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viernes, septiembre 11, 2009

Currando con rojos...y azules


Estas líneas que nacieron con el propósito de ser un breve comentario a la serie Currando con rojos, con la que este verano nos ha deleitado Lula, ha pasado -debido a su extensión- a convertirse en un post que usurpa, título y línea argumental de dicha serie.

Hace tiempo, y a lo largo de unos años, tuve la ocasión de coincidir laboralmente con dos curiosos personajes, que acabaron convirtiéndose en dos buenos amigos. Uno de ellos, J. F., era un hombre con bastantes años más que yo, que había pasado doce años en la prisión de Burgos, por dos "delitos": haber participado como combatiente en el bando republicano, cuando sólamente contaba diecisiete años, y ser hermano de un alto cargo del Partido Comunista.

Los años de reclusión le habían convertido lógicamente en un hombre política y socialmente resentido. Si lo primero era obviamente comprensible, lo segundo lo justificaba confesando a los escasos amigos -entre los que me encontraba- que "he terminado la carrera con veinte años de retraso y comenzado a tener hijos a la edad en la que, normalmente, se empieza a ser abuelo".

Mis discusiones políticas con J.F. eran movidas. Criticaba, con dureza, a las dictaduras de "derechas" y justificaba con total generosidad a las dictaduras comunistas implantadas por la Unión Soviética en los países del Este.

Mi protesta ante tal falta de imparcialidad, finalizaba con una fuerte discusión y una ruptura de "relaciones diplomáticas" que duraba escasamente 24 horas. El tiempo necesario para ir a comprarle y dedicarle, afectuosamente, los Poemas de Mao-Tse-Tung, El Capital de Marx o algún texto de Marcuse. La ceremonia de reconciliación siempre tenía la misma liturgia: desenvolvía el libro, leía la dedicatoria y con lágrimas en los ojos me daba un fuerte abrazo.

El segundo personaje, que respondía a las iniciales C.S. militaba en Falange Española. Pero en una rama que reivindicaba "puntos" políticos anulados por Franco y que suponían una condena al Capitalismo: "el capital tiene que tener un fin social - me confesaba- que no se cumple en absoluto".

Era un hombre jovial, optimista, impetuoso, pero muy responsable, que aceptaba con entusiasmo cualquier cometido laboral que se le encargaba. Pero sobre todo destacaba su gran generosidad. Una anécdota lo revela muy significativamente: un sábado fue a visitarme a mi domicilio, un chalet recién estrenado, situado en una de las urbanizaciones de las proximidades de Madrid. Mientras tomábamos café le comenté el "palo" de Hacienda por la citada compra. Cuando hacía media hora que se había marchado, unos faros rompieron la espesa niebla y se pararon en la puerta de mi casa. Era C.S. Ante mi extrañeza, me comentó que en el camino había pensado que podía estar atravesando problemas económicos y él disponía de setecientas mil pesetas -considerable suma para esos tiempos- que en aquellos momentos no precisaba. Había desandado el camino para ponerlas a mi disposición.

Mis controversias políticas con él eran similares, aunque lógicamente por motivos diametralmente distintos a los de J.F. Y se resolvían de idéntico modo. Visita a la Casa del Libro en busca de los bellos Poemas de la Falange eterna de Federico de Urrutia, los textos de José Luis de Arrese, el disco de Montañas nevadas y todo acababa con el abrazo emocionado de mutuo perdón.

Las peripecias laborales de cada uno de nosotros, nos distanciaron lamentablemente, pero en mi recuerdo han quedado para siempre aquellas encendidas, pero singulares y generosas discusiones. El único aspecto positivo es que mis costosas visitas a la Casa del Libro habían disminuido muy sensiblemente

¡¡Ni me menees!!

sábado, agosto 15, 2009

El desengaño

Últina entrega de currando con rojos disponible en versión wiki



Se discutían los salarios, tema espinoso cuando el comité de dirección ha sido antes el comité de empresa, se ha sentado al otro lado de la mesa y conoce todos los trucos. Se llevaban meses de reuniones y no se llegaba a un acuerdo. La postura de la empresa era dura y la de los representantes laborales luchadora.

Fue esta negociación la que me colmó el vaso de la paciencia que ya estuvo a punto de rebosar cuando me dijeron que no les gustaba que fuera profesora asociada. Pero el destino quería darme una ración extra de hiel antes del desenlace.

Ocurrió que tenía que cambiar una EPROM y fui al despacho de los de HW a por unos alicates. Encontré la sala vacía y todas las mesas recogidas salvo una. Me dirigí a esa mesa que tenía un gran pliego despegado sobre el que descansaban unos alicates. Al tomar la herramienta no tuve por menos que dar un vistazo al papel que había debajo y casi me convierto en estatua de sal.

La mesa era del presidente de los representantes del comité de empresa y la sábana de papel contenía TODOS LOS SALARIOS DE LA EMPRESA. Me busqué a mí y al resto de mis colegas. Mi orgullo sufrió una punzada al comprobar que un par de colorines, de muchísima menos experiencia que yo me sacaban de ventaja unos cuantos cientos de miles de las antiguas pesetas. No me lo podía creer, pero evidentemente era cierto.

Supe que era el final y que no tenía otra opción que cambiar de trabajo. Estaba fuera de mercado y el comportamiento de los que algún día fueron rojos no tenía perdón ante mis ojos. Hubiera tolerado mejor la afrenta si ellos no tuvieran un pasado de lucha por la libertad y la justicia. Una vez que me caí del guindo y me eché unas lagrimitas no exentas de hipo, recompuse la figura y pase a la acción. Contacté con mis compañeros de "con batas y a lo loco " y en un mes ya tenía otro trabajo.

El dueño de la mesa que tenía la hoja de salarios y la persona que me entrevistó en la nueva empresa eran tocayos y su nombre, muy poco habitual, significaba "Dios es mi salvación". Ergo, Dios me salvó de los rojos.

¡¡Ni me menees!!

lunes, julio 20, 2009

El VADO

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki



El VADO, símbolo de la propiedad privada, fue el causante de mi primer desengaño en el paraíso laboral. El acceso al edificio, mitad residencial, mitad oficinas, del paraíso laboral, estaba flanqueado por un enorme VADO. La zona prohibida para aparcar comprendía la entrada al garaje y se expandía a la entrada de peatones que conducía a unas escaleras de bajada al jardín que daba acceso a su vez a las oficinas.

Un día que no había sitio para aparcar en la calle, estacioné mi coche en la zona del VADO que no impedía la salida de vehículos y que por supuesto no causaba ningún inconveniente en la entrada y salida del edificio. Cuando salí a comer vi que mi coche, de apenas un mes, tenía un arañazo en el lateral derecho. La noticia corrió como la pólvora entre los compañeros.

Los delineantes que tenían visibilidad directa hacia dónde estaba aparcado mi coche me dijeron que la dueña del edificio había salido a pasear el perro con unas llaves en la mano y que la habían visto acercarse a mi coche. Como era una calle tan intransitada, las probabilidades de que el arañazo lo hubiese realizado alguien ajeno a la propiedad del VADO eran casi nulas.

Comenté que iba a poner una denuncia a la propietaria en la comisaría y la noticia llegó rápidamente a los oídos de los socios de la empresa. Uno de ellos me llamó a su despacho y me sugirió que no pusiese la denuncia porque podría enturbiar las relaciones con los dueños del edifico. Esta propuesta me dejó helada, no podía dar crédito a que estas personas que habían luchado en la clandestinidad contra la dictadura se arrugasen ante una pequeño-burguesa de Arturo Soria que no sabía contener sus delirios de propiedad. No solo no me defendían del ataque sufrido a mi coche sino que se ponían del otro lado.

Le respondí que lamentaba no poder seguir su sugerencia porque me sentía agredida injustamente en lo personal por la propietaria y que la denuncia era a título personal y no tenía nada que ver con mi relación laboral en la empresa. En este punto se inició lo que sería el descenso desde la nube de la utopía laboral y el desengaño mutuo. Por mi parte vi claramente que ellos iban a lo suyo y ellos vieron que yo no era tan dúctil como Paco Lenin.

Una vez en la comisaría la policía me sugirió que no pusiese la denuncia porque solo me iba a llevar a una espiral de agresiones, lo que hoy era un arañazo mañana sería una rueda pinchada. Dispuesta a que no quedara impune la agresión, aunque le estropearse las estadísticas a la policía, puse la denuncia. Resultó que al tomar mis datos el policía descubrió que éramos paisanos y a partir de ese momento se mostró más empático.

Al día siguiente me contaron los delineantes que la tarde pasada llegó un coche patrulla de la Policía y que visitaron la casa de la propietaria. No sé que le dijeron pero mi coche no sufrió ninguna agresión más. Mas tarde averigüé que el VADO tenía el doble de la longitud que le correspondía por lo que estaba pagando al Ayuntamiento y puse la denuncia correspondiente. Ese expediente se quedó en el limbo entre la desidia de la Administración Local y mi falta de insistencia.

¡¡Ni me menees!!

viernes, julio 17, 2009

El number one

Nueva entrega de currando con rojos disponible en versión wiki



Era el primero de su promoción; un chico inteligente y bien mandado. Alto, muy delgado, extremadamente tímido, de los que nunca miran de frente y dan la mano con poca fuerza. Era el primer jefe que no provenía de la vertiente política, su fichaje correspondía a su brillante expediente académico.

Fue mi jefe durante el tiempo que trabajé allí. No me resultó fácil colaborar con él por mi espíritu crítico que chocaba frontalmente con su pedestal de number one. Cualquier comentario que le hacía sabía de antemano que iba a saco roto, pero al menos podía decir lo que pensaba.

Fue una pena que no hiciera caso de mi sentido común cuando le advertí que los esfuerzos se tenían que hacer en el SW y que los equipos HW para desarrollo ad hoc no iban a ningún lado. Cuando me fui, dos años después, hicieron lo que yo le propuse al mes de estar allí. A veces las matrículas no dejan ver las soluciones sencillas a los problemas.

Tenía serios problemas de comunicación por su timidez que nos afectaban a sus colaboradores. Si tenía que comentar algo lo iba aplazando hasta que ya no le quedaba margen en el día y lo decía cinco minutos antes de que finalizara la jornada laboral. Cuando vi que era imposible salir a mi hora por sus tácticas dilatorias, trace un plan de contraataque. Conforme le veía venir hacia mi mesa me iba poniendo la chaqueta y cogiendo el bolso. Al final le gané esa batalla.

El Lejías y yo solíamos murmurar a sus espaldas sobre la forma sibilina que tenía de hacer las cosas. Aún recuerdo los mosqueos que se pillaba el Lejías cuando comprobaba que el munber one le había cambiado el código de sus programas por la noche.

No tengo mal recuerdo de él porque no era mala persona, solo un inteligente demasiado tímido.

¡¡Ni me menees!!

lunes, julio 13, 2009

Paco Lenin

Este post forma parte de currando con rojos disponible en versión wiki

El apodo le venía por la gorra modelo Lenin que no se quitaba hasta bien entrado el verano. No era ni muy alto ni muy delgado, tenía una piel clara salpicada de pecas y los ojos achinados. Difería de Lenin en que no llevaba perilla y tenía las facciones más redondeadas.

Era el único ingeniero de a pie de la rama política. Estaba rodeado por ingenieros mercenarios que intentábamos corromper su inquebrantable sumisión hacia la jefatura. Siempre obedecía, jamás protestaba y no tenía clara la separación entre la lealtad laboral y la política. No conozco su evolución pero en los dos años que estuve trabajando allí nunca le vi flaquear en sus convicciones.

Su dialéctica era muy buena, rebatía todos nuestros argumentos. Nosotros teníamos la razón pero él siempre decía la última palabra. Así terminaban todas las disquisiciones sobre los límites de la obediencia a los jefes.

Fue muy buen compañero de cañas y completaba con su dialéctica la amena conversación del Bengo, aunque contando chistes el vasco era el mejor con diferencia. También creo que fue muy buen compañero de trabajo y que nunca nos delató ante los jefes por las barbaridades que solíamos decirle para apartarle del buen camino de la abnegada militancia en el PC.

¡¡Ni me menees!!

viernes, julio 10, 2009

El Bengo

Este post forma parte de currando con rojos disponible en versión wiki


Así empezaba su apellido y terminaba de tal manera que no había duda de que su origen era vasco. Alto, espigado, de pelo oscuro con incipientes entradas, ojos castaños brillantes y una permanente sonrisa en los labios que nos contagiaba a todos.

Cuando me lo presentaron tuve la sensación de que algo de él no encajaba en el ambiente general asilvestrado. Su educación, sus modales, su desenvoltura social marcaban una diferencia que quedaba despejada a la vista de los complementos que llevaba. No todos miraban la hora en un Rolex auténtico ni sus zapatos brillaban como los Sebago del Bengo.

No sé los caminos que le llevaron a aquel lugar, pero estaba encantado de trabajar por primera vez en algo que le gustaba, el hardware. Se mezclaba muy bien con la gente y sacaba partido de su extraordinaria simpatía. A pocas personas he visto contar los chistes con tanta gracia como lo hacía él.

Como buen vasco organizó la cuadrilla para el poteo post jornada laboral pero adaptada a la zona centro; solo íbamos a un bar y se admitían mujeres. Solíamos ir el jefe de HW, Paco Lenin, el Bengo y yo. Pocas veces en mi vida me he reído tanto como en aquellas rondas de tubos.

No fui consciente de que influiría en él cuando le comenté que lo suyo era la carrera comercial y no el laboratorio de bata blanca. Años más tarde me lo encontré en Saturno S.A. de visita comercial y me comentó que lo que le dije le hizo plantearse su carrera.

No sé nada de él desde hace años, pero seguro que le ha ido muy bien.



¡¡Ni me menees!!

jueves, junio 25, 2009

El lejías

Este post forma parte de currando con rojos disponible en versión wiki

Esta semana hablé con él por teléfono y sigue siendo el mismo aunque hayan pasado unos cuantos años. Lo conocí cuando era becario, un becario de los que no pasan desapercibidos. El mote se lo ganó a pulso por vestir unos pantalones vaqueros desgastados artificialmente con lejía. Pero no era el color de los vaqueros lo que más nos llamaba la atención a las chicas, sino lo increíblemente ceñidos que estaban sus pantalones a su anatomía. Algunas veces nos sorprendía con unos vaqueros-peto igualmente ajustados a su cuerpo y por supuesto de ese azul clarito forzado por la lejía.

Su carácter estaba marcado por un punto de salvajismo que en contadas ocasiones dejaba entrever y que las más veces se traducía en una postura valiente y atrevida ante la vida. No era dócil, pero una vez que manifestaba su opinión, si tenía que hacer algo lo hacía. Era de fiar y los jefes le apreciaban.

Su beca tuvo un paréntesis para hacer las prácticas de milicias a Cáceres. Su coronel era de las fuerzas especiales y le sometió a un entrenamiento digno de las SAS. En invierno regresó de cumplir con la patria bronceado, curtido por los aires extremeños, en mangas de camisa y luciendo pecho. Estábamos todas acostumbradas al aspecto nerd de los ingenieros y encontrarnos cara a cara con uno mitad bombero mitad legionario nos rompía los esquemas. El revuelo que causó a su regreso entre el sector femenino fue grande y no dejó fría a una de las socias que no paraba de llamarle a su despacho para cualquier cosa.

Era sorprendente su energía para el deporte y su capacidad para comer. Nadaba tan rápido y con tanto estruendo que nos apartábamos de su calle para que no nos arrollase. Respecto a la comida le vi zamparse quince albóndigas después de comerse un plato de lentejas lleno hasta el borde.

Teníamos el mismo jefe y la misma forma de ir de frente por la vida. Nos llevábamos muy bien y continuamos nuestra relación a través de los años. Con el tiempo hemos ido teniendo amigos comunes y hemos coincidido en sitios tan dispares como Sevilla o Santiago de Chile.

Se conserva divinamente con pelo (largo) y sin tripa. Le sigue gustando lucir cuerpazo aunque ha abandonado los vaqueros desgastados con lejía. Se parece mucho a un actor, pero no voy a decir cual para que cada uno haga uso de su imaginación.


¡¡Ni me menees!!

domingo, junio 14, 2009

Carmela

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Nos conocimos cuando estudiábamos COU y vivíamos en la misma residencia en la ciudad universitaria. Ella era de la rama de Letras y yo de la de Ciencias. Aunque no coincidíamos en ninguna clase, disfrutaba de su verbo fluido en los trayectos del autobús, en el comedor y en la reuniones improvisadas que hacíamos en las habitaciones.

Solo se me ocurren adjetivos positivos para describirla: inteligente, brillante, generosa, solidaria, divertida, gran conversadora... Si hubiera que destacar alguna de sus virtudes elegiría su solidaridad, que se salía de la campana de Gauss. Ella estaba siempre pendiente de los demás por si alguien necesitaba ayuda, anticipándose a cualquier necesidad.

Uno de los casos que recuerdo con una sonrisa en los labios fue una misión en la que me enroló para ayudar a unos compañeros ciegos. Todo vino por una tremenda curiosidad que sentíamos acerca de la habilidad que tenían estos compañeros invidentes para estudiar asignaturas como álgebra. Solíamos hablar de ellos en el autobús y en una de estas disquisiciones me dijo que a ellos les vendría muy bien que les ayudáramos a pasar un trabajo de una asignatura a máquina para que tuvieran mejor nota.

Estaba muy liada preparando los exámenes y me resistía a colaborar pero su capacidad de convicción era mayor que mi tozudez y cedí a su petición. Quedamos con ellos en la parada de autobús más próxima a su casa. Todavía recuerdo cómo íbamos en fila india, nosotras delante y ellos detrás con su mano derecha apoyada en nuestro hombro izquierdo, como una fila de elefantes. Cuando entramos en la casa estaba toda a oscuras y no acertábamos a dar un paso. Pidieron disculpas por no haberse dado cuenta de que nosotras necesitábamos luz y cuando la casa se iluminó, ¡oh, maravilla!, en las paredes había los mismos calendarios que puedes encontrar en la cabina de un camión, en un taller mecánico o en repartidor de una central telefónica. Nuestros compañeros que tenían su humor (no sé definir de qué color) debieron de imaginar nuestra cara de sorpresa y dijeron, ¿a qué están muy buenas? mientras que palpaban un calendario. Nunca he olvidado esa tarde tan especial.

Cuando nos volvimos a encontrar quince años después reanudamos la conversación en el punto que la dejamos, como si no hubiera pasado el tiempo. Ella había estudiado filosofía y trabajaba de secretaria de director general, mientras que yo había estudiado informática y me contrataban porque no me faltaba valor para desarrollar un sistema operativo en ensamblador.

Durante este tiempo ella y su marido habían construido con sus propias manos una casa en una urbanización cerca de Madrid. No me imaginaba lo que era capaz de hacer hasta que vi las dimensiones de su mansión, tan grande como su corazón.

No nos hemos vuelto a ver desde que abandoné el paraíso laboral. Cuando habían pasado otros quince años sin vernos empecé a dar clases en la Universidad y quiso el destino que mi compañero de asignatura fuera la pareja de la documentalista del paraíso laboral y me volvieran de golpe todos estos recuerdos. Pensé que era una señal y tenía que volver a verla. Escribí un post pensando en darle una sorpresa pero no lo llegué a publicar porque desapareció de mi portátil sin dejar rastro. Luego lo fui dejando y ¡ha pasado un lustro más!

A la segunda va la vencida. Voy a salvar el post en sitio seguro lejos de mis garras autodestructivas.

¡¡Ni me menees!!

domingo, mayo 31, 2009

Currando con rojos

Me rondaba en la cabeza escribir las memorias de los dos años de mi vida que trabajé con “rojos” y la lectura en el diario de un director de Sistemas del post He visto todas las nóminas (o he podido verlo), me ha recordado el final de esta etapa y me he decidido a desempolvar estos recuerdos.


Estando trabajando en Almería y deseando volver a Madrid, recibí una llamada telefónica que me ofrecía un trabajo en una empresa de electrónica industrial. Habían contactado conmigo por medio de una amiga con la que había trabajado unos años antes. Ella había militado en el partido comunista y había pertenecido a la misma célula que uno de los propietarios de la empresa.

Me pareció tan providencial esta oferta que abrí una ronda de consultas con mis amigos para obtener referencias de la empresa (entonces no había Internet). Como las pesquisas me devolvieron una opinión general favorable, volví a contactar con la compañía para mostrar mi interés. Aproveché un viaje de trabajo a Madrid para una primera cita que resultó satisfactoria para ambas partes y terminó en acuerdo. Pasado un mes estaba trabajando allí.

La empresa era propiedad de siete ingenieros, seis procedían de las filas del PCE y el séptimo, que era el director general, de las del PSOE. Los actuales propietarios se habían hecho cargo de la empresa después de una quiebra fraudulenta de los anteriores dueños. En vez de cobrar una indemnización y buscarse otro trabajo se pusieron al frente de la empresa y mantuvieron la plantilla formada en gran parte por militantes del PCE. De esta manera pasaron de formar parte del comité de empresa a ser el comité de dirección.

La empresa salió a delante e inició su expansión. Durante este tiempo habían ido bajado las vocaciones políticas de los ingenieros para militar en el partido y el mercado solo ofrecía tecnólogos sin interés por la política como yo. Cuando me incorporé a la compañía el color rojo de la plantilla había empezado a desteñirse con los nuevos fichajes.

La primera alegría del nuevo trabajo fue reencontrarme con Carmela, una muy querida ex compañera de COU. Mi jefe era "el número uno" de su promoción y me integré rápidamente en el equipo. Hice amistad con las chicas de producción, los de Hardware y los delineantes. Conocí a personajes tan curiosos como el Legías, El Bengo, Paco Lenin o las mofetas.

Me parecía mentira trabajar en este extraño ecosistema laboral, rayando con la utopía. Había un horizontalidad en el trato entre dueños y trabajadores insólita. En los dos años que estuve allí pude vivir la transformación de la utopía a la realidad de la mano del nuevo edificio de la empresa que puso en evidencia que todos somos iguales pero unos eran más iguales que otros.

En las siguientes entregas iré contando, no sé en qué orden, estos años en los que curré con rojos.

¡¡Ni me menees!!

viernes, abril 18, 2008

Los julios y los jefes

Julio no es solo el nombre de un mes o de un emperador romano o de un cantante español de fama internacional, recordará el lector que es también la unidad del trabajo en el sistema internacional. El trabajo se define como la integral del producto escalar del vector fuerza por el vector desplazamiento, siendo el julio un newton × metro.

Una vez realizados estos preliminares vamos a entrar en materia aplicando esta definición de la mecánica al entorno laboral. Definiremos el julio laboral como la fuerza necesaria para empujar a una actividad, que denominamos marrón, hasta alcanzar un objetivo en un entorno definido. El peso del entorno sobre el marrón genera una resistencia que actúa como una fuerza contraria a la consecución del objetivo. Representado gráficamente, queda así:


La fuerza de empuje del marrón tiene dos componentes: La fuerza de los curritos, que denominaremos Fc y la fuerza de los jefes para los que se usará la notación Fj. Generalmente el sentido de la fuerza Fc coincide con la dirección hacia el objetivo. Sin embargo, las fuerzas Fj son más erráticas. La combinación de ambas fuerzas genera múltiples trayectorias del marrón pero en este post se analizarán tres escenarios concretos.

Corresponde a un jefe de valor añadido. Suma su esfuerzo al de los curritos por tener la misma dirección sus fuerzas. El marrón se desplaza hacia su objetivo e incluso tiene posibilidades de alcanzarlo.

Representa a un marrón sujeto a eficiencia 0. Independientemente del esfuerzo desarrollado por los curritos, la fuerza aplastante del jefe sumada a la del entorno hace que el marrón permanezca siempre en el mismo sitio. Este es el caso del jefe burócrata, que entierra el esfuerzo entre papeles, o del jefe indeciso, incapaz de tomar decisiones, o del jefe vago, que simplemente se sienta encina del marrón, o del jefe transparente, que actúa de correa de transmisión, o del jefe malévolo, que disfruta viendo el esfuerzo inútil. Generalmente los curritos caen en la maldición de Sísifo, entrando en un ciclo repetitivo sin posibilidad de avance.

Identifica a un jefe de valor detraído. Todo el esfuerzo de los curritos no sólo se verá anulado por la fuerza de jefe que empuja en dirección contraria, sino que se convertirá en un trabajo negativo porque el marrón no avanza, retrocede. En este escenario se encuentra el jefe incompetente que es incapaz de enterarse de NADA y que genera una espiral de esfuerzo a los curritos para que le expliquen o hagan TODO. O el jefe galáctico que han encontrado los head-hunters para renovar la empresa con nuevas ideas.

En el ecosistema laboral el caso A está en vías de extinción cediendo terreno al caso C, que se encuentra en pleno desarrollo, mientras que el caso B permanece estacionario. Parece que los julios van para atrás como el cangrejo. La solución del problema es fácil (al menos desde el punto de la Física), si se eliminan los jefes se mejoran los casos B y C aunque el caso A puede quedar algo perjudicado, pero al estar en extinción no produce un gran impacto.

¡¡Ni me menees!!

sábado, noviembre 03, 2007

El sobre moderno

Un vecino muy querido me inspiró este post con este comentario en la entrada "El sobre" :

“desgraciadamente mi sobre laboral es de los modernos... sí, de esos que tienen los triángulos laterales muy pequeños y la solapa muy arriba”

Va por ti Muxfin.

nota: la ilustración es cortesía de Brain

Cuando escribí el post de "El sobre" lo hice con la miopía propia de quien no ve más allá de su nariz. Tan solo vi mi entorno, una jaula dorada con recursos suficientes para alimentar a una cantera de hidalgos/burgueses y de aristócratas. Pero los paraísos laborales se sustentan en otros entornos laborales más magros a los que les van chupando poco a poco la poca grasa que les queda.

Son las empresas subcontratadas, en primera, segunda o tercera instancia las que se estructuran de acuerdo al sobre moderno, con los mismos apartados: trabajo, reunión, viajes y comidas, pero con distinta distribución. Si trazamos con la imaginación (no me atrevo a mancillar la ilustración de Brain) de izquierda a derecha tres líneas paralelas en el sobre moderno podemos ver que los estados varían respecto del sobre clásico de la siguiente forma:

  1. El primer escalón, el de solo trabajo, se sitúa en el borde inferior del sobre igual que en el sobre clásico. La única diferencia se encuentra en que el salario será más escaso. Allí se ubicarán los becarios precarios o los nuevos.

  2. El segundo nivel, el de la adaptación al puesto de trabajo, se diferencia bien poco del primero: alguna reunión y algún viajecito esporádico para apagar algún fuego. En este caso los viajes suelen ser en condiciones muy modestas tanto de transporte como de alojamiento. En este nivel se ubican las fuerzas del trabajo también conocidas como mileuristas, por su techo salarial.

  3. El tercer peldaño, ¡oh sorpresa! es casi igual que el anterior. Parece que el mileurista completa la etapa de integración en la estructura de la empresa sujeto al mismo techo salarial que en el segundo nivel pero con responsabilidades añadidas. No hay margen para las comidas de trabajo, ni opción a la hidalguía laboral. Tiene que organizar el trabajo de otros y seguir realizando el suyo. ¡Esto es lo que hay!

  4. La cuarta morada es un salto tanto cuantitativo (en sueldo) como cualitativo (en privilegios). En este caso la línea paralela se tiene que aproximar bastante a la parte superior del sobre porque es una zona muy pequeña. Muchos son los contratados pero pocos los que acceden al nivel en que se reúne, se come y se viaja. A diferencia de los colegas del sobre clásico, no se comportan como clase ociosa sino como negreros implacables.

  5. En la línea superior se encuentra el mandamás que se pasa el día invitando a comer a los que están en los niveles 4 y 5 del sobre clásico. Esto equilibra el sistema ya que da sentido laboral a la clase ociosa de los paraísos laborales.

Como se puede observar, el sistema funciona y se retroalimenta. El sobre clásico mantiene una abundancia que alimenta a los sobres modernos que administran de forma “eficiente” los recursos. De esta manera los paraísos laborales presentan bonitas cifras de eficiencia ante sus accionistas y los analistas porque con muy pocos recursos “propios” facturan muchísimo.

A veces me pregunto ¿qué pasaría si la "eficiencia" llegara de verdad al sobre clásico?

¡¡Ni me menees!!

viernes, octubre 26, 2007

El sobre

Chascarrillo recogido de la tradición popular del management y adaptado a mi modo de ver las cosas.

El sobre tiene dos connotaciones laborales, una interna y otra externa. La primera corresponde al antiguo incentivo en metálico que se envolvía dentro de un sobre y se repartía de forma totalmente secreta y arbitraria entre los colaboradores. Ahora se le llama variable y se viste bajo el honorable manto de los objetivos. En realidad, solo ha cambiado la forma, adornada de palabrería huera, y se sigue distribuyendo tan confidencial (menos para Hacienda) e injustamente como antes.

Pero en este post se va a tratar el aspecto externo del sobre, poniendo el foco en su dorso. En la parte posterior del sobre se encuentra la solapa impregnada de pegamento seco que cobra vida al contacto con la lengua para fundirse con los otros pliegues del sobre. Al cerrase, quedan a la vista cuatro triángulos mágicos a los que se ha bautizado como: trabajo, reuniones, viajes y comidas. Trazando tres líneas paralelas de izquierda a derecha del sobre se consigue determinar cinco posibles estados de la vida laboral.


  1. Es la iniciación en la vida laboral. Se sitúa en el borde inferior del sobre. La línea solo atraviesa el triangulo del trabajo. En este nivel se encuentran el aprendiz, destinado a las más pesadas cargas del trabajo. En algunos sitios se le llama becario o "el nuevo".

  2. Corresponde a la adaptación al puesto de trabajo. Está delimitado por la primera paralela al borde inferior del sobre que atraviesa las zonas de reuniones, trabajo y viajes. En este momento laboral, el círculo de conocidos se amplía y se inicia esa cansina tarea de las reuniones y algún viaje esporádico. En esta fase se encuentran el grueso de las fuerzas del trabajo.

  3. Engloba a la integración en la estructura de la empresa. Se alcanza este nivel cuando la segunda paralela al borde inferior atraviesa el triangulo de la comida además de las reuniones, trabajo y viajes. Es el inicio de la hidalguía laboral, en el que el trabajo empieza a ser insignificante frente a las actividades de relación.

  4. Es la etapa de la consolidación en la élite empresarial. Se llega a este estado de gracia cuando la tercera paralela desde la parte inferior del sobre abandona para siempre el triangulo del trabajo y solo atraviesa las reuniones, comidas y viajes. En este nivel se sitúa la aristocracia laboral, exenta de cargas laborales y ocupada tan solo en actividades de relación con sus iguales. Allí se practica la caza del zorro con jauría de perros y otros entretenimientos de las clases ociosas.

  5. El último escalón corresponde a la coronación laboral. Es el estado al que todos desean llegar pero en el que solo uno puede estar. Corresponde con la línea superior del sobre que tan solo atraviesa el triangulo de la comida. Allí se encuentra el rey, habitando la planta más alta del edificio y rodeado de su pequeña corte empresarial. La soledad del líder se manifiesta en la ausencia de reuniones.

En el largo camino laboral cada uno se va planteando en qué estado está y en cual quisiera estar. Desde mi pequeño nivel de influencia solo pido que prevalezca la inteligencia, por favor.

¡¡Ni me menees!!

sábado, septiembre 15, 2007

Reunión esperpéntica


De las muchas reuniones esperpénticas de trabajo a las que he asistido, recuerdo una que daría para el guión de una obra del teatro del absurdo. Ni todo el ingenio de Tip y Coll sería capaz de imaginar algo así. La realidad supera siempre la ficción. Aunque han pasado tres años, y mi imaginación puede adornar un poco los hechos, puedo garantizar que el grado de exageración es mínimo y que en el fondo subyace la verdad.

La reunión se convocaba a las cinco de la tarde para evaluar la fase I de un grupo de proyectos de innovación y determinar su continuación en una segunda fase. A las cinco de la tarde en la enorme sala, como una plaza de toros, se encontraban la Gestora del Presupuesto de innovación, el Coordinador del Grupo de proyectos y los jefes de proyecto .

Las cinco de la tarde era la hora de las corridas de toros antes del cambio horario. Sucedió algo dramático como lo que cantaba Federico García Lorca en llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Uno a uno fueron muriendo todos los proyectos presentados, a las cinco de la tarde, por el asta inmisericorde de la Gestora del Presupuesto salpicando de sangre a todos los allí reunidos.

La Gestora del Presupuesto era una mujer alta, estilosa, muy bien vestida, mejor calzada y con mucha desenvoltura social. Un compañero la describió como "Un demonio vestido de Loewe", y con esa definición se quedó. A los humildes innovadores les abrumaba tanta elegancia ya que, en comparación, sus vestimentas parecían de un todo a 100. Hasta los innovadores más frikis murmuraban acerca de la marca de sus zapatos y aseguraban que eran Manolos. Demasiado glamour para los ambientes Blade Runner de los laboratorios de los innovadores.

El Coordinador del Grupo de proyectos era una réplica de Freddie Mercury con corbata. Su cargo de gerente le daba un grado más de elegancia que la de sus tutelados, pero no llevaba precisamente un traje de Armani. No era del agrado del Gestora del Presupuesto porque no era uno de los suyos y ella prefería, a falta de hombres de mundo a su altura, rodearse de bufones de la corte.

El demonio vestido de Loewe tomó asientos, sí asientoS: Uno para el enorme bolso, otro para el abrigo de visón y el tercero para ella. Desparramó por la gigantesca mesa de reuniones sus gadgets, entre ellos una BlackBerry. El Coordinador del Grupo de proyectos tomó la palabra apoyado en un ppt. A la tercera transparencia sonó la BlackBerry. La elegante gestora inició una conversación telefónica haciendo una señal a Freddie para que siguiera con la presentación, que terminó cuando ella seguía aún hablando por su gadget. Durante todo este tiempo Freddie mantuvo el tipo aunque fue varias veces interrumpido por ella, que abandonando por unos instantes la conversación telefónica le decía: ¡No me está convenciendo nada de lo que cuentas!.

Los jefes de proyecto no dábamos crédito a lo que pasaba, pero la fiesta no había hecho más que empezar. Cuando llegó el turno de la deliberación de proseguir con la segunda fase, fueron cayendo uno a uno los proyectos con los más dispares razonamientos. Uno de los criterios de evaluación aplicado fue que un proyecto de innovación que no es producto en tres meses, no era de innovación.

La tortura duró el doble que una corrida de toros, salimos a las 21:00, con la cara de espanto escrita en la cara y pensando en qué trabajaríamos al día siguiente. Aunque todos coincidíamos que era un alivio no tener que volver a trabajar para la elegante Gestora.


Sección-Expedientes-X

¡¡Ni me menees!!

sábado, agosto 04, 2007

¡Viva el mal, viva el capital!

-Por Gimnoto y por Farad, oh, dime la verdad, mi mágico libro de contabilidad.
Ergios, pilas y canarios, ¿quién es el más grande empresario, el que paga peores salarios, impone más duros horarios y hace de la vida de sus empleados un
calvario? ¿Quién es el más feroz propietario, el que obtiene beneficios millonarios y explota mejor a sus proletarios?

-Tú, oh Mal Cationes, eres polarizantearizante, electrizante, galvanoplástico. No tienes rival.

-Ja, ja, ja, qué mala, pero qué mala soy.

Nació en la década de los 80. Desde niña era una devoradora de libros a los que dedicaba todo su tiempo libre salvo que pusieran en la tele la "La bola de cristal". Estaba fascinada por este programa y su personaje favorito era la Bruja Avería porque representaba el mal sin máscara. Ella se sentía segura detrás del televisor de la transparente maldad de ese muñeco de melena multicolor formada por una maraña de cables.

Cuando escuchaba los monólogos de la Bruja Avería recitados por la fascinante voz de Matilde Conesa que daba vida al personaje, dejaba de dar bocados a su pan con foigras para prestar más atención a sus apologías del mal. Todas su proclamas terminaban en un -Ja, ja, ja, qué mala, pero qué mala soy.

Pasó el tiempo y dejó de tener sentido un programa que realizaba una sátira social tan descarada. Vinieron tiempos en los que el que se movía no salía en la foto y empezaron a estar todos quietos. A la niña le quedo sólo su afición a la lectura y siguió digiriendo libros en los ratos libres que le dejaba el colegio.

Las circunstancias la predispusieron para el aprendizaje de idiomas. En el colegio estudiaba inglés como primera lengua extranjera, pero sus padres conspiraron con otros padres para que en su colegio (público) se diera una segunda, que resultó ser el francés. Descubrió que tenía facilidad para los idiomas y como eran pocos en clase empezó a hacer muchos progresos en esa lengua. Continuó sus estudios en el Instituto francés donde superó todos los niveles hasta hablarlo por los codos. Siguió con el alemán y más tarde italiano.

Con tanta lectura y tanto estudio la niña derivó en erudita políglota. Cuando llegó la hora de independizarse de casa no tuvo más remedio que ponerse a trabajar para vivir y pagarse sus estudios. Aprovechó su vena políglota para encontrar trabajos que no tuvieran mucha responsabilidad pero que el uso de otros idiomas los hicieran menos míseros en el sueldo. Fue carne de cañón de teleoperadoras que atienden servicios internacionales hasta que recaló de recepcionista en una multinacional francesa.

Los primeros tres meses trabajó subcontratada por una ETT, pero el jefe tenía grandes planes para ella y cuando finalizó su contrato la hicieron fija en la multinacional. Para demostrar lo mucho que confiaba en ella el jefe le intentó colocar un "poyaque", es decir "pues ya que estás en la recepción atendiendo a la visitas y cogiendo el teléfono me vas a hacer una traducciones al francés".

La erudita políglota no pasó por el aro y le hizo ver al jefe con un discurso pausado que entre sus funciones no estaba la de hacer traducciones, máxime cuando el salario que recibía se correspondía con el de una recepcionista. El jefe que veía sus planes de "eficiencia" por los suelos pasó a chantaje laboral presionando para que su recepcionista aceptase. Parece que aquello de la "Igualdad, fraternidad y libertad" y el gran sentido social de Francia se ha diluido en estos tiempos globales. El asunto de las traducciones quedó en "pues va a ser que no".

Pero todo en la vida pasa factura y la erudita se llevó un sofoco que le repercutió en la salud y al día siguiente sufrió una crisis de una enfermedad crónica que padece y le dieron la baja laboral. Antes de que tuviera tiempo de recuperarse recibió un boureau-fax informándole que la despedían improcedentemente con una indemnización de 81 euros. Ni Mal Cationes sería capaz de tal galvanoplástico despido. Aquella maldad de la Bruja avería de la que ella se creía a salvo había salido del televisor desparramándose por la reforma laboral: Viva el mal, viva el capital.

Anodos, cátodos y filamentos... Voy a reformar la ley laboral y no me arrepiento.
¡Viva el despido! ¡Abajo los remordimientos!
¡Haremos un contrato indefinido que valga un pimiento!

Como la vida es una tómbola (tom, tom, tómbola), cuando la erudita asistió al acto de conciliación en la Comunidad de Madrid el abogado representante de la multinacional francesa al ver el pedazo de erudita que tenía delante le ofreció un trabajo de recepcionista en su bufete.

Me lo contó la erudita por teléfono mientras me tomaba un zumo de naranja natural en una plaza del sur envuelta entre aromas de jazmines y es que la vida no deja nunca de ser divertida si se mira con buenos ojos.

Sección-Reflexiones

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lunes, julio 02, 2007

La cadena laboral trófica

Escribe o revienta, emulando al Lute con su Camina o revienta. Escribo para no explotar y dejar las paredes de mi despacho salpicadas de bilis. Una deferencia hacia mi compañero de despacho José.





La vida es injusta, cuesta aceptarlo. Depende de donde te sitúes, la suerte estará a favor o en contra y la distancia entre estas dos posiciones será enorme. Es difícil comprender cómo algunas personas alcanzan un estatus y se mantienen en él per se y otras nunca salen del chapapote laboral. Ser cliente, proveedor, subcontratista, mando intermedio, autónomo, currito o becario te sitúa cruelmente en uno de los subsistemas de la cadena laboral trófica.

Al final de la cadena se encuentra el máximo depredador, el cliente. Es un ser que en vez de alma tiene un presupuesto del que hace ostentación y que le sitúa en una posición de poder frente al resto de los subsistemas. Aunque los libros de manachmen lo ponen por las nubes y dicen que hay que orientarse al cliente, se corre el riesgo de ser devorado por él. Se alimenta fundamentalmente de proveedores, subcontratistas y mandos intermedios. Para sobrevivir no necesita ni inteligencia ni agilidad, sólo ferocidad y sangre fria.

En el siguiente eslabón se encuentran los proveedores. Son depredadores más lights y dependen de su agilidad, su ingenio y su flexibilidad para subsistir. Esas habilidades no impiden que a su vez se alimenten también de subcontratistas y mandos intermedios con los que se comportarán a su vez como “clientes”. En algunos casos pasan directamente a nutrirse de las fuerzas del trabajo: autónomos, curritos y becarios

Para que puedan subsistir los depredadores son necesarios los “descomponedores” que forman un chapapote laboral en el que se encuentran los subcontratistas y mandos intermedios. Se alimentan del subsistema productivo formado por autónomos, curritos y becarios. Este subsistema aporta “valor a la producción” haciendo que fermente el trabajo que se desarrolla. El profe, cuando trató el tema de los mandos intermedios, lo definió como remover los barriles de mierda y no estaba muy descaminado.

En el primer eslabón de esta cadena laboral trófica se encuentran los medios de producción en tres variantes: becario, currito y autónomo. El destino del becario, si no espabila, es quedarse en su subsistema como autónomo o como currito. El autónomo, aunque vive con la ilusión de que es un ser libre y que no tiene jefe, en realidad se encuentra en la escala inferior de la cadena trófica, aunque puede cambiar con más facilidad a depredador. El currito por su parte no tiene ni la ilusión de ser libre en un futuro ni la esperanza de cobrar una indemnización.

Cuando te preparas para la vida laboral se piensa en adquirir habilidades en vez de orientar los esfuerzos en situarse en el subsistema más favorecido por la suerte. Si volviera a nacer y me dijeran ¿qué quieres ser de mayor? Contestaría sin dudarlo: cliente.

Sección Fauna humana

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martes, marzo 27, 2007

La lista de Rebecuqui


A estas alturas y como todos bien saben, éste es mi diván personal y todos ustedes son lo más parecido al eco de mi madre y de mi Psicóloga, porque leyendo vuestros comentarios acerca de lo que escribo, las estoy escuchando a ellas.

Dicen que una no puede tenerlo todo en esta vida y me lo estoy empezando a creer; porque hay varias cosas en este mundo que hacen que yo me sienta equilibrada, mi familia (en la que incluyo a mi perro), mis amigos/as, mi trabajo, mi pareja y el peso que me dice la báscula cada sábado por la mañana en ayunas, y a pesar de que trato y trato de hacer equilibrios con esos "pequeños" cinco pilares de mi existencia, todavía no he conseguido NUNCA tenerlos a los cinco a la vez en orden y en paz.

En los últimos tiempos tengo reforzados cuatro, que son todos menos el de la pareja, porque mi familia, mi perro, mis amigos y amigas, mis compañeros de trabajo y hasta mi jefe y su esposa han hecho piña a mi alrededor, y como no hay mal que por bien no venga, y a mí cuando se me da la vuelta la vida se me cierra el estómago y no me entra ni un yogur, en cuestión de un mes me he quitado de encima unos cuantos kilos de peso, que se dicen pronto y se notan mucho. Y como el pilarcito del tema pareja lo tengo "bobito" pues probablemente perderé a algunos de vosotros en el intento porque yo cuando me pongo pesada, me pongo MUY pesada, pero es que me tiene obsesionada.

Os cuento: el otro día me llegó un correo con un texto sacado de una terapia de un Psicólogo y algunas pautas de comportamiento para "lograr vivir un gran amor", me lo envió una amiga; y una de las cosas que te dice (además de lo de quererte a ti misma y todo eso que ya lo hablaremos otro día) es que hagas una lista de las cosas que deseas o buscas en "esa persona". Y yo voy, y la hago…y lo pongo todo, todo lo que quiero de un hombre en esta vida, incluyendo lo del San Valentín que os contaba el otro día; no me dejo nada en el tintero, porque por pedir… que no quede, y pido hasta que sea alto y moreno, que no tenga madre o que la tenga en Australia, que no se depile y que sea creyente pero no demasiado practicante, como yo.

En el texto éste del Psicólogo te dice algo así como que mientras más cosas pongas, más posibilidades de éxito tienes para encontrar a esa persona que será tu gran amor, ya que estás buscando realmente lo que quieres, y que de eso se trata, de encontrar a alguien que cumpla el mayor número posible de esos requisitos para lograr una compatibilidad lo mayor posible en una pareja y que haya posibilidad de futuro.

Como os decía, yo lo puse todo, pedí como si fuera la carta a los Reyes Magos…y es que casi me sale mi ex !!! Hablo de Eduardo, no de Pepe, por si los despistados.

Hace años, antes de conocerle a él, a Eduardo, hice una lista parecida; en aquella época estaba hasta el moño de los tíos y me propuse encontrar un hombre legal que fuera mi "media naranja" (o como comentó Virginia en Luz de Gas, la otra naranja completa que haga par conmigo, que también puede ser así) y entonces me puse e hice una lista de un folio, por ambas caras, con todo lo que deseaba de un hombre en esta vida… y al poco tiempo Eduardo apareció en mi vida. Aquella lista la tenía guardada y una vez la encontré y la repasé a solas y reconocí que prácticamente TODO lo que yo había pedido lo tenía o lo era él. Lo único que no cumplía era que él tenía dos años menos que yo y se pasaba de estatura porque mide más de dos metros.

Pepe no tenía nada que ver con aquella famosa lista que yo había hecho, es que yo creo que los únicos requisitos que cumplía eran que es hombre y heterosexual, porque de todo lo demás… prácticamente nada; yo me escudaba en decir que de qué me había servido tener un hombre tan perfecto y adecuado a mis cánones de exigencias, si no me había salido bien con Eduardo, y que tal vez con Pepe, que no cumplía nada de la lista, pues que con él me saldría bien…

La cosa es que yo ahora ando un pelín "desmoñá", bueno, salgo más que antes, ése es el desmoñe que traigo, mira tú, pero siempre con mi grupito de amigas/os, y estoy conociendo a un montón de gente nueva y luego, al día siguiente, cojo la lista y me propongo marcar crucecitas al lado de cada "requisito"… y ná de ná, lo único que estoy consiguiendo es llenar la agenda del móvil y del Messenger y cada semana que pasa tener más planes organizados casi desde el lunes o el martes.

Y esa es la "boutade", que yo sigo queriendo lo mismo de un hombre, o en un hombre, y me pregunto varias cosas: esa lista… ¿la mantengo o la quemo en San Juan?, ¿le hago caso a este Psicólogo o paso de él?, ¿será cierto lo de a mayor compatibilidad mayor posibilidad de futuro?, ¿habrá un gemelo de mi ex por ahí para mí?

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sábado, marzo 10, 2007

Jose cumple 40 años

El post "El frío" terminaba con una alusión a Jose. Telemaco y Fernando, le daban un toque de atención por hacerme pasar frío. He rescatado del fondo de mi disco este post que escribí hace tiempo y en el que describo la entrañable relación con mi compañero de despacho.


Un lunes negro Jose, mi muy entrañable compañero de despacho, abandonó la treintena para traspasar el umbral de los cuarenta. Se me olvidó que era su cumpleaños y me dejó caer la noticia como si cualquier cosa al final de la cornada laboral. De repente vi como se pasa la vida, ya que cuando lo conocí no había hecho la mili y ahora lo veía precipitarse irremediablemente hacia la cuarentena.

Nos encontramos hace ya la friolera de 14 años y desde el primer instante congeniamos en lo técnico y en lo personal. Yo heredé sus trabajos mientras hacía la mili. Su pericia en el shell script de unix era tal que en una sola línea podía concentrar una herramienta completa. Algunas veces, cuando no funcionaba algo de sus scripts me quería morir, ya que era más fácil encontrar una aguja en un pajar que una pulga en sus programas.

No sentía Jose el ardor guerrero y no se le veía muy integrado en lo militar en aquellos tiempos de servicio patrio, y de hecho su password para entrar en los sistemas tenía una frase escatológica referida a la mili. Como encontró un destino en oficinas por la mañana, venía a trabajar por la tarde. Solo nos veíamos un par de horas para integrar nuestro trabajo pero nunca tuvimos problemas. Se diseñó un programa para la cuenta atrás de lo que le quedaba de mili a la vez que optimizaba el algoritmo del salto del caballo hasta límites insospechados.

Todos los que conocemos a Jose valoramos su inteligencia y su buen corazón y sabemos que siempre está dispuesto a ayudar a cualquiera de forma altruista. Además, es capaz de resolver los problemas más difíciles mientras se rasca el pelo, que llega al final de la jornada convertido en un desbarajuste, salvo cuando lo lleva tan corto que no es posible que los pelos tengan alguna orientación. No se conoce persona que haya tenido algún contencioso con él, salvo mi persona humana que a veces se torna en una furia incontrolada y dice lo que no tiene que decir. Después de una violenta discusión –técnica, por supuesto- sobre una nadería de interfaz, en la que me enfadé con él y le levanté la voz, me entró un enorme pesar y el remordimiento no me dejaba en paz. Como me cuesta pedir perdón, ideé una treta: le compré una botella de whisky Chivas Regal 12 Years Old, que sabía que le gustaba mucho. Al día siguiente le llevé la botella y le dije que sentía mucho haberle gritado el día anterior. Jose me respondió: “Si cada vez que te enfades me regalas una botella de whisky, no te cortes, enfádate las veces que quieras.” Como no estaba por la labor de hacerle caer en el alcoholismo, no le volví a gritar.

El destino, que nos unió en un despacho biplaza, nos separó para volvernos a juntar hace dos años. La primera reorga(1) me llevó a un despacho individual de muebles claros y a Jose a un despacho compartido muy próximo al mío. Un nuevo giro, debido a la segunda reorga , me condujo a un triste despacho individual de muebles marrones tan oscuros como las tareas con las que tenía que lidiar, mientras que Jose volvía al despacho adyacente al que teníamos al principio. De mi etapa en el despacho marrón solo recuerdo que lo protegía contra el maligno con unos ajos que se adherían a la puerta como los imanes de la nevera. Como la vida es una rueda, cuando decidí abandonar la oscuridad del despacho al ajillo quedó vacante el otro sitio en el despacho de Jose y ahora somos de nuevo compañeros y sin embargo amigos con magnificas vistas al INEM.

El próximo cambio de década me toca a mí ¿Seguiremos juntos en el mismo despacho?

(1) Entiéndase por reorga a un cambio en la estructura de la empresa debido al nacimiento o cierre de grandes proyectos o a los cambios de los puestos mas altos de la estructura

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viernes, marzo 09, 2007

Día de la mujer trabajadora

Nota de la editora: Tengo por costumbre desde hace cuatro cinco años publicar este post el día internacional de la mujer. Este año me lo ha tenido que recordar El director de Sistemas en su post Tensión.

El paso del tiempo no le ha restado ni un ápice de su fuerza.


8-Marzo: Día internacional de la mujer

Mientras avanzo entre el atasco de la M-40, desde la radio el locutor me reta: "Mándanos tu mensaje para el día de la mujer trabajadora". Y ante semejante provocación a las siete y cuarto de la mañana del viernes(2), después de haber apagado puntualmente el despertador a las 6:30 a.m. desde el lunes, decido mandarle este mi mensaje nada más llegar a la oficina y antes de ponerme a trabajar.:

¿Qué coño tiene que celebrar la mujer trabajadora? A ver si va a resultar que para el hombre el trabajo es un castigo bíblico ("ganarás el pan con el sudor de tu frente") y para nosotras va a ser una bendición. Carajo, pues sí que somos especiales.

Es como si nos hubieran montado un día del padre, o de San Valentín, o de la madre (o de la madre que nos parió), pero más en la línea CCOO(1) que en la línea Corte Inglés. Para que nos sintamos representadas y reconocidas (como cualquier padre se ve reconocido el 19 de marzo con una corbata).

Así que, la que tenga algo que celebrar, que lo celebre. A ver si yo el año que viene puedo celebrar el día de la mujer que vive de las rentas.

(1) Nota para los lectores no españoles CC.OO. (Comisiones Obreras) es el sindicato de Izquierda más a la izquierda, pero no el más siniestro de todos los sindicatos
(2) Como se puede apreciar es de otro año

Sección-Sapos y culebras

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domingo, febrero 18, 2007

La organización friends


El Forense escribió en el siglo pasado una reflexión titulada Un nuevo tipo de organización en la que proponía una serie de organizaciones mucho más avanzadas que las clásicas jerárquica, matricial y orientada a cliente. Planteaba la organización diagonal, la matacaballo y la matricial inversa. Hace años que no sé de él, ni qué tipo de organización le quitó las ganas de escribir, y hasta de contestar los e-mail que le envié.

Retomando su reflexión unos cuantos años después, paso a describir un nuevo tipo de organización que se está imponiendo tanto en la Administración Pública con el llamado “cargo de confianza”, como en la Gran Empresa española. Después de darle muchas vueltas creo que el nombre que mejor la describe es la organización friends.

Esta nueva manera de organizarse se sustenta en la amistad. El jefe supremo se rodea de amigos, a ser posible de la infancia o en su defecto de la Universidad o de sus trabajos de juventud. De forma recursiva se va replicando el modelo en los siguientes niveles de la jerarquía, parando el algoritmo al llegar al último nivel de la organización que no está sujeto a las leyes de la amistad sino a las del trabajo.

Los beneficios de esta organización son múltiples. Se eliminan las tensiones entre jefes y colaboradores porque les une la amistad. Se replica el modelo del patio del colegio trasladándolo al despacho del jefe donde se juega al baloncesto con una pelota de tenis que se intenta encestar en una minúscula canasta adherida a la parte interior de la puerta del despacho o se juega al fútbol con la dichosa pelotita. Los colaboradores están agradecidos al amigo bueno que ha contado con ellos y disfrutan el momento hasta que, como todo, llegue su fin.

Se dice que donde hay confianza da asco. Aplicado a este tipo de organización es erróneo. Como hay confianza no hay que perder el tiempo haciendo informes ni justificando gastos. Esto reduce considerablemente el nivel de burocracia y dota de eficacia a la organización. De igual manera, como los miembros de la estructura prefieren estar en el despacho del jefe haciendo alarde con la pelotita o jugando a su vez con sus colaboradores, los últimos niveles se ven liberados de reuniones inútiles y pueden dedicarse a trabajar sin interrupciones.

En el imperio romano, cuna de la organización, a los generales romanos que triunfaban por sus hazañas les asignaban un sujeto que les recordaba que la gloria es efímera para que no se les subiera el pavo. En la organización friends, esta figura es sustituida por el agradador que hace todo lo contrario como su nombre indica. La gloria es breve, ¡para qué amargarla con cenizos que recuerdan su fin!

De vez en cuando las estructuras se reorganizan desde sus vértices renovándose con nuevas relaciones de amistad. Entonces el sol se pone para algunos pero amanece para una nueva pandilla de camaradas. Es evidente la importancia de que el nuevo jefe tenga una buena red social de amigos para poder completar la estructura.

De lo expuesto se podría deducir que las estructuras sirven para poco o para nada y que es el último nivel de la organización, el de la fuerza del trabajo, el que sostiene a las empresas. Pero suprimir las estructuras organizativas es antieconómico ya que se perdería un segmento de mercado con alto poder adquisitivo. ¿Qué pasaría con las urbanizaciones de lujo, los coches de alta gama, los colegios de pago, las Universidades privadas, las Escuelas de Negocios, los restaurantes de lujo, la clase business de los aviones, los hoteles de 5 estrellas, las pensiones para la primera mujer...?

En conclusión, ya que tienen que existir las estructuras organizativas lo mejor es que estén basadas en la amistad. ¿Algún amigo que me lea le han nombrado jefe últimamente?

Sección-Reflexiones

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