo.

La primera evidencia el día después del seísmo es que en el hasta entonces hogar familiar se va a producir un significativo cambio: un cuerpo en la cama de menos y un cuerpo de más en el armario.

Tras el desconcierto del primer movimiento, comienzan a aflorar sentimientos entremezclados de despecho, traición, desprecio, celos, odio, deseos de venganza, etc., y las distintas réplicas sísmicas van dejando la evidencia de distintas pérdidas entre las que destacan las afectivas y las económicas.

Poco a poco se trata de superar el duelo debido a la ruptura y rehacer la convivencia con hijos y familia, Algunas veces, las menos, mientras se tramita la separación se pone fin al desacuerdo y otras, las más, se busca con premura una nueva relación sentimental con la que vengarse del "otro".

Pues bien, contra lo que pudiera pensarse, no son los profesionales de la psiquiatría, ni los psicólogos, ni tan siquiera los terapeutas familiares quienes más han profundizado en la dinámica de estos conflictos de pareja. Los que más han contribuido a su estudio son los creadores de esos relatos llamados cuentos, que la mayoría de las veces tienen una lectura adulta y que, paradójicamente, sólo leen los niños.

Si lo dudan, les citaré tres ejemplos. Los que nos ofrecen los protagonistas de tres famosos y conocidos cuentos: Peter Pan, Cenicienta y la Bella Durmiente.

En demasiadas ocasiones, y durante mucho tiempo, la mujer, como Peter Pan, se ha resistido a crecer, a bajar el telón de su niñez, otras veces ha elegido, como Cenicienta, instalarse en la cómoda dependencia, esperar que el hombre encuentre su zapato de cristal o, siguiendo el ejemplo de la Bella Durmiente, no ha encontrado otra forma de afrontar la crisis sino quedándose "dormida", paralizándose ante el conflicto, esperando que la solución llegue de la mano, o mejor dicho, del beso de amor de un nuevo "príncipe azul".

Por el contrario, la actitud de la mujer de hoy frente a estos tres ejemplos debe consistir en no resistirse a crecer, ni encerrarse en el interior de su "cocina", ni sumergirse en un sueño secular esperando que un mañana, más o menos lejano, le traiga, como el hada madrina, la respuesta a su problema.

La mujer de hoy debe enfrentarse con valentía al entorno familiar y social que la rodea, y atreverse a romper con la dependencia que tradicional e injustamente le ha "atado" al padre, a su pareja y, muchas veces, a los hijos.

Ello comporta salir al exterior de su miedo, romper el escudo consciente o inconsciente de la angustia que la paraliza y enfrentarse en la acera de cualquier calle, a las inconveniencias de los que se suponía amigos, a la sonrisa compasiva o irónica de muchos, a la incomprensión o al anatema de quienes viven instalados en el prejuicio de y de espaldas a su tiempo.

La mujer de hoy debe, en definitiva, saber superar soledades, desesperanzas y desamparos.

¡¡Ni me menees!!

martes, diciembre 04, 2007

Red Babel


Hace casi un año hablaba de que las partes síncronas no son buenas. Siempre termino exhausta en estas fechas después de compaginar durante dos meses las clases de la Universidad con mi trabajo. Cuando el día no te deja un resquicio para nada que no sea una obligación es cuando cualquier imprevisto es una dulce tentación en la que se cae irremisiblemente como una mosca en el panal de rica miel.

El jueves me encontré un e-mail de César Peña que me invitaba a participar el sábado por la mañana en el programa de Red Babel de Radio 3 sobre blogs hechos por mujeres. Mi curiosidad que está por encima de todo(1), no me permitió dudar ni un instante y acepté la invitación. La obligación de la compra semanal en el mercado de Ventas se quedó desdibujada hasta diluirse como un azucarillo en un vaso de agua.

Los pecados de omisión de las obligaciones en vez de castigo traen una sorpresa como un huevo Kinder(2). En lugar de esperar pacientemente en la pescadería me encontraba en un estudio de radio con Juan Pablo Silvestre, dos blogueras de cine, la mala y la buena de la película, hermanas no sé si de píxel o de dixel, y Víctor Domingo, presidente de La Asociación de Internautas. Desde la sede de RNE de Sevilla estaba Kara de Mujerestics y desde Barcelona Gina Tonic. Al teléfono La abuelita bloguera y la Srta. Cyborg.

Cuando vi el funcionamiento de la radio se me rompieron los esquemas y en mi cara se dibujó la sorpresa. Pensaba que en un programa de radio en directo todo serían nervios y estrés, como en mi trabajo. No, todo funcionaba a la perfección dentro de la calma y la tranquilidad. El director llegó justo a la hora de empezar el programa. Con unos guiones, mitad impresos, mitad manuscritos Juan Pablo Silvestre fue tejiendo el programa con música que hilvanaba la conversación, con la pericia de la experiencia y la sensibilidad de un artista. Asistido por un técnico de sonido y el productor-realizador formaban un equipo compacto. Mis blog-consultores favoritos Julen, Rafa y Mario podrían estudiar la eficiencia de los equipos de la radio, nada que ver con los equipos de las nuevas tecnologías.

Sonó la voz de mi adorada Celia Cruz cantando Guantanamera. Me dio un vuelco el corazón cuando escuché los versos de José Martí:

Cultivo una rosa blanca/ en julio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca.

Este poema es el lema de la Sección Femenina 1.0. Lo encontré en Sevilla, en un rincón recoleto que da acceso al museo de carruajes. Expresa mi sentimiento y determinación de cultivar solo rosas en mi interior, independientemente del entorno que me rodee. Hasta ese momento no me había percatado del guantanerismo de la sección femenina: "mi post es un ciervo herido que busca en el blog amparo ".

Tuve la suerte de conocer a mis compañeras de tertulia. La mala de la película lleva desde el 2005 en este mundo de blogs y su hermana, la buena de la película, casi se acaba de estrenar en él. Las dos, jovencísimas, son un prodigio de madurez, inteligencia y sensibilidad envueltas en una presencia física impresionante. Kara es un torrente de energía y pasión por Internet, se definió friki y torturadora de lectores. Para ella Internet lo es todo. Es Webmaster y empezó con el InfoVía (1995). Recuerda con cariño el ruido de los modems de los primeros tiempos. Se declaró lectora de La Sección Femenina ante mi sorpresa. Gina Tonic, abstemia a pesar del nombre, se comparó con una esponja aprendiendo formas de expresarse en la red. La abuelita bloguera, un prodigio de vitalidad, confesó que desde que tiene el blog no se siente sola. La Srta Cyborg nos desveló la existencia de su blog secreto, inexpugnable desde google y accesible solo por algunos túneles de la red. Seguiremos jugando al escondite para encontrarlo.

Tras contar nuestras sensaciones y motivaciones pude comprobar que en este mundo virtual tenemos algo en común por encima de la edad, la ciudad, la profesión, los gustos... El blog es un pequeño jardín en el que cultivamos nuestras rosas blancas para compartirlas.

Sección-Expedientes-X

(1) Creo que soy la reencarnación de la mujer de Lot
(2) Ahí las monjas me tenían muy engañada

¡¡Ni me menees!!

jueves, noviembre 29, 2007

Los famosos


Hace años, cuando se hablaba de un famoso, nos remitíamos a un célebre personaje de la historia o alguien que, desde la ciencia, la política, el arte, la religión, etc., había hecho méritos más que suficientes para alcanzar el premio Nobel, el grado de doctor honoris causae, ocupar un sillón en alguna Academia, ganar un premio literario o una estatuilla de los Oscar.

Por el contrario, cuando hoy hablamos de un famoso, una inmensa mayoría pensará en ese nuevo personaje de la fauna humana de nuestros días—el famoso o la famosa —que no se ha hecho acreedor a tan honroso título en virtud, precisamente, por alguno de los méritos que reseñábamos más arriba.

Los personajes que hoy en día son llamados, injustamente, famosos, lo son gracias a sus frecuentes apariciones en las portadas de las revistas del corazón, a sus escándalos de pareja, a sus "sonadas" separaciones, a los exhibicionismos en la cubierta de una lujosa embarcación de recreo o a sus supuestas proezas sexuales

Claro que también se puede llegar a "famoso" arruinando la vida a modestos ahorradores, defraudando a la Seguridad Social, a la Hacienda estatal o municipal, etc.

Cuando en el pasado sucedía algún escándalo de este tipo, eran inmediatamente clasificados de "materia reservada" y se trataba por todos los medios de ocultarlos.

Hoy, por el contrario, los detalles más vergonzantes de estos especimenes de nuestra fauna humana son aireados desde las pantallas de la televisión o las páginas de las llamadas "revistas del corazón", que ha encontrado en ello a la "gallina de los huevos de oro".

De jalear el escándalo se encargará un singular grupo mediático formado por una serie de heterogéneos personajes, alguno de los cuales asegura ser periodista—flaco favor al digno y serio periodismo—que se afanan en buscar y propalar las más sórdidas facetas biográficas de estos "famosos".

Y ello se hace a través de ciertos programas-basura que tienen una puesta en escena que recuerda a los antiguos aquelarres: reunidos en semicírculo delante de las cámaras de televisión y dirigidos por un maestro de ceremonias, se dedican, durante horas, a destripar al famoso con lenguaje de "dos rombos".

Lo más sorprendente es que en numerosas ocasiones es el propio "famoso" el que acude al espectáculo voluntariamente (¿) y asiste, sin inmutarse a la disección de los detalles más íntimos del escándalo.

Claro está, que su voluntariedad está convenientemente estimulada por un abultado sobre con un buen número de esos billetes de 500 euros que hasta hace poco -léase Marbella- nadie había visto "pero que existir, existían".

Cuando el famoso y el grupo mediático se han exprimido mutuamente y existe el riesgo de aburrir al personal, se trae a escena a un grupo de curiosos y variopintos personajillos de su entorno—ex parejas, ex niñeras, familiares más o menos lejanos—que a cambio de otro sobre, lógicamente menos abultado, cuentan lo que no está dicho.

Lo que desvela el personajillo tendrá que ser debidamente contestado por el famoso y así se monta la noria del curioso espectáculo que se ha creado en torno a este singular representante de la fauna humana de nuestros días.

Es de justicia señalar que la vida cotidiana de estos personajes sufren (¿) algunas incomodidades: la puerta de su casa está generalmente vigiladas por una nube de fotógrafos y aspirantes a reporteros que a lo largo de las 24 horas del día, le acechan, le persiguen allá donde vayan y le fotografían allá donde se encuentran.

Pero todo ello está convenientemente pactado y revistas, cadenas de televisión, periodistas y reporteros viven en una permanente "simbiosis" con esos representantes de la fauna humana de nuestros días que al autocalificarse de "famosos" han "descafeinado" el auténtico significado de este término.

¡¡Ni me menees!!

jueves, noviembre 22, 2007

Culitos, culetes y culottes

Me voy a acabar ganando fama de friki, a decir verdad ya la tengo en ciertos temas, pero los frikis habemos de haberlos. ¡Qué se le va a hacer!.

Voy a hablar hoy de una de mis más íntimas obsesiones, los culos.

Bueno, para empezar, este es un tema intemporal, desde los niños hasta los viejos, todos lo tienen en su mente, y todos lo relacionan de una u otra manera con lo escondido, lo tabú, lo oculto.

El culo es un gran reclamo sexual. Dice Desmond Morris, en El Mono Desnudo, que la evolución de las hembras del Homo Sapiens, desarrollando unas tetas elevadas y redondeadas, no es ni más ni menos que una traslación óptica del culo al pecho. O sea, cuando el mono anda a cuatro patas, la hembra atrae al macho por su lado trasero, el cual ofrece al susodicho como reclamo e invitación a la coyunda. Pero cuando el mono evoluciona, se levanta, se ofrece cara a cara, esa invitación trasera no se vé, y el desarrollo genético favorece la imitación sexual por medio de la elevación de las tetas en las hembras, lo cual es un verdadera castigo para ellas. Y si no ¿porqué se han inventado los sujetadores?.

Así pues, concluimos que las tetas de las mujeres son en realidad un culo frontal. Es más, la moda dieciochesca, recientemente recuperada, de mostrar esas redondeces, a la cara, no es ni más ni menos provocador que la moda de los "pantalones de bajo perfil", los que muestran, por delante y por detrás, generosos trozos de carne, y ya de paso algún que otro tatuaje y un inconfundible trozo de ropa interior, sea del ya venido a menos excitante "tanga" o del renovado y afrancesado culotte.


La adoración por el culo es en realidad más fácil de practicar, pues cuando le miras a alguien el culo, no te está viendo, lo que aprovechas para admirar, calibrar o adivinar el divino tesoro que se oculta tras el pantalón o falda.


En realidad la moda actual es unisex: las mujeres por igual aprecian, admiran y llegado el caso soban, el culo de los hombres, lo cual es en realidad favorable para ellos, pues sabido es que el hombre llegado a cierta edad desmejora por delante, pero puede llegar a mantener un cierto atractivo por detrás.


La recuperación del tanga viene devenida por la liberación de la braga tradicional. La braga que oprimia y aplastaba las nalgas, dessexualizando el culo, se ve liberada por la ausencia de tela en el mismo. El tanga permite, o al menos así lo imagina el macho, una mayor facilidad de acceso a esa erógena zona, donde un simple abrazo pasa con delicadeza a una caricia por la espalda, acabando con ambas manos en sendas posaderas, lo cual es la gloria de la posesión culífera para el emocionado hombre.


El extremo final de este adelgazamiento del ropaje interior es el sans-culotte, o sea la moda de sin-bragas, dicen los que lo practican que es la máxima liberación y placer íntimo. No se... habrá que probarlo ;-)


Bueno, no me resisto a cerrar con esta pequeña joya cochona encontrada aquí.


Ton cul est rond comme une horloge
Et quand ma fatigue s'y loge
J'enfile le temps à rebours
Je mate l'heure sous ta jupe


Il est midi moins deux minutes
Et je suis encore à la bourre
Promis demain j'arriv'rai pile
Pour faufiler ma grande aiguille


Sous le cadran de ton bidule
On s'enverra jusqu'au clocher
Et mon coeur comme un balancier
Ondulera sous ta pendule


Dis-moi au chrono de tes reins
Quand passera le prochain train
Combien coûtera le trajet
l'ai tant couru contre ta montre
Voici qu'à l'heur' de la rencontre
Je me sens des doigts d'horloger...


Alain Leprest

¡¡Ni me menees!!

martes, noviembre 20, 2007

El golfista

El golf es como la vida. Luchas y te esfuerzas todo el camino, para terminar dentro del "hoyo".


Si en el Reino Unido preguntamos a un ciudadano de "a pie" quien inventó el golf, lo más seguro es que sorprendido, por nuestra ignorancia, nos conteste, con orgullo, que fueron los ingleses, más concretamente los escoceses.

Si se trata de un individuo locuaz—cosa harto difícil en un inglés—nos contará, como allá por el siglo XV la nobleza y la alta burguesía viendo como los pastores escoceses se divertían dando golpes con sus bastones a unos cantos rodados comenzaron a jugar un golf primitivo.

El entusiasmo de nobles y burgueses por el nuevo entretenimiento llegó a tal extremo que los monarcas ingleses, a finales del siglo XV, tuvieron que intervenir para evitar que los caballeros abandonaran la práctica del deporte oficial: el tiro con arco.

Pero ello no debilitaría su entusiasmo por el nuevo juego. Comenzarían por cambiar el sencillo bastón de los pastores por unas maderas y unos hierros más adecuados, al canto rodado pronto le sucedería la bola de madera, luego la de cuero, años más tarde la de gutta percha, hasta llegar a la actual de núcleo de goma. Y la bella agreste campiña inglesa sería sustituida por unos extensos campos de cuidada y fina hierba, diseñados por expertos, y divididos en dieciocho" hoyos"

Pese a todo ese bagaje histórico si la pregunta sobre el origen de este juego se la hacemos a un ciudadano que practica golf nos contestará, sin dudar un solo momento: el mismo diablo .

Por que sólo al diablo se le ocurriría sugerir a los mortales la práctica de un juego que requiere un largo y costoso aprendizaje, familiarizarse con unas normas de juego y un vocabulario plagado de términos de difícil pronunciación, la adquisición de un no menos costoso equipo y el esfuerzo económico de pagar la cuota de entrada en un Club de Golf.

Tras de estos esfuerzos el entusiasta golfista se enfrentará en la practica de su juego a un recorrido llenos de dificultades: zonas de arena que arruinan el juego, árboles que desvían la trayectoria de su lanzamiento, lagos naturales o artificiales que hay que salvar con un afortunado golpe y donde se "ahogan" las costosas bolas, etc.,etc.

Contra lo que pudiera pensarse los obstáculos y los errores que comete en el recorrido normalmente no le desaniman, sino que por el contrario motivan a estos curiosos y masoquistas representantes de la fauna humana a volver una y otra vez al campo de prácticas para tratar de corregirlas. El día que lo consigue corre entusiasmado al hoyo diecinueve (el bar del club) para contar su éxito a todo el quiera escucharle.

Por algunas veces los fracasos se repiten con frecuencia, y el golfista comienza a deprimirse, a perder la confianza en sí mismo, a generar situaciones de angustia, estrés, insomnio...

Unas situaciones que como es lógico han llamado la atención de la psiquiatría y de la medicina deportiva. Son varios los autores que se han ocupado de los problemas que acechan al jugador de golf. Destaca, de entre ellos, el ya clásico libro del psiquiatra y buen golfista francés Dr. Willy Pasini, y de una figura de este deporte, Jean Garaïalde, estudia los trastornos psicosomáticos que la practica del golf puede desencadenar ( Psycho-golf, París,1988)

A este hay que sumar los estudios psicológicos realizados por el Dr. Luis María Guglielmetti, especialista en medicina psicosomática y los del psicólogo deportivo Gustavo Daniel Maure.

Entre los muchos y buenos consejos que unos y otros autores dan a estos personajes de nuestra fauna humana destacan:

Firmeza, determinación, concentración, no compararse con los rivales, confianza en sí mismo y ser tolerante con sus errores.

A estos consejos podía sumarse no obsesionarse con la práctica del golf que se traduzca en un deterioro de nuestra vida laboral y familiar. Es la moraleja de este conocido chiste:

<<Dos amigos estaban jugando una partida y al llegar al tee del hoyo 16 ven pasar por la carretera que bordea el campo de golf, un cortejo fúnebre. Uno de los jugadores deja de jugar, agacha la cabeza y se persigna.

Su compañero le dice: ¡!que detalle¡¡.

El otro le responde: ¡ es lo menos que puedo hacer. Llevábamos cuarenta años casados¡¡>>

¡¡Ni me menees!!

martes, noviembre 13, 2007

Hedía hija mía, hedía...


De mis lejanos juegos infantiles recuerdo uno del que hacíamos víctima al recién llegado o el más infeliz del grupo. El juego consistía en darle un golpe en la cabeza con los nudillos de la mano y tras olerlos detenidamente fingir conocer lo que había comido ese día..

Es un recuerdo que me asalta en las ocasiones-afortunadamente escasas- en las que me veo inmerso en las aglomeraciones de los grandes almacenes, en los distintos espectáculos y concentraciones de masas, en los diversos medios públicos de transporte.

Y es que en ellas es obligado sufrir, cada día, los variados “olores” con los que nos obsequian muchos representantes de la fauna humana a los que no sólo el desodorante les ha “abandonado” sino también el agua, el jabón y la pasta dental

Entre esos desagradables olores se encuentra ese aire exhalado por la boca, que deja, desgraciadamente, de ser un “hálito“ o “ suave soplo” para convertirse en un insufrible olor que la medicina suele denominar halitosis.

Estos representantes de la fauna, --en los que es innecesario recurrir al infantil capón--, son reconocibles no sólo por su “perfume”: suelen sostener durante horas un palillo entre las comisuras de sus labios, chasquean repetidamente la lengua y se hurgan obsesivamente los huecos dentarios utilizando los más variados utensilios, entre ellos sus propios dedos

El hediondo, que así se le califica desde siglos, no sólo no trata de ocultar sus síntomas sino que se distingue por hablarnos aproximando excesivamente su cara a la nuestra, con la curiosa habilidad de dirigir exactamente su “chorro” de hálito hediondo a nuestra nariz

Un “hálito” que no es exclusivo de nuestros tiempos. Así parece deducirse del testimonio que nos brinda el emperador Marco Aurelio quien "alababa a sus legionarios húngaros porque no olían tan mal como los longobardos".

El que los longobardos tenían mal aliento” parece también confirmarlo una carta del Papa Esteban III —que advertía al gran Carlomagno de los peligros de la boda de uno de sus hijos con una princesa longobarda llamada Ermengarda :

"No se case con Ermengarda que es hedionda como todos los longobardos".

El príncipe Luis “el bondadoso” haciendo caso omiso de las advertencias del Papa y sí gala de su apodo, se casó con Ermengarda y cuentan las crónicas mundanas de su época que al poco tiempo de la boda , “no pudiendo resistir su olor, acabó por repudiarla ”

A tratar de mitigar este desagradable síntoma se sumarán las recetas cosméticas de la célebre Trótula de la medieval Escuela de Medicina de Salerno:

"Se toman unas hojas de laurel y un poco de musgo, mezclándose todo con miel de abejas. Se mantiene un rato en la boca y con ello se favorece que el yacer con el esposo o con la esposa sea más placentero"

Un testimonio más cercano a nuestros días lo encontramos en las Memorias de Fanny Targioni Tozzeti , una de las mujeres a la que amó el gran poeta italiano Jacobo Leopardi (1798-1837). En los últimos años de su vida, ya anciana y decrépita, contestaba así a una niña que le preguntaba por qué no había correspondido al amor del poeta:

Hedía, hija mía, hedía

¡¡Ni me menees!!

sábado, noviembre 10, 2007

Historias de una casa (una de amor)

El fin de semana de los Santos volví a realizar un cambio de contexto Madrid-Cuenca. De las montañas me traje la cabeza llena de recuerdos y de ideas para escribir. Aquí va una muestra.


La casa de Cuenca está a punto de cumplir cien años. Tras la puerta de madera, que ha sobrevivido estos años y que está sabiamente restaurada, se esconden historias, unas de guerra y otras de paz (1). Empezaremos por las de paz y entre ellas por una de amor.

En tiempos de paz, recaló en mi pueblo un joven llamado Pedro A, destinado a ser el secretario del Ayuntamiento. Congenió con mi abuelo materno y se hicieron muy amigos. El joven, lo era tanto, que tras un periodo de trabajo en mi pueblo tuvo que marcharse a cumplir el servicio militar.

Lo destinaron a Almería. Allí se enamoró de M. Luisa, una rica heredera de esta ciudad. Pedro, a pesar de no tener fortuna personal fue aceptado por la familia de ella e iniciaron un noviazgo. M. Luisa era hija ilegítima y, aunque con buena dote, no era fácil casarla con un lugareño en esa ciudad tan cerrada y sujeta a los convencionalismos. Cuando terminó el servicio militar se casaron.

Aunque podían vivir holgadamente de sus rentas en Almería, M. Luisa quiso seguir a su marido a su destino como secretario del Ayuntamiento de mi pueblo, renunciando a muchas comodidades. Mi abuelo les alquiló la casa que ahora disfruto en herencia(2).

Maria Luisa pudo comprobar lo frío que puede ser un invierno en Cuenca, lo imposible de tener “servicio” en una sociedad rural en la que todos labran sus tierras, lo complicado de llevar una casa sin agua corriente, la ausencia de diversiones, de tiendas, etc.

Cuando era una niña mi madre conoció a M. Luisa. Me contó que ella era muy alegre y animosa. Lejos de amedrentarse con la dureza de la vida del pueblo, la suavizó. Decoró la casa como si fuera de ciudad, se instaló un cuarto de baño(3) con una bañera con patas que tenía que llenar a base de calderos de agua caliente. Consiguió la máxima confortabilidad posible dentro de este duro entorno. Ella, con su acento andaluz, llena de joyas, rebosante de energía se ganó la confianza de las gentes de mi pueblo, poco dados a aceptar algo diferente de lo suyo.

Pasado un año, volvieron a Almería para que Pedro llevara los negocios. Mantuvieron la amistad con mi abuelo y el contacto con su ahijada, mi prima la mayor. Los negocios fueron muy bien y volvieron por mi pueblo cuando yo era pequeña. Recuerdo a una señora entrada en carnes, rubia teñida, con ropas de alegres colores que se abanicaba con el tintineo de media docena de pulseras de oro y que me daba dinero para comprar golosinas(4).

Quién me iba a decir entonces, mientras miraba asombrada a M. Luisa, que mi destino también pasaría por Almería, pero eso será otra historia....

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(1) No se pierdan la disección de la novela de Guerra y Paz que está realizando Bernardinas
(2) Compartida, of course
(3) Justo donde está instalado ahora uno de los baños de la casa
(4) Me lo gastaba en anchoas, siempre preferí la sal sobre el azúcar

¡¡Ni me menees!!