domingo, mayo 17, 2009

Tragaderas


Cuando era pequeña atravesé una mala racha de salud y perdí prácticamente el apetito. Mi madre preocupada por mi delgadez intentaba sobrealimentarme con mil trucos. Uno de ellos consistía en poner una yema de huevo en mi leche con colacao que era una de las pocas cosas que tomaba sin mostrar aversión.

Cuando la leche con colacao venía con compañía, veía con animosidad las amarillas briznas de yema flotando en la superficie de la leche chocolateada y a la boca del estómago se me cerraba por completo. Imploraba a mi madre que no me diera tal brebaje pero ella, con firmeza, aseguraba que la leche no llevaba más que colacao. Con lágrimas en los ojos y entre arcadas me tragaba la leche y la mentira de mi madre.

Aquello potenció la estrechez de mis tragaderas y me quedó un aborrecimiento total a todo tipo de grumos físicos y psíquicos. En la cocina me convirtió en un obsesa del colador y el chino y en la relaciones una actitud escapista de las personas o situaciones poco claras.

Tengo muchas dificultades en de tragarme una bola y sufro enormemente al hacerlo. Pero la vida es cruel y a veces te pone en situaciones en la que no tienes más remedio que tragar. Hace poco en un torneo de golf tuve que marcar a un jugador que estaba recuperándose de un derrame cerebral. Tenía mucho mérito que con su limitación jugase un torneo y más merito hubiera tenido si no se contara golpes de menos. Me vi en la tesitura de llamarle la atención como su marcadora o hacerme la tonta y dadas las circunstancias, opté por lo segundo. Lo pasé muy mal, recordé ese vaso de leche con yema y sentí la misma náusea.

Esta dificultad para tragar limita la vida social y laboral ya que unas buenas tragaderas (algunos le llaman flexibilidad) abren muchas puertas. Sin embargo, he conseguido sobrevivir sin tragar demasiada quina y espero poder seguir haciéndolo.

¡¡Ni me menees!!

12 comentarios:

Antonio dijo...

«Des caresses d'hommes considérées comme un art», Libération, nº 323, 1º de junio de 1982. Carajo-.

Betawriter dijo...

Sólo puedo decir una cosa: Gracias por ser una más en la lucha contra la cancamusa mundial.

ALyCie dijo...

Siempre pensé que hay que comer de todo, lo que nunca pensé, es todo lo todo que puede llegar a ser "todo".
En cualquier caso la sibila de Delfos decía: Nada en demasía.
Y supongo que cuando uno se atraganta, ... ¡es ya demasiado!

Muxfin dijo...

Los rumiantes tienen un estómago con procrastinación.
A menudo nosotros también tenemos que aplicar la rumia mental.

Muxfin dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
desequilibros dijo...

Me ha encantado el comentario de Muxfin.

Decía un amifo consultor: "A veces no queda más remedio que convivir con la miseria".

Noemí Pastor dijo...

A mí también me daba mi madre de extranjis el colacao con huevo, porque comía poco y vomitaba mucho. También me juraba que era sólo colacao. Yo veía cositas amarillas , se lo decía y ella me contestaba que eran reflejos de la luz. Y me lo creía. Prefiero no extrapolar esto a nada referente a las relaciones personales. Por si acaso. Besos.

Miguel Arribas dijo...

Desgraciadamente los colacaos laborales y personales son más difíciles de rehusar que una merienda familiar.

Pero a veces,con fortuna, queda el recurso de aplazarlos "sine die".

Hay que intentarlo.

Enrique Sabaté dijo...

A mí la verdad es que casi todo me da lo mismo, pero procuro no tragar lo intragable, y por suerte, o no, soy poco dado a las relaciones sociales y como ave solitaria si veo algo que no me gusta por aquel lugar no vuelvo más.

Lula Towanda dijo...

Antonio: Je ne comprends pas

Betawriter: Algunos están muy bien instalados en la cancamusa, allá ellos.
Desde el 2006 estás en pruebas, ya te podrías pasar al modo alpha.

AlyCie: Pues sí, cada uno tiene su propia medida y la mía es muy pequeña. Tampoco me he esforzado en agrandarla porque no he tenido necesidad.

Muxfin Lo de los rumiantes ya es mala leche, con la bola para arriba y para abajo. Casi es mejor tragar de una vez y olvidarse pero no, tendemos a la rumia mental.

Desequilibrios: La necesidad lo condiciona todo.

Noemí: veo que sufrimos las mismas tácticas alimenticias. En mi caso NO creía a mi madre por muchas explicaciones que me diera. Creo que eso me hacía más daño que el asco que me daban los grumos.

Miguel: La vida social y laboral está llena de grumos y es imposible esquivarlos a todos. Cada uno desarrolla sus técnicas de escaqueo

Enrique: No hay nada como la libertad de la soledad. La vida social tiene muchas cadenas.

Telémaco dijo...

La medicina llama disfágicos a los que tienen problema para tragar, y dice que esto es más frecuente en personas de edad avanzada. Pero en el mundo laboral creo que es justo al contrario (cosas de la teoría de la evolución de Darwin).

Posiblemente la solución es sostener la cabeza o el cuello en determinada posición al tragar, y si no fíjate en los pelícanos. En esto los varones tenemos cierta ventaja porque la corbata ayuda a mantener la posición. ;)

Lula Towanda dijo...

Telémaco: Pues yo creo que los jóvenes en general no son disfágicos y que se lo tragan todo para no complicarse la vida.

Puede que el no llevar corbata haga que las mujeres no desarrollemos habilidades tragaderas