lunes, agosto 29, 2005

Teznología

En el bar del costalero, en un rincón del ángulo oscuro, sentada en una mesa y rodeada de bolsas de plástico del mercadillo, me tomaba una cerveza y una tapa de huevas aliñás para aliviar la espera de mi marido. Estaba pletórica porque por ocho euros había comprado tres camisetas, un pareo y cuatro pantaloncillos.

De repente me pareció oír la palabra Nero. Me extrañó que alguien hablase de programas en este bar, donde sólo existen dos temas de conversación: las procesiones de Semana Santa y el fútbol. El que así hablaba era un hombre de mediana edad, cliente habitual del bar, con una tripa cervecera ganada a pulso al grifo de la Cruz Campo y un toque de modernidad con su larga melena recogida en una coleta. Destacaban sus ojos azules y la gracia que tenía para expresarse en un andaluz ceceante. No era carne de oficina, sino más bien un profesional del ramo de la electricidad o la fontanería.

Empecé a afinar la oreja a ver qué pillaba y sincronicé la escucha en el punto que hablaba de las versiones: "es que mi ordenador es muy chico y no le puedo poner una verzión del Nero mayor que la 2.0 porque no me funciona. Pero con esta verzión yo me grabo todas las películas y la muzica que quiero". En este punto conmutó y empezó a hablar de cine y a poner verde al último remake de la película de La guerra de los mundos: "Ezo no es una película ni es ná, todo el rato el Ton Cruise corriendo de un lado para otro, nada que ver con la anterior verzión película".

En este momento llegó mi marido, le puse en antecedentes y se unió a la escucha de la conversación. El cinéfilo de las copias privadas digitales continuó contando su lucha contra los elementos tecnológicos:"A mi cuando instalo un programa me pregunta algo en inglés le digo que no, porque zi le dices que zi, te empieza a preguntar más cozas y te metes en un berenjenal del que no zabes zalir". En este momento intercambié una mirada de complicidad con mi marido que decía "que razón tiene". Después de los recelos informáticos, continuó por el camino de la admiración hacia la tecnología: "Pues a veces te dice que nezecitas actualizar algo, en eze cazo digo que zi, te zale la barra que ze mueve y cuando llega al final ze apaga y ze enziende zolo y todo funciona". Estábamos maravillados de sus descripción cuando continuó diciendo: "A veces cuando pones el windows para múzica y ze te olvida cerrarlo antes de apagar, luego cuando lo enciendes dos o tres días después, todavía ze acuerda y te regaña por no haberlo cerrado".

Pasé un rato muy divertido escuchando la naturalidad con que expresaba sus relaciones con el ordenador y lo acertado de sus deducciones. Pero lo que me dio de pensar es la diferencia de lenguajes entre los expertos y estos aficionados a cualquier cosa que necesitan utilizar el ordenador sin formación previa. Desde luego los espesos manuales de operación no están pensados para ellos, pero la naturaleza es sabia y desarrollan un instinto básico para saber bandearse entre los mundos digitales. Y es que no hay nada como la motivación y la necesidad para espabilarse.


Sección-Expedientes-X

¡¡Ni me menees!!

viernes, agosto 26, 2005

El Caballero


Había ido al cine con mi benjamina a ver la película Rencor, como llevaba en cartel bastante tiempo sólo la ponían en el Cine Princesa, sito en La Plaza de los Cubos de Madrid. Al finalizar el film me dispuse a sacar el coche del aparcamiento y en el instante en que fui a pagar el parking, afloró nítido el recuerdo de un episodio que tenía almacenado en una profunda capa de mi cerebro, a pesar que no habían transcurrido ni cuatro años desde los hechos.

Fue una de esas semanas en la que empiezas el lunes con una reunión y ya no te quedan fuerzas para el resto de los días. El meeting era a primera hora, en unas oficinas situadas en La Plaza de los Cubos, por lo que deje mi coche en el parking de la plaza. La reunión se prolongó hasta la hora de comer, nos salvó el hambre imperiosa, no las conclusiones, que no recuerdo si quedaron claras. Me dirigí a saldar mi cuenta con el parking, donde una persona humana me dijo: son 1600 pts(1). Cuando eché mano del monedero vi que lo tenía con telarañas, no había ni monedas ni billetes, situación nada extraña para mí. En ese momento me salió la señorita que llevo dentro y con mucha naturalidad le entregué la tarjeta de la Caja Madrid , tarjeta que me devolvieron con sumo desprecio desde el otro lado de la ventanilla, diciendo

- Sñita, aquí no vale esto
- ¿No admiten tarjetas?, -dije con estupor
- Pues no. ¡ váyase a un cajero! (2)

Estaba ya concienciándome en buscar un cajero, cuando un señor maduro que estaba detrás de mí en la cola de paganos me dijo:

- Señorita, si quiere le pago el aparcamiento para que no tenga que molestarse en ir al cajero
- Muchas gracias, pero ¡cómo me va a pagar el aparcamiento que son 1600 pts!

Cual no fue mi sorpresa cuando el caballero insistía en ahorrarme el viaje al cajero, o lo que es lo mismo, en abonarme el parking. En ese momento mi cerebro sufrió una dicotomía -un lado pensaba en que cómo iba a permitir que me pagaran el aparcamiento y el otro en lo lejos que estaba el cajero y en el hambre que tenía- ¿qué parte ganó? , la hambrienta. No daba crédito cuando el caballero abonaba mi abultada cuenta del aparcamiento y sólo acertaba a decir: Gracias, muchas gracias.

Todos pensarán en que algo pretendería ese caballero o que soy la musa que inspiro el pasodoble: pisa morena, pisa con garbo, que un relicario me voy a haber con el trocito de mi capote que haya pisado tan lindo pié o que soy la hermana gemela de Esther Cañadas. Nada mas lejos de esto, ni soy espectacular, ni el caballero le movía ninguna intención malsana ya que iba acompañado de una pareja y una vez que le di las gracias cada uno se fue por su camino.

Aunque al principio me quedó la sensación de ser una caradura gorrona, conforme pasó el tiempo empece a acariciar la idea de lo generosa que había sido dándole la oportunidad a este caballero andante de desfacer el entuerto. Si además supiera el caballero que soy huérfana, su corazón no le cabría en el pecho de orgullo al emular a D. Quijote con todas las condiciones de entorno.

(1) En esa época había pesetas y los cajeros eran de carne y hueso
(2) El tono muy equivalente al ¡ váyase Sr. González! , casi me manda a la M.

Sección-Expedientes-X

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martes, agosto 23, 2005

Desde las riscas: mi primer verano

Después de un viaje a Cuenca el sin par Don Luis de Góngora escribió unas coplillas sobre las mujeres que encontró en aquellos parajes y que sin duda le agradaron:

Serranas de Cuenca iban al pinar
Unas por piñones
Y otras por bailar

En aquellos tiempos, tan poco propicios a la libertad, Góngora evocaba un ambiente bucólico a modo de la pastoril Arcadia(1) donde las serranas conquenses gozaban de cierto libre albedrío para elegir entre la diversión o el trabajo bajo las sombras de los pinos. Como descendiente que soy de aquellas serranas, cuyos pies besan los ríos por besar de ellas las plantas(2), también me gusta ir al pinar. Tengo asociado físicamente el sentimiento de libertad al ensanchamiento de los pulmones que produce el aire fresco que transporta aromas de pino, tomillo y romero. Una vez allí, entre los rumores de las agujas de los pinos, me sale la serrana recolectora que llevo dentro y me aplico a la recolección de piñones, piñas o lo que haya, dejando de lado lo del baile que se me da tan mal como lo del canto(3).

Soy de la generación que durante las meriendas comía pan con chocolate mientras miraba en la tele a los Chiripitiflauticos. Los personajes Locomotoro, Valentina y el Capitán Tan no estaban por la cosa didáctica sino más bien por un surrealismo casposo. No tuve ocasión de aprender en Barrio Sésamo eso de "dentro-fuera", "arriba-abajo" ni lo de "libre-oprimida", así que lo tuve que asimilar sobre la marcha. Me llevaron a Madrid muy pequeña y no volví a Cuenca hasta que cumplí seis años y me enviaron con mis abuelos a pasar el verano. Allí descubrí lo que es estar siempre "fuera", "arriba"y "libre".

Mi abuelo trabajaba de sol a sol y mi abuela descansaba todo el día, así que enseguida intuí que si permanecía todo el día "fuera" de casa nadie me echaría en falta. Acostumbrada como estaba a una sobreprotección materna, encontrarme dueña de mi tiempo y de mis actos era toda una novedad y al principio no sabía muy bien qué hacer, pero a lo bueno se adapta una rápidamente. Me levantaba por las mañanas y me ponía la ropa que me apetecía(4), por supuesto totalmente inadecuada a los ojos de un adulto, me daban el desayuno y me echaba a la calle, bueno, según la orografía del pueblo, sería más apropiado decir "me echaba al monte".

Mi lugar favorito para los juegos era las riscas, la parte más alta del pueblo que esta asentado en la ladera norte de una montaña(5). Desde "arriba" podía ver todo el pueblo, la carretera que serpenteaba entre las montañas que nos rodeaban y los sembrados de trigo que mecía el viento. Una vez que superé cierto rechazo por ser "forastera" me hice con mi grupo de amigas y mi grupo de enemigos para los juegos de paz y guerra. Entre los juegos de guerra el más frecuente era el de lucha a pedrada limpia, generalmente entre bandos de niños y niñas. Al principio los niños decían "a por la madrileña" y todas las piedras iban dirigidas a mí, pero en vez de amedrentarme empecé a emular a Agustina de Aragón y conseguí al menos que me temiesen después de que demostré que tenía cierta puntería(6). Entre guerra y guerra de piedras jugaba a las cocinitas con mis amigas con unos cacharritos de los que se venden por los suelos en los mercados y que a las niñas del pueblo les fascinaban.

Una de las tareas más importantes del día era buscar en qué casa comer. El pueblo estaba repleto de parientes a los que visitaba y sin ningún reparo les preguntaba qué tenían para comer. Aprovechaba estas visitas para comer las magdalenas o los mantecados que me ofrecían. Una vez que había realizado el estudio sobre la oferta gastronómica de la familia(7), elegía la casa con la comida más prometedora.

Cuando caía el sol, volvía a casa con el vestido y los zapatos llenos de churretes, pero nadie me regañaba. Esperaba con ansia la llegada de mi abuelo que siempre que podía me traía cangrejos de río para la cena(8). Antes de dormir, delante del fuego del hogar, me contaba historias de espíritus(9) y de la guerra, pero lo que más le gustaban eran los juegos de ingenio. Cada noche me ponía en un papel una ristra de cuarenta cifras para que la leyese. Me encantaba desgranar los miles de billones de billón pensando que algún día podrían ser pesetas que tendría que contar.

No se podía vivir más libre con seis años, tomando mis propias decisiones, asumiendo sus consecuencias, desarrollando mi lado pacífico y desahogando el violento. Asilvestrada, delgadísima, "renegría" y con un acento conquense hasta la médula me encontró mi madre cuando vino a buscarme. Me contemplaba como si no me reconociese, con una mirada entre el asombro y la reprobación. Cuando me marchaba a Madrid no hubo ninguna montaña de la que no me despidiese en cada vuelta de la carretera mientras miraba con nostalgia las riscas que guardaban tantas horas de guerra y paz. Tan sólo la esperanza de volver al año siguiente impedía que las lágrimas afloraran a mis ojos como un manantial.


(1) Para conocer más sobre la pastoril Arcadia, qué menos que visitar la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Novela_pastoril
(2) Góngora dixit
(3) Vean mi breve aventura musical aquí
(4) Casi como Pipi Calzaslargas
(5) Al contrario que en el imperio español, donde nunca se ponía el sol, en sus calles nunca entraba, cosa totalmente ilógica porque hace un frío de muerte. Seguro que el pueblo estaba escondido estratégicamente desde los tiempos de la reconquista
(6) Nada de tirar la piedra y esconder la mano, sino todo lo contrario
(7) Desde niña mostré actitudes de investigadora
(8) Mi abuelo tan recto y moral, le superaba el amor de abuelo y burlaba a la Guardia Civil para pescar cangregos para su nieta
(9) Allí empezaron mis pesadillas

Sección-Reflexiones

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sábado, agosto 20, 2005

La Laguna Estigia

Aunque los expedientes-X recogen el anecdotario de los muchos y extraños sucesos que me acontecen en esta tortuosa andadura que es mi vida, hago una excepción para relatar una experiencia de mi hijo que a fin de cuentas desde que me la contó es como si fuera mía.

Se encontraba mi vástago en esa edad en que a los muchachos les salen los primeros pelillos del bigote y la voz empieza a ponerse grave, pero no siempre, liberando de vez en cuando algún gallo. En plena metamorfosis, con un lamentable estado de la cubierta exterior de su alma, él y sus compañeros del instituto derrochaban todas sus energías ejercitando ese deporte tan insulso llamado fútbol, dejando en segundo lugar el estudio de las ciencias y como nota de color, poco acorde con su rudeza, el estudio de la cultura clásica, asignatura catalogada como maría que les despertaba poco entusiasmo. Los profesores, con nulas esperanzas de estimular en ellos el amor por la cultura clásica, resolvían la asignatura mediante un trabajo en grupos de 3-4 estudiantes para no agobiarlos. Cada uno de los grupos elegía un tema mitológico, lo desarrollaba y llegado el momento un portavoz lo leía a toda la clase en presencia de la profesora.

Un grupo eligió como tema La Laguna Estigia. Se reunieron en casa de uno de ellos y sacando información de aquí y de allá lograron rellenar unos cuantos folios. Como es lógico, había muchas referencias al paso de La Laguna Estigia, siendo este paso el tránsito entre la vida y la muerte. Los difuntos eran llevados a la orilla de La Laguna Estigia, donde aguardaban la llegada de la barca de Caronte, que los transportaba al mundo de los muertos. Era necesario pagar el pasaje al barquero, por ello existía la costumbre de colocar en la boca de los muertos una moneda. Curiosamente era el propio difunto quien remaba, nunca Caronte (1). El paso de La Laguna Estigia los trasladaba definitivamente al otro lado de la orilla, al mundo de los muertos, cuya entrada estaba custodiada por Cancerbero, el siniestro perro de tres cabezas.



El portavoz del grupo, en un ataque de realismo mágico, empezó la lectura del trabajo sustituyendo la palabra paso por pato, sintiéndose cómodo con esta acepción ya que es la cosa más natural que haya un pato en una laguna, máxime cuando al otro lado hay un perro. Estaba el portavoz tan ensimismado con las aventuras del pato de La Laguna Estigia, que no oía los murmullos ni las risas ahogadas de toda la clase. La profesora, en un alarde de sentido del humor, dejó que continuase la exposición de tan surrealista relato que cada vez carecía más de sentido. Los compañeros del grupo, en vez de solidarizarse con su portavoz, empezaron a renegar de él por medio de gestos a la profesora, viendo que sus posibilidades de aprobar la asignatura disminuían cada vez que el pato de La Laguna Estigia hacía acto de presencia en el relato.

El grupo de los patosos estaba formado por los empollones de la clase, lo que les libró del cero patatero - o en este caso patotero- pero se pusieron en evidencia ante el resto de la clase, que tuvo tema de guasa con lo del pato para todo el curso. De esta forma aprendieron en sus propias carnes la esencia del mito: comenzaron pagando el pato como preludio al inevitable pago a Caronte que a todos nos aguarda.

(1) Igual que en las gasolineras y en los hipermercados, que lo haces todo tú y además pagas

Sección-Expedientes-X

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viernes, agosto 19, 2005

Las gallinas marismeñas


La gallina es un ave de corral, que cuando no está sometida a un régimen de producción exhaustivo vive muy ricamente en un estado de semilibertad asumida.

Tal es el caso del gallinero que instalaron mis amigos Merche y Juan en su casa de La Punta del Moral(1), en un arriate del patio.

La comunidad de gallináceos estaba formada por cuatro gallinas y un gallo. Al despuntar el alba, el gallo despertaba a toda la familia. Una vez que les había arruinado el sueño, como era muy ligero y podía volar saltaba la tapia del patio y se marchaba a otro gallinero con más abundancia de gallinas. Las gallinas que eran de menos altos vuelos, ponían su huevo, si ese día les tocaba poner, y esperaban a que les abrieran la puerta para pasar el día fuera, entre la retama de la marisma.


Al caer el sol las gallinas retornaban a su gallinero, esperando que la puerta estuviera abierta ya que no tenían el don de volar. Por la noche, les ponían para cenar los restos de la comida de la familia, que devoraban con ansia antes de disponerse a un sueño reparador.

Un día en que la marea era muy grande, la familia se fue a pescar longuerones(2) cerca del Caño Franco. Por medio de una técnica muy salada que consiste en buscar la guarida del longuerón, que tiene la misma forma que el número 8, se deposita un poquito de sal en el orificio, lo que hace que salga de su escondrijo. Hay que atraparlo con rapidez y decisión al molusco antes de que intente esconderse de nuevo. Con paciencia y habilidad se llevaron para casa un cubo lleno de longuerones, que no fueron capaces de comerse, por lo que se lo pusieron de cena a las gallinas.

El longuerón, cuando se le quita el caparazón, tiene el aspecto de un gusano(3), por lo que las gallinas tomándolos por tales, los recibieron con gran alborozo ya que generalmente su dieta consistía en las cáscaras de los melones y las sandías. Dieron buena cuenta de ellos y se dieron un festín, pero su duro estómago no fue capaz de asimilar la ingesta masiva de marisco y se empacharon.

Merche observó a las gallinas en una actitud extraña, como vacilantes y a punto del desmayo, se acercó a tocarlas y estaban ardiendo. Mujer de recursos, metió a las gallinas en un barreño con agua fría y les tapó la cresta con paños húmedos para bajarles la fiebre. Una de las gallinas no sobrevivió pero las otras superaron el atracón y supongo que aborrecerían los gusanos desde aquel día. El gallo se libró porque vino cenado del otro gallinero, aunque al final también tuvo un destino trágico en una pelea con otro gallo.

A pesar de esta mala experiencia de las gallinas con "los frutos del mar", la ingesta moderada de pescado puede producir nuevos productos alimenticios. Sin ir más lejos en el gallinero colindante con la pescadería, las gallinas comen boquerones, que como todos sabemos son buenos para el colesterol. ¿se imaginan los huevos de las gallinas marismeñas bajos en colesterol?

(1) Barrio marinero de Isla Canela (Ayamonte-Huelva)
(2) Molusco lamelibranquio comestible, de conchas casi rectangulares, muy alargadas. muy parecido a las navajas
(3) Los longuerones son utilizados como cebos vivos por los pescadores.

Sección-Expedientes-X

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sábado, agosto 13, 2005

Por sus frutos los conoceréis

En la casa del soltero, lugar de descanso estival, tenemos un arriate. Fue iniciativa de mi marido desde su diseño hasta su cultivo y en lo único en lo que he participado es en acompañarlo a los viveros a buscar las plantas y en traer una maceta de mi madre en la que había brotado un arbolito que no se sabía de cual de los distintos huesos que enterró en ella.

En principio plantó en un extremo un naranjo y una adelfa, en el medio plantas aromáticas: jazmín, tomillo y romero y en el otro extremo una palmera. Eso era lo planificado pero como bien decía John Lennon, ?La vida es eso que se te pasa mientras estás planeando otras cosas? y el arriate se ha ido configurando con plantas que han salido al paso a nuestras vidas.

Las plantas aromáticas no se aclimataron y se secaron dejando una calva en el arriate. El primer hueco se rellenó con un trozo de chumbera que cogió mi hermana camino de la playa. Más tarde se plantó un desconocido arbolito que nació en una maceta de mi madre, que resulto al final ser un níspero. Se aclimató muy bien, tanto, que rápidamente se convirtió en árbol y desde hace tres años nos da sus frutos por primavera. Después de un viaje a las Islas Canarias quedamos fascinados con el drago(1) y al ir a comprar un esqueje nos lo regalaron al saber que su destino era la península y por tanto con escasa posibilidad de desarrollo. Los dragos se criaron en Madrid donde llegaron con tan solo una hoja y más tarde fueron transplantados al arriate. Finalmente se plantó uña de gato para evitar que crecieran los hierbajos.

El año pasado estuvo en la casa del soltero un amigo muy manitas y nos montó un riego automático. Transcurrido un año nos hemos encontrado la selva del Amazonas.

La uña de gato ocupaba casi la mitad del patio y los árboles habían dado un estirón nunca visto, incluso la palmera, que le cuesta mucho crecer. Pero lo más asombroso es que el naranjo por fin dio sus primeros frutos que han resultado ser limones. En ese momento vimos que el del vivero nos dio limonero por naranjo y hemos estado engañados más de diez años(2).

Este hecho tan intrascendente me ha dado que pensar en lo de "por sus frutos los conoceréis". El medio para que algo o alguien de frutos es proporcionarle recursos, en el caso del arriate fue el agua, en otros casos puede ser educación, dinero, relaciones, poder, etc. Cuando se ven sus frutos se los conoce mejor, se hace manifiesto lo que dan y cuanto son capaces de dar. Pero en el mundo Matrix que vivimos, tan virtual, donde imperan las apariencias sobre el fondo, se desvirtúa deliberadamente el fruto para engatusarnos con mentiras.

De esta manera tanto en la política como en la empresa o en la Universidad viven tan ricamente especimenes que generan vistosos frutos de papel, de humo, de aire y siguen simulando durante lustros ser riquísimos árboles frutales y acaparando todos los recursos.

Como detractora que soy del mundo Matrix no me agradan los frutos virtuales. En un mundo en el que da lo mismo que sus frutos sean limones o naranjas, que hagamos con ellos daiquiris o agua de Valencia creo que no merece la pena vivir, si se puede llamar vivir a soñar despierto las mentiras de otros.



(1) El drago de Canarias (dracaena draco) es un mítico árbol envuelto en una aureola de misterio. Dice la leyenda que los dragones, al morir, se convertían en dragos. Este fósil viviente es uno de los símbolos de las Islas Canarias y, quizá, el mayor tesoro de la flora española. (fuente http://www.terra.es/personal6/dirkdigler/drago.htm). Es curiosa su aparición en el cuadro ?El jardín de las delicias? de El Bosco. En la parte izquierda del tríptico, que corresponde al paraíso, en la zona inferior izquierda hay pintado un drago. El Bosco era poco dado a lo viajes, ni llegó a ir a Amberes que estaba a tiro de piedra de su ciudad natal y no se sabe cómo conoció la existencia de este árbol
( 2) Es evidente que no somos unos expertos botánicos, pero un amigo nuestro más entendido en estas materias también lo tenía por naranjo.



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jueves, agosto 11, 2005

Plata laboral


El 1 de agosto de 1980 me levanté a las seis de la mañana, tomé un autobús hacia el corazón financiero de Madrid y atravesé a las 6:55 el vestíbulo del edificio Iberia Mart I. Vestía falda y unos tacones de media altura que resbalaban por el rugoso suelo de pizarra de la entrada. Caminaba entre emocionada y nerviosa con la ilusión de los veintipocos años al iniciar un camino profesional. Desconocía entonces que era mi primer día de esclavitud como asalariada.

Terminé la carrera de Informática en plena transición política de la dictadura a la democracia. No se encontraba trabajo fácilmente debido a una profunda crisis económica. Un día descubrí un anuncio en prensa que pedía informáticos o telecos para trabajar con microprocesadores. En el año 1980 empezaba a extenderse su uso en varias aplicaciones tanto industriales como de comunicaciones. Fueron los microprocesadores los que me salvaron de un aburrido destino programando los host de IBM a golpe de transacciones COBOL-CICS y de una prometedora carrera en la informática de gestión. Pero el fascinante mundo de los microprocesadores escondía una pequeña sorpresa como los huevos Kinder: se consideraba como parte del salario la motivación del trabajo por lo que el sueldo solía ser lo mínimo que exigía la ley. Así, con un salario minimalista, me incorporé a un trabajo con inmensas posibilidades para aprender en una empresa de Telecomunicaciones e Informática.

Al llegar a la empresa que me había contratado me encontré con tres chicos en las mismas circunstancias que yo. Uno de ellos vestía de riguroso traje con corbata y los otros dos llevaban una indumentaria más informal, sobre todo uno de ellos que calzaba sandalias y portaba zurrón en bandolera(1). Tres de nosotros estábamos destinados en Madrid por dedicarnos al Software y el del atuendo más desenfadado, después del curso de formación, se trasladaría a la fábrica de Málaga para desarrollar Hardware.

Nos recibió el jefe de proyecto en mangas de camisa. Aparentaba cincuenta años pero más tarde supimos que tenía treinta y tantos(2). Tenía una apariencia afable y tímida, que escondía cierta propensión a ir a lo suyo como demostraría más adelante cuando el proyecto llegó a su fin. De esa manera me encontré formando parte de un proyecto que desarrollaba un sistema operativo en tiempo real para un conmutador de paquetes de datos.

Durante la mañana fuimos conociendo a nuestros nuevos compañeros del proyecto, que una vez que nos saludaron nos ignoraron por completo. El resto del equipo vestía también informalmente y nuestro colega trajeado empezó a percibir que estaba fuera de contexto. Al día siguiente insistió en la formalidad del traje pero al tercer día desistió(3), realizando ciertas concesiones como abandonar el uso de la corbata y la chaqueta aunque mantenía la elegancia en los pantalones, camisas, polos de marca y calzado(4), que le diferenciaba del resto del equipo.

El plan de formación consistía en estudiarse un tocho de documentación a modo de autoaprendizaje y un curso de una hora al día que nos daba el jefe de Software sobre el sistema operativo. Los colegas más antiguos estaban muy ocupados en sus tareas y no tenían tiempo para nosotros. Los nuevos sufrimos nuestra primera crisis de: No soy capaz, no sabré hacer este trabajo, me despedirán antes del periodo de prueba, etc. Una vez que toqué fondo de la crisis, en vez de seguir escarbando en la profunda sima de la depresión me puse a escarbar en la papelera donde dejaban los listados obsoletos de los programas que realizaban los veteranos(5). Con sorpresa descubrí el listado de la librería de rutinas generales, una auténtica joya de algoritmos ingeniosos. De esta manera remonté la crisis y seguí en el proyecto hasta el año 1984 en el que cambié de ciudad por razones familiares y por tanto de trabajo.

Solo guardo buenos recuerdos de aquel proyecto(6) y la amistad de los que nos estrenamos en el mundo laboral de los asalariados el mismo día. Nos reunimos de vez en cuando con otros colegas del equipo y no paramos de decir tonterías y reírnos durante todo el rato como si el tiempo no hubiera pasado por nosotros. Pero haciendo cuentas, el 1 de agosto de 2005 fueron nuestras bodas de plata laborales y desde aquí les mando un beso muy fuerte a mis amigos que el destino puso en mi camino hace veinticinco años.


(1) La ventaja de los trabajos de innovación es que se admite cierta libertad en la vestimenta, seguramente porque se trabaja en mazmorras y no te enseñan a los clientes y en parte también por el salario que ni da para Zara
(2) La reacción de todos fue como la de Santo Tomás: si no vemos su carné de identidad no nos lo creeremos
( 3) Desistió o resucitó al mundo real de los descamisados innovadores
(4) Sebago, of course
(5) En esa época no existían las redes de área local para los equipos de desarrollo. Eran estaciones de trabajo independientes. ¡¡¡La única manera de hackear era en la papelera!!!!. Cada uno guardaba sus programas en disquetes flexibles de 5 pulgadas y hasta un año después no dispusimos de una red de area local que compartía un disco comun de ¡¡¡¡¡ 1 Mega!!!!!
(6) Lo malos, que los hubo, los he olvidado

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lunes, agosto 08, 2005

La ratonera

La vuelta de vacaciones de verano es el mejor momento para medir nuestra satisfacción en el trabajo. Por ese motivo nunca se hacen encuestas de clima laboral en septiembre, ya que los resultados podrían ser poco virtuales (1). Es en ese momento cuando se puede comparar nítidamente nuestra vida en libertad con las cadenas del trabajo, dándonos con bastante exactitud la distancia que media entre ellas. La rutina diaria será el bálsamo de Fierabrás(2) que suavizará esta distancia, más por olvido de los tiempos vacacionales que por mejora de la situación laboral, ya que de todos es sabido -y yo lo corroboro con mi experiencia- que de una situación mala se suele pasar a otra peor y que siempre hay un punto más bajo (3).

Cuando era una inocente criatura, estudiaba en el internado y no sabía lo que me esperaba en la vida, escuché reiteradamente por boca de una monja que daba clases de taquigrafía la siguiente frase premonitoria que repetía constantemente a modo de dictado:

D I O S - N O S - H A - I M P U E S T O - E L - T R A B A J O -
C O M O - U N - D E B E R - I N E L U D I B L E

Esta frase se me quedó grabada en la mente sin que supiera muy bien su alcance, pero con esta programación desde la infancia he sido una víctima propiciatoria de la adicción al trabajo, que en mi caso se ha saldado 22 años laborales, sin que hasta el día de hoy haya podido vislumbrar el fin de la maldición.

A los que la diosa fortuna nos arrebató el don de vivir del cuento, que somos mayoría, nos encontramos en una ratonera, que se llama trabajo, a la que hemos accedido inocentemente en busca del anhelado queso y en la que hemos quedado atrapados entre sus efluvios, sin encontrar la salida. Una vez al año nos permiten salir de ella para que recuperemos fuerzas, pero cada vez se hace más difícil volver a entrar, ni siquiera el olor del queso nos atrae para traspasar la trampilla, pero el instinto de supervivencia nos empuja a ello.

Las salidas de la ratonera manteniendo el poder adquisitivo son escasas y de dudoso éxito: los juegos de azar, un novio que te retire, descubrir que eres una rica heredera en vez de una pringadilla, encontrar la piedra filosofal, hackear una cuenta corriente secreta, aprobar una oposición en la Administración (4) o dedicarte a la política. Todas estas opciones las descarto salvo los juegos de azar, en los que deposito mi esperanza cada semana apostando en la primitiva y en el azarfond, que es un fondo basado en las apuestas, bastante más rentable que cualquier fondo de inversión.

Pero más trágico que el retorno periódico a la ratonera es que después de volver reiteradamente durante lustros a ella, los que gestionan el queso se lo han fundido a modo de pantagruélica fondue, no dejando ni sus efluvios. Es entonces cuando te dejan en libertad sin queso.

(1) Es realmente interesante la riqueza del castellano, ya que hasta a palabras tan duras como mentira se le puede aplicar el eufemismo de virtual, que casi suena a virtud.
(2) Se trata de un brebaje milagroso -seguramente no tanto como dice don Quijote-, procedente del bálsamo con que fue embalsamado Jesucristo y capaz de sanar las heridas de quien lo bebía, su origen se debe la traducción de una adaptación en prosa del viejo cantar de gesta carolingio Fierabrás (c. 1170)
(3) Lo de siempre hay un punto más bajo es transcripción literal de una frase que hace años dijo una persona muy sabia (JPA) y aunque en su momento me pareció muy ceniza, la realidad le ha dado sin duda la razón.
(4) Aquí se pierde algo de poder adquisitivo, pero el precio/hora mejora sensiblemente.

Sección-Reflexiones

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sábado, julio 16, 2005

Cerrado por vacaciones hasta el 8 de agosto


Estaré por aquí

Volveré con fuerzas renovadas

¡¡Ni me menees!!

Confusión de sexos

Todos sabemos por La Biblia que la confusión de lenguas fue en Babel, pero la que aquí escribe descubrió lo que es la confusión de sexos por experiencia real en Simancas. Esta villa, situada a diez kilómetros de Valladolid, en el punto donde se encuentran los ríos Duero y Pisuerga, este último atravesado por un magnífico puente romano(1) y en cuyas orillas se alza un majestuoso castillo(2) del siglo XV, sede del Archivo General del Reino desde Carlos I. Allí se guardan todo tipo de legajos atados con balduque y es un lugar de culto donde los investigadores, entre ellos mi amiga Mayte, escudriñan su contenido para sacar a la luz trozos de historia. Gracias a Mayte conozco una peculiar leyenda que explica el origen del nombre de la localidad y que se escenifica todos los años el seis de agosto a las puertas del castillo. En ella se relata como a Simancas le correspondía la cuota de siete de las cien doncellas del vergonzoso tributo de los cristianos a Abderraman II. Las mujeres de esta villa, con más valor que sus hombres, se cortaron una mano para así provocar el rechazo del rey moro. Parece ser que el rey musulmán al verlas exclamó: "Si mancas me las dais, mancas no las quiero".

Pero no fue en el Castillo de Simancas donde descubrí la confusión de sexos, desgraciadamente no está abierto al público profano, solo se permite la entrada a los privilegiados que tienen un carnet de investigador. Nos tuvimos que conformar con visitar los bares y sitios de copas donde la entrada es libre y la salida también, siempre y cuando hayas abonado la consumición. El lugar donde tuvo lugar la revelación fue en el Café del Artés, una solariega casona convertida en un café/lugar de copas. La decoración era muy original, una mezcla de museo de escultura y de pintura al servicio de las copas. Todos los elementos decorativos y funcionales le hacían un guiño al arte. Por ejemplo, los veladores tenían forma de paleta de pintor y se sustentaban por pinceles o por lapiceros que asomaban por el hueco de la paleta. La barra del local tenía un diseño muy elaborado compuesto de madera que se fundía con el hierro en un abrazo. Alguna de las paredes estaba decorada en forma de mural y por todos los lados había esculturas de hierro forjado.

Estábamos acodados en la barra, mirando en derredor, cuando descubrimos que en el mural que teníamos enfrente estaban camufladas las puertas que daban acceso a los servicios. Observamos reacciones extrañas de la gente que abría la puerta y la cerraba de golpe con una exclamación ente el ¡ay! y el ¡anda!.

Afinamos más la vista y observamos la señalización del género del servicio que estaba en el tirador de las puertas. Una puerta tenía unas "braguitas" y otra un "slip". Al momento iniciamos una discusión sobre cual era el aseo de caballeros y el de señoras. Mi lógica informática, dedujo aquello de "cada oveja con su pareja" y determiné que las "braguitas" eran la señalización que indicaba sexo femenino y el "slip" del masculino. Cual no fue mi sorpresa cuando mi marido, de lógica de ingeniero de Caminos , dedujo lo contrario, basándose en el razonamiento que un hombre prefiere tocar unas "braguitas" y a las mujeres les ocurre lo mismo con el "slip".

Pasamos a la prueba empírica contrastando el resultado de los que se equivocaban y vimos que el que colocó los tiradores o los puso al tun-tun o bajo las instrucciones del arquitecto, hombre del gremio del ladrillo como mi marido.

Aún me cuesta reconocer que me fallara la lógica y sigo pensando que estos del ladrillo no sé si tienen la lógica inversa o perversa.

(1) Precioso puente que tenemos fotografiado por todos los costados (pasión por los puentes romanos que tiene mi marido). En este entorno parece que el tiempo se ha detenido y que de un momento a otro lo va atravesar a caballo Carlos I galopando tras una pieza de caza.
(2) El castillo actual fue construido en el siglo XV por el Almirante de Castilla Don Fadrique Enríquez, en un lugar estratégico a orillas del río Pisuerga, donde se situó desde los tiempos de la invasión musulmana un antiguo castillo que fue sucesivamente de árabes y cristianos. Más tarde fue cedido a la corona. Carlos I, Felipe II y sucesivos monarcas decidieron ubicar en el castillo el Archivo General del Reino, uso que todavía tiene actualmente. Con tal motivo se hicieron importantes reformas durante los siglos XVI y XVII bajo la dirección de los arquitectos Juan de Herrera y Francisco de Mora. También fue usado como prisión del Estado. (fuente http://www.castillosnet.org/valladolid/VA-CAS-001.shtml)


Sección-Expedientes-X


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martes, julio 12, 2005

Terelu entre bambalinas

De la misma manera que en la deliciosa obra de teatro La venganza de don Mendo todas las damas quedaban subyugadas bajo el encanto del protagonista de forma inexplicable, lo mismo ocurre con Terelu Campos que despierta pasiones sin que pueda encontrase una razón lógica (aunque algunos hombres le encuentren dos poderosas razones, si no lógicas sí bastante poderosas).

Al igual que Platero, Terelu "es pequeña, tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los
espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro" .

A la dureza de su mirada le acompaña una voz desagradable y unos modales chabacanos. Pertenece a ese tipo de mujeres, que como bien dice la Página de arpías "es de las que quieren un marido, pero no saben el de quién". Con este cúmulo de "virtudes" no debería causar admiración, pero tal vez su incapacidad para discernir entre un vestido y una combinación de lencería fina puedan dar una pista, al menos para sus admiradores masculinos (además de las dos poderosas razones ya mencionadas).

Hace tiempo, en una nota titulada "con T de tonta" plasmé mis desagradables impresiones acerca de su programa de televisión "con T de tarde". Ha querido el Destino que una garganta profunda me cuente lo que ocurría entre bambalinas para que lo revele a su público que tanto la quiere.

El programa, del tipo Magazine, se emitía en directo todas las tardes de lunes a viernes con asistencia de público, femenino en gran parte. En la entrada del estudio de grabación se agolpan las señoras con la esperanza de conseguir una primera fila. Cuando se abrían las puertas, una estampida similar al recorrido de la calle de la Estafeta en los sanfermines de Pamplona, levanta el polvo del suelo, dejando en el camino a las víctimas caídas en la lucha por las mejores plazas.

La primera actividad de los empleados de la cadena de TV era recoger a las señoras del suelo, entre los manojos de cables, comprobando que no estaban lesionadas ni electrocutadas. Mientras realizan esta labor tan humanitaria, entraba Terelu en el estudio sin dar siquiera las buenas tardes, haciendo gala a su descripción de Platera.

Terelu, fumadora compulsiva, disponía de una secretaria particular cuyo principal cometido era sostener el cenicero de su jefa. En los intermedios del programa, mientras daban paso a la publicidad, escapaba como una posesa a fumarse un cigarrillo y la secretaria solícita acudía con el receptáculo para las cenizas. Era una versión moderna del oficio de palanganero.

Unos de sus colaboradores, llamado Arturo Tejerina, utilizaba los cortes publicitarios para calmar su sed, con una media de uno o dos vasos por pausa de un líquido que no era incoloro, ni inodoro, ni insípido. No sé si tendrá alguna relación la ingesta del fluido con su hilaridad in crescendo conforme transcurría el programa. Ignoro si esta insaciable sed venía de antiguo o la adquirió en tan encantador plató.

Terelu iba vestida en la hora del té con un traje que podríamos decir que parecía de noche, pero de cuando una se va a dormir. Vestida así, de forma estrafalaria y trovando las historias de la prensa del corazón como Don Mendo, sólo nos queda decir, como le decían a él: Terelu ¿qué les das?

(1) Palabras robadas a Juan Ramón Jiménez de su poética prosa de Platero y yo.

Sección-Sapos y culebras

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domingo, julio 10, 2005

Los pecados capitales


La infancia es una etapa de la vida que transcurre muy lentamente y que nos acompaña como una sombra toda nuestra existencia y nos va modelando, en la medida que nuestros genes lo permiten. Por muy malvados que sean nuestros padres y preceptores, siempre intentarán guiarnos por el camino de la virtud, nos mostrarán la importancia de las Virtudes Cardinales y Teologales, así como vencer los siete Pecados Capitales.

Con el tiempo he ido olvidando estas enseñanzas, seguramente porque no me han sido de utilidad. Para escribir este relato tuve que recurrir a Google y teclear: virtudes cardinales, eligiendo la opción voy a tener suerte. El sabio buscador me llevó a una página web de SCTJM (1), donde se explican con todo detalle los conceptos de virtud, e incluso se dan algunos detalles de los pecados (no entraban en detalle sobre la lujuria, por falta de experiencia o por pudor).

En mis enseñanzas pasadas, se hacía hincapié en los pecados capitales o en las virtudes que los combaten, según su facilidad de explicación, pero creándote un sentimiento de culpa permanente en el que la autoestima tendía peligrosamente hacia cero. En este ambiente de valle de lágrimas lleno de pecadores, la soberbia era considerada como una lepra del alma. Yo me enteré a los seis años que era portadora de ella al recibir un guantazo en la cara acompañado de: "esta niña es muy soberbia". No sabía muy bien lo que era, pero comprendí que la tenía y que no estaba muy bien vista, pero al desconocer en qué consistía, me resultaba muy difícil corregirme, por lo que seguí cosechando bofetones y coscorrones hasta que un día me explicaron que la humildad es la virtud que combate la soberbia. La avaricia, cuando no se tiene nada es difícil de comprender. En este caso se explicaba mejor la virtud que la vence, la generosidad, que consistía en ilustraciones de un niño mas bien pijo que en una actitud soberbia daba una moneda a un niño andrajoso en una actitud humilde. Esta segunda enseñanza no tenía desperdicio: no se podía ser pobre y soberbio, de esta forma descubrí que existe la injusticia y que no es pecado Capital. En la lujuria no se entraba en detalles, se recurría a la virtud de la castidad que es una virtud pasiva, cuanto menos haces de algo que no se sabe muy bien qué es, eres mas virtuoso. El problema es que si no te explican muy bien lo que es ese algo puedes caer en la pereza, que es otro pecado capital al que vence la diligencia, entendiendo por tal una actitud activa hacia el esfuerzo y no a un transporte del Lejano Oeste de los Estados Unidos. La ira no hacía falta que nos la explicaran, se aprendía mediante la práctica, porque se ejercía de forma cotidiana en forma de bofetón. Esto era consecuencia de que la paciencia tiene un límite y que se sobrepasaba antes del Ángelus. La gula era imposible de explicar: ¿cómo era posible considerar un placer la comida que nos daban? De la misma manera era difícil concebir la templanza como virtud, ya que no tenía ningún mérito dejar de comer y además estaba duramente castigado. La envidia, el pecado más extendido, se fomentaba con la competitividad. Continuamente se ensalzaba a los más listos, más buenos, más píos... para envidia de los demás. Como los ensalzados solían ser los más pelotas y chivatos era difícil ejercer la virtud de la caridad, siendo el pelotón un atajo de envidiosos.

La experiencia me ha enseñado que mientras no molestes ni perjudiques al prójimo, lo que hagas está bien y si además le ayudas es para nota. No hay cosa peor que ir a lo tuyo avasallando, aunque seas muy diligente, casto y comas como un pajarito.

(1) Centro Católico de Evangelización SCTJM de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

Sección-Ave María Purísima

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viernes, julio 08, 2005

El golfista

Siempre se ha dicho que hay dos clases de viudas, las que adquieren esta condición por defunción del marido y las que lo son teniendo el marido en vida. En este segundo grupo se encuentran las mujeres que tienen un marido golfo(1) que no les presta la atención que se merecen, pero como los tiempos cambian, esta viudedad tan viva ha dado lugar a nuevas variantes. Una de ellas es la viuda de marido golfista(2) que aunque produce los mismos efectos de abandono tiene algunos matices que se detallan más adelante.

El marido golfo se cuida muy mucho de contarle a su mujer los logros en sus conquistas, sin embargo, el marido golfista aprovechará el poco rato que estén juntos para relatarle lo bien que lo ha hecho en cada uno de los 18 hoyos, que si me he hecho 5 pares(3); que si en el tres me hice un birdie(4); que si en el 6 casi me hice un eagle(5); que si me he encontrado en el campo 3 bolas(6). El golfista derrocha tanto entusiasmo por este deporte que no puede evitar impregnar el ambiente familiar con su greenmanía. Esto provoca que algunas mujeres prefieran tener un marido golfo a uno golfista ya que al menos no tienen que soportar el relato de tan plúmbeas hazañas.

Al marido golfo, la Big Bertha le sugiere una escultural rubia de bote con enormes senos, pero al golfista con la libido más aplacada sólo le sugiere una madera(7) que le gustaría tener en su bolsa de palos y que posiblemente su viuda en vida le regale por su cumpleaños(8).

Ilustrado por Sonia

Tanto el golfo como el golfista tienen la necesidad de viajar, pero por motivos diferentes. En el primer caso viajará con compañía femenina y buscará el abrigo de discretos hoteles donde sus escarceos amorosos queden a resguardo de miradas curiosas. Sin embargo, el golfista viaja de torneo en torneo, acompañado tan sólo de su bolsa de palos en la que lo único femenino es la Big Bertha; no busca pasar desapercibido, sino al contrario, anhela ganar el torneo y recoger el trofeo ante la mirada envidiosa de los otros participantes.

El golfista, si alguna vez tuvo la condición de golfo, tiene que elegir entre las dos aficiones si quiere superar su handicap(9). Éste sólo se mejora por la práctica y hay que dejar muchas horas en el green y jugar muchos torneos para que vaya descendiendo hasta valores socialmente admisibles. Sólo los que han aprendido a jugar al golf de jóvenes son poseedores de un handicap bajo y pueden compartir su condición de golfistas con la de golfos. Como este deporte ha empezado a popularizarse hace 10 años, únicamente los marquesones y los millonarios de cuna pueden entregarse a los placeres de la carne junto a estos verdes placeres mucho menos libidinosos.

¿Qué puede hacer la viuda de un golfista para dejar de serlo?
Sólo una cosa: aprender a jugar al golf.

Pero esa historia la contaré otro día...

(1) El caso de uso del golfo corresponde a la falta de honestidad por adulterio compulsivo.
(2) Golfista, según la RAE, persona que juega al golf.
(3) El par del hoyo es el número de golpes que un profesional del golf emplearía normalmente en colar la dichosa bola en el agujero. Los hoyos son de 3, 4 y 5 golpes según su longitud.
(4) Birdie : un golpe menos del par del hoyo.
(5) Eagle : dos golpes por debajo el par del hoyo.
(6) Aunque el golfista sea millonario le duele en el alma perder una bola; por ello la alegría de encontrar una en el campo.
(7) Los palos de golf se dividen en maderas, hierros y putters. Las maderas se utilizan para golpes de larga distancia.
(8) Así somos de tontas las mujeres.
(9) Handicap: Número de golpes de ventaja que se le da a un jugador para competir de forma equitativa con jugadores de distinto nivel de juego.

Sección-Fauna Humana

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martes, julio 05, 2005

El mercadillo

En plena globalización, con las múltiples ofertas de venta por Internet, las grandes superficies o las tiendas de Zara, existe un tipo de comercio, bastante mas cerca de la edad media que de la actual, que sigue cosechando grandes éxitos entre el segmento femenino de la sociedad (+ del 50% de la población), allí donde se instale y sin necesidades de marketing. Me refiero al mercadillo.

No sé el origen de la atracción fatal de la mujer hacia el mercadillo, pero esos puestos de venta ambulante que colocan en los pueblos o en los barrios periféricos de las grandes ciudades atraen a multitud de mujeres de todas las edades con el ansia de encontrar "algo" que no se sabe muy bien qué es. Toda mujer que se precie, independientemente de su edad, condición social y cultura que vislumbre en la lejanía una hilera de puestos cubiertos con toldos, tendrá que hacer grandes esfuerzos para no dirigirse hacia ellos, aunque no tenga intención de comprar nada. Es tal vez el deseo infantil de encontrar un tesoro, de ver algo que ha pasado desapercibido para las demás, de sentirnos capaces de realizar proezas que quedan fuera del alcance de nuestras congéneres... tal vez es autoafirmación el querer demostrar que somos capaces de comprar duros a pesetas.

En las cenas de matrimonios o parejas en las que la parte masculina se polariza en un extremo de la mesa y la femenina se aglutina en el contrario, cuando las mujeres son conocidas de antiguo pero no llegan a ser amigas íntimas, es muy socorrida la conversación de lo barato que se compran las cosas. Es el momento en el que la vanidad nos lleva a la exageración, explayándonos con nuestras sorprendentes adquisiciones. Es paradójico que mujeres con patrimonios millonarios (en euros) se jacten de haberse comprado unas sandalias por 6 euros(1), y mueran antes de confesar con sinceridad cuanto cuestan los zapatos que llevan puestos.

En España, la venta ambulante está controlada en su mayoría por la raza calé, ya que el oficio encaja con su forma de vivir y la sociedad no les ofrece demasiadas oportunidades diferentes de ganarse la vida. Es bien sabido que una de las leyes de la raza gitana, no sé si en vigor, es la de engañar al payo. Este ansia inexplicable nos lleva a las mujeres, poseedoras de sentido común(2), a una pérdida de realidad al confiar que el mercadillo ofrece las mejores oportunidades. Generalmente las cosas que compramos, salvo raras excepciones, encogen, destiñen, se deshilachan, les salen pelotillas y lo que es peor: el día que lo estrenas te encuentras a todas las mujeres con la misma prenda a la vez que observas que están horrorosas. En ese momento te asalta la duda de si a ti también te sienta tan mal como a ellas y tu autoestima empieza a flaquear.

Confieso que soy adicta al mercadillo y que he transmitido a mis dos hijas esta debilidad. Y lo que es peor, también a mi hijo que no tenía propensión natural hacia ello. Menos mal que mi marido ha quedado fuera del alcance de mi influencia, seguramente harto de que le destiñan, se deshilachen y le salgan pelotillas a los polos deportivos de marca apócrifa que le compro.

(1) Por ese precio, por mucho que nos quiera el gitano, no pueden ser más que de plástico.
(2) Algunos opinan que el sentido común es el menos común de los sentidos en las mujeres, pero yo creo que estamos generalmente dotadas de esa cualidad.

Sección-Sapos y culebras

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sábado, julio 02, 2005

Siniestro total II

(continuación de siniestro total)


En el blog de mi amiga virtual María, un pequeño experimento, en un post titulado "Pinché" contaba sus dificultades para cambiar la rueda de su coche. Su lectura afloro mis vicisitudes con mi halcón milenario, que reúno en este relato para diversión de los lectores.

Después de la primera crisis del siniestro total de mi "halcón milenario", cuando las aseguradoras nos dieron la razón y se avinieron a correr con los gastos del destrozo que provocó el BMV rojo, entró de nuevo al taller como coche abollado y una semana después salió perfectamente arreglado, limpio como una patena, de un blanco deslumbrante, como nuevo, toda una pieza en perfecto estado para un coleccionista de coches de culto.

Renacido de sus cenizas y conduciéndole con mimo hasta casa para conservar su esplendor, lo dejé aparcado en la calle. El "halcón milenario" nunca durmió en garaje, siempre tuvo el cielo por techo y está acostumbrado a los rigores del clima de Madrid. Pero en el cielo no sólo hay estrellas, también hay pájaros nocturnos que se juntan para retornar a la tierra lo que su aparato digestivo desecha. Esta materia orgánica, tan buena para los huertos, no es de ningún aprovechamiento para la carrocería de un precioso Golf GTI.

A la mañana siguiente me encontré el coche tan cubierto de esa materia orgánica que casi no podía abrirlo sin tocarla. Haciendo de tripas corazón conseguí entrar dejando los escrúpulos aparcados para otro momento. Después de la "cornada laboral" lo tuve que llevar a un sitio de lavado a mano para poder ver de nuevo su luminoso color blanco.

Esa noche me dije: "antes muerta que dejar el coche bajo un árbol o farola". Busqué un lugar despejado de sombras y allí lo dejé. Cuál no fue mi sorpresa cuando amaneció con los limpiaparabrisas doblados. El derecho lo pude recuperar, pero el izquierdo se quedó paralítico. Conté hasta tres, busqué algo positivo y lo encontré: "en el mes de junio llueve poco" y me centré en un problema más acuciante, había que poner gasolina.

Cuando llegué a la gasolinera descubrí que no había ningún surtidor que despachara gasolina de 97 octanos. Como en un cuento de terror me sentí víctima de una confabulación y me fui un poco exaltada hacia el mostrador. Allí me informaron que ya no había gasolina para el "halcón milenario", que le tenía que poner de 95 y añadirle un poco de sucedáneo de plomo para que le sentara bien. Me fui con el botecito del veneno de plomo y fui incapaz de abrirlo. Cuando me percaté de que parecía que estaba haciendo kun-fu en mi afán de abrir el maldito envase y que las cámaras de seguridad podrían estar inmortalizando ese momento, me erguí sobre mis dos piernas y me dirigí de nuevo al mostrador. Allí me informaron que tenía un cierre de seguridad y que había que presionar hacia abajo para abrirlo(1).

Le puse la gasolina y le añadí el veneno de plomo con todo el dolor de mi corazón sintiéndome culpable de un delito ecológico, pero mi "halcón milenario" necesitaba combustible para estar operativo. Pensaba que no le podía pasar nada más, pero siempre me quedo corta en mis estimaciones. A la mañana siguiente se encendió la luz del radiador(2), le faltaba agua. Subí a casa y busqué algún envase de agua mineral, pero el día anterior le había obligado a mi benjamina a deshacerse de una colección de botellas vacías que tenía sobre su mesa de estudio y me tuve que conformar con un tarro de cristal que antaño contuvo aceitunas(3). El circuito del agua tiene una fuga o al radiador le ha salido un poro, pero prefiero la incertidumbre que quedarme sin coche otra semana.

Así voy tirando para adelante con el "halcón milenario". En el maletero llevo los primeros auxilios: el veneno de plomo, el tarro de las aceitunas y un par de botellas más que me he agenciado estos días. Bien podría, ahora que sé abrirlo con soltura, beber un traguito de veneno plúmbeo y terminar con este mundo cruel, pero cuántas aventuras me perdería y mi curiosidad no me permite estas flaquezas.

(1) Pensé en el cierre de seguridad que llevan los artículos de limpieza, pero en éstos se presiona en el lateral. Soy muy cartesiana y no se me ocurrió que hubiese otra manera.
(2) También se enciende la luz de la batería, pero es una falsa alarma.
(3) Un poco patético.

Sección-Sapos y culebras

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martes, junio 28, 2005

Siniestro total

Con este nombre tan rotundo se presentaba un grupo de música de la movida madrileña de los años ochenta. Un compañero de trabajo de aquella época tenía un hermano pequeño que tocaba en este grupo. Era de una familia muy conservadora, de esas en que las madres invitan a tomar el té a sus amigas y en un momento dado extraen de una cajita de nácar un rosario para desgranar los misterios gozosos, gloriosos o dolorosos, según el día de la semana y que con el rosario en la mano, inician el ritual de rezar cinco tandas de diez "Aves Marías" separadas por un "Padre Nuestro", mientras van pasando las cuentas de marfil ensartadas en una cadena de plata que termina en un crucifijo(1). No podía esta madre presumir de hijo artista y famoso porque el repertorio de este grupo era mas bien iconoclasta(2), por lo que llevaba en secreto su orgullo de madre(3).

Hace pocos días me enfrenté de nuevo con el "siniestro total", y no por asistir a un concierto sino por otros motivos. Me comunicaron que mi coche, un precioso Golf GTI blanco, también de la década de los ochenta, lo habían peritado como "siniestro total". Aunque tenía la intención de comprarme un coche nuevo y ceder el Golf a mi hijo, aún no le había puesto fecha a este evento y por tanto este cambio de planes me alteró seriamente el ánimo.

Hacía unas semanas me había embestido sin piedad un BMW rojo mientras estaba parada para incorporarme a una calle en la que no tenía preferencia. El culpable sin ninguna sombra de duda era "el otro" y por tanto su compañía aseguradora era la que debía pagar los destrozos. Sin embargo, las compañías de seguros son cada vez más remisas a hacer frente a sus responsabilidades y buscan cualquier resquicio legal o realizan acuerdos entre ellas para hacerse las "longuis" y no aflojar la "guita", en perjuicio de los asegurados. La muy canalla compañía de seguros del contrario alegó que la reparación era más costosa que el valor del coche y que por tanto el asunto quedaba zanjado como "siniestro total"(4). Para mejorar la situación mi compañía de seguros, a la que paga mi marido una póliza de "A todo riesgo" bastante suculenta y por supuesto mayor que el valor tasado del vehículo, tampoco hizo ademán de hacerse cargo de los gastos ni de exigirle a la otra compañía que cumpliese con lo que ordena la ley.

Ante lo que se avecina como lucha a brazo partido con las aseguradoras, como primera medida retiré del taller de reparaciones mi coche que funciona estupendamente a pesar del diagnóstico de "siniestro total". Tan solo el abollamiento en la parte de atrás le resta elegancia a su bella línea estética, jamás alcanzada en otro modelo de la Volkswagen.

Nunca he visto tan de cerca el estrago del paso del tiempo que con el valor de mi coche. Aunque consiga arreglar este atropello de las compañías de seguros he adquirido conciencia de conducir un "siniestro total". Sé que un día arreglar el espejo retrovisor valdrá más que un magnifico motor indestructible, que un arañazo puede tener un desenlace fatal, que no se puede luchar contra el paso inexorable del tiempo, que el valor sentimental no tiene nada que ver con la fría tasación. ¡Cuánto me gustaría darle la vuelta a la situación y alejar el espectro del "siniestro total" de mi querido coche!. Desprenderme de él me afecta tanto en lo personal como si en el mundo de la guerra de las galaxias, dónde al final siempre ganan los buenos(5), se enviara al desguace a El Halcón Milenario de Han Solo.

Versión web aquí

(1) Para los que no sepan o hayan olvidado cómo se reza el rosario, pueden verlo en la siguinete página web: http://www.terra.es/personal2/andresja/aprender.htm
(2) En 1981, tras un accidente de tráfico, se creó el grupo en Vigo con planteamientos iconoclastas y neo-dadaístas en los textos: punk rock gallego contra el aburrimiento general. El grupo aún existe y tiene página web: http://siniestrototal.com/
(3) El orgullo de madre está por encima de todo, incluso de la religión
(4) Cosa que es totalmente ilegal ya que tiene la obligación de hacer frente a los daños causados por sus asegurados independientemente de las condiciones del seguro del afectado
(5) El único lugar en el Universo donde prevalece el bien, es un mundo de ficción

Sección-Sapos y culebras

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sábado, junio 25, 2005

A la vejez, viruelas

Las personas que se tienen por prudentes(1) y que les gusta juzgar a los demás siempre tienen en la boca la frase lapidaria "a la vejez, viruelas" para aplicarla a las personas de cierta edad que hacen algo más propio de la juventud que de la madurez. Para ellos cada cosa tiene su momento y cuando este pasa solo queda la resignación, virtud para ellos donde las haya. Sin embargo, las personas con un poco de rebeldía no tienen asumida la resignación como virtud, más bien la tienen por defecto(2), por lo que en general no consideran la edad como barrera para hacer lo que les viene en gana y son señaladas por el dedo de los prudentes.

Mas bien soy del segundo grupo, con el agravante de ser poco sensible al qué dirán, muy dada a guiarme por impulsos, pero a la vez con mucha determinación(3) en lo que emprendo. Por eso, cuando me decidí a hacer el Doctorado teniendo los tres hijos en la Universidad algunos amigos me miraron raro y otros pasaron a las palabras para decirme que si no me daba prisa me iban a prejubilar antes de leer la tesis. Con ese ánimo, para qué quiere una enemigos teniendo unos amigos tan prudentes. No me arrugué con estos comentarios porque me sentía con ganas y fuerza para hacerlo.

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El destino reforzó mis tesis y puso a mi alcance la prueba de que la edad no limita, lo hace la falta de energía vital. Se cruzó en mi camino el cuadro de Sor Jerónima de la Fuente, pintado por Velázquez a la tierna edad de 21 años y donde estampó su firma como pintor por primera vez. El cuadro fue un encargo de las Hermanas Clarisas para tener un recuerdo de la madre Jerónima que partía de Sevilla rumbo a Manila para fundar un convento. Contaba la monja con 66 años de edad, de los de 1620, y posiblemente sobrepasaba la esperanza media de vida de aquella época. El color amarillo de su tez, que denota un carácter enérgico y bilioso, el gesto adusto, la mirada inquietante, la fuerza con que blande el crucifijo con su mano derecha a pesar de la artrosis mientras sostiene unos documentos con una deformada mano izquierda, todo en ella denota fuerza vital y así lo supo plasmar el joven pintor con su ejecución tropo vero de la pintura.

Sor Jerónima embarcó para las islas Filipinas en un largo viaje lleno de incomodidades hacia una nueva vida, pero parte de su energía vital se quedó en el cuadro para dar testimonio de que la fuerza interior dura más que la juventud.

(1) Me encanta como Atahualpa Yupanqui descarta la prudencia en las coplas de un payador perseguido:
Aunque mucho he padecido
no me engrilla la prudencia.
Es una falsa experiencia
vivir temblándole a todo.
Cada cual tiene su modo;
la rebelión es mi ciencia.
Por otro lado me encantaría ser tan cínicamente prudente como enseña Gracián en el Arte de la prudencia.
(2) Defecto en su doble acepción de carencia e imperfección.
(3) Mi abuela decía que era una niña muy "determiná"

Sección-Reflexiones

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jueves, junio 23, 2005

Aquí hay tomate

Nunca se sabe en que momento va a ocurrir algo digno de ser escrito. El Destino es caprichoso y siempre salta la liebre donde menos se espera. No podía imaginar que mientras esperaba mi turno en la charcutería J.C. Cifuentes, encontraría material para escribir este relato.

Los parroquianos de J.C. Cifuentes por lo general esperamos pacientemente una larga cola hasta que nos llega la vez, anestesiados por el aroma de chacinas ibéricas. Pero ese día fue especial, sólo había una clienta a la que estaban atendiendo y una servidora a la espera de mi turno. Acababa de irse un señor mayor al que no presté mayor atención. Parece ser que el señor se había interesado por unos botes de cristal que contenían tomate en conserva, pero no los había comprado.

La clienta, que estaba siendo atendida por J.C. Cifuentes, le comentó:
- Que te apuestas a que ese señor que te ha preguntado por el tomate no te lo compra. Mucho preguntar pero luego no compra nada. Sin ir más más lejos yo le dije el jamón tan bueno que tu vendes, ese de 100 euros el kilo, y me dijo que él lo necesitaba para croquetas y que con otro se apañaba mejor. Y no será porque no tenga dinero, porque es un profesor jubilado y además está soltero...

En este punto terció J.C. Cifuentes
- Si no se ha casado es porque no le gustan las mujeres, porque yo le noto algo raro. Después de 20 años detrás del mostrador, es como si tuviera la carrera de sicología.

A lo que la señora respondió
- No le falta razón, siempre lo hemos pensado y en el barrio tiene fama de eso. Le gusta estar rodeado de niños, pero no les hace nada, es muy pacífico. Lo conocemos desde hace más de treinta años, jugamos al dominó todos los sábados en el club Canoe...

J.C. Cifuentes la interrumpió
- Vamos que es un pederasta?, no me diga que juega al dominó en el Club Canoe, entonces debe conocer a fulanita, menganita y zutanita...

En ese momento metí yo baza
- ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya nivel de cotilleo! Esto parece el programa de Terelu, ¡cómo nos influye la telebasura!

Afortunadamente para el dúo calumniador y la cómplice oyente, la conversación derivó hacia los programas de telebasura, dejando el corte del traje del ausente para otro momento. El que breves instantes atrás había sido tachado de mentiroso, tacaño y pederasta, apareció de repente, para, ¡oh sorpresa!, comprar los botes de tomate por los que se había interesado.

Estando aún de compra presente el injustamente calumniado, su compañera de dominó se despidió de J.C. Cifuentes con la siguiente frase misteriosa para el que no estaba en el ajo:
- De lo que dije, ya ve, me he equivocado

El delito que cometió el compulsivo comprador de tomate en conserva fue estar ausente habiendo más de dos personas que le conocían. No es por ser paranoica, pero si llegáis a un puesto del mercado y conocéis al menos a dos personas y dicen frases a las que no le veis claro el sentido... entonces mosqueaos porque:
¡Cuate, aquí hay tomate!

Sección-Expedientes-X

¡¡Ni me menees!!

martes, junio 21, 2005

Los Brady


La Tribu Brady era una serie americana con la que nos torturaban de pequeños, que duró desde el 69 al 74 y que ahora reponen en algún canal perdido las plataformas digitales de TV. La idea que querían transmitir era la felicidad de una familia americana de clase media que representaba al país de las oportunidades por medio de una viuda con tres hijas que rehacía su truncada familia con un viudo con tres hijos. Todo era estudiadamente simétrico, con un perfecto equilibrio: tres niñas rubias como el oro con el pelo larguísimo adornado con lazos de raso, vestidas siempre de forma impecable y tres niños morenos de pelo pero presuntamente de ojos claros (1), peinados con raya al lado y tupé del que no se movía ni un pelo durante el desarrollo del episodio. Los padres eran personas muy comedidas que jamás levantaban la voz a sus hijos y no digamos la mano, todo lo solucionaban por medio de razonamientos simplones y moralina en vena. A la familia se le añadía una nota discordante que era el ama de llaves(2) de origen hispano, que se pasaba el día refunfuñando por cualquier cosa.

Esta patética familia vivía en un suburbio de Los Ángeles, y todos los episodios transcurrían dentro de la casa que constaba de cuatro dormitorios y dos baños. Como se pude intuir, el 80% de los conflictos tenían su origen en el uso de la toilette, bien escasísimo para una familia tan numerosa. No hay por menos que admirar a los guionistas que fueron capaces de mantener durante cinco años la teleserie con unas situaciones tan recurrentes como que los niños del tupé golpearan con desesperación la puerta del cuarto de baño episodio tras episodio, ya que las niñas eran mucho mas espabiladas para la toma y defensa de la toilette. Sin embargo tanto los padres como el ama de llaves nunca golpeaban la puerta para entrar en el baño ¿no tenía necesidades fisiológicas? ¿ por qué los niños si un baño estaba ocupado, no se iban al otro? Estas y otras preguntas nunca encontraron respuesta.

Nunca pude soportar a esas niñas rubias con el pelo largo que, aunque repelentes, eran monillas -en contraposición con una servidora que era morena cetrina con el pelo corto y bastante más fea que ellas-. Lo que en principio fue un sentimiento de envidia evolucionó hacia un rechazo visceral por la estética yankee, reafirmándome en mi morenez e identificándome con el ama de llaves que era la única que tenía sangre en las venas en contraposición con los ñoños retoños de los Brady .

Transcurrido el tiempo me he reconciliado con la visión familiar de los americanos del norte. Ha sido gracias a la serie de los Simpson, mucho más divertida y alejada de los tópicos americanos, y donde los diálogos son de una inteligencia y vivacidad sorprendentes. Además, esos niños me recuerdan tremendamente a mis propios hijos, Lisa tan estudiosa como mi erudita, Bart tan trasto como mi segundo y Maggie tan cariñosa como mi benjamina.





(1)Por si alguno no se ha percatado, entonces la tele era en blanco y negro, al menos en España
(2)Aunque la llamaban ama de llaves, dando la impresión de que la buena señora sólo tenía ente sus competencias abrir y cerrar las puertas, en realidad era la criada que se pasaba el día limpiando y haciendo la comida, por lo que es comprensible su mal humor.

Sección-Sapos y culebras


¡¡Ni me menees!!