martes, enero 01, 2008

El talento


El 2007 lo inicié escribiendo un post titulado El blog como religión que estaba inspirado en la reflexión de Andrés sobre Blogs ¿Herramienta o religión?. Este año quiero continuar con la tradición siguiendo de nuevo los pasos de Andrés en Talentotontería o Matrix, de Julen en una de sus estupendas ideas radicales: Libera talento no lo retengas y de Telémaco en Piedras autodeslizantes. ¡Va por ustedes maestros!

Escuché la palabra talento por primera vez en el internado por boca de Sor Marcelina. Tenía pocos años, seis, y mucha curiosidad, energía, carácter, ganas de jugar, de hacer y decir lo que me daba la gana. Era el anti-prototipo de niña para las monjas, no tenía modales ni era dócil. Cosechaba toda serie de castigos y bofetones pero seguí firme en mi determinación de no dejarme moldear por las hermanas.

Sor Marcelina enseñaba matemáticas y tenía su propio método para incentivar el aprendizaje: a las alumnas que no sabían resolver los problemas les golpeaba la cabeza contra la pizarra. El método no era muy eficaz a pesar de que una grieta dividía la pizarra en dos a fuerza de aplicarlo. Afortunadamente me libré de ese castigo pero no del influjo de esta hermana. Al contrario que las otras monjas, valoraba el talento sobre la docilidad. No sé que vio en mí pero me tomó bajo su tutela para que el talento que según ella me había dado Dios no lo desperdiciase. Solo ella consiguió, sin que mediara ningún tipo de castigo, debilitar mi defensa ante mis educadoras y sembrar la duda sobre lo correcto de mi comportamiento. Aún hoy siento su influencia.

Me solía amenazar con el castigo divino por malgastar mis dones. Me repetía hasta la saciedad la parábola de los talentos ( Mateo 25, 14-30). Me decía que Dios me había dado mucho talento y que me pediría cuentas si no los desarrollaba. Me vigilaba y me reprochaba mi tendencia en hacer lo que me daba la gana mientras el sentimiento de culpa iba haciendo mella en mí. A ella le debo la sensación constante de que hago menos de lo que debería hacer.

Con el paso del tiempo le tuve que dar la razón a Sor Marcelina y empecé a valorar la importancia de no perder el tiempo y desarrollar los puntos fuertes. La vida parecía que también le daba la razón a la monja y en el entorno laboral al que me incorporé se valoraba el ingenio, los conocimientos, el espíritu crítico, el trabajo bien hecho, el rigor y hasta saber decir “NO”, el talento por encima de la docilidad. Por primera vez en la vida entendía el modelo del desarrollo personal como satisfacción personal y como medio de ganarse la vida e incluso el cielo. Pero este modelo se empezó a resquebrajar con la burbuja de Internet.

De repente cambiaron los valores y triunfaron los charlatanes y su coro de aduladores sobre el talento puro. Todos los proyectos eran descabellados y empezó a ser más importante la forma que el fondo. El bronceado, la gomina, el traje a medida y el habla gangosa triunfó frente al desaliño propio de los techies. La edad empezó a ser un handicap y los despachos ejecutivos se poblaron de niñatos jefes. El talento primero se despreció y para más tarde ser pisoteado a placer por seres ciegos de ambición y faltos de luces.

Estamos en la situación que describe Pino Aprile, en un mundo de imbéciles para los imbéciles, sin esperanza para el talento. Si Sor Marcelina levantara la cabeza no daría crédito a lo que ve y seguramente se arrepentiría de haberme llenado la cabeza de pájaros. El que lo tiene más complicado es Dios, ¿cómo va a juzgar si hemos desarrollado adecuadamente el talento que nos dio?

Sección-reflexiones

¡¡Ni me menees!!

15 comentarios:

M@k, el Buscaimposibles dijo...

"se valoraba el ingenio, los conocimientos, el espíritu crítico, el trabajo bien hecho, el rigor y hasta saber decir “NO”, el talento por encima de la docilidad", me gustaría trabajar en un sitio así... Ainss. (Aunque no te he comentado nunca, te sigo fielmente ;->, feliz año nuevo, Lula).

kotinussa dijo...

Tu sor Marcelina me recuerda muchísimo a una monja de mi colegio, la madre Pilar, que estaba verdaderamente indignada conmigo porque yo me conformaba con hacer lo mínimo en su asignatura y sacar ¡¡¡sólo!!! un notable en Literatura. Me amargó un par de años la condenada y todavía hoy, treinta y tantos años después, sigo sin tragarla. Porque a mí lo que me gustaba era leer, no estudiar Literatura, y no estaba dispuesta a perder parte de mi tiempo libre, empleado habitualmente en devorar novelas, a cambio de sacar un sobresaliente en lugar de un notable en Literatura. Nunca le di esa satisfacción. Y la verdad es que jamás me importó un rábano.

Nunca fui coleccionista de sobresalientes. Los sacaba en lo que me gustaba de verdad, Matemáticas y Dibujo Técnico. Algunos más caían sin buscarlos, y para el resto de las asignaturas, notables. Me alegro mucho de no haber sido lo que la madre Pilar hubiera querido que fuese: una coleccionista de sobresalientes que los saca por el hecho de lucirlos en el boletín de notas, y no por disfrutar estudiando esas materias.

Germán dijo...

Mi padre era catedrático, con lo que todos mis profesores pensaban que yo debería ser un muy buen alumno, cosa que nunca fui.
Pero si he tenido mis "sor marcelinas" particulares, a veces en lugares totalmente alejados de las aulas, a las que estoy totalmente agradecido por ayudarme a encontrar "mis talentos".

Feliz Año Nuevo

Julen dijo...

Bueno, talento y esfuerzo muchas veces han ido por caminos separados. Otra cosa es que ahora el talento en muchas empresas ha quedado sepultado por las ansias de poder. Para mí esto sí es un verdadero problema, porque parece talento y discreción no conjugan bien. En fin, así van las empresas, o una buena parte de ellas. Yo ya me quité.

Pregunta: ¿todo eso has sido capaz de escribir con escayola diestra? Cuídate.

Muxfin dijo...

Desde que los ejecutivos han pasado a ejecutores, la tecnología que más se ha desarrollado ha sido la "transferencia de marrones"; no te preocupes por Dios, seguro que encarga algún estudio en el que le libra de toda culpa.
Como dice Julen, las ansias de poder lo entierran todo.

Miguel Arribas dijo...

Lula:
Magnífico el regalo de Navidad que nos has enviado con tu último post.
Y alegra que una lesión no sea obstáculo para "nublar" tu talento.
Un día de estos comentaré cuanto debe el talento o el cerebro a esa "pinza inteligente" que es la mano. Tu diestra mano o tu mano diestra.
Besosy de nuevo Feliz 2008.
Miguel

Andres dijo...

Hija esto de convertir algo en tradición me estresa por la responsabilidad.

No se si es que al final sale mi vena de ciencias o que pero cada día estoy más cansado de conceptos etereos e inmanejables como este del talento y similares que gustan tanto a los de RRHH.

Fernando dijo...

Esa parábola nunca ha servido en el servicio público. Los adminsitradores no sólo no guardan el talento encomendado, sino que lo despilfarran y luego, después de echar en cara todo tipo de monsergas, piden otro (u otros) más. Los que seguimos en la trinchera hemos aprendido a, al menos, esconder bien el talento.

Lula Towanda dijo...

M@k: Eres muy joven y te han tocado peores tiempos laborales. Mira la diferencia del Ave del 92 al del 2007. No es casualidad que funcione todo mal, es que se está cosechando lo que se ha sembrado.
Para que generaciones como tú sepan que hubo un mundo laboral mejor voy ha escribir "Con batas y a lo loco" en cuanto termine mi trabajo de Master.

Kotinussa: Guardo buen recuerdo de Sor Marcelina, nunca me quiso cambiar mi carácter solo me aconsejaba para que aprovechara el tiempo. Estoy totalmente de acuerdo contigo que un libro vale más que mil lecciones de literatura, aunque no te de puntos.

German: Las sor Marcelinas se están extinguiendo. Siempre es agradable que alguien vea talento en ti aunque te de la lata.

Julen: llegará un día que hasta desaparezca la palabra talento de los manuales de RR.HH. No les merecerá la pena seguir con esta farsa.
Posiblemente el talento se desarrolle por otras vías, en comunidades formadas por personas que quieran encauzar y compartir las cosas que les fascinan. Algunos están de aprendices...
Juro por snoopy que lo he escrito todo con el dedo índice de la mano izquierda.

Muxfin: ¡Horror! ¡qué los MacKinsey han pillado contrato con Dios! ya verás lo que tardan en empezar a prejubilar a los ángeles con la excusa de que ya tienen demasiados años de servicio.
¡Qué mala es la ambición!

Miguel: Las limitaciones físicas son solo obstáculos. Escribo un poco más lento pero la dislexia no me ataca y casi se compensa la lentitud con la falta de rectificaciones.
Quedo expectante por saber la deuda del cerebro con la mano.
Desde luego el mejor escritor de todos los tiempos fue manco.

Andrés: Me encanta que en una vida tan corta como la del blog vayamos instalando tradiciones, le da solera.

Cuando realmente el talento se usaba para trabajar y hacer grandes cosas nadie hablaba del talento. Cuando han conseguido enterrarlo en la vida laboral se les llena la boca a los de RR.HH. con esta palabra. Llegará un momento que pierda valor hasta como mentira.
Solo queda la opción de desarrollar el talento por libre.

Fernando: ¡Qué me vas a decir de la Madrastra Administración! El talento de los funcionarios se mide por su facilidad de firmar que el pulpo es un animal de compañía. El que no pasa por el aro no sale en cuadro de honor de los niveles de postín.

Telémaco dijo...

¿Burbuja de Internet?, yo más bien le hecho la culpa a la "Cultura del pelotazo".

El otro día leí un excelente articulo sobre la educación en Finlandia que pienso que contiene alguna de las claves para comprender la causa de lo que nos está pasando.

¿Habrá aún esperanza o esto será un proceso irreversible?.

María dijo...

Encontrar a alguien que te apoye y que valore lo que puedas hacer (llámese talento o como se quiera) nunca ha sido muy fácil y cada vez parece más difícil porque cada vez hay más ganas de tener poder pisando a quién sea y cómo sea. Una pena. Besos

Lula Towanda dijo...

Telémaco: Yo lo noté con la burbuja de Internet, por ser mi sector. En el 92 había ya pelotazo y fíjate lo bien que salió el Ave de aquella época. En el 92 aún me lo pasaba bien en el trabajo, en el 95 empecé a notar la cuesta abajo. Posiblemente con el pelotazo se empezaba a cocer la cosa, la burbuja de Internet no deja de ser otra manifestación más.
Leí la semana pasada con envidia el artículo de los Finlandeses. Ellos valoran el conocimiento y los profesores son muy apreciados y están bien pagados (400 euros/mes un profesor asociado en la Universidad Española)
No tengo ninguna esperanza de que esto se arregle salvo que hubiera una peste bubónica que solo afectara a los políticos y ejecutivos. Aún así, los efectos devastadores de la Logse y las juventudes ventegenarias son difíciles de superar. No me imagino a un españolito esforzándose como un finlandés.

María: Es triste el panorama, los jefes de ahora solo ven a los colaboradores como portadores de marrones eternos. Los de antes, que tenían más corazón y mas cabeza, quedan pocos ya y en la empresa privada están prejubilados. Solo nos quedan los compañeros que son buena gente.

Rrío dijo...

Dios mío, estoy aterrado, no sólo por el post sino también por los comentarios.

Yo también viví una época en la que se valoraba la preparación y la capacidad de la gente, que fué luego barrida por patanes e ineptos dirigiendo con burdas infulas y artificiosa suficiencia.

Pero pensé que había tenido mala suerte. Ahora resulta que es generalizado.

Qué horror.

Lula, tu lúcida frase "los jefes de ahora solo ven a los colaboradores como portadores de marrones eternos" refleja exacta y descarnadamente lo que veo a mi alrededor.

Lula Towanda dijo...

rrio: Mal sitio el trabajo para la realización personal. Yo tiré la toalla hace unos años.
O bien el síntoma es general o los que leen este blog han tenido mala suerte en su experiencia laboral.

Con todo, hay vida después del trabajo y hay que vivirla. El conocimiento aunque no se valore da mucha satisfacción personal y hay cauces para desarrollarlo. No es tan negra la situación.

La Revolución de las Costillas dijo...

Feliz año Lula.
Que el 2008 (y siempre) tu vida y la de tu familia esté colmada de alegría y bendiciones.

Un abrazo desde Chile,
Karolina