lunes, junio 04, 2007

Descubriendo la piedra pómez



Reconozco que normalmente suelo llegar a todo en esta vida o con demasiada antelación o con demasiado retraso. A los cuatro años mis dos canciones favoritas eran el submarino amarillo (que me la enseñó mi madre, Beatlemaníaca donde las hubiera) y el conejo de la Loles (que por lo visto me la enseñó el hermano de mi madre, solo para fastidiar), y atormentaba a mi abuela día y noche con esas dos sugerentes melodías en un Remix que no paraba, como los de la radio. Y digo atormentaba porque me imagino que en el año 74 y siendo mi abuela súper numeraria del Opus, no debía hacerle demasiada gracia cuando estaban sus amigas tomando el té y rezando el rosario tener un mico berreando por la casa we all live in a yellow submarine o justamente lo del conejo que te contaba.

Luego, por lo de llegar tarde a otra serie de cosas, me dieron los veinte años (pero bien cumplidos y de largo) sin saber quién era Van Morrison o pensando que el tal Mike Oldfield que cantaba Moonligh Shadow era algo así como lo de Mecano, que cantaba una chica pero en primera persona masculino…

A mí la vida me surgía hasta que se me aparecían gurús que me iluminaban, y entonces me volcaba. La cosa es que yo llevaba fatal y desconcentrada desde que terminó el año pasado y hacía unos meses que estaba cobrando casi que por abrir la oficina y poco más, incapaz por completo de centrarme y hacer lo que se supone que hago. Así que mi psicóloga me recomendó practicar yoga.

Y lejos de dejar de ir a terapia o pensar que eso estaba bien para cuando tenga sesenta años, opiné que era una buena idea, hace años que lo hice durante una buena temporada y me vino muy bien, así que pensé en volver y lo hice además convencida y preparada para todo, ya no solo para llorar sino hasta para vomitar si hiciera falta, porque recordaba que la primera vez en mi vida que hice yoga tuve que salir corriendo al baño para abrazarme al inodoro mientras alucinaba pensando en cómo estaría mi organismo para generar algo de aquel color verde fluorescente sin haberme tragado previamente un blandi blub.

El primer día de mi nueva etapa en el yoga me apalanqué en mi colchoneta, empecé a concentrarme en mi respiración y en mi mente, ejercicio y asana por aquí, asana por allá, y cuando había pasado una hora y media tenía una cara de iluminada que me duró una semana completa, porque encima hubo un día festivo de por medio y no pude tener más clase hasta una semana justa después.

Entonces, ahora, he descubierto la piedra pómez y me he sumido en una vorágine de Chill out, filosofía zen, y buen rollito que me tiene flotando en mi pequeño nirvana de despertar a mi nuevo yo. Y tengo el ipod cargado de Enya, Café del Mar y todo lo que encuentre, y he grabado cd's para el coche y cargo y descargo gigas de música en el ordenador de casa y en el del trabajo, y oye, funciona!!!!!

Los atascos de tráfico son geniales, cuanto más duren es que mejor, porque así te da tiempo a escuchar más, llego tarde al trabajo y la sonrisa de iluminada que te decía antes se le contagia hasta a mi jefe que termina pidiéndome que le grabe uno o dos cd de esos, llego a casa y la vida es de color naranja y camino levitando por el pasillo mientras mi madre repite un mantra de bendiciones para mi psicóloga y en el trabajo rindo como una condenada porque paso las horas balanceando mis hombros al ritmo de la música mientras hago facturas, gráficos, resúmenes y lo que me echen, todo con una sonrisa interior que empieza a preocupar a mis allegados más escépticos.

Claro, ahora me planteo si abandonarlo todo, largarme a la India y dedicar el resto de mi humilde y sencilla existencia a meditar, hacer el bien, no volver a comer carne y vivir de las limosnas de los creyentes mientras escucho el sonido de las olas del mar y el piar de los pajaritos silvestres.

La cosa es que lo de la India apetece, no crean, de hecho es uno de mis destinos soñados, y lo de meditar y hacer el bien, pues hombre, digo yo que igual no haría falta irse tan lejos para llevarlo a cabo; ahora, vivir de las limosnas cuando tienes hipoteca, préstamos, citas pendientes con el dentista, y lo de no comer carne para que luego venga la cesta de navidad con un serrano jamón serrano… va a ser que no.

Además, eso de pasarte la vida escuchando las olas del mar y el piar de los pajaritos, creo que puede llegar a desquiciar a cualquiera: una vez fui de finde a una casita rural que en medio del patio tenía un pozo con un cubo con un mecanismo para que estuviera derramando agua constantemente… diz que para relajar. Al segundo día yo estaba como Mc Giver buscando la manera de sabotear aquello porque tanta agua cayendo todo el rato me estaba dejando líquido el cerebro. Otra vez me compré un cd con cantos de ballenas y según me apalanqué en el sofá y empecé a escucharlo me vinieron a la mente los de Greenpeace abordando a un ballenero japonés, eso me trajo imágenes de cacerías de focas, eso me trajo imágenes de cosméticos de alta gama… terminé regalando el cd.

Digo yo que no hace falta irse a los extremos y que una puede relajarse y hacer yoga y seguir por otro lado con su vida habitual, vamos, que no me veo yo cambiando mis modelitos por una túnica naranja ni poniéndome cascabeles en los tobillos para venir a trabajar o rapándome la cabeza al cero para ofrecer mis cabellos a Buda y que me ilumine con su sabiduría. Tiene que haber un término medio, no?

Mientras tanto, me sigo balanceando y concentrando mi pequeño yo para lograr la búsqueda interior que tanto persigo. Lleva su tiempo, por eso ando algo perdida del Blog

¡¡Ni me menees!!

4 comentarios:

mint dijo...

Te encontraba a faltar, pero claro ya veo que estás muy espiritual (que no espirituosa). Me ha hecho mucha gracia tu texto. Mis hijas eran de las que no se dormían ni a tiros. Pasillo arriba, pasillo abajo con el cochecito, horas acunándolas sin ningún éxito... hasta que descubrí la música. La mayor se dormía plácidamente escuchando a los Platers y con la pequeña fue mano de santo Enya. A la pequeña, ahora no hay quien la despierte, y a veces me siento culpable de haber introducido en su pequeño subconsciente la New Age. Espero que algún día me perdone. No he vuelto a escuchar a Enya desde entonces y no creo que vuelva hacerlo. Tu psicóloga te recomienda yoga, mi médico tai-chi. ¿Será una conspiración orientalista?. Un beso muy grande.

Rebecuqui dijo...

Hola mint, ya ves que andaba perdidilla, pero llevo un "inicio" de año que... ya irás leyendo porque ayer me decidí a poner todo en orden y al día para "sacarlo a la luz".
Mi psicóloga es la pera y no la cambio ni por todo el oro del mundo, tiene unas muy buenas ideas que me deja caer de vez en cuando, porque mi terapia es muy divertida, no se trata de la típica consulta donde vas, largas tu rollo y te cobra por escucharte, no; yo voy, planteo mi problemática en ese momento (que tengo para dar y regalar) y entonces ella me sugiere pasos a seguir para que yo misma me organice y planifique un plan de vuelo a seguir durante los siguientes dias- semanas o incluso meses, tomar una rutina que luego se supone que debo llevar a cabo de por vida...
Lo del yoga me lo planteó ella y ya lo había pensado yo también, una vez hice tai-chi, y otro día leerás mi nueva incursión en temas orientales, porque estoy a tope.
De todos modos, si tanta gente lo practica y le va bien... no debe ser ninguna tontería, verdad?
Enya está genial para relajarse, yo tengo en el trabajo mucha música suya, o también el mencionado Mike Oldfield que viene genial para no ponerte a cantar (excepto claro, Moonlight Shadoww) o a medio bailar, es música que no tienes que seguir con la cabeza sino con el corazón y te ayuda mucho a concentrarte.
Ya me dirás qué piensas de todo lo demás según vayas leyendo.
Besitossssss

Lula Towanda dijo...

Me alegra saber de tu vida y verte tan vital.
Seguro que te haces con una buena colección de piedra pómez. No veas la dichosa piedrecita como elimina las "callosidades" y suaviza los codos.
Buenísima tu vena cantora infantil y su repertorio.

Rebecuqui dijo...

Jajaja, lo de mi vena cantora es la leche, la heredé de mi madre, como a ella le daba "pena" levantarnos para ir al colegio en Asturias con las nevadas que caían y todo eso, siempre nos despertaba con canciones de su cosecha, como por ejemplo "arriba mis pollos, nos vamos a levantar, arriba mis pollos vamos a estudiar". Cuando mi perrito se me echa encima por las mañanas al sonar el despertador, suelo sacarme de la manga rimas de ese estilo y quieras que no, te levantas un poco gansa. En mi casa siempre hemos sido muy musicales.
Las piedras pómez... vamos, las estoy sacando hasta de donde no sé, sigo con más cosas, ya iréis leyendo, y si, quitan las callosidades como ninguna otra cosa en el mundo.
Besitos