martes, noviembre 14, 2006

Cuestión de turno

Dedicado a Mint, que sienten curiosidad por mi lado camorrista. El comentario que dejó en el post de contrincantes me trajo a la memoria lo que voy a contar a continuación.


Hace ya unos cuantos años, cuando nació mi hija pequeña, residía en un pueblo costero del sureste de Andalucía. Allí pude comprobar que los hábitos sociales eran bastante diferentes a los de Madrid. No me llegué a adaptar a sus costumbres, alguna de ellas tan manifiestamente machistas que provocaron que aflorara mi lado Towanda como se verá más adelante.

En aquel pueblo estaba asumido el dicho de quien madruga Dios le ayuda . Por este motivo TODAS las mujeres(1) madrugaban como unas condenadas para ir al mercado y se llevaban todo el pescado antes de las 10 de la mañana. Acostumbrada como estaba en Madrid a que los mercados abrieran por la mañana y por la tarde y que siempre hallara lo que buscaba, me encontré en una situación de mucha incertidumbre para el avituallamiento familiar. Se daba la paradoja de que vivía en uno de los puertos pesqueros más importantes de Andalucía y que lo más complicado era comprar pescado.

Estaba de baja maternal pero me levantaba a la misma hora que cuando trabajaba. Tenía que levantar, vestir y dar de desayunar a tres niños, unos de ellos bebé, llevar a los mayores a la guardería que estaba en un extremo del pueblo para volver a cruzarlo en dirección al mercado. Todo ello a pie porque entonces solo teníamos un coche que utilizaba mi marido para ir a trabajar. Entre unas cosas y otras llegaba al mercado con muy poco margen por lo que decidí comprar en una pescadería que estaba cerca de casa para no agobiarme. El pescado de la zona era muy bueno pero poco variado: brótolas(2), salmonetes, rape y pez espada.

Uno de los días que fui a comprar a la pescadería encontré unas hermosas pescadillas de medio kilo. La pescadera las denominaba "merluzas" porque allí no se suelen dar de ese tamaño y como se suele decir el ojo del amo engorda al caballo. Pedí la vez y me la dio una de las dos señoras que estaban esperando para comprar. Empecé a rezar para que ellas pidieran otra cosa a la vez que me creaba expectativas y evaluaba las alternativas de cocinado de las "merluzas".

Estando en ese estado de estrés entró un hombre en la pescadería. La pescadera se dirigió a él para atenderle, saltándose todas las reglas del turno. En aquel pueblo los hombres no iban a la compra. Si aparecía uno tenía que ser por una causa de fuerza mayor y se consideraba que su tiempo era oro y el de las mujeres chatarra. Me pareció fatal, pero me contuve. Pero cuando el hombre abrió la boca y dijo "ponme las merluzas" ya no hubo barreras para contener mi indignación. Podía resignarme a que las señoras que iban antes que yo las compraran, era una cuestión de suerte, pero que entrase un hombre y sin esperar turno se llevase mis plateados objeto de deseo ¡NO! No lo podía consentir.

La pescadera puso las "merluzas" a pesar y mientras ella miraba en la báscula cuando la aguja llegaba a su tope, cogí la bandeja del peso y deposité de nuevo los pescados en el mostrador. Miré al caballero y le dije: "Usted ha llegado después que yo y no se va a llevar las merluzas". La pescadera se quedó de piedra y el hombre se quedó mudo y las señoras que iban delante me miraban como si estuviera loca. No sé si fue por miedo o porque tenían otros planes pero las señoras que iban delante de mí pidieron otra cosa y conseguí llevarme mis "merluzas".

Cuando nos las comimos le conté a mi marido lo duro que era hacer la compra en este pueblo con lo fácil que era hacerla en Madrid.

(1) Digo mujeres porque en al mercado en aquelas épocas no acudía ni un hombre
(2) La brótola es un pescado blanco riquísimo parecido a la pescadilla pero más blando. No lo venden fuera de la zona donde se pesca porque no debe aguantar bien el transporte.

Sección-Expedientes-X

technorati , , ,

¡¡Ni me menees!!

15 comentarios:

Cristina (Tora) dijo...

Yo no voy al mercado desde niña... también en la pescadería se le quisieron colar a mi madre y a la lista de turno y su marido, ambos con pinta de jubilados, de esos que tienen mucho tiempo, les puse a caer de un burro: lo mas fino que les dije fué "¿se han pensado que mi madre es tonta? sabe perfectamente que le toca a ella, esperense que tienen todoel tiempo del mundo, caraduras". Esto con unos 11 años. Huelga decir que mi madre no volvió allí, creo que por la vergüenza del vocabulario que usé alrededor de las frases que os he puesto XD

María dijo...

Yo también le bajo las "merluzas" del peso porque como tu dices que las personas de delante se las lleven es cuestión de suerte, pero el que se cuela NO. ¡Con lo que me gusta a mí (des)esperar en el mercado!. Besos

Julen dijo...

¡Hay que ver cuánto merluzo!

Anónimo dijo...

Le ganaste por la mano porque no dominaba la tecnología. Precisamente a mi me pasó hace unas semanas algo muy parecido pero al revés.

Estaba yo esperando para comprar los últimos pescados que quedaban y una señora se me los llevó usando el viejo truco de llamar por el teléfono móvil a la pescadería y reservarlas.

Por mucho que proteste no hubo manera.. es que como dice Julen muchos merluzos nos preceden y pagamos justos por pecadores.

Zifnab dijo...

Towandaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

La encantadora de abejas hubiera estado orgullosa de tí (insisto en que algon día hablaré de Tomates Verdes fritos).

Nunca pensé qe unas merluzas pudieran dar tanto de sí, aunque si conocía que el mercado es el segundo lugar más crispado de la civilización después de un atasco. Hiciste la mar de bien.

Se feliz

almena dijo...

ole, ole y ole!
seguro que aquel día se inició el cambio en las costumbres de aquel pueblo...
¡me ha encantado!

un abrazo!

la-de-marbella dijo...

Jajajaja, me he reido un rato. No creas que han cambiado tanto las cosas en los pueblos pequeños de aqui. Me imagino cuando te fueses los comentarios de la pescadera y las señoras. Les alegraste el día chiquilla, digo la forastera, valiente genio jajajajajaja. Un beso, muy bueno

Lula Towanda dijo...

tora Se te ve el espíritu Towanda, prometes mucho. A mi me pasa al contrario, son mis hijos los que se avergüenzan de mis momentos Towanda, no saben dónde meterse

Maria Lo del pescado es casi tan estresante como jugar a la ruleta rusa, pero es emocionante des(esperarse) en él

Julen Y tu que lo digas de merluz@s está el mundo lleno, pero encima no son comestibles

Telémaco No había caído en el uso picaresco de la tecnología. ¡Pero que idea más buena! No se si aplicarla en momentos de emergencia

Zifnab Y eso que las pescadillas eran sólo de medio kilo :-). Me quedo en ascuas para poder leer lo de los tomates verdes fritos.

almena Pues no, la vida sigue igual por allí, mira lo que dice la Marbelli. La verdad es que como era forastera, me disculpaban las salidas de tono. Para que te hagas una idea del nivel, decían que si mi marido era viudo porque paseaba a mi hija pequeña en el cochecito.

Marbellí Pues seguro que les di tema de conversación para un rato. Ellas se quedaron con los chismes y yo me llevé las pescadillas, todas ganamos

Anónimo dijo...

Desde luego, no esperaba menos de ti. Yo, más que experiencias con hombres descarados como aquel, las tengo con viejecillas igualmente descaradas. Algún día tengo que escribir un post sobre eso.

pablo dijo...

te aseguro que despues o el hombre pediria la vez o alguna mujer aprenderia de ti para ponerlo en su sitio, y es que hasta que uno no rompe el hielo y demuestra que hay cosas que se pueden hacer los demas no abren los ojos

Anónimo dijo...

Glups, abrumado estoy por la dedicatoria. Todos somos esclavos de nuestra propia imagen. En realidad no somos dueños de ella, se define a partir de la percepción que los demás tienen de nosotros. En muchos escritos tuyos he visto ese lado camorrista (que me encanta), sea con las pobrecitas monjas, con algún compañero de trabajo, con las compañeras de partido de golf, o con algún pobre señor que pasaba por ahí. Y me gusta esa imagen porque define a alguien que está dispuesta a no agachar la cabeza. Y la verdad, se agradece. Tus historias nos devuelven una pizca de dignidad o los que no siempre permanecemos con la cabeza alta. Un beso muy grande para mi camorrista preferida.

Chisme Cotilla dijo...
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Chisme Cotilla dijo...

Que potra tienen losseñores en ese pueblo. Po otra parte, y sin tratar de anular o contrarestar tu historia, a mi me suele pasar al contrario, es decir las "maris" intentan colarse con la excusa de que tienen mucha prisa, les queda por recoger a los niños o que han dejado el puchero en el fuego.
Yo ya vengo prevenido y como las veo venir, en cuanto bren la boca y sin darles tiempo a articular palabra alguna, les suelto lo del puchero al fuego, que es mi preferido, y aquí paz y despues gloria.

Lula Towanda dijo...

Koti: La compra es una lucha y las tiendas el campo de batalla. Guerreros hay muchos: hombres solitarios, angelicales ancianitas de pelo blanco azulado, "maris" y "Pilis" con prisa, ejecutivas desalmadas, etc.. El enemigo es abundante y duro de pelar.
Me quedo a la espera de conocer tus anécdotas

Plablo: Pues no, la vida sigue igual, nadie aprende ninguna lección. Seguro que cuando me fui de la pescadería me pusieron verde.
Me alegro de saber de ti por tu bitácora y que estés tan aplicado, pero no hay manera de ponerte un comentario. Anímate a cambiar a otra plataforma de blogs que funcione mejor.

Mint Me alegra que te guste mi lado camorrista, no todo el mundo lo sabe apreciar. Sin ir más lejos a mis jefes les desagrada enormemente que no pase por el aro y que me salga el lado Towanda cuando toca tragar quina. Afortunadamente a mi marido le hace mucha gracia y mis compañeros se ríen un montón. A mis hijos les da un poco de vergüenza cuando me sale la vena en público.
Creo que si perdiera este punto de "camorrista" no sería yo

Chisme No dudo que no te colarías jamás en una tienda para no perder la oportunidad de observar mientras esperas tu turno. Desde luego vaya mala excusa la del puchero y la de los niños, no dejes que se cuelen si al menos que te cuentan alguna historia interesante. Podrías cambiar tu turno por información relevante, es otra manera de ejercer la investigación social.

Fernando dijo...

Yo he tirado la toalla. Tiene que ser algo sangrante, como lo de las famosas merluzas, para que salte cada vez que se me cuelan en el ultramarinos. Salvo que fuera legal llevar el Magnum de Harry el sucio, en cuyo caso podría sugerir amablemente a los listillos que se colasen... para alegrarme el día.