viernes, julio 28, 2006

Al que le toca, le toca

Había un hombre en el pueblo que murió hace dos años y al que llamaban Juan el Viejo. Era un borracho que siempre iba vestido de negro. Un día, al cruzar frente a un bar en el que estaban sentados los parroquianos, casi lo atropella un coche del pedazo de borrachera que llevaba. Todos los hombres de bien, sentados en sus sillas, comenzaron a increparle por ser tan borracho, degenerado y basura.

Recomponiéndose, y sacando fuerzas de donde ya no le quedaban, Juan el Viejo se volvió y les dijo, alzando el índice: "Señores: al que le toca, le toca".

Y así, una vez reconquistada su dignidad de borracho, se alejó dando tumbos.

Sección-Reflexiones

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miércoles, julio 26, 2006

La boda de mi hermano

La boda de mi hermano se está convirtiendo en la pesadilla de mi familia desde hace diez meses que lo anunciaron, y aún nos faltan casi otros dos para que acontezca. La cosa empezó como Frodo y tal, porque estábamos todos muy tranquilos hasta que mi hermano estaba un día haciendo cinta en el gimnasio (tal cual, así mismo lo confesó el interesado) y como se debía aburrir (esto lo digo yo), se le metió en el alma comprar un anillo y ofrecérselo a su novia, en una paradisíaca playa de Santo Domingo, una noche de finales del verano pasado, y para qué fue eso.

La cosa es que a poco que nos despistemos esto va a parecer una comedia de esas en las que acabaremos esa noche todos borrachos cantando rancheras para liberarnos del estrés acumulado en todo el año, desde que dieron la noticia hasta que la consumaron, doce meses justos.

Mi hermano y mi cuñada ya lo tienen todo organizado desde hace dos o tres meses, misa, flores, vestido, banquete, invitaciones, cursillo prematrimonial, pero el cura que no les confirma la fecha ni a patadas!!!! A mi hermano le importa tres bledos, o eso dice, él está tan campante y dice que si no le confirma la iglesia para ese día, que nos vamos a firmar al juzgado y luego de verbena a celebrarlo, pero mi cuñada está de crisis en crisis y como le menciones el tema, echa los ojos para atrás y se le pone la piel cetrina.

Mi padre y mis dos hermanos menores (hijos de él y su segunda esposa) que vienen a España al evento, se quedarán unos quince días entre pitos y flautas y aún no saben en qué fecha viajarán porque el que se casa no termina de apretar al cura para que le confirme el día. La cosa es que para colmo, al día siguiente de la boda, los dos chicos tienen que incorporarse a un internado, y se les están poniendo farrucos allí a mi padre que no pueden faltar muchos días, que no les pueden ir a recoger al aeropuerto más que tal día, y claro, tampoco van a venir, ver y largarse al día siguiente, no?

Mi otro hermano mayor, que los padres de su novia le están dejando caer que "ya estuvo suave" * (expresión mexicana que viene siendo que ya basta) de vivir en pecado casi tres años y que a ver si van cogiendo recorte* (expresión canaria que viene siendo que vayas haciendo lo mismo). Ellos fueron quienes les pusieron a los otros dos lo de Frodo y Gollum porque cada vez que alguien le pedía ver el anillo, Gollum se levantaba, iba a la habitación, sacaba una cajita y se lo ponía para mostrarlo y luego volverlo a guardar, mientras Frodo te contaba toditita la aventura épica que tuvo que liar para mantenerla quieta y callada mientras se le ponía de rodillas en Santo Domingo y le quería colocar el anillo en el dedo.

¿Mi madre? mi santa madre aunque lo niegue ante notario está de los nervios, y no solo porque se le casa el niño, el primero que lo hace, sino porque viene mi padre y hace más de veinte o veinticinco años que no se ven las caras. Durante años mis padres mantuvieron una guerra abierta tras el divorcio en la que mis hermanos (los dos mayores) y yo fuimos la moneda de cambio; es más, siempre digo que a mi padre se le resucitan los muertos ya que yo recuerdo oírle decir que esa señora había muerto para él, y luego una Nochevieja de hace unos diez años en que llamó para felicitarnos el año nuevo, resultó que ya todos nos habíamos ido de juerga y solo quedaba ella en casa, así que no tuvieron más remedio que hablarse, por primera vez en unos quince años o así. Desde entonces, cada Navidad que mi padre llama, en Nochebuena y Nochevieja, cuando ya nos hemos pasado el teléfono de unos a otros, incluidos cuñados y cuñadas, el último se lo pasa a mi madre y ellos dos se pegan una parrafadita y hasta se bromean el uno al otro. Ahora mi padre está divorciado de su segunda esposa (parece que no se le dan bien las chicas al pobre) y mi madre no tiene pareja, así que le solemos tomar el pelo diciéndole que ya que vive sola, que en lugar de hacer al viejo irse a un hotel....

Y yo estaba atacá, pero atacá que no vivía porque me había empeñado en que o me metía en un vestido de una talla 40 o no iba, y entonces me pasé dos meses pasando auténtica hambre, pero hambre de la de verdad, de la que combate la ONU , de la de que veía un escaparate de pasteles y babeaba, de la que si mi novio me insinuaba la palabra salchichón podía llegar a ser letal, pero ahora me he tenido que olvidar de eso al estar reconvertida en la mediadora de la familia, porque Frodo decidió que él y su padrino (mi otro hermano) debían ir vestidos iguales, y el otro que no, y fue y se compró el traje que le salió de "ahí", Frodo y Gollum han decidido también separar a media familia de sus respectivas parejas al sentarlos en mesas distintas, y mi madre está que trina porque el menú (que ya lo fuimos a probar) es un asco que no veas y el lugar donde lo van a celebrar parecía el jardín de la familia Monster ... aunque los milagros existen y vete tú a saber de aquí a dos meses si podan y plantan macizos de flores... pero el día que fuimos a ver el sitio... daba dolor!!!!!

A mi chico lo tengo muy calmado, es el más tranquilo de todos, el que mira como andamos todos corriendo de un lado a otro, como los Teleñecos, y luego se ríe sentenciando que la vida es como una comedia de Shakespeare, que siempre, al final todo se arregla... a qué se referirá?????

En Septiembre les cuento el final del cuento, porque creo que lo mejor va a ser que mientras los novios se van al Parque García Sanabria (recién abierto tras el remodelado que le han hecho) a hacerse las fotos, yo voy a coger a mis otros hermanos, la novia del padrino, mi padre y mi madre y mi chico y nos vamos a ir a mi casa (que nos pilla de camino al ir al jardín de los horrores) y nos vamos a coger un pedal para luego aguantar el sarao sin poner caras de culo.

Sección-Expedientes-X

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sábado, julio 22, 2006

El gran pecado español: la impaciencia

De siempre, los españoles hemos considerado que nuestro defecto nacional por excelencia es la envidia, contemplando a este pecado capital como un patrimonio nacional más que comparte el altar de las esencias patrias con el ajo, la paella y el cabreo.

No acabo de estar de acuerdo con esa entronización de la envidia como signo por excelencia de españolidad. Gran parte de los países de nuestro entorno comparten dichos rasgos y se consideran a sí mismos como grandes envidiosos, por lo que el "hecho diferencial" hay que buscarlo en otros defectos.

En mi opinión, el español se caracteriza especialmente por su impaciencia, raíz de otros defectillos hispánicos, así como de parte de nuestras virtudes, que nunca lo malo lo es del todo, ni lo bueno llega a serlo en su plena extensión.

Frases tan españolas como "Tanta mariconada y tanta hostia...", "Esto lo arreglaba yo rápido...", "Nos vamos a tirar aquí hasta el año del juicio...", "Apartaos, dejadme a mí", "Abrevia, que no tengo todo el día", "¿Cómo va lo mío?" ,"Con estos tíos no hay que andarse con tantas contemplaciones", "con dos cojones", son bien indicativas de cómo nos la gastamos. El español se exaspera ante las colas, pretende que todo problema quede resuelto en menos de lo que canta un gallo, cabreándose ante la supuesta incompetencia ajena para responder con celeridad a sus demandas(1).

Las gestas y los dramas guerreros patrios son también fruto de la impaciencia. Mientras que los anglosajones mataban indios para quedarse las tierras y cultivarlas pacientemente, los conquistadores españoles, mataban también indios, pero se dejaban de mariconadas e iban directamente en busca del oro y la plata, viendo como bastante más expedito y eficiente localizar El Dorado o el tesoro de los Incas que andar plantando patatas, que para eso, se queda uno en Castilla segando el trigo y dando de comer a los gorrinos. Nuestra guerra civil bien puede considerarse un atajo para no perder tiempo en tonterías y zarandajas de discusiones parlamentarias entre bandos irreconciliables. Como bien indicaba un compañero vasco que tuve: "Para qué vamos a discutir, si nos podemos dar de hostias directamente". No se entienda con esto que el español es violento de natural, o más violento que el resto de la humanidad, nada más es que no es dado a perder el tiempo y si hay que fostiarse, pues no perdamos tiempo y vamos de una vez "per feina(2)"

La impaciencia española muestra su cara eficiente en la gran productividad del bar español, donde el protocolo de petición de consumiciones:

Habitual en el resto del planeta: En España se sustituye por un eficiente
- Buenos días, caballero, ¿qué desea?
- Buenos días, nos sirve tres cañas de cerveza y una ración de bravas, si hace el favor
- Aquí tienen sus bebidas, caballeros
- Muchas gracias,¿nos dice cuánto es?
- Cinco euros
- Aquí tiene, que pase buen día
- Igualmente, señores, hasta la próxima
(Movimiento de cabeza desafiante del camarero)
- Tres cañas y una de bravas
- Marchando
- Cinco euros
- Talogo
(movimiento de cabeza hacia los siguientes parroquianos)

¡Cuan sabio hubiera sido dejar en manos de españoles la especificación de protocolos de comunicaciones!. Esta eficiencia se considera por parte de pueblos con protocolos menos eficientes como una falta de educación. Nada más alejado de la realidad, ni el camarero pretende ofender al cliente, ni este al camarero, nada más se pretende evitar que a los 30 segundos el parroquiano se queje con un "¿Qué pasa con esas cañas, macho? ¡que estamos secos!".

En su lado chungo, la impaciencia española implica un desprecio absoluto hacia el método y la sistemática, tan caros a los pueblos anglosajones. En España cualquier cosa hecha con método se considera lenta y un español que se precie buscará cómo cargarse la metodología para ahorrar pasos y acabar cuanto antes. Frases como "Pues hacemos las pruebas según vamos desarrollando cada módulo", "Ya haremos la documentación después", "Mucho tiempo planificado para corregir errores, si lo hacéis con cuidado, no habrá errores y podemos reducir este mes, incluso no hace falta ni hacer pruebas", "Déjate de burocracias, que necesito a los recursos ya mañana, me los traes y ya haremos la oferta", que dejarían los pelos como escarpias a un teutón, son moneda común en el territorio patrio.

En el amor, como en el trabajo y la guerra, el español (y la española, lógicamente, vamos a evitarnos lo de los vascos y las vascas) muestra también su impaciencia. Las largas relaciones de amistad mezclada con amor y los matrimonios basados en respeto mutuo y una baja dosis de amor/odio son muy propios de europeos del norte, pero demasiado lentos para el alma española. Los cortejos a la española rara vez se alargan en exceso, pecando más del "aquí te pillo y aquí te mato" que de excesiva prudencia. Los estragos del tiempo que en el Reino Unido convierten a la pareja en una unidad económica sin mayores lazos afectivos, en España tornan el amor en odio, pero no en indiferencia, que sería perder el tiempo.

Las aficiones, la forma de entender los negocios, el trabajo y la admiración hacia personajes está también teñida en España de impaciencia. ¿No es verdad que es propio de guiris lo de los barcos metidos en botellas de cristal? ¿Quién hace puzzles en España?. ¿Alguien en este país invierte pensando en tener un negocio sólido a los diez o quince años? ¿Qué español no se considera a los dos años de ejercer un trabajo que ya lo sabe todo y debería ascender de forma rápida?. Nadie admirará realmente a un científico o un empresario que con método, paciencia y tiempo haya conseguido algún logro, ya que como todo buen español sabe "Nos ha jodío, así no tiene mérito". Los ascensos sociales fulgurantes, los milagros de gestión y los pelotazos como Dios manda sí son en España algo a admirar y enseñar a los niños diciendo lo de "Fíjate, aprende, hace dos días, era un matao".

En fin, que esto es lo que hay, para bien y para mal. Al menos nuestra impaciencia nos permite ser los mejores en improvisar y en resolver problemas cuando requieren acciones rápidas y dejarse de mariconadas y zarandajas. O sea, que cuando necesite que me construyan una central nuclear, o un sistema de navegación aeronáutica, que casi lo pido en Alemania o Dinamarca.

(1) Como es lógico, la inconsistencia mediterránea obliga a no considerarse sujeto a las mismas obligaciones que se considera rigen para el resto de la humanidad.
(2) Expresión en catalán que indica lo de que bueno, vamos a dejarnos ya de andar por las ramas y venga, al tajo.

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miércoles, julio 19, 2006

Alegorías (2) : La guerra



Y ¿ qué se puede decir
de una cosa tan antigua
con la que el hombre medir
la fuerza que no apacigua?

Desde hace seis mil años,
que yo no puedo ni contar,
el hombre quiere hacerse daño
por no poderse aguantar.

Unos dicen ser patriotas
de un terruño, que es tan suyo
como de aquel que, en pelotas,
siente brotar su primer orgullo.

Pero no hay cáscara que valga
ante el señor don dinero,
al que todos adoran
y por el que manchan el suelo.

A veces son manchas rojas,
de masacre colectiva,
pues con armas destrozas
todo suelo, toda vida.

¿Por qué tanto derroche
de ingenio y sabiduría,
si el hombre está sólo de paso,
(de hecho da pocos pasos)
disfrutando de ésta, su jauría?

¡Que ganas de armar jaleo,
de volverse loco,
qué mareo!.

De romper las pelotas,
de sacar de contexto,
todo aquello que le ayuda
a ganar el mejor puesto.

Si el animal se pelea
así, a lo vivo, con otro,
para arrebatar bocado,
para ganar tronío,
para explicar :"esto es mío",
para conseguir descendencia...
No necesita a la ciencia!!



A la ciencia de las armas,
los misiles y las bombas,
no se llega con cariños
Si no con usura y muchos aliños.

Aquella que mueve al mundo
hasta la más atroz locura
es la usura del tener.

Sólo por sentirme seguro,
que no tengas tu ni un duro,
que yo te pueda proveer.

Porque si de mí dependes,
¡Ay, pobre de ti, mi hermano!
que yo te tienda la mano...
En guerra me he de cobrar,
todo lo que de humano
tu me quieres achacar.

Hay que hacer uso de todo,
porque si no ¿a qué cuento
gastar tanto en inventos
si luego no se han de estrenar?
Y en ese momento...
La lucha:
Esto es mío,
aquella es tuya...
¡Que tontería,
si sólo es economía, eso... mía!

Y el más poderoso
puede ser el más temeroso.
En esta carrera maldita
no hay ganancia, es doloroso.

Sólo se grita:
¡¡Quítate tu
Pa ponerme yo!!











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domingo, julio 16, 2006

Los barcos

En el varadero de un puerto en el fin del mundo, entre las barquillas de colores de los hombres de esa mar, he aprendido cosas tremendamente valiosas. He aprendido lo que es el trabajo físico que te lleva al límite de la resistencia.

He aprendido lo que es la naturaleza y su ciclo inexorable. He padecido en mi piel el sol que abrasa de los días de levante en calma; el huracán que te seca la pintura y te cimbrea el andamio y te arroja arena a los ojos cuando llega el viento feroz y seco del desierto; el frío y la humedad que vienen del Atlántico en enero y se te instalan en los tuétanos.

He aprendido sobre el mundo mágico de las supersticiones de todos los océanos -ese manto pavoroso y magnético-, plagados de sirenas con cantos de locura y dioses con tridentes que cabalgan sobre caballitos de mar.

He aprendido sobre el ritmo de las mareas y sus lunas y cómo condicionan el sustento de familias enteras.

He aprendido a pintarles ojos a esos barcos, a fuerza de mirar a los ojos a todos los barcos que busco de puerto en puerto. He aprendido de los pescadores la importancia de esos ojos para buscar el pescado y para encontrar el camino de vuelta a sus mujeres y a sus hijos.

Y, cómo no, he aprendido escuchar los relatos de los navegantes, a disfrutar los cuentos que todos cuentan sobre los barcos de su juventud en Chafarinas o en Venezuela o en el mar del norte. Y a llorar con ellos por tripulaciones enteras que desaparecieron en cualquier tormenta -como la del Joven Alonso-, o por un amigo -er cái- al que una ola, en una noche de invierno, lo arrancó del bote de la luz.

Por eso, en esta canícula, a dieciséis de julio y con un levante de cuatro flechas, quise escribir estas líneas como agradecimiento a todos esos pescadores que me permitieron entrar en sus barcos y en sus cuentos.

Salve, Estrella de los Mares .


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jueves, julio 13, 2006

El Gran Hermano

No es una fantasía de Orwel(1), el Gran hermano es una realidad. Él sabe a qué hora entras a trabajar, si viajas en transporte público o en coche propio, en qué trabajas, si estás prejubilado, qué periódicos lees, qué revistas te gustan, si comes en casa, qué tipo de pan compras, si tienes perro, si te gustan las plantas, a qué hora regresas del trabajo...

Él lo sabe todo y no de una persona, sino de un barrio completo. No necesita tecnología sofisticada, es más, seguramente nunca haya accedido a Internet. No se desplaza más de 10 metros de un punto fijo. Su método se basa en la observación del entorno y en la interrelación de lo que ve, buscando siempre puntos comunes. Su memoria es prodigiosa en capacidad y persistencia, no olvida nada y siempre tiene un lugar para guardar una nueva información. Aparentemente no persigue rentabilizar esta información, más bien parece que es una distracción para combatir el tedio.

El gran hermano se llama Antonio y desde su quiosco de prensa situado estratégicamente entre la panadería, la floristería y la entrada al garaje de residentes, ha conseguido derribar la barrera que creía infranqueable de mi privacidad. Tras una vida llena de discreción en mi barrio, en la que intento pasar desapercibida, él ha conseguido relacionarme con mis hijos, a los que previamente había relacionado entre sí. Su alegría fue grande cuando un día fui a comprar el periódico con mi marido y se le escapó la expresión de júbilo ¡ya tengo la familia completa!(2).

Una vez que consiguió los datos básicos de la ficha familiar, continúa recopilando los detalles, aplicando el método del tercer grado. Por ejemplo, si nos vamos de fin de semana y compran la prensa mis hijos, consigue sonsacarles a donde hemos ido. A la semana siguiente hace la prueba del nueve para que le confirmes la información. Si nos ve muy morenos en primavera, nos preguntará cuál es el motivo (3), si al leer un titular de un periódico se nos escapa un comentario, tomará nota o nos tirará de la lengua, y así va recopilando todos los pequeños detalles con los que vamos desvelando nuestras preferencias.

El otro día me reveló su algoritmo de base de datos. Tiene una memoria relacional, no conoce los apellidos solo los nombres y algo que te diferencia de los demás. Por ejemplo, mi clave primaria familiar es "lula"+"nombre de mi hija pequeña"(4). Me contó también la importancia de los perros para identificar a las familias:

Un perro no se parece a otro perro (clave primaria) y tarde o temprano es paseado por todos los miembros de la familia, solo hay que tener paciencia .

En los tiempos que vivimos en los que la privacidad va camino de ser una utopía, el tráfico de datos para fines comerciales es un negocio asegurado. Así como en los carteles del lejano oeste aparecía al pie de la foto de los forajidos "Wanted (dead or alive) $1000", ahora cada persona es perseguida y tasada en función de sus datos siempre que esté alive. La forma de obtener esta información no contempla en este momento al Gran Hermano, ¡qué oportunidad están desperdiciando!


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(1) Es de todos conocido que la realidad supera la ficción
(2) Como el famoso juego de cartas de mi infancia: la familia tirolesa, la india, la bantú, ...
(3) Tendido 7+golf
(4) Mi hija pequeña es lula 2.0, clónica de lula pero más alta, más guapa y más lista.


Nostalgia: hace un año publicábamos: Terelu entre bambalinas


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martes, julio 11, 2006

Alegorías (1) : El Fuego



El hombre observó
que la Tierra emitía fuego
que quemaba la madera;
esto tentó su ego
para que inventara lo que fuera.

Quería prender los troncos
de los árboles caídos,
y utilizaba los nidos
para deleitar a unos pocos.

Pero, volviendo a la manera
de prender la llama primera:
Lo intentó,
lo pensó,
y cuando por fin lo sintió,
el calor del sol le ayudó.

Del sol sacaría fuego,
y las chispas...?
del frotar,
del frotar sin parar,
sobre lascas,
para luego...
Bueno luego,
prender astillas, sin más.

Esa fuerza que abrasaba
y a animales asustaba,
se podría utilizar
para calentar.
Calentar los cuerpos,
calentar los sólidos,
calentar los líquidos,
calentar como el astro,
cuando ya no le quede ni rastro.

Este poder de crear,
le dio un dominio fabuloso,
hacer fuego fue domar
al animal más peligroso.


Cuanto más se emocionaba
con el ingenio primoroso
de propagar una llama,
cuando y donde le venía en gana,
más se volvía temeroso.

Porque todo poder asusta,
y el del fuego el que más,
pues destruye en un momento
desde un árbol adulto
hasta lo más ínfimo, en un "zás".

Mucho te da
y todo te quita
¡Hay que ser precavido,
aguzar el sentido,
y sobre todo,
ser agradecido!.

Esta enseñanza del fuego
no es la primera,
viene luego
cuando el hombre emocionado
sus sentidos deja a un lado.

Y es que el fuego,
como exalta,
realza tus pensamientos,
calienta tus guerras frías,
derrite tus desaciertos.

Es, aquello que nos falta
cuando andamos sin aliento.









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viernes, julio 07, 2006

Exorcizando fantasmas (3)... y de mundial a mundial

Prólogo: A estas alturas, y con tanto exorcizar, todos ustedes pensarán que yo debo tener más fantasmas en la cabeza que un castillo escocés, pero como le dije en su día a Lula? y ¡la de pasta que me estoy ahorrando en un psicólogo, porque al menos ustedes no me cobrarán por leerlas y comentarlas!!

De todas mis frustraciones infantiles, la peor, la que recuerdo con la amargura de los siete años que tenía entonces, fue el día de mi Primera Comunión.

A pesar de que, excepto por una generación, toda mi familia es oriunda del norte de la Península, una buena mezcla de vascos, leoneses y sobre todo asturianos, realmente soy nieta de emigrantes y mis padres forman parte de la generación nacida en el extranjero y que retornó a España a estudiar cuando la situación de mis abuelos lo pudo permitir, y que se quedó, por lo que aunque yo entonces vivía en la costa del Cantábrico, casi toda mi familia viva directa no estaba aquí por aquella época, así que el resto de mis primos, tíos y demás no vivían cerca. Para mí, ir al pueblo en verano a ver a mis abuelos era sinónimo de coger un avión trasatlántico y pegarme un vuelo de casi doce horas para pasarme tres meses de temporada de lluvias metida en la casona de mi abuela, en el centro neurálgico de la ciudad más contaminada del mundo, matando el aburrimiento con los cincuenta y pico mil canales de tv que tenían.

Así que cuando tenía siete años me tocaba hacer la Primera Comunión y todos mis compañeros del colegio la iban a hacer juntos en una ceremonia múltiple, chicos y chicas, todas, menos yo, porque como aquí en España solo vivían mis padres y mis hermanos, pues decidieron que yo mejor la hacía donde pudiera asistir toda mi familia en pleno.

Cada una de mis amigas del colegio tuvo su gran fiesta infantil para celebrar con las compañeras del colegio y yo asistí a todas, una por una, durante un mes y medio de suplicio porque yo no tuve mi propia fiesta civil , con vestido nuevo y regalos de mis compañeros, y a todas les llevé el mismo regalo, una esclavita de oro con su nombre grabado, y durante semanas asistí con amargura a los ensayos de la ceremonia, mirando desde un lado del salón de actos del colegio que hacía las veces de la iglesia donde se iba a celebrar o incluso sustituyendo a alguna niña que ese día no había ido a clase.

Y por fin llegó el día en que tomábamos nuestro avión para irnos a pasar las vacaciones y celebrar mi propia ceremonia de comunión y la sola idea de la promesa de un reloj, mi primer reloj de muñeca, me hizo ir con un poco más de alegría.

No sirvió de nada que yo hubiera tenido que tragarme todo un año de catequesis en mi parroquia española, porque mi abuela no se fiaba de mi instrucción y me confió a una beata amiga suya para que me diera las pautas definitivas antes del gran día.

No sirvió de nada que yo quisiera un vestido blanco y una capota con velo corto como todas las niñas de mi colegio; mi madre me vistió con un precioso vestido blanco roto con un enorme y ancho cinturón rosa, con tremendo lazo atrás, debajo del cual llevaba un conjunto de ropa interior de ganchillo tejido para la ocasión por una tía abuela y que me picó por todos lados durante toda la mañana, y me recogió la melena con dos mini peinetitas con florecillas blancas y rosas de tela.

No sirvió de nada que yo quisiera una tarta blanca y redonda como las que había visto a mis amigas, con la muñequita vestida de blanco encima, como una novia en miniatura, no, a mí me trajeron una enorme bota de merengue que era la casita de Blancanieves y los siete enanitos, con las figuritas de mazapán que tuve que repartir entre los niños que habían asistido y que en su totalidad eran amiguitos de mis primos y a los cuales yo jamás había visto más que de refilón.

A eso de las dos de la tarde, harta ya de las primeras frustraciones, subí a llorar a mi habitación hasta que mis padres extrañados vinieron a consolarme y me permitieron cambiar mi disfraz de muñeca repollo por mi adorado peto vaquero y abrir mis regalos, para descubrir que NADIE me había regalado el reloj que yo tanto deseaba y que por el contrario tenía cuatro cámaras de fotos, ocho álbumes para guardar los recordatorios, tres o cuatro rosarios, un misal con las tapas de nácar?

A las tantas de la tarde de aquel aciago día de finales de junio de 1978 el destino decidió que se jugara la final del Mundial de fútbol entre Argentina y Holanda y me terminó de joder la fiesta, porque mi abuelo argentino había jugado al fútbol de joven y en mi casa no son fanáticos, son adictos a ver un grupo de tíos corriendo detrás de un balón, y una final con Argentina de por medio era cuestión de estado entre mi gente, así que todo cristo se marchó corriendo al salón de mi tío abuelo donde una novedosa pantalla de cientos de pulgadas iba a ser estrenada para ver el mencionado partido.

Yo me quedé en medio de un grupo de mocosos que había destrozado a golpes mi piñata de Hello Kitty y que me pedían que repartiera más caramelos y los recordatorios que estaban esperando en paquetitos sobre la mesa del comedor de mi abuela. Me negué en redondo y salí corriendo, cogí los paquetitos y me encerré otra vez en mi habitación, a llorar de nuevo mientras rellenaba los ocho álbumes con los montones de recordatorios que mi abuela había encargado, todos distintos en algún detalle y que a mí no me dio la gana de repartir.

Mientras rompía las estampitas que sobraron y no cabían en los álbumes, escuchaba los gritos de euforia porque Argentina ganaba el puto Mundial y los mayores salían al jardín berreando y mi tío encendía la barbacoa para seguir la juerga hasta el día siguiente para celebrar el partido y que además el siguiente Mundial era en España y, ya puestos, que el Pisuerga pasa por Soria? un desastre!!!

Epílogo: Justo en los días en que escribí este post, leí el siguiente extracto de un suplemento dominical donde una madre desesperada por el pedazo business que implica la Primera Comunión de su hijo, se dirigía al psicólogo Javier Garcés, asesor de la Unión de Consumidores de España y este le respondía: Garcés tiene claro que la Primera Comunión es un momento idóneo para educar al comulgante en la frustración: "Los valores presentes ese día formarán también parte de su educación [?] Deben entender que lo importante del acto es, además de su significación religiosa, poder compartir un día con la familia y amigos, procurando que el niño se sienta el centro de la atención y el afecto. Respetando esto, han de sentirse libres a la hora de celebrarlo como quieran y puedan: con una comida en casa, al aire libre o en un restaurante".

Ahí queda eso, voy a imprimirlo para que lo lea mi madre !!!

Sección-Sapos y culebras

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martes, julio 04, 2006

La envidia

Hace algún tiempo me puse a pensar en la idea de la envidia. Esta palabra, que tantas connotaciones negativas nos evoca, me sugirió, al pensarla, nuevas visiones que, sorprendentemente, no eran tan negativas.

El querer repetir lo que uno ve que le gusta de otro hace que las cosas originales (nuevos inventos) se acepten e intenten superarse.

En la carrera de la evolución, el hombre intenta llegar más lejos, aumentar sus conocimientos en una búsqueda constante de lo que, idílicamente, sería la felicidad. Podemos observar un aumento de movimiento. Se vuelve más ágil, más inteligente, más capaz y se aprovecha más el tiempo.

Vi un documental sobre el hombre prehistórico que me iluminó sobre el tema. Estaban los cavernícolas buscando comida, en una época en que su único sustento eran los animales muertos. Cazados por ellos mismos o encontrados entre carroñeros. De pronto, a uno se le ocurrió acceder al interior de los huesos, ya partidos, mediante un palito con el que se ayudaba para sacar su contenido y degustarlo. Detrás de unos matorrales había varios de su tribu observándole. Nunca habían visto nada igual. Después todos le imitaron y desde aquel momento intentaron superarle: mejores utensilios, más destreza, en definitiva, habían aprendido mucho y practicado.

Seguro que el primer sentimiento que generó todo fue la envidia: yo también quiero tener o hacer lo que aquel hace o posee. Si él puede, yo también. Si él tiene, yo también puedo tenerlo.

Aquel primero que "sobresalió", al que envidiaron, se convirtió en un gramo de luz que impulsó al resto a evolucionar. De este modo, la evolución colectiva es más rápida. De hecho genera una energía que lleva a los demás a sentirse más seguros e impulsados a imitar el ejemplo.

Siempre se ha dicho que España es un país de envidiosos, bien, pues yo creo que si se sobresale de corazón, con desinterés, se actúa sin querer como vehículo de crecimiento. Por eso los españoles nos vemos impulsados a un ritmo vertiginoso. Claro que no juzgo si lo que se envidia o imita es bueno o malo. Eso lo dejo al gusto del envidioso y sus necesidades.

Observo a muchos envidiosos y sólo puedo ver su necesidad de acaparar, bien sea de índole material o meramente sentimental. ¿Realmente necesitan poseer lo del otro para arrebatárselo o simplemente están aprendiendo nuevas maneras, costumbres o útiles?

Hay tantas respuestas como tipos de envidiosos, pero lo que sí me queda claro es que se puede ver la envidia desde ángulos más positivos.


Sección-Reflexiones

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