martes, julio 05, 2005

El mercadillo

En plena globalización, con las múltiples ofertas de venta por Internet, las grandes superficies o las tiendas de Zara, existe un tipo de comercio, bastante mas cerca de la edad media que de la actual, que sigue cosechando grandes éxitos entre el segmento femenino de la sociedad (+ del 50% de la población), allí donde se instale y sin necesidades de marketing. Me refiero al mercadillo.

No sé el origen de la atracción fatal de la mujer hacia el mercadillo, pero esos puestos de venta ambulante que colocan en los pueblos o en los barrios periféricos de las grandes ciudades atraen a multitud de mujeres de todas las edades con el ansia de encontrar "algo" que no se sabe muy bien qué es. Toda mujer que se precie, independientemente de su edad, condición social y cultura que vislumbre en la lejanía una hilera de puestos cubiertos con toldos, tendrá que hacer grandes esfuerzos para no dirigirse hacia ellos, aunque no tenga intención de comprar nada. Es tal vez el deseo infantil de encontrar un tesoro, de ver algo que ha pasado desapercibido para las demás, de sentirnos capaces de realizar proezas que quedan fuera del alcance de nuestras congéneres... tal vez es autoafirmación el querer demostrar que somos capaces de comprar duros a pesetas.

En las cenas de matrimonios o parejas en las que la parte masculina se polariza en un extremo de la mesa y la femenina se aglutina en el contrario, cuando las mujeres son conocidas de antiguo pero no llegan a ser amigas íntimas, es muy socorrida la conversación de lo barato que se compran las cosas. Es el momento en el que la vanidad nos lleva a la exageración, explayándonos con nuestras sorprendentes adquisiciones. Es paradójico que mujeres con patrimonios millonarios (en euros) se jacten de haberse comprado unas sandalias por 6 euros(1), y mueran antes de confesar con sinceridad cuanto cuestan los zapatos que llevan puestos.

En España, la venta ambulante está controlada en su mayoría por la raza calé, ya que el oficio encaja con su forma de vivir y la sociedad no les ofrece demasiadas oportunidades diferentes de ganarse la vida. Es bien sabido que una de las leyes de la raza gitana, no sé si en vigor, es la de engañar al payo. Este ansia inexplicable nos lleva a las mujeres, poseedoras de sentido común(2), a una pérdida de realidad al confiar que el mercadillo ofrece las mejores oportunidades. Generalmente las cosas que compramos, salvo raras excepciones, encogen, destiñen, se deshilachan, les salen pelotillas y lo que es peor: el día que lo estrenas te encuentras a todas las mujeres con la misma prenda a la vez que observas que están horrorosas. En ese momento te asalta la duda de si a ti también te sienta tan mal como a ellas y tu autoestima empieza a flaquear.

Confieso que soy adicta al mercadillo y que he transmitido a mis dos hijas esta debilidad. Y lo que es peor, también a mi hijo que no tenía propensión natural hacia ello. Menos mal que mi marido ha quedado fuera del alcance de mi influencia, seguramente harto de que le destiñan, se deshilachen y le salgan pelotillas a los polos deportivos de marca apócrifa que le compro.

(1) Por ese precio, por mucho que nos quiera el gitano, no pueden ser más que de plástico.
(2) Algunos opinan que el sentido común es el menos común de los sentidos en las mujeres, pero yo creo que estamos generalmente dotadas de esa cualidad.

Sección-Sapos y culebras

¡¡Ni me menees!!

5 comentarios:

María dijo...

Muy bueno!! Estoy totalmente de acuerdo y sobre todo en que, aunque no tengas intención de comprar, al mercadillo se va buscando un "no sé qué" para ver si se encuentra. El caso es que vamos al mercadillo, al del barrio o al del barrio vecino y si te vas de vacaciones al del pueblo donde estés. jeje

Zifnab dijo...

;-). A mi me gustan más los hippies, pero el mercadillo a la vieja usanza tiene su aquel, pa que nos vamos a engañar, pelotillas incluidas.

cris dijo...

Pues yo disfruto como una enana en los mercadillos de segunda mano.
Por aquí hay uno en Cadiz que alucinas de las cosas que venden-la mitad deben ser de los contenedores- y después una tapa y un frito gaditano en la Plaza de las Flores.Ese es un domingo perfecto para mí.

tia chaty dijo...

Genial Lula veo que ya pones los enlaces a la web , lo encontraba a faltar ,

En cuanto a los mercadillos , los hay de todo tipo , incluso los pijos , EN Puerto Banus hay un mercadillo los sabados por la mañana , y alli te encuentras a los mas de los mas de Neguri regateando dos euros en un reloj Cratier o en unas gafas Fuchi , o un bolso Buitron

Para los mercadillos no hay edad ni sexo ni condicion social , solo encontrar el mercadillo de tu vida

eso si con la caló de Marvbella en agosto te tienes que levantar a las 8 de la mañana y volverete con los pies destroxzado a las 12 , epro es todo un rito

Hace un par de años , nos encontramos mi prima y yo en la piscina con un par de señoras de Neguri que venian encantadas porque se habian comprado un par de " chalecitos " a muy buen precio

NOs partimos de risa , de Bilbao tenia que ser se compran los chalets de dos en dos ,,,,,,,,,,,, despues nos dimos cuenta que era Chalecitos ( de chal y no de chalet )


En fin una tambien tien de vez en cuando una vena pija-okupa

besotes

Lula Towanda dijo...

Parece que hay unanimidad en los del gusto por rebuscar en el mercadillo. Cada una tiene su Mercadillo: María en Madrid, Cris en Cádiz, Zifnab en el lado oscuro de la luna (no sé si habrá visibilidad para rebuscar) y la Tía Chaty en el más glamuroso de Puerto Banús. El mío está en Ayamonte y estoy deseando ir de vacaciones para dedicar el sábado por la mañana al mercadillo. Allí no tenemos a las señoras de Neguri comprando chalecitos a pares (jajaja) pero nos engañan igual en el precio. El mercadillo nos iguala a todas y todos, es un sitio donde se da la igualdad social y de género, vamos, un paraíso terrenal.