miércoles, octubre 25, 2006

El Balduque

A falta de post, bueno es el fondo editorial. Rescato este relato al que tengo especial cariño por permitirme conocer a personas interesadas en el balduque, cada una por un motivo. Guardo un especial recuerdo de Harry van den Berselaar, residente en la ciudad que dio nombre al balduque y que me envió el texto de una conferencia que dio en su ciudad sobre El milagro en Empel. Tiene especial merito porque realizó un interesante trabajo de investigación histórica, tanto en España como en su ciudad con el único fin de conocer mejor la historia del lugar en que vive y practicar la lengua de Cervantes. Le pedí permiso para publicar su conferencia pero aun no he encontrado tiempo de poder hacerlo. De este año no pasa que antes de la Inmaculada lo publique.

Dentro de mi frenética actividad en la promoción de la Sociedad de la Información, con una tendencia antinatural a digitalizarlo todo, siempre me han sorprendido los Expedientes Administrativos, archivados en sus carpetas de cartón verde oscuro y atados y bien atados con balduque -para el que no esté familiarizado con la Administración, aclararé que es una cinta de tela roja con la que se hace un lacito para cerrar la carpeta que contiene el expediente-. Este nombre me pareció tan sugerente que lo entregué a la iniciativa la palabra del día(1) para buscar su etimología. Y resultó provenir de Bois-le-Duc, que es la traducción al francés de Hertogenbosch(2) , ciudad holandesa donde se tejían estas cintas. Una vez conocido el dato y ajustándome más a mi intuición femenina que al rigor histórico, paso a describir el origen de esta cinta carmesí.

El origen del balduque data de cuando reinaba Felipe II -en cuyos dominios no se ponía el sol-, el cual inició el esplendor de la actividad funcionarial al anotar escrupulosamente todas sus decisiones de gobierno, lo que dio lugar a la intocable casta de los funcionarios, vigente hasta nuestros días. Por ello nunca he comprendido por qué es más popular el Sr. Moscoso que este monarca, que debiera ser patrón y luz de todo funcionario que se precie de conocer la Historia.

Nuestro monarca -no en vano llamado El Prudente- se tomaba su tiempo en adoptar resoluciones, que a veces tardaban varios lustros en ver la luz. Pero las idas y venidas hasta que esa luz llegaba eran escrupulosamente anotadas por los muchos y muy aplicados escribientes; de esta manera, los expedientes empezaron a adquirir un volumen inmanejable por lo que se hacía necesario archivarlos entre cartones y atarlos con una cinta. Naturalmente, este hecho disparó la demanda de cintas, por lo que se convocó un Concurso Administrativo para proveer material burocrático. Una vez examinadas las distintas plicas, resultó agraciada la ciudad de Hertogenbosch que ofertó una cinta roja, arriesgándose con tan atrevido color ya que de todos era conocido el gusto del monarca por la sobriedad del negro. Con esta concesión, se dio lugar a un nuevo monopolio dentro de un mercado global como era en aquel momento el Imperio Español(3) . Mucho se habló en la corte de si el secretario del rey, Antonio Pérez, se había hecho una casita(4) con cierta comisión por interceder a favor de los flamencos. Finalmente, duró tanto la concesión o fueron de tanta calidad estas cintas que adquirieron el nombre de la localidad de la que procedían, pero en su acepción francesa que queda como más elegante. Ni que decir tiene que el nombre se mantiene hasta nuestros días.

Hasta la fecha los informáticos no hemos sido capaces de digitalizar el balduque. Lo más parecido es la función de abrir y cerrar fichero, pero se tiene que perfeccionar más. Por eso, cuando vayáis a cualquier ventanilla de la Administración a solicitar un expediente, exigid que esté debidamente archivado en una carpeta verde oscuro y atado con una hermosa cinta roja de balduque. Si no es así, rechazadlo por apócrifo.

(1) La palabra del día fue una iniciativa culta y cuajada de humor que consistía en encontrar palabras de poco uso, buscar su significado y aplicarlo a un hecho cotidiano mediante una cultísima y barroca frase. Esta actividad era, más que digna de elogio, encomiable, ya que estaba encuadrada en un ambiente eminentemente técnico de ingenieros un poco rudos en cuestión de Humanidades. Pero como siempre hay excepciones, algunos gozaban de una prosa digna del Siglo de Oro.
(2) En esta ciudad nació, vivió y murió uno de los pintores más grandes de todos los tiempos: El Bosco. Las malas lenguas dicen que nunca salió de esta urbe ni para ir a Amberes, que queda bastante cerca.
(3) Como se puede observar, se confiaba más en el monopolio que en la libre incompetencia. Perdón, competencia.
(4) La Casa de Antonio Pérez estaba situada en la calle Santa Isabel, detrás del antiguo hospital de San Carlos, actual sede del Colegio de Médicos de Madrid.

Sección-Expedientes-X

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¡¡Ni me menees!!

5 comentarios:

Muxfin dijo...

Propuestas para la digitalización del balduque:
Balduque: 1.-Contraseña que se coloca en ciertos documentos para poder abrirlos o editarlos.
2.- Sistema de seguridad que utilizan los blogs en sus comentarios para evitar que éstos se desmadren y se llenen de suciedad. Consiste en unas creativas letras que el comentador tiene que repetir para acceder a la conversación. (Por ejemplo, para introducir este comentario tengo que poner "ilusj").

Chica Gato dijo...

La inquietud por los archivos ha coincidido en España con las épocas más notables de las distintas reorganizaciones políticas del país. A lo largo de los siglos XII al XVIII se establecieron los que hoy constituyen los más importantes Archivos Estatales de carácter histórico. En 1540, Carlos V dispone el traslado de un importante conjunto de documentos al Castillo de Simancas, en Valladolid y Felipe II organizará el Archivo en 1588. En 1785 Carlos III crear el Archivo General de Indias con objeto de reunir en un solo lugar los documentos referentes a Indias. En el siglo XIX se consolida el sistema archivístico estatal, con la creación del Archivo General Central de la Administración (1858) en Alcalá de Henares y la creación de un cuerpo de funcionarios especializado en el tratamiento de archivos: el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos.

Son estos últimos los que mejor hacen el lazo con el balduque (que ahora también es blanco). No equivale un sistema de seguridad Muxfin, simplemente a un sistema de mantener juntos/atados los documentos pertenecientes a un legajo.

Julen dijo...

Pues de balduque... balducar. ¿Y cómo se balduca un blog? Porque lo de ponerle cintita roja ya mola. Al menos para cuando lo tienes un par de días sin usar (quienes podéis, claro), podíamos colocarle el balduque para que no se desparrame, ¿no?
Un saludo,
Julen

Anónimo dijo...

¡Qué tradición tiene eso de que los políticos reciban comisiones por adjudicar ciertos servicios! Pues nada, los de la Operación Malaya y similares ya saben que tienen que nombrar santo patrón a Antonio Pérez.

Anónimo dijo...

Muxfin: No se me había ocurrido una aplicación semejante del balduque a los blogs. Lo que escribimos entre todos está llegando a un volumen que no habrá balduque para sujetarlo. Podríamos montar un business semejante al archivo de Simancas para los blogs y lo podríamos llamar blogduque, me he reservado ya el blog, mira aquí

Chica gato: Como se nota que no te es extraño el mundo del balduque y que tus uñas gatunas no te impiden hacer un lazo perfecto. Al final el pasado se queda siempre aprisionado entre ataduras. ¿con qué se atarán nuestros escritos en el blog?

Julen: No sabes lo que envidio tu capacidad de escribir tanto y tan bien. ¿qué desayunas? A mi me cuesta un dolor escribir una página. Tu no necesitas atar tu blog porque nunca pasa a estado de archivo, está siempre en activo. El día que lo quieras archivar, vete buscando en Bilbao una tienda que tenga suficiente balduque, que aun allí las van a pasar moradas.

Kotinussa: Un santo varón Antonio López comparado con la troupe de la operación Malaya. Hay que reconocer que a cinta roja ha dado mucho juego y ha quedado para la posteridad y lo que quedará de Marbella son los desmanes urbanísticos.